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Bombona, inspirada en la cultura Chorrera

Bombona, inspirada en la cultura Chorrera

Hace pocos días tuve el enorme gusto de retratar a la Bombona creada por Orígenes (@origenes.ec), una jarra que re interpreta la geometría de nuestras culturas ancestrales y nos trae a la contemporaneidad la importancia de recordar los rituales alrededor del fuego. Me complace mucho poder contar al mundo la importancia de estos objetos creados desde Ecuador.  Abro este espacio para los creadores y  diseñadores de objetos  escultóricos y utilitarios que merecen ser retratados.

En la Cocina en Casa del Chef Fausto Acosta (@ap.fausto) probamos la Bombona de Orígenes con un canelazo de naranjilla. Las siguientes palabras son de Gireth Ovando (@gireth), socia fundadora de la marca Orígenes y parte del equipo de conceptualización de la Bombona.

1. ¿De dónde provienen las líneas de la Bombona?

Bombona es el resultado de una profunda admiración a nuestras culturas ceramistas, por sus grandes habilidades representativas, sus símbolos y estilo poco común. La principal inspiración fueron las botellas cerámicas de la Cultura Chorrera, su geometría ayuda a que las bebidas en caso de ser calientes se mantengan mejor y el detalle de las de las esferas en la parte inferior es una abstracción de la textura mediante la cual representaban la guanábana. Su nombre ´Bombona´ viene de una definición más contemporánea que hace referencia a un contenedor de líquidos de vientre grande.

2. ¿Desde qué lugar conciben sus creaciones?

Partimos desde la investigación de cómo fueron originados los objetos utilitarios de antiguas culturas asentadas en el Ecuador y cómo estas eran un vínculo para crear rituales, momentos de conexión y comunidad. A partir de esto, mediante abstracciones, traducimos símbolos y geometrías a diseños que resuenen en la contemporaneidad.

3. ¿Cuál es el objetivo de Orígenes?

Creemos que volver a nuestros orígenes nos dará respuestas interesantes a nuestro mundo actual. Desde el diseño queremos generar una propuesta de objetos inspirados los saberes ancestrales elaborados con materia local y que busca enaltecer las técnicas artesanales que nos rodean, esto con el fin de crear una cultura material ecuatoriana simbólica y moderna.

4. ¿Qué veremos próximamente en Orígenes?

Zol y Bombona son los primeros diseños de una colección de objetos que están inspirados en el poder de reunirnos alrededor del fuego, cada uno de ellos tiene la intención de crear una atmósfera que nos permite juntarnos a compartir historias, saberes y poder desde ahí replantearnos nuestros nuevos hábitos y rituales.

 

Polett Zapata, sueña con ilustrar cuentos por todo el mundo

Con su trabajo busca generar diálogo en torno a los tabúes que la sociedad impone en relación con lo femenino como: la menstruación y la aceptación del cuerpo. Su taller ubicado al norte de Quito está ambientado con la paleta de colores que la artista usa para crear.

Rumy Estudio, abordando la profundidad de la escultura

En un apartamento construido por el arquitecto, diseñador y artista Karl Kohn; conceptualiza, modela y hornea piezas de cerámica la artista y arquitecta Diana Lara. Rumy Estudio ubicado al norte de Quito está creado para  la construcción de piezas de cerámica y la producción de arte en general.

En Diana existe una curiosidad continua de experimentar, mutar, cambiar.

¨Soy muy curiosa y me interesa experimentar, nada más por el gusto de aprender y explorar, creo que continuamente me cuestiono sobre; qué más puedo hacer con lo que tengo. Mi sueño es seguir reflexionando. El material siempre será un medio y un pretexto que me permite buscar técnicas.

En sus objetos utilitarios o escultóricos se encuentra belleza, equilibrio, sentido. Su conocimiento en el campo de la arquitectura le dan entendimiento en los campos del espacio. Lara sueña con abordar la profundidad de la escultura y asegura tener un largo camino para llegar hacia su meta.

El área social del apartamento, ahora habitado por Diana, gira en torno a un escritorio ubicado en el centro del espacio. Diana mantiene en el lugar los muebles y objetos de su familia. También los cuadros de su abuela. Me cuenta que su abuela fue su primera mentora y le generó la inspiración de crear. Entre sus objetos preciados dos de los más coloridos jarrones eran de la abuela, al igual que el cuadro de las guacamayas que ambientaba el lugar. Para Diana vivir y trabajar sin salir de casa es una ventaja.

“En cierto modo siento que no tener que movilizarse hace que no pierda tiempo al ir al taller, así también es muy fácil quedarme enganchada hasta la madrugada trabajando sin preocuparme de qué hora es. Incluso en tiempos difíciles el tener cerca este espacio donde crear o destruir se siente como una válvula de escape que permite libertad a unos cuantos pasos”.

5 razones para conocer Chorlaví

5 razones para conocer Chorlaví

El estilo tiene influencia española por la utilización de adobe, pisos de piedra, ladrillo, columnas de madera. En los exteriores, hay jardines y árboles centenarios como el cholan, el cedro y los nogales.

Tunas y Cabras: viajar con conciencia en la pandemia es un antídoto a la depresión

Según datos de la ONU la depresión afecta a 264 millones de personas en todo el mundo. Los datos a nivel mundial parecerían confirmar esta mayor vulnerabilidad mental, citando encuestas que muestran un aumento del sentimiento de angustia despúes de la pandemia en el 35% de la población encuestada en China, el 60% en el Irán y el 45% en los Estados Unidos.

“El simple hecho de pasear puede reducir el riesgo de problemas mentales como la depresión”. El aire fresco hace que una persona se sienta mejor, sin agobios, sin presiones. Esta comprobado que la naturaleza es uno de los mayores antidepresivos que existe.

La antigua vía, aún empedrada, que conecta a Imbaura con Tulcán conduce hasta las más de 7 000 hectáreas desérticas que rodean el Tunas y Cabras, en medio de flores de chaguarqueros,  sábila, aloe vera e imponentes paisajes del desierto. Un hotel que adaptándose a la realidad, construye nuevos espacios al aire libre, donde los viajeros pueden conectarse directamente con todos los elementos. La palabra AMOR al filo de la montaña, hecha con acero metálico, es un homenaje al motor que mueve al mundo.

El pasto verde y recién cortado atrae a los pájaros y golondrinas, que en  búsqueda de comida llegan hasta el lugar aprovechando de las fuentes de agua de un gran jardín con hermosos y grandes árboles con flores de colores. Los pavos reales duermen en las copas y es muy fácil dejarse hipnotizar por el azul que genera la piscina. El lugar cuenta con un club hípico en el que se puede aprender sobre la crianza del caballo e interactuar con ellos.

El paisaje desde las mesas del restaurante, es infinito. Enormes ventanales permiten el ingreso de luz y de aire. Los horarios extendidos y las medidas extras de seguridad, permiten que no existan tantos viajeros dentro del mismo espacio y que haya una rotación constante. Entre las medidas de seguridad que ha implementado el hotel están: la implementación de bandejas de desinfección para los automóviles al ingreso. Un lavabo móvil ubicado en el exterior de la recepción. El control de temperatura y síntomas de los viajeros. Y el uso de mascarillas en las áreas compartidas.


RECOMENDACIONES IMPORTANTES SI DECIDE VIAJAR:

Viajes en auto

Las paradas en el camino para cargar gasolina, comer o ir al baño pueden causar que usted y las personas con las que viaja tengan contacto cercano con otras personas y con superficies que se tocan con frecuencia. Tenga el suficiente alcohol para todo el trayecto. 

En público:

  • Use mascarilla en entornos públicos.
  • Permanezca al menos a dos metros de distancia (aproximadamente la longitud de 2 brazos) de las personas que no viven en su casa.

Baños y sectores de descanso:

  • Lávese las manos con agua y jabón por al menos 20 segundos luego de ir al baño y después de haber estado en un lugar público.
  • Si no dispone de agua y jabón, use algún desinfectante de manos que contenga al menos un 60 % de alcohol. Cubra todas las superficies de las manos y frótelas hasta que sienta que se secaron.

Al cargar combustible:

  • Use toallas desinfectantes. Luego de cargar combustible, use un desinfectante de manos con al menos un 60 % de alcohol. Al llegar a destino, lávese las manos con agua y jabón por al menos 20 segundos.

Paradas para comer:

  • La opción más segura es llevar su propia comida.

Prevea sus necesidades de viaje

  • Lleve consigo una mascarilla para usar en lugares públicos.
  • Empaque desinfectante de manos. Manténgalo a mano.
  • Lleve suficientes medicamentos para que le duren todo el viaje.
  • Lleve alimentos y agua en caso de que las tiendas y los restaurantes estén cerrados, o no dispongan de atención desde el auto, retiro de comida por el lugar y mesas al aire libre.

Hacienda Pinsaquí con más de 300 años y adaptada al 2020

Cayó la noche, y luego de cenar una sopa caliente frente a un enorme mueble tallado traído en barco posiblemente de Asia, me permití saludar al Imbabura. La noche estaba despejada y a lo lejos se podía ver el perfil de la enorme y milenaria montaña alumbrada con la luz de la luna. Doblé mis piernas para pegarme a la tierra y me arrodillé. Agradecí y pedí por salud. La cámara, programada en larga obturación imprimió sobre el sensor la enorme e imponente montaña.

