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Este espacio es un repositorio fotográfico de talleres de artista
Cuando el arte deja de ser objeto y se convierte en amor
Los personajes que encarna se desplazan entre la destrucción y la construcción del ego, la cotidianidad y la comunidad. Su obra se va formando al andar: muchas veces planificada, otras improvisada. Las imágenes de fuerte presencia y colores saturados son parte esencial de su cuerpo de obra. Sus performances a lo largo de Europa y Latinoamérica responden a una búsqueda personal y profunda: el encuentro con su propia esencia.
Amaranta Peña: el jardín y la obra
La práctica de Amaranta se extiende por distintos lugares de la casa. Mesas de investigación, laboratorios, cuadernos de apuntes, materiales, bocetos, piedras, plumas, semillas y objetos recolectados a lo largo del tiempo tienen un lugar.
El Fogón, el fuego que permanece
El Templo del Grabado ocupa un apartamento en un antiguo edificio de San Roque. El tiempo ha dejado su marca en él: las paredes exhiben sus años, las gradas de madera han perdido parte de su horizontalidad y los primeros pisos parecen resistir con más dificultad el desgaste. Sin embargo, a medida que se asciende, el edificio recupera algo de su antigua belle époque.
Morder la herida: pintura, cuerpo y oscuridad en Indómito
En Indómito, entrenar la mirada implica sostener la incomodidad, no apartar los ojos del dolor, aceptar la oscuridad como fuente de sentido. La obra de Sergio Silva no propone respuestas cerradas, sino una experiencia perceptiva que exige tiempo, atención y disposición al riesgo. En ese gesto insistente, paciente y resistente, la práctica encuentra su verdadera fuerza.
Volver la mirada al oro es volver al Sur
En un continente acostumbrado a buscar validación afuera, la pregunta que atraviesa la obra de Doménica Barahona surge con claridad: ¿qué necesitamos para reivindicar nuestra fuerza y nuestro orgullo ecuatoriano? Para ella, la respuesta no nace de discursos sino de un lugar más íntimo y profundo: el cacao.
Dibujos & dibujitos de Isabel Suárez · Los dibujitos
En esta exposición hay una afirmación constante; la dualidad nos habita. Cada imagen
también nos pregunta si somos infancia harta de recato o adultez que añora azúcar,
flores y muchos colores.
Se avizora un paisaje donde se desvanece la inocencia y aparece un andamiaje de
simulaciones a las que llamamos madurez mientras “los dibujitos” nos mira desde su
asiento del patio del colegio y exclama: ¡Soy mis dibujos y soy mis dibujitos!
Christian Tapia Enríquez