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La mayor colección de oro precolombino está en Colombia

La mayor colección de oro precolombino está en Colombia

El Museo del Oro de Bogotá, con cómodos accesos, amplios pasillos y hermosas salas, es uno de los más visitados de Colombia, recibe alrededor de 1.600 asistentes diarios. El edificio, diseñado por la firma de arquitectos Esguerra, Sáenz, Suárez, Samper y ganador del primer premio en la VI Bienal Colombiana de Arquitectura de Colombia en 1970, guarda más de 30.000 piezas de oro y 20.000 piezas de cerámica de la época precolombina.

El edificio ubicado en una esquina del Parque Santander en el centro de Bogotá, con sus enormes paredes de mármol blanco de cara a la ciudad, luce sobrio. Por dentro, resguarda hermosas piezas elaboradas, tanto en oro como en tumbaga, aleación oro y cobre, de la colección de orfebrería precolombina más grande del mundo; así como también importantes piezas de cerámica, concha, hueso y madera.
El recorrido despierta los sentidos. El Poporo Quimbaya, adquirido en 1939 por el Banco de la República y con el cual se dio inicio a la preservación de este legado en Colombia, luce imponente en su urna de cristal. La pieza de uso ceremonial, elaborada cerca del año 200 aC, servía para almacenar la cal utilizada en la masticación ritual de hojas de coca en las ceremonias de los Quimbaya. El Poporo es una pieza que causa admiración por estructura, sus armónicas proporciones y su fantástica manera de elaboración.
“Su técnica, la fundición a la cera perdida con núcleo, “una tecnología especial que se utilizó para realizar piezas complejas que requirieran un manejo especial del color, hacer recipientes con interiores vacíos y para crear impresiones decorativas”
La cosmovisión de los pueblos aborígenes está plasmada en cada pieza, en cada forma, en cada calado o repujado. Jaguares, caracoles de mar y serpientes elaborados en pectorales, collares y máscaras para la otra vida son símbolos, que en su conjunto, son un lenguaje completo. Mensajes de otros tiempos que entran a nuestro consciente, o subconsciente, a través de la vista.
“El Museo del Oro es sui géneris. No se originó como gabinete de curiosidades legado por un coleccionista filántropo, ni se desarrolló después como museo arqueológico, ni como museo de historia natural, como casi todos los de su género en el mundo. Reconstruir su historia es reconstruir la historia de un gran descubrimiento. Colombia no había sido objetivo de grandes expediciones científicas internacionales como las que se organizaron a Grecia, Italia, Egipto, Asia Menor, México o Perú durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, pues en ese país suramericano no había grandes pirámides, ni construcciones ciclópeas, ni los templos fabulosos del mundo antiguo. Había oro labrado, pero el labrado no interesaba. Lo que importaba era su peso y su pureza, para ponerlos en el mercado convertidos en lingotes. Un día se puso en el mercado, no un lingote sino un jarrón de época precolombina, y se notó que era “de muy perfecta factura”. Se percibió oficialmente que muchos otros objetos precolombinos también eran de muy perfecto estado, y se decidió que trataran de comprarse para preservarlos. En efecto se les empezó a comprar, y pronto hubo una colección que se colocó en escaparates. Fue entonces cuando se produjo el gran descubrimiento. Se reveló algo que hasta entonces sólo habían advertido algunos visionarios nacionales… Se descubrió que eran cosas bellas, asombrosas e intrigantes, cosas que demostraban que la monumentalidad no es cuestión de dimensiones sino de proporciones. Se descubrió que eran grandes obras maestras en miniatura.”
Más datos sobre el museo de oro (click aquí)

 

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Introducción al grabado

Introducción al grabado

Martina Samaniego fue la primera persona a la que entrevisté en su espacio cuando empece con el proyecto de documentar talleres de artistas. Ubicado en las faldas del Ilaló. La gran ventana de su sitio permitía tener una conexión directa con el exterior. Desde el exterior se apreciaba lo hermoso de su taller. Su prensa, la luz y las plantas. La artista comparte sus conocimientos e inspira.

Era la última clase de grabado, el día de entregas. Martina me recibió junto a sus alumnos de la Universidad Católica. En un ambiente distendido. Sin mucha presentación me integré al grupo e intenté pasar desapercibido. Un rápido recorrido dentro del lugar sirvió para entender más sobre la técnica. Las diferencias. Los elementos que se usan en su proceso y los químicos para corroer las placas.

El taller forma parte de la carrera de artes y es una introducción a la técnica. Mientras esperábamos que se complete el grupo. Martina guiaba a los que aun estaban dando los últimos detalles. La prensa hecha en San Bartolo es una de las mejores, según la artista. Permite crear grabados de gran formato.