Estaba en la Hacienda Pinsquí, en una gran planicie que antecede al portón de ingreso de la casa construida desde 1772. Un gran patio de enormes eucaliptos dan sombra y a su vez son parte de la magia y la historia del ingreso. Una pileta circular es la encargada de generar el armónico sonido del caer del agua sobre el agua.

La arquitectura de la hacienda de estilo colonial se mezcla con hermosos detalles de estilo republicano como las líneas rectas y decorados de yeso, ventanales de gran altura. Los detalles hablan de la historia del espacio. En contraste a la arquitectura republicana, un enorme tejado soportado por grandes paredes de tierra guardan la historia de El Obraje establecido como uno de los más grandes de la zona, dedicado a producir tejidos de oveja y que llegó a tener más de mil trabajadores. Actualmente las grandes chimeneas y ventanales del lugar calientan los desayunos y las lecturas de la tarde en los salones dispuestos para los huéspedes.

Su interior guarda tesoros. El sitio tiene dos galerías decoradas con muebles franceses de madera tallada. Lámparas de Murano, esculturas de bronce y fotos que relatan la vida política de sus propietarios. Todas las habitaciones cuentan con baño privado y detalles que te envuelven en el lujo de la época como los grandes baños con tinas y lavabos de mármol.

El arte que decora el lugar son regalos traídos por la familia en barco en sus viajes por el mundo. Un cuadro de estilo japonés con incrustaciones de nácar es parte de la colección. Al atardecer, el sol se pone en el jardín posterior de la casa.

El graderío de piedra conduce a las grandes magnolias y araucarias testigos de importantes encuentros, históricos y libertarios, como el plan de Simón Bolívar para gestar la Batalla de Ibarra. Las 17 hectáreas que aun son parte de la hacienda guardan celosas una hermosa y olvidada glorieta en medio del bosque con estilo arabesco que posiblemente era usada para mirar los atardeceres de los campos de la hacienda. Los viejos y aun cargados naranjos que adornan la terraza posterior, son también el ingreso a la antigua bodega de equitación y el actual bar, donde se puede disfrutar de un canelazo con música local.

Viajar en tiempos de pandemia

Estos últimos meses nos han demostrado que a pesar de la letalidad del virus, el mundo no puede detenerse. Hoteles como Pinsaquí se están adaptado continuamente para reactivar el turismo en particular el turismo local. Con el 30% del aforo y la mitad de sus empleados, el hotel ha tenido que adaptarse a nuevas medidas que permiten a los visitantes desconectarse por un momento de la cuarentena y  olvidarse por un rato, en los espacios abiertos, de uso de las mascarillas.

Entre las medidas que se han tomado son: una ficha de registro por cada visitante donde se indica la procedencia, el estado de salud, los síntomas y un análisis al ingreso de temperatura y desinfección. Al llegar a la puerta de las habitaciones, carteles pegados en las puertas indican la desinfección total de las habitaciones. El uso de la mascarilla en los lugares compartidos como los corredores, restaurantes y el bar son obligatorios. En la cocina, los cubiertos, platos e implementos se lavan con agua en altas temperaturas. Los almuerzos son servidos al aire libre y bajo los eucaliptos para respetar la distancia. Varios lugares de desinfección con alcohol y bandejas para los pies se encuentran en las áreas de alto tránsito.

*Es importante aclarar que a pesar de las medidas que toman estos establecimientos es nuestra responsabilidad cuidarnos y cuidar de los otros. Aun cuando entendemos la importancia de activar el turismo, no recomendamos viajar, peor  aún si existe un estado de vulnerabilidad. En caso de decidirse por viajar, se recomienda prestar mucha atención en los detalles, llevar un kit de limpieza personal, cubiertos de madera desechables y alcohol.

ESPACIO PUEBLO, creando en el no tiempo

ESPACIO PUEBLO, creando en el no tiempo

ESPACIO PUEBLO es un rezo a la naturaleza, que con su propia materialidad hace parte del contenedor y de su contenido. Sus paredes son lienzos vivos donde las plantas crecen. Caminar por su espacios es revivir la intención con la que fue creada. El Pumamaqui, el Wantuk, el San Pedro. Varios árboles y plantas nativas que crecen en los jardines son regalos de amigos y chamanes. El tapial y el bahareque son testigos de la arquitectura rural de una ciudad que nunca paró de crecer. Pero en el campo el no-tiempo se siente y el sonido del fluir del río jamás se detiene.

A la artista Veronica ‘Patin’ Falconí le tomo 1 año y 6 meses diseñar y construir su casa. Cuando la terminó, hace 22 años, nació su hija Mile Broche. Recuerda haber llegado de dar a luz con Mile y su placenta que está enterrada en el jardín. Patin logró construir éste lugar gracias a la visión su abuelo Gonzalo Pérez que era dueño de una antigua fábrica textil y que también construyó una casa estilo Art Deco en la tierra del no morir: Amaguaña. Patin tiene las mejores experiencias de su niñez y la vida del campo. Recuerda que la casa de su abuelo tenía un altillo con un tren a vapor donde jugaban junto a sus 18 primos. Recuerda también las expediciones al campo cuando los primos más grandes les subían en los hombros a los más pequeños para ayudarles a cruzar el correntoso San Pedro hasta llegar a la cascada del bautizo donde se ponían sobrenombres para todo el año. También se acuerda del sabor del chocolate con panela y el pan que comían en el bosque nativo junto a su hermano.

La artista tiene grabada la construcción de su casa en super high 8. Su hermano fue uno de los principales actores que le motivaron para la construcción de su casa en la hondonada que da hacia el río en la propiedad del abuelo. Todos los materiales de construcción fueron sacados del mismo bosque y modelados por la artista. El barro, la paja y la madera son elementos que se encuentran a la vista y que están rellenos de materiales reciclados como botellas plásticas. Las protecciones de hierro forjado también fueron pintados por Patín. Para hacer los cimientos y construir la casa la artista contó con la ayuda de Broche, el papá de Mile y dos familias que llegaron desde Chimborazo. Patin recuerda con cariño la cocina comunal que se armaban en los días de trabajo mientras poco a poco se cocinaba su sueño.

Vivir en su interior es sentirse contenido. En el lugar se siente que vivió una mujer poderosa. La trayectoria de Patín le permitió acercarse al mundo de la expresión con la pintura, la fotografía, la creación con cerámica y la sanción con la plantas. Es terapeuta holística, trabaja con las técnicas del reiki, rakiram, aromaterapia y coherencia energética. Su casa es la expresión de su vida y sus necesidades. Cuenta con un taller de cerámica en el subsuelo antes protegido con las puertas de las caballerizas, y un cuarto obscuro para revelar fotografía análoga. En el jardín aun crecen sus aromáticas, enseñanza de doña Ximena Méndez, la Trushky como le dice de cariño. Su mamita negra que le enseñó a conocer y a danzar con las plantas para poder disponer de ellas.


Un patio de piedra es la gran  antesala donde se sostienen las enormes columnas de madera que fueron sacadas del antiguo ordeño que soportan la casa y los balcones del segundo piso. Un enrome cactus de San Pedro que sobre pasa el primer piso cuida la cocina por donde entran los rayos del sol desde primeras horas de la mañana.  En el patio posterior que da hacia el río, protegidos con la sombra del Pumamaqui, crecen los tomates de árbol. La casa viva es un equilibrio entre la creación y la medicina. Cada lugar guarda la energía de quien lo habitó.


Escuchando el llamado de la naturaleza y con el fin de sacar raíces en ella. En junio de 2020, Juliana V. y EDS. habitan la casa viva: Espacio Pueblo, creando un proyecto para compartir en comunidad. Éste lugar esta destinado a que sus visitantes exploren su creatividad y su medicina.

JULIANA

Acompañante en procesos evolutivos, artista, yoguini, equilibrista y amante de la naturaleza. Desde niña estuvo conectada con la medicina de las plantas y actualmente trabaja con ellas para sanar el cuerpo físico y elevar el cuerpo espiritual. Practica highline, escalada y montañismo con el fin de conectar con la naturaleza e ir más allá de sus miedos. Tomó la decisión de mudarse a la casa para abrir los espacios de sanación y creación en la naturaleza.

EDS

Coleccionista y fotógrafo. En continua exploración con la naturaleza, la geometría sagrada de las formas, la repetición y los patrones. Se especializa en fotografía de arquitectura. Retrata talleres de artistas y escribe crónicas de su trabajo. Viaja en continua exploración de la luz como símbolo de la creación. Retrata montajes de arte con el fin de expandir la comunicación y su consumo.

Juntos abren las puertas de Espacio Pueblo haciendo un llamado a las almas creativas a conectar con la naturaleza y manifestar su arte.

Servicios:

– Yoga.

– Acompañamiento de procesos evolutivos.

– Masajes y terapias holísticas.

– Caminatas de empoderamiento en la montaña.

– Cerámica ritual.

– Musicoterapia.

– Nutrición y vegetarianismo.

– Escalada, highline, montañismo.

