Elena Heredia descubre su legado a través de las alfombras creadas por su abuelo

La conversación con Elena revolvió algo que estaba ahí, entre el archivo, la creación y la memoria familiar. Su obra recupera del olvido el trabajo de Sivilino Rocha, su abuelo y cuestiona cómo se ha construído la autoría en los relatos del arte. Elena describe su legado como un espacio vivo: algo que se interpela, se interviene y se agujerea y teje para otorgarle carácter. Su práctica  busca tensionar el pasado y devolverlo al presente cargado de verdad. En ese gesto aparece una posición y una producción nueva. Una historia que exige ser contada con cuidado, rigor y responsabilidad.

Había visto antes el trabajo de Elena en galerías de la ciudad. Pero llegué sin saber exactamente qué iba a encontrar  con la intuición de que detrás de ese encuentro se escondía algo más que una conversación sobre su producción. Su casa funciona al mismo tiempo como espacio doméstico y lugar de trabajo. Objetos, documentos y piezas textiles conviven con naturalidad sobre mesas y repisas, el archivo desplegado en la vida cotidiana. Desde el inicio sentí una mezcla de nostalgia, tensión y emoción contenida

El tiempo que conversé con Elena Heredia el día que conocí su taller y su casa, fue también un acercamiento a conocer su historia y la relación entre producción artesanal y autoría dentro del campo del arte y del diseño. A lo largo de la historia  numerosos proyectos culturales construyeron su legitimidad a partir de saberes técnicos y materiales desarrollados por artesanos cuya participación rara vez fue reconocida de manera explícita. Estas dinámicas, que se repiten hasta hoy, forman parte de estructuras históricas donde el trabajo manual y las genealogías familiares quedan frecuentemente relegadas a un segundo plano dentro de los relatos institucionales.

Elena se presenta con una energía serena y firme. Una personalidad madura pero con mucha alma. Su valentía no es estridente, pero sí evidente. Habla con la claridad de quien ha decidido mirar de frente aquello que durante décadas permaneció en los márgenes. En el centro de su investigación aparece la figura de su abuelo, un artesano responsable de la producción de alfombras asociadas al nombre de Olga Fisch. Lo que podría parecer un detalle de vida, toca fibras más profundas: las de la memoria. La obra que produce Elena recupera el trabajo de Sivilino Rocha y cuestiona los relatos oficiales del arte. 

Silvino Rocha fue artista y artesano ecuatoriano especializado en alfombras, no solo producía sino también hacía dibujos y patrones,  además consiguió crear una empresa con varios ayudantes en la labor de producción y tintura de lanas. Sivilino fue abuelo de Elena y es quien inspira su trabajo.

El trabajo de Elena Heredia consiste en atender el olvido, utilizar los patrones de las alfombras de su abuelo e intervenirlas, ese camino le ha llevado a crear la obra La memoria tarda pero elige,2026 ganadora del segundo lugar en el Salón de Guayaquil. Esta obra hace parte de un proyecto de largo aliento, donde realiza una suerte de colaboración inter generacional con su abuelo. En esta serie la artista trata temáticas alrededor de la memoria, decolonialidad y dicotomías entre arte y artesanía a partir del textil y el archivo. 

En su portafolio habla de su interés por transformar el dolor en suavidad. En una mesa cercana de su taller también hay objetos elaborados a partir de patrones heredados del abuelo. Mientras hablábamos, una playlist sonaba de fondo y llenaba el espacio de una atmósfera íntima y sostenida. El tiempo pareció diluirse. Nadie miró el reloj. Miel, su gata nos acompañaba en la conversación recostada sobre el sillón. Esa escena me quedó grabada como una imagen: documentos abiertos sobre la mesa, objetos con los patrones de las alfombras del abuelo Sivilino Rocha y una conversación entre dolor y suavidad que, más que cerrar una historia, parecía apenas comenzar a abrirla.

 

 

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