Los archivadores, elementos que se destacan en el lugar, guardaban trabajos de ésta y otras épocas.
Transmitir conocimientos posiblemente sea la mejor manera de enamorar. Enseñar es una llamado. Martina cerraba el ciclo conversando, uno a uno, hablaban sobre su experiencia. Los trabajos estaban sobre la mesa. El conocimiento aplicado. Para aprender es necesario un lugar sin jerarquías, donde se pueda responder a una pregunta con una sonrisa.

 

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Estefania Cardona, el espacio creado con amor

Estefania Cardona, el espacio creado con amor

Graduada de Comunicación Corporativa, con una maestría en Marketing de Moda cursada en Barcelona, Estefanía Cardona o More, como la llaman sus amigos, se ha ido construyendo a lo largo de su trayectoria, de sus viajes, de su experiencia laboral. Amante de los cuadernos y las libretas es posiblemente la persona más cercana, con la letra más pequeña y ordenada, que conozco. En su casa han crecido las plantas, todo ha reverdecido. Luego de cuatro años compartiendo su amistad volví a retratar su espacio, a inmortalizar su tiempo.

Desde que inicié la documentación de talleres de artistas estuve en la búsqueda de espacios particulares que nos cuenten las dinámicas de la convivencia de las personas más allá del arte. Sigo abierto a conocer talleres de productores, bailarines, artistas performáticos, diseñadores. Lugares donde no necesariamente se encuentran “el óleo regado sobre las paletas y los lienzos sobre los caballetes”. Gracias a este proyecto he podido conocer más sobre el valor que las personas le ponen al habitar sus espacios. Por este y muchos otros motivos volví a la casa de Estefanía Cardona, creadora de Lifestylekiki, plataforma digital donde se gestan proyectos enfocados a la moda, el arte y la cultura.
A More, como le conocen sus amigos, le gusta resguardar las cosas hechas con valor y con tiempo. Reconoce tener una debilidad por los objetos que contienen una historia tras su creación. Su departamento ocupa la planta entera de un edificio, tiene entrada de luz, desde el amanecer, por el oriente, por el occidente un hermoso atardecer ilumina el área social y su dormitorio. En junio de 2016 fue la primera vez que llegué hasta su casa. Sentada desde la esquina del sillón miraba al sol caer tras el Pichincha. Desde ese entonces hasta ahora todo ha cambiado.
Las plantas han llegado a acompañar su camino. La hermosa Millonaria de hojas grandes que habita su cuarto es, según More, su primera compañía al despertar.
En su mesita de noche: amuletos y aceites hacen parte de su búsqueda espiritual. Para More uno de los valores primordiales cuando tiene visita en casa es la comodidad, entonces en la mesa de centro una vela encendida y un helado con galletas acompañaban la calurosa tarde.
Admiro su sensibilidad para escoger cada detalle. La sala del comedor y la cama fueron hechos por Pedro Calle. Las macetas de Isadora Soroche.Cojines de la India. Muebles de sus abuelos, heredados de la familia o encargados por amigos cercanos. La sala, el espejo, el puf verde y la lámpara fueron diseñados por @InsideDesign
SMLXL
Los demás objetos que le acompañan a diario son regalos especiales de amigos cercanos y recuerdos traídos de su último viaje por Asia, España y Chile.
More disfruta tener invitados en casa. El amor por su espacio, la potencia de su trabajo y sobre todo la idea constante de soñar nos han juntado en éste camino. Franca, creativa, sincera, a través del tiempo he podido conocerla. Las largas conversaciones nos han permitido tejer una hermosa red.
Sobre el escritorio, sus libretas. Plannings de proyectos como las “Noches de cine y moda” o las estrategias digitales para sus clientes son parte de la nueva More, al igual que los bocetos para intervenir revistas de moda.
El sol terminaba de ocultarse tras la montaña, las luces de la ciudad se encendían y la nueva More continúaba mirando el atardecer estándose: un verbo que ella ha adaptado para vivir sintiendo su respirar y con mira a sus objetivos.

 

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Yo sólo se tejer

Yo sólo se tejer

La columna vertebral de una mujer estaba partida en dos. Crecía junto a las plantas y le resaltaba el rojo. Pamela Suasti aprendió a tejer a los 15 años junto a su madre y ese día tenía a su ‘Alma’ en el hombro. Un traje hecho de hilo en crochet que le cubría completamente el cuerpo y le tomó un año hacerlo. Luego de experimentar la pintura, el arte instalación y otras técnicas, descubrió en el tejido su camino para comunicar. Una continua e intensa producción ha desencadenado en Pamela una tendinitis en su brazo derecho y una distonia del escribano en su otra mano. Es un temblor en la mano cuando escribes’ –me decía.

