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Rumy Estudio, abordando la profundidad de la escultura

En un apartamento construido por el arquitecto, diseñador y artista Karl Kohn; conceptualiza, modela y hornea piezas de cerámica la artista y arquitecta Diana Lara. Rumy Estudio ubicado al norte de Quito está creado para  la construcción de piezas de cerámica y la producción de arte en general.

En Diana existe una curiosidad continua de experimentar, mutar, cambiar.

¨Soy muy curiosa y me interesa experimentar, nada más por el gusto de aprender y explorar, creo que continuamente me cuestiono sobre; qué más puedo hacer con lo que tengo. Mi sueño es seguir reflexionando. El material siempre será un medio y un pretexto que me permite buscar técnicas.

En sus objetos utilitarios o escultóricos se encuentra belleza, equilibrio, sentido. Su conocimiento en el campo de la arquitectura le dan entendimiento en los campos del espacio. Lara sueña con abordar la profundidad de la escultura y asegura tener un largo camino para llegar hacia su meta.

El área social del apartamento, ahora habitado por Diana, gira en torno a un escritorio ubicado en el centro del espacio. Diana mantiene en el lugar los muebles y objetos de su familia. También los cuadros de su abuela. Me cuenta que su abuela fue su primera mentora y le generó la inspiración de crear. Entre sus objetos preciados dos de los más coloridos jarrones eran de la abuela, al igual que el cuadro de las guacamayas que ambientaba el lugar. Para Diana vivir y trabajar sin salir de casa es una ventaja.

“En cierto modo siento que no tener que movilizarse hace que no pierda tiempo al ir al taller, así también es muy fácil quedarme enganchada hasta la madrugada trabajando sin preocuparme de qué hora es. Incluso en tiempos difíciles el tener cerca este espacio donde crear o destruir se siente como una válvula de escape que permite libertad a unos cuantos pasos”.

Pablo Gamboa, una nueva magia

Pablo Gamboa, una nueva magia

Cuando algo se desprende de su núcleo se genera una ruptura, motor de la mutación del ser. La dependencia nos provee y nos alimenta.  Despojarse de lo que alguna vez fuimos y empezar a transformarse es parte de. Conseguir un equilibrio, en cualquiera de los estados que nuestra materia haya evolucionado, es la mejor forma de llevarlo. Y aunque la felicidad se traduzca intrínsecamente en formatos de ese núcleo, ya lo vemos de lejos, nos confrontamos con nosotros mismos, hasta el punto de poder nuevamente ser. Pero los fantasmas son desechos que se usan.

En el taller de Pablo Gamboa, las cosas parecen que han podido llegar a soltar ese núcleo, desprendido de su primera vida, han vagado como fantasmas y han vuelto a cargarse de esencia.

Llegué hasta el barrio América, un barrio muy acomodado en los cincuentas, apartado del centro y a la vez limitante de uno de los sectores con la mejor vista de la ciudad, San Juan. Con un mercado de mediana escala, un hospital y el parque La Alameda a pocas cuadras. Subimos hasta su taller, Pablo ocupa toda la casa, en lo pisos altos vive con su familia, y el departamento intermedio lo ha adaptado como taller galería. El hall de entrada tiene colgado arte en las cuatro paredes, obra de Gamboa de varios años.

Una pared llena de boceto parecería ser el mapa desde donde parten varias ideas y conceptos del artista. En una de las habitaciones aun quedan piezas de la obra “Multicolor” una serie donde prevalece el plástico reciclado y la adaptación a nuevas formas. En el espacio principal, una instalación hecha de troncos, sin finalizar, comparte con varias piezas de otras series ubicadas alrededor del lugar. Pablo encuentra estros su material en sus viajes a la playa. Una especie de hallazgo en bruto que se va puliendo a medida que el Gamboa interviene las piezas.

En una de las esquina del espacio el artista ha dispuesto un escritorio con  libreros y estanterías, sitio desde donde Pablo planifica y promueve sus proyectos. Cerca del corredor, espacio de tránsito, esta ubicada la bodega, llena de materiales, pliegos y piezas creadas por Gamboa en otras épocas. Objetos que han sido configurados para recobrar su alma, vida y cuerpo esperan junto a la puerta.

Un patio trasero sirve para la creación y el esparcimiento, un lugar donde las ideas proliferan. En ese espacio el artista se encuentra libre.

Pablo tiene el poder de despertar la esencia de los objetos olvidados, de lo que está opaco, de darle una nueva magia a algo que tiene cuerpo pero que por varios motivos ha perdido parte de su alma.