– Tienda holística cultural.

– Taller de composición y color.

– Taller fotografía análoga.

– Conversaciones de arte.

– Visitas a la colección.

– Residencias de arte.

– Tienda de arte local.

¿Cuánto nos falta para volver a pintar las calles?
La ciudad es un lienzo que se pinta con aerosol. Como serpientes que cambian de piel, las ciudades son testigos de cómo paulatinamente sus superficies se llenan de arte urbano, hasta el punto de brillar y reflejar amplias gamas de colores que se multiplican crónicamente. Estos colores poco a poco conquistan diversas zonas y rincones del cuerpo de la ciudad. Hasta que cada cierto tiempo, la ciudad decide reinventarse, cambiar de escamas y con la ayuda el municipio blanquear nuevamente las paredes de sus terrenos. –  Martín López Cevallos

 

No hay mejor plan que salir a la calle a rayar las paredes. A dejar huella. A crear momentos para resguardarlos en el cerebro y en los muros que pueden tener más gracia. A sentir el sol disfrutando siempre de sitios nuevos y desconocidos. Al aire libre.

No todos los días se tiene el honor de salir a pintar con una crew como ALM.  Era junio de 2019 y en pleno verano nos reunimos en  la calle para hacer un registro fotográfico.


 

ALM CREW

 

 

Ramo

El hip hop, la cultura musical y el grafitti fueron las puertas que Ramo tomó para conocer la calle. Ya son 10 años que ha recorrido la ciudad motivado, más que por el propio arte, por generar una auto disciplina.  Se integró al equipo para armar 2punto5d y en la actualidad produce la segunda edición de la revista Ultra Vandal. 

Para el artista reafirmar su existencia es también poder seguir marcando la calle con tags, asegura que las firmas son la esencia más pura del grafitti. Dejar su huella sobre las paredes es para él apoderarse del espacio. Percibiendo el espacio público sin distinción de estratos. Para Ramo el grafitti es manifestarse desde uno y observar la reacción que causa en los demás.

Paint

Es creador de personajes y seres provenientes del imaginario colectivo. Lleva pintando en la calle alrededor de 1o años. Su última muestra llamada ILETRADXS  es una juego de palabras para valorizar la labor de los personajes que pintan las calles  y dejan su huella. Entre los diferentes lenguajes artísticos, crea y disfruta del trabajo en áreas como editorial, infantil, juvenil y urbano a más de venir desarrollado un  importante trabajo pictórico dentro de su estudio. 

Para el artista, el grafitti es un fenómeno transgresor en donde las personas que están detrás de esas huellas se arriesgan, se la juegan por el gusto de hacerlo y por declarar presencia y existencia en el medio.

Para Paint, la calle es un espacio de pugna de poderes, es privada a veces y pública otras menos. La calle no es predecible y es justamente eso lo que alimenta su trabajo.

“Podré preparar un boceto para un muro el día anterior, pero al final es la calle y el spot quienes deciden”- dice.

“Pintar en la calle me ha hecho lo que soy hoy en día. Lo más bonito que me ha brindado es entender mi ciudad o mi país desde otra perspectiva no solo desde mi burbuja” – Paint

Joins Back

Para el artista Joins la calle tiene una gran influencia. Principalmente por las cosas que pasan en ella. Su inspiración está en el día a día, en sus formas de mutar. En sus olores.  Cree que el graffiti no tiene sentido si no esta en la calle. Por esa razón, más que arte, cree que el graffiti es una forma de expresar sus sentimientos. Pinta desde hace 12 años y junto a su crew ALM  lleva 9 años. Sus letras están influenciadas en gran parte por el graffiti clásico con adaptaciones latinas.

Joins recuerda el tiempo que vivió en el barrio de La Mariscal. El acercarse a la calle le permitió conocer a la gente que comúnmente era ignorada como: adictos, indigentes, dealers y ladrones. Conocerlos le daba la seguridad de poderlos saludar a cualquier hora y sentirse seguro.

Las políticas urbanas no son compatibles con las prácticas de sus comunidades. El graffiti, desde que en la década de los ochenta se tomó las estaciones de ferrocarriles y los vagones de tren de grandes ciudades, como muestras de protesta social, ha sido perseguido o atrapado por las autoridades. Sin su cualidad de irreverencia, sin su lugar al margen de la legalidad, el graffiti solo demuestra el triunfo del poder oficial.

Las letras representan identidad, estilo, y poseen un lenguaje propio. Existen códigos que son utilizados por la mayoría de grafiterxs, que expresan ideas concretas, apoyo o rechazo. De: El lenguaje de las paredes

Concdecaro

Su caligrafía poco a poco va conquistando la ciudad. Su gusto por intervenir todo tipo de objetos ha hecho de la calle hermosos lienzos donde los trazos de las letras son sus protagonistas. Ahora las alcantarillas podrían ser parte de una colección de la ciudad. Los colores de sus letras desempolvan las olvidadas, grises y aburridas tapas metálicas que sin ser pintadas pasan desapercibidas. Sus herramientas como brochas y marcadores de punta plana le han permitdo colaborar y sumar hermosas texturas caligráficas a muros de otros artistas.  Fue invitada por el equipo de ALM para ser tallerista del curso DEL PAPEL AL MURO.


Carolina Iturralde estudió diseño de joyas y le iba bastante bien, pero llegó un momento en el que no se sentía satisfecha. Entonces encontró su verdadera pasión en el arte, la pintura y la literatura. Dejó atrás el negocio de las joyas y empezó a pintar objetos y muebles viejos para darles nueva vida: la alegría que eso le produjo cambió su forma de pensar. Tiempo después juntó la pintura, el grafiti y la caligrafía para crear su propio estilo De: Primicias 

El grafiti es una manifestación efímera ya que puede desaparecer al poco tiempo de ser creado, lucha contra el olvido, busca ser reconocido en la sociedad integrándose en la cotidianidad del paisaje urbano. Por encontrarse a la intemperie, están expuestos a un sin número de cambios ambientales, polución, manipulación, etc. Lo que hace que se deterioren y periódicamente, pierdan sus colores, sus formas y los acabados que un día tuvieron. Al mismo tiempo es una marca que intenta dejar una huella para siempre.

Taki183, Julio 204, CornBread hace 50 años en Nueva York

La ciudad es un organismo que se va transformando por quienes la intervienen. En tiempos de pandemia las calles han sido protagonistas de la soledad y el olvido. Del miedo. Sin embargo, las calles nunca cerraron, están ahí, enmoheciéndose, esperando una mano de color para que todo vuelva a tener sentido.

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Mausoleo para segundos pisos

Mausoleo para segundos pisos

Mausoleo para segundos pisos
Por: Manuela Ribadeneira
2014
Impresión 3D en resina plástica Base: 90 x 90 x 19 cm; varillas: 20 cm de alto.

Es momento de concretar nuestras aspiraciones. No podemos dejar que la inestabilidad del tiempo corroa nuestras varillas. Es momento de accionar. Mirarnos hacia adentro y continuar construyendo las columnas que han quedado olvidadas. El cielo no tiene dueño, el cielo es nuestro.

Esta obra es parte de una serie donde Ribadeneira emplea como leitmotiv las llamadas “varillas de la esperanza”, aquellos hierros vistos que surgen de los techos de las casas o construcciones proyectando su empleo en futuras ampliaciones. Aquel espacio vertical por conquistar queda apenas anunciado, la mayoría de veces llegando a transcurrir años o décadas sin que se concreten las aspiraciones. El primer desarrollo que hizo la artista alrededor de esta idea fueron las varillas que instaló en el 2008, en tamaño real, en una casa frente al centro cultural TEOR/éTica en Costa Rica. Ribadeneira las emplea como una declaración de propiedad territorial, cuyo propósito suele quedar trunco. Al pensar en el estado de abandono y corrosión en que casi siempre se encuentran estos esqueletos de columnas —una característica de la “arquitectura Impresión 3D en resina plástica Base: 90 x 90 x 19 cm; varillas: 20 cm de alto 2014 Mausoleo para segundos pisos Sala 01 Hago mío este territorio P.45 09 de la necesidad”, parte integral del paisaje urbano en Latinoamérica— parece proponer su condición de ruina como un memorial; una imagen poética sobre la derrota de los anhelos: “Comencé a trabajar esta idea como parte de mis investigaciones sobre apropiaciones de espacios. Pues dejar las varillas plantadas para el segundo piso es un aviso de que ese espacio de cielo tiene dueño. Ahora las estoy pensando como ruinas. Viven como toda ruina en ese extraño intermedio entre pasado y futuro (no hay concepto de ruina sin una noción de futuro), pero tienen poco presente”

Por: Rodolfo Kronfle Chambers (curador)

OBJETOS DE DUDA Y DE CERTEZA (2000-2019)
Centro de Arte Contemporáneo, Montevideo y Luis Dávila, Montevideo, Quito, Ecuador (14 de diciembre de 2019 al 19 de abril de 2020)
Fotografías: Archivos del CAC

Sala 1. Objetos de Duda y de Certeza
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Grabador Fantasma

Grabador Fantasma

GRABADOR FANTASMA
2018
Instalación · Película S 16mm
9´25´ loop
Proyecto comisionado

En “Grabador Fantasma”, Adrián Balseca presenta un gramófono sobre una canoa que viaja a través de la selva impulsado por energía solar, captando sonidos humanos y no humanos del bosque.