En su dormitorio que usa para crear, cuelgan las lanas de fibras naturales. Hilo de chillo que proviene de una planta que según Pamela le otorga el nombre al Valle de los Chillos. Lanas de colores a las que Pamela diferencia con solo verlas. Se las siente entre el algodón y el acrílico. Entre oveja o alpaca. La hilada a mano o la que es teñida artesanalmente. Se debe sentir de cerca eso de girar en espiral el material para entender como los nudos se entrecruzan unos con otros. Suasti aprendió a hilar, torcelar, teñir y otros procesos en Perú. ‘Voy coleccionando las lanas solo por su color o características’- decía.

Desde 2015 en adelante Pamela ha sido llamada por el hilo rojo. Su ilustración se complementa con el bordado. Una serie de doce piezas de auto retratos en los que Pamela trabaja solamente con el hilo rojo. Sus ilustraciones brillan con los nudos sobre el papel del intenso rojo. Auto retratos de la artista y sus pasatiempos que le sirvieron de terapia, están atravesados con los nudos, al igual que las serie: ¿Qué habré hecho yo?. Siete cartas de amor inspiradas en un dolor emocional que le causó una relación pasada. Mensajes de texto que ahora están cubiertos o tachados. Palabras de dolor que Pamela debió haber leído una y mil veces mientras con paciencia las bordaba. Es como tratar de anular todas esas palabras. ‘Transcribir lo que el man me decía, si fue un poco denso’.Para la artista el rojo comunica de una mejor manera: la intimidad y la tristeza. Existen leyendas del hilo rojo que nos dicen que estamos conectados como una red gigante. ‘La vida tiene la forma de un tejido gigante, posiblemente’- me decía. De su armario sacaba con cuidado la ‘Carta de amor’. Una instalación que había tejido sus hilos a un corazón hecho de tela, que lo había puesto en el piso y había tensado los hilos con alfileres al corazón. La carta repetía la frase: ya no quiero sentir este hueco en el pecho que me desgarra el alma. Según Suasti el dolor le ha permitido conectarse con más personas que se identifican con sus procesos.

Una señora que no sabía leer ni escribir le había dicho a Pamela: ‘yo no se hacer nada, solo sé tejer’. Eso le inspiró para nunca más dejar de tejer y para llevar tatuado una madeja en la piel.

 

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Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

El trabajo de Sergio se relaciona estrechamente entre la realidad y la ficción. Sus renders tienen la particularidad de estar cargado de detalles que le sirven para describir la atmósfera. Experimenta con las líneas de la arquitectura y las formas orgánicas de sus personajes.

Sergio Calderon me recibió en su espacio. Un departamento ubicado atrás de una casona familiar: ‘ésta casa construyó el tío de mi mamá. La historia contaba que mi mamá pisaba los bloques con los que fueron construidas las paredes’. – me decía Sergio.
El arquitecto me recibía en el espacio que había restaurando y adaptado, con sus propias manos, para trabajar y vivir. Su intervención en la materialidad me deleitaba con la pureza de los elementos que hacían particular al sitio. Sergio vive en el lugar desde Octubre 2018. Me contaba que la primera noche que durmió en el sitio, sus vecinos hicieron una fiesta de Halloween. Por eso recuerda el mes. Dice que hasta ahora mantiene una relación ‘prueba y error’ con el espacio donde habita. En el sitio no existe una cocina, ni un comedor. Los dos ambientes están conectados con la altura del techo. Su habitación se comunica con el baño por una pequeña pequeña ventana, separada por plantas dispuestas por el arquitecto. Algunas plantas se encontraban dentro de la pared y otras colgantes. Plantas que gustan de sombra y humedad. – según Calderon.

Me gusta que las plantas me permiten sentir el tiempo. No es inmediato. Cuando riegas el agua recién después de dos semanas empiezas a cachar qué esta pasando

– decía.

Sergio está desarrollando una serie de ilustraciones compuesta por varias imágenes. Una vista de 360 grados, genera una continuidad infinita y un juego secuencial a partir de las horas, la luz y el recorrido del sol. Representa a un prólogo, tres capítulos y un epílogo.

Para trabajar, el artista tomó fotos a varias modelos con las que obtuvo las texturas de los pliegues y las sombras de su indumentaria.
El prólogo de la serie está ambientado en Zaruma y el Puyo.
‘Zaruma, equivale a lo macho. Y el Puyo, la selva, es hembra’ – decía Sergio.
Trata sobre las ciudades como si fuesen organismos. Hipotéticamente, en el futuro donde las ciudades ya tienen conciencia. Una conciencia entendida como inteligencia artificial. Calderon representaba la inteligencia artificial con una gran flor hecha de estructuras de antenas.

De fondo sonaban las canciones de Guardarraya. Sergio se acercó hasta un baúl al pie de su cama, movió un busto que tenía sobre el mismo y abrió un viejo candado. Su tesoro: un papel tapiz celeste corroído por el tiempo y la humedad que cubrían la madera del baúl. Cientos de libretas y carpetas donde estaban guardados sus dibujos, trabajos e investigaciones. Sergio proviene de una familia de artistas. Tanto sus padres como su hermano pintan. A diferencia de su familia que ha desarrollado su cercanía con las líneas orgánicas, Sergio se siente más cómodo con la geometría y con el desarrollo de estructuras. Entre sus dibujos que me mostró un mapa hecho con rapidografo, lucía su destreza con el blanco y negro y los minuciosos detalles. Me comentaba que desde pequeño le gustó dibujar pero recuerda que nunca se sintió cómodo con el color. Diseñó siempre en blanco y negro hasta que descubrió el Photoshop y su extenso mundo de posibilidades.

¿Crees que la arquitectura tiene que ver con la ciencia ficción?
No se si tenga que ver, pero es facilito que sean afines. Te das cuenta en el cine, en un montón de cosas donde la ciencia ficción apunta a la arquitectura. La gente acepta y es una carrera linda en el sentido que te abre un montón de campos: imagen, gestión, historia. Cuando egresé recién me di cuenta del potencial que tiene la arquitectura. Hace que te cuestiones muchas cosas.

La carpeta donde tenía guardados sus dibujos era una acuarela que había hecho su padre. Una representación de El Ejido. Sergio fue sacando una a una las libretas de diferentes tamaños. La primera la compró en 2012 y desde ahí decidió que todas fueran rojas. Luego de mostrarme sus anotaciones pude entender lo consecuente con su espacio.

El armario que pertenecía a su abuelo lucía su madera maciza y brillante. Concordamos con Calderon la cantidad de cosas útiles que las personas desechan.

En la pared de su estudio tenía varios renders impresos de sus proyectos. Algunos en ejecución, otros ya entregados. Me hablaba sobre uno de ellos. La intervención del Bicentenario. En el lugar habían impreso uno de sus renders en una gran gigantografía. Sergio la veía cuando sacaba a pasear a su perro.
‘Siempre he vivido frente del Pichincha, pero siempre me han gustado los barrios de la ladera del Pichincha: La Florida, Las Casas. Influye mucho que estés viviendo sobre la ladera. Lo que me gusta del lado este es que le ves siempre al Pichincha de frente’.

Una escalera permitía subir a un medio piso que Sergio usaba como mueble para sus libros y películas. Hablamos de Escher y lo increíble de su arte, la infinidad de las taselaciones y la infinidad de su obra.

 

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El Útero, gestando cultura entre muros históricos

El Útero, gestando cultura entre muros históricos

En una ciudad en donde los espacios públicos son pocos y peligrosos, los lugares en donde se comparte alrededor del arte y la cultura tienden a volverse sitios seguros. Es el caso de El Útero, una casona que ha sido remodelada para convertirse en un referente importante de la ciudad. Después de dos años de gestión este lugar resguarda, acoge y activa, entre sus muros, un importante compendio de ideas y sinergias. La casona, arquitectura de los años 50: arcos de medio punto, perfilería de madera, hierro forjado, columnas y graderíos de madera, chimeneas talladas en piedra, techo de teja y una gran zona verde que la rodea.

 

 

Luz es antropóloga y bailarina. Pierre es escultor. Ellos, amigos y socios, estaban en búsqueda de un espacio para trabajar. Incluso sin un proyecto armado ni una idea definida emprendieron su búsqueda. Una mañana mientras Pierre paseaba a su perro se encontró con esta casona, la cual estaba abandonada. Las dimensiones del espacio y el potencial del lugar los llevaron a emprender este proyecto. “Un espacio socio-cultural que nace para albergar, unir y fortalecer una gran variedad de disciplinas culturales que se integran con el fin de crear sinergias entre artistas…”.
He visitado el lugar para escuchar conciertos, ver películas, presenciar talleres. De a poco el espacio cultural se ha posicionado como un nuevo venue de la ciudad. La recuperación de la casa les tomó varios meses. Fue un proceso en convenio con los dueños y en el cual se involucraron dos socios más. Mediante mingas y trabajo propio fueron recuperando paulatinamente la casona. En ese proceso conocieron a varias personas con las cuales han gestado proyectos que han ido moldeando la personalidad de El Útero. Para Luz es importante intervenir en espacios patrimoniales abandonados, ella cree que las personas se sienten cómodas consumiendo contemporaneidad en un espacio histórico.