La investigación en que se basa la muestra es de Adrián Balseca, empezó a trabajar en 2016 sobre la explotación del caucho. Balseca se considera un coleccionista empírico de material, lo que le ha proporcionado una capacidad innata para crear nuevos discursos visuales.

Una conversación entre Rodolfo Kronfle y Adrián Balseca (Obtenido de paralaje.xyz)

Rodolfo Kronfle: Me parece interesante la manera como concentras el contenido de tus videos en un objeto protagónico que constituye el elemento medular de sus puestas en escena: una cabeza de madera gigante, un caduceo monumental de hierro fundido, un automóvil, una canoa tallada de un árbol, etc. En el desarrollo de tus filmes estos objetos adquieren una densidad simbólica inmensa al surgir de –e interactuar con– el elenco de actantes (Bruno Latour dixit) que se van interrelacionando: no solo los humanos y sus actividades, sino también el paisaje mismo y las actividades que se desarrollan en este.

Estos objetos están además inmersos en una red de creación/destrucción que de diversas maneras matiza los enunciados del progreso e interrogan hitos de nuestra historia económica. Es ahí donde parece que la obra escarba en una serie de relaciones de producción que son de gran calado en el tiempo, siendo una forma muy efectiva de sondear, sin didactismos, las capas de historia con que se configura el relato del estado-nación y sus descalces con el territorio y el individuo que lo habita. Te debe tomar tiempo perfilar el guión de cada obra. ¿Te sorprenden a veces los resultados e implicaciones inesperadas que surgen en su realización? Al conocer tu sentido del humor puedo intuir además una sutil ironía en varias piezas pero subsumida bajo una mirada contemplativa que prima. ¿Es algo que controlas o que surge inevitablemente?

Adrian Balseca: Cada proyecto merece un cuidado y dedicación especiales en la la selección de lugares a trabajar. No me gusta llamarlos “locaciones”, ni a su búsqueda como simples scoutings. Me siento más cómodo con la idea de que estos recorridos iniciales en búsqueda de sitios son aproximaciones a historias locales determinadas; y es que cada territorio o paisaje tiene mucho que contar. No trabajo con guiones, en el sentido rigorista del guión cinematográfico. Lo que sí busco es incorporar tratamientos audiovisuales que, acompañados con los “ensayos visuales” que hablábamos al inicio, funcionan como guías al momento de filmar, por ejemplo. Ahora llevo un cuaderno de anotaciones visuales que se va engrosando poco a poco antes de cada filmación.

Me interesa alimentar mis proyectos con ciertas figuras retóricas o atributos visuales que puedan detonar espacios para el humor. Como un ejercicio consciente, encuentro que el humor es muy difícil de alcanzar.

En el proyecto de Balseca colaboraron miembros de Kara Solar, una organización que se ha concentrado en nueve comunidades achuar (situadas a lo largo de 67 kilómetros cerca de los ríos Pastaza y Capahuari).

Su obra es una práctica donde las fronteras entre lo utilitario, lo utópico y lo poético son cada vez más borrosas.

La idea partió gracias a la Fundación Kara Solar, que fue la encargada de desarrollar una serie de canoas que se movilizan a través de energía solar. Un proyecto de movilidad fluvial creado en 2012 por un grupo de ingenieros y líderes comunitarios, en cooperación con la Nacionalidad Achuar del Ecuador.

Su obra está inspirada en la película Firtzcarraldo. La odisea de Brian Sweeney Fitzgerald, a finales del siglo XX. La historia se desarrolla alrededor del gusto del empresario por la música que aspira hacer una fortuna con el caucho y sueña con construir una edificación para la ópera en la selva amazónica. Balseca construye un gramófono sobre un barco que viaja sobre el Río Bobonanza en medio de la selva donde capta el sonido ambiente del entorno.

Proyecto comisionado para la 14a. Bienal de Cuenca: Estructuras vivientes. El arte como experiencia plural, 2019.

Fotografías: Archivo Centro de Arte Contemporáneo
Fuentes:
http://adrianbalseca.net/es/trabajo/49-horamen-7.html
http://www.paralaje.xyz/grabador-fantasma-una-conversacion-entre-rodolfo-kronfle-y-adrian-balseca/
eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/10/adrian-balseca-recorre-la-selva-con-sonidos
http://www.pichinchauniversal.com.ec/grabador-fantasma-escuche-los-sonidos-de-la-selva-en-el-cac/

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La nube, un espacio para estudiar el tiempo

La nube, un espacio para estudiar el tiempo

Para todo juego existen reglas. En La Nube Casa Cultural se respeta la libertad. Es un espacio donde se gesta bajo normas conscientes de convivencia. Ubicado al tope de un edificio, ocupando los dos últimos pisos, La Nube crece con miras a convertirse en un centro de producción y difusión del arte contemporáneo.

A partir de septiembre de 2019, La Nube espacio cultural abrió sus puertas al centro norte de la ciudad. El objetivo del lugar es difundir y dar cabida a varias ramas del arte en todos sus géneros. Para Guillermo Segovia uno de los creadores del espacio es una experiencia importante poder gestar varios encuentros a través del juego, junto con el respeto de normas de convivencia social que hacen que la energía de La Nube se mantenga en constante movimiento. El lugar dividido en dos plantas: la primera planta; completamente abierta, muta para convertirse en un drag show, en una galería de arte, en un sala de danza, capoeira o en un espacio de meditación. La segunda planta, tiene una acogedora sala con un ventanal enorme hacia la ciudad y hacia uno de los pocos y grandes árboles que sobreviven en el barrio. También cuenta con dos dormitorios actualmente en alquiler.

El lugar está conformado por un equipo de artistas dirigidos por Juan Fernando León y Guillermo. La comunicación digital y la producción audiovisual la maneja Alejandra Ávalos. Los talleres que actualmente se dictan en La Nube están dirigidos por: Cristina Baquerizo en danza contemporánea. Larry a cargo de la casa drag House of the Soul. Sara Acosta en danza. Daniel Quelal y Ana Orellana en swing. Flor Gómez dicta las clases de yoga. Rafa Soto en teatro. Santiago Paute en capoeira y Mati Palacios se encarga del club de vogue los días domingos. El club del collage tiene sus encuentros los miércoles por la tarde.

Dentro de las nubes la energía no deja de fluir. De la misma forma en el espacio cultural: las cosas, las personas y sus estados cambian todo el tiempo.

¿Cómo organizan su agenda cultural?

Pensamos en un período semestral. Armamos una línea de eventos y clases permanentes y talleres itinerantes a través de una convocatoria. Queremos que todos se sientan libres de proponer. Recibimos la información y vemos que tan factible es hacerlo. Si es posible lo agendamos.

¿Cómo hacen para financiarse?

Principalmente el alquiler del espacio. La venta de entradas y arte en ferias.

¿Por qué eligieron el lugar?

Se nos presentó la oportunidad de crear el lugar. Nos pareció que el sitio era idóneo para generar un lugar como el que teníamos pensado. Decidimos que sería un buen lugar porque no existe una sobre demanda de casas culturales como en otras zonas de la ciudad. La cercanía a la Plataforma Gubernamental y el rápido crecimiento de la ciudad hicieron que nos inspiráramos en crear un lugar sitio solo para estar, para estudiar el tiempo.

¿Qué es estudiar el tiempo?

La contemplación, estudiar la respiración, estar consciente de enfocarte en el presente.

¿Se pueden crear espacios extraordinarios?

Sí, con la observación. A veces hay elementos en los lugares que te interpelan y te responden a lo que está pasando.

¿Por qué La Nube?

Se llama La Nube por la vista, siempre puedes ver las nubes, un paisaje súper lindo. Es fresco, es directo, es corto.

Juan Fernando León pinta desde los 13 años. Su temática son los monstruos. Su juego es permitirse indagar sobre los colores, las líneas y la ilusión óptica. Trabaja con esmalte de uñas y varios de sus cuadros están colgados y a la venta en el centro cultural.

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Sobre Fractales

Sobre Fractales

A diferencia de TropialDeco, donde Edgar tenía interés en aprender y asesorarse de personas conocedoras dentro del campo del arte, en Fractales el proceso se vuelca hacia dentro, buscando tan solo retro alimentación sin tener miedo de topar territorios límites entre el arte y el diseño.

El termino fractal nace desde el campo matématico en 1975, propuesto por Benoît Mandelbrot. Pero no es hasta los 80´s que este conjunto es llevado a la tecnología e interpretado de manera gráfica en el ordenador.
‘Mandelbrot pensó que las cosas en la realidad no son tan perfectas como las muestra la geometría euclídea: las esferas no son realmente esferas, las líneas no son perfectamente rectas, las superficies no son uniformes… Ello le llevó a estudiar estas imperfecciones, derivando estos estudios en la creación de esta nueva rama de la geometría’
La exhibición Fractales de Edgar Dávila Soto contiene su potencial en el camino que le llevó desde la fotografía arquitectónica hasta su encuentro a través de la cámara con la naturaleza. Las composiciones que se encuentran en las series arquitectónicas buscan, desde ángulos específicos, una simetría que con el tiempo el mismo fotógrafo las encontró al acercarse a una nueva escala de la naturaleza.