 

 

 

 

Escaleras de madera dan la bienvenida al lugar. La altura del techo, la forma de las puertas, el yeso que rodea las lámparas colgantes y otros elementos me transportan al Quito de los años 50. Al costado, en uno de los dormitorios, Luz dispuso su oficina. Su sensibilidad de antropóloga, más que la experticia de gestora, le ha servido para mantener activo el lugar. “Sigo aprendiendo todo el tiempo”. Esteban Albán es el encargado de la parta administrativa y financiera. También lleva la organización y producción de los eventos del sitio. Aunque a nivel económico el proyecto sigue siendo un reto, se mantiene vivo mediante la potencia creadora de colectivos artísticos, músicos y activistas. El Útero quiere orientar su dinámica a niveles barriales y sociales, por ejemplo queremos implementar, a mediano plazo, actividades en horarios de la mañana, dirigidas a niños y a personas mayores. Es un reto potenciar actividades culturales que vayan más allá de la oferta específica del lugar, de la zona o de las actividades asociadas a la noche.
El espacio está abierto a nuevas propuestas que genere momentos de confluencia, seguros y confortables. “La idea es generar puestas que involucren escenógrafos, bailarines, músicos y otras ramas, para a través del recorrido habitar la casa. Como los fue el Psycholab y Liam, dos proyectos multidiscipilinarios que se desarrollaron en el lugar.

 

 

 

Pierre o Pepe, como le llaman sus amigos, es el encargado de la infraestructura del espacio.Sus esculturas creadas con reciclaje se han adaptado para ser parte de la ambientación de la casa. Comparte su taller con cinco personas más. Juntos crean para el lugar y potencian una dinámica de camaradería en donde comparten herramientas para desarrollar sus trabajos personales. Aunque el taller ocupa parte del patio, en pocos meses crecerá para albergar un nuevo espacio de cerámica y una readaptación de la carpintería, además abrirá sus puertas a personas que quieran aprender a construir esculturas con metal reciclado.

“Queremos crecer full más”- me decía Luz, mientras conversábamos sentados en el jardín. La casona rodeada de amplias jardineras permite que las plantas crezcan grandes y a su alrededor y creen sombra. A corto plazo, dentro de los planes del espacio cultural está abrir un restaurante vegetariano a cargo de Giovanna, otra socia del proyecto donde se podrá comer a la sombra de los árboles y bajo una pérgola.

El Útero se encuentra recibiendo propuestas continuamente.
¡Pilas!
Edición:
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De rocíos y flores

De rocíos y flores

Rocío Palacios se convirtió en cientos de estrellas en un accidente mientras cosechaba flores. El artista Juan José Ruiz nos relata la relación con su madre y, a través de su espacio, nos enseña su esencia y su alma.

*lámpara hecha por Rocío Palacios. Foto donada por Juan José Ruiz

Recuerdo haber estado levantando las flores del cartucho entre mis manos mientras Li Saumet, la cantante colombiana de la banda Bomba Estéreo coreaba con toda la energía la canción ‘Pure Love’. Ese momento Juan José Ruiz, conocido también por los amigos como el Chino Ruiz, repartía las flores con las que había decorado el lugar para la cantante. Ya casi era el final de la noche, y las flores blancas se elevaban al filo del escenario, la noche del 28 de abril del 2018 le cantábamos al amor y también a Rocío, madre del Chino, que hace poco había dejado esta tierra para explotar en miles de estrellas del universo.
Al Chino le conocí en el Z Gallery, en Cumbayá. En ese lugar, se gestaban conciertos, muestras y lanzamientos de nuevos emprendimientos. Varias fueron las temporadas que el sitio se volvió el punto de encuentro de artistas y amigos. Un referente del diseño. Siempre con mucho arte fue quien empujó para que hiciera mi primera muestra: Choque de Mundos.

Una mañana soleada llegué hasta su casa. Nos sentamos en su sala y conversamos. Era hermoso el verde que contrastaba con la madera. Y cómo las plantas cómodamente se trepan por las paredes y el techo.

El ajedrez junto a la ventana tenía una luz especial. Las flores de las paredes y el silencio del espacio se hacían sentir. También era hermoso saber que Juan José me había extendido esta invitación para conocer a su madre. Sin necesariamente estar presente físicamente.

Cada espacio había sido tocado, puesto, decorado por Rocío. Se sentía que había un gusto por volver a su lugar en un sitio lleno de luz.

Las ventanas dejaban entrar a las plantas. Varios cuadros y vitrales pintados por ella le dan color al sitio. En su dormitorio, hermosas flores de colores permanecerán para siempre sin marchitarse. Un solarium da muestra de su gusto por el descanso y la importancia del sol.

Más allá una pequeña sala conectaba con el garaje. El sitio era el taller de Rocío. En el lugar estaban todas las estructuras y soportes que utilizaba para crear sus diseños florales. Una hermosa planta recibía la luz del sol que entraba por la claraboya del taller.

Todos los hilos se tejieron mientras, sentados sobre un cubrecama de crochet, supe que Rocío se fue de esta Tierra mientras cultivaba la Flor del Chaguarquero, también conocida como la flor de la penca negra, una planta que crece en las laderas de las montañas y que Rocío usaba para crear sus lámparas.