Lo fractal es una estructura de la naturaleza que no es visible al ojo humano pero que el artista con imágenes de plantas lo hace evidente al público. Edgar logra replicar únicamente con sus fotografías el fenómeno de “ola” de cimática; sin movimiento o estructuras tridimensionales crea vibraciones visuales y sonoras.
‘La ciencia de la cimática demuestra de forma visual el modo en que el sonido configura la materia. La cimática consiste en el estudio del fenómeno de las ondas, y fue “descubierto” en la década de los 60 por el científico suizo, Dr. Hans Jenny’

Hace dos años, Edgar Dávila inicia su recorrido desde la fotografía arquitectónica y comercial hacia el desarrollo de propuestas artísticas. Su primera muestra TropialDeco fue el primer paso donde a través de la historia de la arquitectura y la fotografía crea un puente hacia el arte. “La exhibición presenta imágenes en las cuales el distrito histórico de la ciudad de Miami se superpone con el centro de Quito a través de un ‘ejercicio de la mirada’ que le permite al fotógrafo vincular estas ciudades, a través de un estilo arquitectónico de la primera mitad del siglo XX, en el que las líneas, las formas y el color se vuelven una continuidad en el paisaje urbano y la memoria de sus habitantes” (Eduardo Carrera).

La propuesta para el espacio de +ARTE partía de este continuo interés y registro fotográfico. Sin embargo, ha sido cautivador ver el proceso de desviación y auto aprendizaje de Edgar que culmina con su muestra Fractales. A diferencia de TropialDeco, donde Edgar tenía interés en aprender y asesorarse de personas conocedoras dentro del campo del arte, en Fractales el proceso se vuelca hacia dentro, buscando tan solo retro alimentación sin tener miedo de topar territorios límites entre el arte y el diseño.

La galería.

Registro fotográfico de: Carla Vera C.

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Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Pierre Durand, Pepe Pistolas, tuvo su primer contacto con el modelaje mientras aprendía FX, una técnica que permite animar personajes para series, juegos o películas con plastilina en Buenos Aires. La expresividad y la sensibilidad de su obra se complementa con lo contundente de su materialidad.

Lo primero que vi luego de cruzar la puerta del Útero, ubicado en la Carrión y Reina Victoria, fueron los ojos de Aira, una perrita Husky albina, que jugaba -con otros perros- alrededor de una escultura que Pepe Pistolas le había construído.

La casona que alberga el espacio cultural creado por una antropóloga, un emprendedor, un profesor y un artista contínuamente muta. Las gradas de piedra y los detalles en la fachada contrasta con las forjas blancas que protegen las ventanas. Los muros anchos, las vitrinas que separan los espacios, las arañas que cuelgan del techo y los hermosos jardines que la rodean, daban cuenta de la belle époque de La Mariscal. En el lugar había funcionado un colegio pero, después de su abandono , se deterioró. Fue encontrada por los gestores en pésimas condiciones y tuvo que ser recuperada íntegramente.


*documentación de Útero
Los cambios implicaron 4 meses de intervención en tuberías, pisos, techos, sistema eléctrico y demás. La primera vez que llegué hasta el Útero fue para conocer el estudio de Thomas Cruz. Esta vez estábamos bajo un árbol del jardín junto a Pepe Pistolas y su Diablo Huma que colgaba de una de sus ramas.

“Soy Pepe cuando trabajo el metal. Yo no soy Pierre. Pierre es el hijo, amigo, novio”

comentaba él. Pepe Pistolas de 31 años encontró el gusto por su labor en un viaje a Francia. Nació en Guayaquil y creció en Quito. De su familia no tiene los mejores recuerdos. “Mi madre me tuvo a los 20 años cuando mi padre tenía 63, era como mi gran abuelo, antes de morir me dijo que luche por lo que amo hacer”.

Pepe encontró su guía en Bordeux mientras montaba bicicleta. “Llegué hasta una plaza donde había unas esculturas gigantes de metal: Les Vivres de l’Art. En el lugar estaban moviendo la escultura de un tornado gigante, me acerqué a ayudar. Al terminar pregunté si me podía quedar y me lo permitieron. Me dieron un poco de pintura y una escultura que necesitaba ser pintada. Al día siguiente volví ir y así trabajé un año gratis. Aprendiendo”.


‘La materia no se crea ni se destruye: solo se transforma’
El artista Jean Francois Buisson le enseñó a Pepe a usar la moladora para pulir sus obras y muchas otras cosas para producir. También a destruir los desechos de grandes tanque metálicos para volver a construir y crear. “Todo es basura, los desechos que conseguía o le regalaban a Jean Francois le servían para volver a crear”. Además de aprender a usar las herramientas, Pepe tuvo la libertad de experimentar con pequeños pedazos que quedaban de los desechos de las grandes obras.

* registro del artista. Bordeux. FR.
“Siempre que barría el taller encontraba esos pedacitos de metal que quedaban en el piso, yo los veía como oro, y los iba guardando uno por uno, al comienzo sin saber qué iba hacer”. Luego de trabajar un año de ayudante en el taller y tras la muerte de su padre, desmotivado, el artista dejó de ir al taller de Buisson. Sin embargo fue le mismo Jean Francois el que le ofreció un sueldo para que vuelva a trabajar. “Realmente es como mi papá, me inspiró ”.

Pepe trabajaba de 9:00 a 18:00 en colaboración con Buisson para su exposición ‘El Fin del Mundo’, una serie que representaba los cataclismos. “Hicimos un rayo, una ola de 6 metros, pasaba 12 horas cortando con el soplete”. Pero desde las 18:00 en adelante se dedicaba a producir sus propias piezas. “El mosquito era mi obra maestra”, una escultura que fue parte de su primera exposición en Francia pero que lamentablemente fue robada. Pistolas, también fue una serie hecha por el escultor, por lo que lo adoptó a su nombre.

Actualmente está en proceso de reunir más gente que trabaje en otras labores y pueda complementarse con su trabajo. La cortadora de madera no paraba de sonar, uno de sus ayudantes construía las patas para las mesas de un local de comida.

Un pequeño cuarto, en lo que parece ser el área de servicio de la antigua casona, guarda sus herramientas. Su espacio al aire libre estaba decorado con sus propias esculturas: esqueletos de pescados, alas metálicas y lobos invocando a la luna. El patio del espacio cultural empezaba a llenarse de amigos. El cielo se ponía más gris y las gotas empezaban a caer. De Pepe me despedí con un abrazo sintiendo el equilibrio entre la liviandad de su alma y el poder de su producción.

 

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Retratos cotidianos por Alejandro Méndez

Retratos cotidianos por Alejandro Méndez

Alejandro Méndez retrata, entre la intensidad de colores, reflejos y luces de neón, el tiempo de una Bogotá burbujeante

Esta vez no era la excepción. Desde la planta baja, en medio de las jardineras de las Torres del Parque, caminé con mi cámara retratando desde varios ángulos la belleza de la geometría de Las Torres del Parque. Esa mañana la historia cambió. En La Santamaría, la cafetería de la torre central, varias historias contadas en óleo colgaban de las paredes. Historias del día a día, de una ciudad burbujeante que podía ver por la ventana mientras disfrutaba del olor a tamales y a café. En una de las equinas un cuadro de Alejandro Méndez (@ciudadanomendez) representaba eso: la cotidianidad de un hombre que, sentado en la misma mesa que yo, disfrutaba del día mientras su peluda mascota esperaba sobre los rojos ladrillos de Rogelio Salmona.

Pocas horas después Martina, la perra que aparecía en la pintura, me recibiría junto a Andrés, el personaje que disfrutaba del café y quien también era parte del cuadro. Subimos hasta su apartamento, un espacio que por los detalles de las ventanas, los acabados y la redondez de los ángulos de las paredes conjeturamos, junto a sus dueños, que había sido construido entre 1960 y 1970; un edificio ubicado en el tradicional barrio La Macarena, entre los cerros orientales y el centro logístico y corporativo de la ciudad. Antes de descargar mi maleta Andrés ya había preparado un café. Martina descansaba junto al sillón. Los libros de arte y las plantas se iluminaban tras el gran ventanal semicircular que daba hacia la sala. Si Alejandro Méndez pinta la cotidianidad de Bogotá yo quería retratar la suya.

Una de las paredes más grandes de la cafetería estaba ambientada con una selección de obras del artista. Los paisajes de ciudad se repiten en la obra de Méndez. Obreros por los aires limpiando los vidrios de edificios altos entre los reflejos de las luces de la calle y lámparas de neón y su serie de “Sex Shops” que empezó en 2009 y aún sigue trabajando. Rincones nocturnos y escenas de tráfico también son parte del trabajo de Méndez.

El gran óleo sin terminar, o en proceso, que está en su estudio, nos muestra a un personaje cruzando una congestionada avenida. Las técnicas que el artista experimenta son diversas. Los grabados hechos para la serie “Sex Shops” tienen la particularidad del color de fondo. Una primera capa, impresa sobre papel oscuro, contrasta con la luz de los tonos usados en su obra. La pulcritud de su proceso junto con la técnica de la plancha perdida, donde se va aplicando el color capa por capa mientras se va tallando la placa, ‘esta técnica no te permite tener vuelta atrás’- decía.

Como resultado una serie con prolijos grabados de fondos oscuros e intensos colores. Alejandro Méndez, egresado de la Pontificia Universidad Javeriana, me compartía obras de otros tiempos. En su casa varios trabajos permitían dar cuenta de parte de su trayectoria.

En el suelo, un busto de un hombre, nota el tiempo en que Alejandro y Andrés habitan el espacio. “Éste departamento es mucho más frío que Las Torres. Allí, el ladrillo absorbe el calor por el día y por las noches la pared todavía está calientica”. – decía.
Antes de irme Alejandro me invitó a conocer el piso quinto de la Torre C de las Torres del Parque de Rogelio Salmona. El lugar donde habían vivido varios años antes de mudarse a su actual departamento. Bajamos caminando, las torres están justo al lado del barrio. Aprovechó para pasear a Martina.

Si hay algo que enamora del proyecto de Salmona son los ambientes que creó. Espaciados y circulares recibidores, grandes terrazas con jardineras que permiten la presencia de vegetación en pisos altos. Ventanas redondas direccionan la mirada a lugares específicos. Amplios y veloces ascensores para la época. Corredores con techos altos, hermosas vistas hacia los cerros, hacia la ciudad y con paredes circulares, hacen del recorrido dentro de las torres una experiencia maravillosa.

Desde lo alto se aprecia como los caminos y los espejos de agua se conectan con los accesos al Parque de la Independencia y las aceras de la ciudad. Los edificios abrazan a la Plaza de Toros La Santamaría, juegan con el paisaje de los cerros orientales de Bogotá. El proyecto se lo concibió como vivienda social a gran escala y con el interés de ser un punto de referencia para reorganizar el crecimiento urbano de la ciudad a finales de los años 60. Tiene en su interior elegantes detalles que remarcan la geometría y la intensidad de su arquitectura, elementos diseñados específicamente para el proyecto que lo vuelven particular y único.

En la terraza del último piso junto con Valentina (amiga del artista) y Alejandro disfrutamos del sol de Bogotá, mirando de un lado la infinidad de edificios que se pierden en el horizonte y del otro, el bosque que protege la ciudad. Nosotros en el medio, sobre las torres, siendo testigos del juego de luz y sombra sobre las fachadas de ladrillo. Una cotidianidad soñada, concebida y vivida por Salmona. Un regalo para la ciudad, sus habitantes y sus visitantes.
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El mundo de Ralex y su realidad al pintar

El mundo de Ralex y su realidad al pintar

Varios cerdos que también había visto en las paredes de las calles de Sangolquí estaban en su taller y su habitación. La experimentación de técnicas y soportes, alejados de la academia hacen particulares a sus pinturas. Sus personajes sacados de revistas, periódicos y viajes en el bus están cargados con nostalgia por crecer y mucha psicodelia.

Había pasado un minuto luego de la hora mágica. Un grupo de globos atados cargados con helio se elevaban hasta el infinito.

Estaba en Sangolquí en el tercer piso de una casa familiar. Alex Tapia, más conocido como Ralex me conducía hasta su espacio de trabajo. Su padre miraba la televisión en planta baja. Los cuadros del artista decoraban el lugar: la sala, las gradas y otros espacios estaban cargados con sus trazos.

Co fundador del Colectivo Fenómenos, Ralex, lleva más de 10 años pintando en la ciudad. Su formación alejada de la academia le ha permitido experimentar con exceso de realidad y libertad.

Sin prototipos, ni simbolismos, ni estereotipos. En su taller, apiladas a las paredes, muebles y mesas se encontraban varios cuadros con trazos que marcaban el tiempo y proceso de producción del artista.

‘Mira lo que quieras’

– me decía.
Con su consentimiento empecé a remover las obras para poder fotografiarlas. La cercanía de los mensajes y los personajes me relacionaban directamente con escenas cotidianas: de calle, de ciudad y de exceso de placeres.

Entre ellos algunos personajes cargados de psicodélia eran parte de la serie que había pintado hace poco. Los dibujos algunos apoyados con palabras complementaban y reforzaban el mensaje.

Un díptico con cabeza de Robocop y un cuerpo tatuado lo descontextualizaba de las escenas hollywodenses.

Una serie pintada sobre fotos Polaroid no se despegaban de la cotidianeidad y la nostalgia de crecer.

Su habitación ubicada junto a su taller también guardaba pequeños tesoros como Orange, un tigre descuartizado a manera de alfombra que decoraba el lugar.

Un Cubo Rubik pintado por Ralex parecía repetir varias veces los rasgos de su autoretrato, temática que ha venido trabajando a través del tiempo.

Algunos personajes lo acompañan cerca de su armario.

Me había recorrido los rincones de su espacio. Antes de salir Ralex sacaba de un mueble un grupo de grabados y aguafuerte que había venido trabajando hace meses junto a una amiga que vive cerca de su casa.

Los trazos de Ralex en blanco y negro se asemejaban mucho a sus pinturas.

Mientras tanto, el hombre del tiempo anunciaba el final. La vida no tiene formatos ni desperdicios, pensé.

 

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Luis Ángel Arango, la biblioteca de los espacios

Luis Ángel Arango, la biblioteca de los espacios

Para Luis Ángel Arango el dinero no podía restringirse a un uso exclusivamente material, su función debía poseer un marco amplio en donde se diera cuenta de diferentes áreas del conocimiento humano.

A la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá se la ha catalogado como la Biblioteca de los espacios. La gran edificación, ubicada en el barrio La Candelaria, centro histórico de Bogotá, es un gran proyecto cultural cuyos inicios se remontan a 1957. Desde ese año y hasta el 2003 fue desarrollado en varias etapas para llegar a convertirse, con sus actuales 7.200 metros cuadrados de construcción, en la denominada Manzana Cultural de Bogotá.

La firma Esguerra, Sáenz, Urdaneta y Suárez Ltda. decide responderle a la ciudad con materiales nobles como la madera y el mármol sin sobrepasar la altura de las edificaciones cercanas, respetando siempre las masas circundantes.

En el texto ‘Clásicos de la arquitectura colombiana’ se menciona: La biblioteca consta de un cuerpo denso que pareciera flotar en la pendiente del terreno, generando espacio público bajo este a medida que la inclinación se pronuncia. El vidrio, heredero y testigo del espíritu de la época modernista, es el agente protagonista en este vuelo volumétrico así como en las diferentes superficies que entrecortan el volumen inicial mediante techos planos e inclinados para iluminar los espacios internos.

Materiales nobles como el mármol y el metal son elementos que a la vista lucen elegantes. El diseño arquitectónico permite iluminación cenital sobre espacios de circulación, lectura y exposición. El edificio ofrece múltiples lugares, silenciosos que invitan a la contemplación.

En el libro Historia de una empresa cultural : Biblioteca Luis Ángel Arango 1958-2008, Luis Fernando Molina Londoño nos deja ver cómo se “considera que las bibliotecas no son simples depósitos de libros sino organismos fundamentales de la sociedad por la contribución a su desarrollo educativo, cultural, científico, técnico, político y económico. Como entidades sociales son un instrumento de autoformación personal y agentes activos que se involucran en todas las actividades de una sociedad. Su línea transversal las convierte en hitos urbanos. Como principal centro político administrativo, económico y demográfico, Bogotá concentra no solo las más antiguas bibliotecas de Colombia, sino la más grande en materia de colecciones, área construida y número de usuarios que es la BLAA.”

Este recinto alberga “una de las colecciones documentales más importantes del continente, una colección de arte y un espacio para conciertos musicales de altísimo nivel.” El complejo abraza a la Casa Republicana, una construcción de principios del siglo XX que actualmente contiene una parte de la Colección de Arte del Museo del Banco de la República.

La Colección de Arte del Banco de la República inició en noviembre de 1957 con la adquisición de tres obras: Mandolina sobre silla, de Fernando Botero, Ángel volando en la noche, de Cecilia Porras, y El Dorado #2, de Eduardo Ramírez Villamizar, piezas incluidas en la muestra Salón de Arte Moderno organizada por el Banco en la Biblioteca Luis Ángel Arango —entonces recientemente inaugurada—.

Una serie de arcos separan la Biblioteca de la Casa Republicana. La neutralidad del color contrasta con la obra ‘Miss Fotojapón’ de Juan Pablo Echeverri, ubicada sobre uno de los muros que conforman el espacio central de esta sala.

El espacio, rematado por una pirámide de cristal con un brise-soleil metálico que difumina la luz, acoge a la obra ‘Sin título III’ de Doris Salcedo. En este primer piso hay obras de María Teresa Hincapié, María José Arjona, Lucas Ospina, entre otros.

La obra ‘Cuja’ de Juliana Góngora, una adquisición reciente del museo, es el preámbulo para ir a la segunda planta, en donde es posible encontrarse con obras de Carlos Garaicoa, Marco Maggi, Danilo Dueñas, Juan Fernando Herrán, entre otros.