La partida de un amor es inexplicable y nos cala en lo profundo. Mientras paseaba solo por el jardín entendí muchas cosas. Veía al Chino a través de mi lente mientras fumaba acompañado de hermosos seres de luz en un pequeño patio en el porche de su casa y entendí. Rocío, todo está bien.

 

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La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

Las formas abstractas del artista ecuatoriano Roberto Rivadeneira se mostraron en su ‘soloshow’ llamado Transiciones. La galería A7MA expuso el 16 de marzo la muestra compuesta por 12 piezas con técnicas que incluyó: acrílico, escultura y serigrafía.

Una tarde recibí la llamada de Urku. El artista planeaba un viaje a Brasil y necesitaba registrar su obra. Cuadramos un día y fui hasta su casa. Era en las afueras de la ciudad donde los árboles crecen cubriendo las fachadas de las casas y los jardines adornan las estructuras. El sol explotaba y Roberto Rivadeneira, también conocido como Urku me esperaba junto a la puerta de la casa. Relajado. Me invitó a pasar al espacio donde había adecuado esos días para pintar. El lugar junto a la piscina emanaba una particular humedad. La luz atravesaba la claraboya del techo y llegaba a uno de los lienzos del artista. El espacio temporal creado por Urku tenía todo lo necesario para producir.

Algunos bocetos estaban pegados en la pared. Las formas abstractas sobrepuestas tenían un paleta con el que el artista venía trabajando de hace poco. Luego de explorar por meses con tonos violetas, plantas y un arte más figurativo. Decidió evolucionar luego de dos años tras un viaje a Atenas.

Con detenimiento despegaba del lienzo una cinta de papel que mostraba su línea prolija. ‘También me dedico a hacer aplicaciones. Pronto viajaré a Mexico a visitar un cliente’. me decía, mientras retocaba ciertas partes de la obra. Éste año su nueva serie llegó a Sao Paulo por un amigo que conoció en Berlín donde tenía su estudio. El 16 de marzo en la galería @a7magaleria de Sao Paulo se presentó su muestra: Transiciones.

Su arte se acopla a los entornos.
‘Trabaja con las formas y el color creando espacios planos en formas que se interponen unas con otras’- Gaby Moyano.

*foto registro del artista

En su trayectoria ha trabajado con muralismo. ‘Hago full trabajo digital previo y les termino a veces en digital’- decía. Sus pinturas por todo el mundo transforman los lugares. Cada vez que viaja se propone pintar en la ciudad por donde pasa. Actualmente ha probado soportes de madera logrando esculturas con sus formas y colores.

Sus boceteros mostraban sus procesos y de donde provenían algunas de sus formas.

Urku vive en Berlín y estos días estaba visitando Ecuador para saltarse el invierno de Europa. Esa mañana negociamos un precio para registrar su obra. Me comentó de lo importante para él de documentar su obra y crear su portafolio. ‘Al final es lo que me queda, una buena comunicación que muestre lo que estoy camellando. Es mucha la diferencia de tener buenas fotos. La verdad que la veo como una inversión’- decía.

Para crear un filtro en la claraboya se subió a una silla. Urku se fijaba en los detalles para que las fotos quedaran bien. Antes de irme le hice un retrato. Hablamos de Araceli Gilbert y sus líneas. Del arte, nuestra generación y la nueva percepción de la vida, y del tiempo. ‘Esta comprobado que estar full time trabajando no es lo más productivo, estar cuarenta horas sentado en una oficina no tiene sentido. La salida más fácil ahora es tener un trabajo’- decía.

 

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La mirada espejada de un universo verde

La mirada espejada de un universo verde

Por: Caro I.
Fractales no se puede explicar por medio de las teorías clásicas, fenómenos naturales, interpretados desde una visión arquitectónica, incluso matemática. Este orden, espejado, de la naturaleza, con su inmensa belleza, se deja capturar por el lente con precisión y sensibilidad. El trabajo artístico se plasma en formatos nuevos: ideas concebidas a partir de la exploración del mundo desde un lugar muy personal: viajes y vivencias que se cuentan, se entretejen y se reflejan entre ellas.

 

 

 

 

 

El valor infinito de traer hasta aquí la paz que habita en los lugares que no han sido tocados por el caos de la ciudad, con pulcritud y armonía, haciéndonos sentir que habitamos, por un momento, esos lugares, y de conmovernos con la idea de que lejos de nuestra realidad habitan miles de pequeñas cosas, que vistas de nuevos ángulos nos muestra lo que en realidad son: muy grandes. Es volver a la emoción y salir por un momento del concreto de nuestros días.
El color, la idea de que podemos sumergirnos en estas imágenes como en esas de los libros de ilusiones ópticas me recuerda a mi niñez. Asombrarse una vez más con el poder de la naturaleza: toda su magia esta ahí, en la piel de una hoja infinitamente multiplicada. De pronto ya no es sólo el reflejo infinito de todas estas imágenes, sino perderse en sus centros sutilmente absorbentes, y verse reflejado uno mismo, la propia piel infinitamente multiplicada.