Las obras de la Casa Republicana son parte de una recopilación de arte contemporáneo producido desde 1980 hasta la actualidad, con énfasis en arte colombiano, aunque cuenta con obras de artistas latinoamericanos y europeos: “Tres décadas de arte en expansión”, curada por Carolina Ponce de León y Santiago Rueda, tiene siete categorías: Memoria, Resistencias, Cuerpos, Medios expandidos, Metodologías, Espacios y Geometrías

Caminar por los lugares de esta Biblioteca es perderse entre las historias de sus colores, de sus técnicas y de sus geometrías. Los espacios, como encapsulados dentro de una mega estructura, se vuelven un lugar de exploración, un tomo más de esa gran biblioteca de espacios.

Ficha:
Arquitectos
Esguerra, Sáenz, Urdaneta y Suárez Ltda.
Ubicación
Bogotá, Colombia
Cliente
Banco de la República
Referencias
Página official German Samper, Wikipedia
Área
7200.0 m2
Año Proyecto
1962

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La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

Una serie de texturas caligráficas intervenidas con collage sobre diferentes soportes hacen parte de Circulares Veces, obras que re valorizan la escritura a mano y crean un nuevo imaginario sobre el arte de escribir.

La obra de Caro Iturralde ocupaba las paredes del Museo de Acuarela y Dibujo Muñóz Mariño. La casona del arquitecto y artista se había convertido desde el 2010 en un espacio para exhibir. Esta vez era el tiempo de Circulares Veces una obra cargada de letras convertidas en infinitas texturas sobre soportes de otros tiempos: periódicos, revistas y páginas de libros intervenidos con patrones caligráficos estaban enmarcados en molduras recicladas. Algunas talladas. Otras se salían del soporte: esculturas religiosas re pintadas y ventanales de la casona también tenían las formas de Iturralde.

La noche de San Marcos me presentaba a la artista surda que había convertido su brocha plana y su plumilla chata en su herramienta para expresar su historia.

La mañana que nos reencontramos para conocer su estudio estaba junto a su padre arreglando un mueble en la puerta de su casa/taller. El día estaba soleado y la luz reflejaba sobre los techos de las casas construídas al borde de la montaña. Caro Iturralde, madre y creadora, me invitaba a pasar a su espacio. El desnivel desde la entrada generaba varios sitios en un solo lugar. Un ventanal con vista hacia Guápulo permitía el ingreso de luz a la antigua sala y comedor del departmento, actualmente adaptado por la artista para ser showroom de las piezas de su proyecto Arrebato y taller, apenas separado por una chimenea.

Arrebato empezó hace 5 años y fue impulsado por su padre, su principal socio, y algunos de sus amigos más cercanos. Se encarga de recuperar muebles y objetos intervenidos por varios artistas que eran invitados a través del trabajo de Caro.

En su sala se exhibían varias piezas de ediciones pasadas del proyecto mezcladas con las molduras de madera de otros tiempos.

Muebles de varios estilos recuperados con detalles que les proveían una nueva vida.

‘Hay diferencias entre las antigüedades y lo que yo tengo’ me decía. Los objetos que son intervenidos: sean cubiertos, forrados o pintados tienen características únicas. Un lugar donde las líneas se alejan de las modas para apegarse a la belleza de los cuerpos macizos y las almas con vida eterna.

Comprar por lotes le ha permitido a la artista conseguir objetos en buen estado y colecciones particulares: muñecas del mundo y cajas de fósforos. Elementos con los que a trabajado interviniendo otras obras.

‘El arte de escribir lo bello’ (Mediavilla,1996)

El sol se había puesto sobre nuestras cabezas y el vidrio dejaba traspasar la mirada hacia el cerro Auqui a través de un alfabeto escrito por la artista.

Sentada en su escritorio con la plumilla en su mano Caro practicaba con detenimiento sus letras. Concentrada y conectada: cerebro, mano, corazón trazaban entre lineas curvas y planas una tipografía gótica.

La caligrafía fue considerada por mucho tiempo una labor manual fundamentada en la belleza visual de ideogramas, signos cargados de mensajes. A Caro le gustaron esos trazos luego de haber comprador el libro Calligraffiti a un amigo cercano. Me indicaba uno de sus primeros trabajos y me aseguraba, que como en muchas de las labores, lo más importante es la práctica.

Tras Gutemberg, la invención de la imprenta, la proliferación de los teclados y los aparatos tecnológicos, menos veces conectamos cerebro-mano-corazón.

El escribir a mano se ha convertido en un arte que nos aleja de convertirnos en máquinas. Sentada en las gradas de su casa y junto a su mascota Caro me inspiraba. La vida tenía otro valor. Lo que para algunos son simples desechos para otros tendrán vida eterna.

 

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Desde Macondo, con amor

Desde Macondo, con amor

“Este podría ser el último viaje de mi vida”, pensaba mientras del avión se descargaban mis maletas. Siempre que llego a un nuevo lugar, me da la sensación de que podría ser el último. Y así todo tiene un poco más de magia y -al mismo tiempo- de terror. Salí del aeropuerto y tomé el bus azul que te lleva hasta el centro de la ciudad. Había llegado a Santa Marta.

En el camino, tuvimos que pasar entre un paisaje montañoso de bosque seco acompañado del mar de fondo, una ola de calor de medio día y el vendedor ambulante de caramelos que, con las justas, alcanzaba a sostenerse en medio del pasillo. Entre todo ese espacio montañoso alcancé a ver una pequeña casa. Sobre su fachada sucia y descolorida, las ramas crecían descontroladas. Su alrededor, seis afiches pegados consecutivamente expresaban mensajes de amor.

El movimiento del centro era incesante. No lo asimilé hasta horas después que vi el Puerto cerca de la ciudad. Santa Marta parece ser una bomba, fue mi primera impresión. Las pocas cuadras que caminé hasta el hotel conocí pocos parques, pocos árboles y pequeñas aceras pero con intensos colores del caribe y el olor a mar.

En su mayoría, la ciudad colonial ha ido creciendo al ritmo del Puerto: la extracción, el sistema donde se privilegia al dinero más que a la persona y la religión nos han cegado. Como casi toda latinoamérica, es una ciudad más donde hace falta amor. En mis caminatas, siempre atento, lo más cercano al amor fueron los mensajes de Macondo Herald.

Pocas horas después estaba en el sitio donde se producían los carteles que había visto en la calle. Si había tanto desorden y solo una persona lanzaba mensajes tan potentes estaba seguro de que quería sentarme a tomar un café con Macondo. Seguí las instrucciones y llegué hasta El Rodadero, la ciudad contigua al casco urbano separada por una cadena de montañas que se luce junto al mar. Edificios encallados en las laderas que por sus formas parecen ser de los setentas y ochentas. Estructuras lujosas y complejas en su arquitectura.

Llegué hasta la Carrera 1, la calle frente al mar. Gigantes palmeras me brindaban un poco de sombra contra el intenso sol de mediodía. Vendedores de limonada, mangos, artesanías y varias señoras ofreciendo masajes transitaban por la congestionada acera. Había llegado hasta Macondo. Las casas dispuestas frente al mar, para que recibieran la misma cantidad de sol, se habían transformado en grandes edificios de apartamentos vacacionales sobre la costa.

En el Edificio Parador vive Nicole Bornacelli, ella es comunicadora y artista. Tenía agarrado el cabello y vestida de blanco y negro. Acompañada de su perro, me invitó a pasar a su apartamento. El piso de hormigón alisado, la planta abierta y la iluminación del lugar generaba un ambiente más fresco que en el exterior. El intenso mar azul se podía divisar desde el comedor. Me invitó un vaso de agua helada y me contó su historia.

Nicole nació en la Bahía de Gaira, conocida popularmente como El Rodadero por las dunas de arena que llegan hasta el mar. “Existe un llamado a reinterpretar las historias que nos han contado” decía la artista. Su abuelo fue uno de los pioneros en construir uno de los primeros hoteles frente al mar: El Parador de Mestre, luego de llegar a América, huyendo de la Guerra Civil Española.
De un dormitorio sacó una postal en la que se podía ver el paisaje del lugar antes del desarrollo urbanístico. Las tupidas palmeras daban sombra a gran parte de la costa. Hasta finales de los sesenta e inicios de los setenta, cuando el boom del narcotráfico colombiano generó un crecimiento acelerado de edificios vacacionales y de segunda vivienda. “Estoy al borde de irme porque se ha vuelto imposible vivir acá”, confesaba. La gentrificación ha hecho que no solamente se desplacen a las personas nativas sino que también el costo del territorio se eleve y la dinámica de la ciudad cambie por completo.
“Me siento muy dividida, he vivido en otras partes del mundo, mi pareja es argentina, llevo cuatro años con ella y obviamente hay cosas que te faltan cuando vives en Santa Marta: comunidad, principalmente. Ser una mujer queer en Santa Marta no es fácil. Siempre he vivido abiertamente sin ocultar absolutamente nada. “Y soy vista como una mujer blanca privilegiada, aunque no me identifique como tal”, decía.
Para la artista, la falta de espacios relacionados con la producción artística en su ciudad es otro de los factores que le han impulsado a generar la creación del proyecto Macondo Herald. “Aquí la gente ve al arte y a la cultura entremezclada con el folklore, la producción cultural está muy asociada a las tradiciones pasadas. En muchos niveles el arte urbano es castigado. Hay pocos artistas locales que están generando contenidos asociados con la ciudad”. Su objetivo es lograr hacer piezas bonitas, pero con mensajes contundentes.