 

 

 

 

 

Por: Estefania C – Lifestyle KIKI
La naturaleza estuvo aquí mucho antes que nosotros. Su sabiduría es de innumerables vidas, y su conocimiento es tan amplío como la cercanía que podríamos tener a ella si nos brindamos la posibilidad de de acercarnos. En silencio, con calma y explorar aquello que damos por sentado para darnos maneras de dialogar con ellas. Fractales es una conversación íntima que invita a sensibilizar sobre aquello que normalmente no observamos; para llevarla a espacios ilimitados. Como un recordatorio de lo que nos rodea, lo que damos por sentado… y brindarnos la oportunidad de explorar, aunque sea por instante, la belleza de sus infinitos tejidos.

 

 

 

 

 

Por: Peter Ronquillo – El Nodo Gye
Edgar crea con Factales otra dimensión, una puerta que nos permite conectarnos con la tierra y la naturaleza. Puede ser el momento más importante de nuestra existencia, para darnos cuenta de lo alejados que estamos de la naturaleza, así como saber que tenemos la oportunidad de traspasar por un nuevo portal y convertirnos en la voz de la madre tierra. El ritmo, la sensibilidad y la fragilidad son expuestos de manera muy acertada y sencilla, donde su estética arquitectónica y su propia historia se ve reflejadas en cada detalle.

 

 

 

Por: Camila M.
Una mirada desde la perfección de lo geométrico y lo sagrado.
La fragmentación y composición de cada una de las imágenes no solo invita a la contemplación sino a la indagación personal que nos permite como espectadores re interpretar el sentido de la naturaleza a través de la mirada del artista. Estas imágenes de hojas transformadas sugieren un sinfín de posibilidades a través de texturas y colores. Evocando sensaciones por medio de imágenes casi psicodélicas que demuestran lo perfecto y lo esencial de la naturaleza.

 

 

 

 

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El arte cinético de Theo Jansen desplaza criaturas asombrosas a orillas del mar

El arte cinético de Theo Jansen desplaza criaturas asombrosas a orillas del mar
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La armonía del sonido en la obra cinética de Olga Dueñas

La armonía del sonido en la obra cinética de Olga Dueñas

Olga Dueñas es una artista que vivió 25 años en Ecuador y volvió de Estados Unidos hace unas semanas para presentar su muestra Variaciones Cinéticas. La galería de Ileana Viteri fue elegida por la artista para exponer su obra al público. La cinética como medio del mensaje se torna en un juego para la mirada, una manera rítmica de transmitir sonido a través de la escala del color, la repetición y la forma.

Hay muchas maneras de que el arte nos conmueva. Recuerdo, en un viaje, sentir cómo una serie de aros metálicos recorrían mis brazos al ritmo de la música. En esos momentos, la nave era comandada por Mango Margarita, desde la ciudad de los ríos, con paciencia armaba hermosas piezas de origami y bailaba con los hermosos ritmos de la noche. Mango, entre otras cosas, me enseñó que la vida es un camino que necesita de: ritmo y  armonía. Era la primera vez que me enfrentaba a la cinética.
Conecté con Olga cuando una frase consistente afirmó la infinidad de cuestionamientos que alguna vez tuve:

Lo cinético termina siendo como una religión: hablamos de algo que supera a lo analítico y se funde dentro de ti.

El término cinética, en la física, se usa para relacionarla con el movimiento. Era una tarde lluviosa. Llegué a la galería de Ileana Viteri donde estaba montada  la muestra Variaciones Cinéticas. Ileana, amablemente, me invitó una taza de té. Mientras percibía los cítricos, levanté la cabeza y, tras una orquídea morada, las líneas de Olga se fundían con los sonidos de Haydn.

Olga Dueñas -Olga Valsek Dipold-, nacida en Ohio, se relacionó desde muy joven con la música clásica, particularmente con el piano. Su hermano era violinista y su padre, checo, tocaba el arpa. Su madre, húngara, provenía de una familia de diseñadores de indumentaria en Budapest. La música desarrolló en ella un sentido profundo. Estudió en la Ozenfant School of Fine Arts de Nueva York fue alumna de Amedée Ozenfant, uno de los principales impulsores del purismo en el arte moderno: vanguardia que trabaja con el abstraccionismo promulgada por Le Corbusier.

*Foto archivo Olga Dueñas

En Nueva York conoció a Araceli Gilbert. Su amistad la trajo hasta Guayaquil, donde conoció a su esposo Luis Dueñas Estrada, militar. Con quien mantuvo una relación de varios años en Ecuador. Vivieron en Quito y, mientras Olga desarrollaba su arte, ella trabajaba en la Embajada de Estados Unidos, a la vez que daba clases en el Colegio Americano de Quito.