Los mensajes positivos de sus obras contrastan con lo caliente del imaginario costeño. “Es lindo poder traer mensajes más sutiles, en una ciudad calurosa, muy patriarcal, muy machista. Los modelos extractivos, coloniales y del monocultivo son las formas en los que la población debe estar segregada para que el sistema caduco funcione”.

Macondo Herald nació en 2016 mientras vivía en Argentina, en sus publicaciones juega con palabras, frases o citas instauradas en el imaginario caribeño. “Otra forma de mantener controlada a la gente en el Caribe ha sido con el ron y también la falta de espacios públicos. Como en muchos lados, reunir dos o más personas era visto como agitación pública” decía. Para la artista esto ha hecho que no existan conversaciones sobre identidad, ciudad, género. Ella piensa que salir a intervenir la calle es muy empoderador.

Para Nicole su arte le permite hablar desde el anonimato en el espacio público con cientos de personas que leen sus carteles. En uno de los dormitorios del departamento, el estudio donde trabaja y resguarda sus obras lo comparte con su compañera. Varias piezas de la cultura Tayrona decoran el lugar, son sus tesoros.

Bajo el intenso cielo azul un edificio blanco con líneas Art Deco brilla frente al mar. “Yo crecí viendo el edificio Macondo, es del arquitecto samario Carlos Proenza Lanao y nosotros los caribeños sentimos que vivimos en Macondo”. Varios sellos sobre la mesa se usan para marcar los carteles impresos en papel de caña y en papel periódico que llegan desde Cali.

La artista trabaja con La Linterna, una imprenta y taller gráfico que aún mantiene antiguas prácticas con máquinas de 1800. Con uno de sus carteles sobre el escritorio, Nicole me explicaba la técnica en que el rodillo marca el color del fondo y las letras. Trabajos de otras épocas como la serie “United Colors of Macondo” “+Cumbia – Estrés” decoraban el sitio.

El universo de Macondo Herald es una manera muy especial de ver el mundo desde una perspectiva del realismo mágico donde todo es posible. Es volver a contar historias bonitas. “Somos nosotrxs esa salida. Somos los glitches del sistema las personas que estamos habitando el presente, no replicando lo de antes, estamos saliéndonos de toda norma y tomando el arte para llevar a la reflexión. Es un momento histórico del planeta y cuando sales del ego y te pones a pensar que no se trata de los humanos, se trata de la tierra que está queriendo evolucionar e intentar generar conciencias que traigan novedad a la manera de cómo la estamos habitando, te encuentras. Tener esta conversación ya es el cambio”.

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Selina Cuenca, con nuevos aires de ciudad

Selina Cuenca, con nuevos aires de ciudad

Así como las personas, las ciudades también se adaptan crecen y evolucionan al ritmo de las necesidades. Este año junto a KIKI transitando el nuevo ritmo de Cuenca.

Foto archivo Cuenca

Si no quieres desaparecer, adáptate. Una de las frases de Darwin aseverando que la única constante que tenemos en la vida es el cambio. Viajábamos por la carretera desde Quito rumbo al sur traspasando la cordillera. El destino era Cuenca. Lista y cargada de todos los colores para celebrar sus 198 años de independencia. Esta vez con nuevos aires.

Arrendamiento de hoteles pone en evidencia su baja ocupación
(12-sep-2018)

‘En Cuenca, ante la baja demanda y alta oferta hotelera, la demora en la construcción del tranvía, los problemas de conectividad aérea, además de la situación económica del país, algunos hoteles han cerrado sus puertas, otros han sido puestos en arriendo’.

La ciudad había cambiado. Calles peatonales, plazas renovadas, mercados ambulantes y ferias artesanales se articulaban a lo largo del río. La baja demanda esta vez se ocultaba tras el movimiento y el turismo de las fiestas.

La hermosa casona de la Calle Larga perteneciente al tradicional Hotel Crespo también se había renovado. Las molduras de madera contrastaban con el intenso color que habían elegido para su fachada.

Construída a finales de 1800 por el ingeniero Steel que habría llegado al país para encargarse del puente colgante de Zhumir sobre el río Paute. Tiene detalles únicos como sus paredes de adobe y sus columnas de eucalipto. Por varios años perteneció a la familia Ordóñez Lasso de la Vega. Ante la mirada de algunas familias inconformes al cambio, esos días Almendra iba a disfrutar de sus alfombras texturizadas, sus sábanas nuevas y su vista al río.

El Crespo cambió por Selina. El hotel fue alquilado a una cadena que llegó hace un tiempo al país para reproducir su fórmula aplicada en todo el mundo.

Es un emprendimiento de Rafael Museri y Daniel Rudasevski, dos israelitas que después de haber recorrido el mundo y haberse hospedado en más de 140 lugares crearon una nueva experiencia de convivir.

Los colores intensos predominaban. Espacios adaptados como salas de descanso decorados con artículos producidos en la zona. Puertas, mesas y muebles de todo tipo fueron re utilizados.

Artistas como La Suerte, Rio y David Sur llegaron hasta el lugar para pintar murales y ambientar rincones que ayuden a conectar a los viajeros con los espacios.

Esta experiencia estuve acompañado de hermosos personajes entre ellos KIKI que armó una nota sobre el lugar y su articulación con la ciudad.

El clásico hotel se ha convertido en un lugar de interacción de viajeros que disfrutan consumiendo arte local, jugando una partida de futbolín o descansando al atardecer en la terraza, sabiendo que al final del día dormirán acompañados de sus mascotas.

 

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En sus obras había  belleza, en la vida que florecía entre la quietud de la muerte

Gonzalo Zurita prepara su muestra el 7 de febrero en Quito. Su trabajo agrupa ilustraciones y óleos que serán presentados en su individual: Kuroi Iro. En su taller el tiempo parece desvanecerse. Conversar con el artista me permitió entender el origen de una instalación que experimenté hace tiempo.

Vi una obra de Gonzalo Zurita frente al cine Ocho y medio en La Floresta. Un muñeco hecho de papel que esperaba sentado en la vereda. Completamente inmóvil. Esa mañana Gonzalo, junto a un par de colegas amigos, habían montado su obra en la planta baja de su edificio para recibir a la gente que caminaba para conocer los talleres.

Habían pasado los meses y habíamos cuadrado con Gonzalo para documentar su espacio de trabajo y su vida. Sobre el escritorio donde dibuja estaban las maquetas de los personajes de papel: sentados e inmóviles. Sonreí al saber de su origen.

En el lugar vive más de un año y medio. Un edificio relativamente nuevo, construido en el tradicional barrio quiteño de La Floresta.

Desde su balcón se veían las casonas familiares. Piscinas y hermosos tejados que mezclados con los jardines subsisten emplazadas en varias cuadras.

La pared negra de la sala del artista permitía que las obras resalten. Entre su colección la obra en bastidor circular pintada por Freddy Guaillas.


Varios dibujos de Zurita se encontraban colgados en las paredes de su departamento. Ilustraciones con hermosos detalles hechos a lápiz.
En sus obras había belleza en la vida que florecía entre la quietud de la muerte.
El artista me contaba que varios de sus dibujos y óleos serán expuestos en su muestra individual Kuroi Iro el 7 de febrero en Delirium.

El dormitorio del balcón había sido dispuesto como su taller.

Sobre su escritorio estaban las lustraciones que prepara como encargo para el libro de un amigo.

Los lápices 6B, 2B y HB son los más usados por Gonzalo para producir. Las máscaras en grafito son otra serie que Zurita ha venido trabajando hace meses.

En otro rincón una representación en óleo de ‘Las Moiras’ abrió a la puerta hacia el sentido del destino. Las tres mujeres miraban mi lente mientras Gonzalo me relataba la historia griega.

Los tres personajes que atados al cosmos representaban el destino y el hilo de la vida se encontraban enmarcadas en una moldura a temporal.

El niño en la red, pintado sobre una tarjeta de televisión de los ochentas re apareció luego de haberla visto hace meses en los talleres abiertos. Al igual que la masa de carne que Zurita había pintado luego de un estudio de la masa móvil, cuerpo en movimiento, ser carnificado.

Sus formatos

Una maqueta rompía los soportes de trabajo del artista, al igual que un esquema- un juego interactivo para grandes, como lo llamó el artista. La elección de soportes parecía variar con libertad.

Desde 2017, Zurita venía pintando trípticos de óleo sobre bastidor en formatos de orden a típicos. También inició una serie donde el lienzo se recoge sobre el bastidor para crear texturas que se complementan con personajes a pequeña escala que parecerían estar en el horizonte.
Habían pasado horas de buena conversación. Antes de irme Gonzalo me indicó algunos dibujos que mantenía guardado en un mueble del corredor. Era como sus tesoros. Hermosas ilustraciones a lápiz donde el detalle encantaba.