Vivió 25 años en Ecuador, donde desarrolló gran parte de su carrera. En su proceso de producción exploró con composiciones geométricas. La artista encontró en el arte abstracto lo equivalente a la armonía musical. Líneas paralelas sobre una malla que, al percibir con la mirada, generan la sensación de movimiento.

Aunque en su proceso se ha relacionado con las formas más orgánicas, siempre vuelve  a la pintura cinética. Representó a Ecuador con 14 obras en la XVI Bienal de São Paulo, Brasil. Residió en Caracas y Puerto Rico, donde continuó produciendo alrededor de 30 obras que fortalecieron su técnica.

En 1970 introdujo la pintura cinética en Ecuador con una muestra en la Casa de la Cultura. En 1984, luego de su separación, viajó a Denver para cuidar a su padre cerca de 10 años hasta su fallecimiento. Por su cercanía con sus familiares, por el clima y el mar, Olga viajó hasta Miami, donde reside desde hace varios años. A sus 91 años de edad expone, en la galería The Art Square de Miami, una serie que reitera su acertada fórmula.

…movimiento, espacio, línea, forma, color y textura como elementos estéticos. Al moverse el espectador, las líneas parecen disolverse, creando la sensación de movimiento, variando formas y colores y haciéndolos aparecer y desaparecer. El movimiento y el color avivan el cuadro, pero queda la composición, proveyendo estructura y claridad.

Caminar por la galería de Ileana Viteri era maravillarse con las líneas en movimiento. Un simple blanco sobre blanco o un amarillo sobre dorado y negro ingresaban por la retina mientras la armoniosa e intensa música clásica conjugaba con lo que veía.

A sus 92 años Olga Dueñas pasó por Quito recordándonos lo importante de la armonía en el movimiento, el sonido y la relación de la vida con la física, esencia pura de la artista.

… espontaneidad, espíritu, alma… un instante de lo infinito, un destello de la realidad, un rayo de inspiración, un toque de belleza —y el momento efímero que puede contenerlo todo— […], esto es lo que deseo expresar en mis obras.

 

Pablo Gamboa, una nueva magia

Pablo Gamboa, una nueva magia

Cuando algo se desprende de su núcleo se genera una ruptura, motor de la mutación del ser. La dependencia nos provee y nos alimenta.  Despojarse de lo que alguna vez fuimos y empezar a transformarse es parte de. Conseguir un equilibrio, en cualquiera de los estados que nuestra materia haya evolucionado, es la mejor forma de llevarlo. Y aunque la felicidad se traduzca intrínsecamente en formatos de ese núcleo, ya lo vemos de lejos, nos confrontamos con nosotros mismos, hasta el punto de poder nuevamente ser. Pero los fantasmas son desechos que se usan.

En el taller de Pablo Gamboa, las cosas parecen que han podido llegar a soltar ese núcleo, desprendido de su primera vida, han vagado como fantasmas y han vuelto a cargarse de esencia.

Llegué hasta el barrio América, un barrio muy acomodado en los cincuentas, apartado del centro y a la vez limitante de uno de los sectores con la mejor vista de la ciudad, San Juan. Con un mercado de mediana escala, un hospital y el parque La Alameda a pocas cuadras. Subimos hasta su taller, Pablo ocupa toda la casa, en lo pisos altos vive con su familia, y el departamento intermedio lo ha adaptado como taller galería. El hall de entrada tiene colgado arte en las cuatro paredes, obra de Gamboa de varios años.

Una pared llena de boceto parecería ser el mapa desde donde parten varias ideas y conceptos del artista. En una de las habitaciones aun quedan piezas de la obra “Multicolor” una serie donde prevalece el plástico reciclado y la adaptación a nuevas formas. En el espacio principal, una instalación hecha de troncos, sin finalizar, comparte con varias piezas de otras series ubicadas alrededor del lugar. Pablo encuentra estros su material en sus viajes a la playa. Una especie de hallazgo en bruto que se va puliendo a medida que el Gamboa interviene las piezas.

En una de las esquina del espacio el artista ha dispuesto un escritorio con  libreros y estanterías, sitio desde donde Pablo planifica y promueve sus proyectos. Cerca del corredor, espacio de tránsito, esta ubicada la bodega, llena de materiales, pliegos y piezas creadas por Gamboa en otras épocas. Objetos que han sido configurados para recobrar su alma, vida y cuerpo esperan junto a la puerta.

Un patio trasero sirve para la creación y el esparcimiento, un lugar donde las ideas proliferan. En ese espacio el artista se encuentra libre.

Pablo tiene el poder de despertar la esencia de los objetos olvidados, de lo que está opaco, de darle una nueva magia a algo que tiene cuerpo pero que por varios motivos ha perdido parte de su alma.