El mundo de Ralex y su realidad al pintar

El mundo de Ralex y su realidad al pintar

Varios cerdos que también había visto en las paredes de las calles de Sangolquí estaban en su taller y su habitación. La experimentación de técnicas y soportes, alejados de la academia hacen particulares a sus pinturas. Sus personajes sacados de revistas, periódicos y viajes en el bus están cargados con nostalgia por crecer y mucha psicodelia.

Había pasado un minuto luego de la hora mágica. Un grupo de globos atados cargados con helio se elevaban hasta el infinito.

Estaba en Sangolquí en el tercer piso de una casa familiar. Alex Tapia, más conocido como Ralex me conducía hasta su espacio de trabajo. Su padre miraba la televisión en planta baja. Los cuadros del artista decoraban el lugar: la sala, las gradas y otros espacios estaban cargados con sus trazos.

Co fundador del Colectivo Fenómenos, Ralex, lleva más de 10 años pintando en la ciudad. Su formación alejada de la academia le ha permitido experimentar con exceso de realidad y libertad.

Sin prototipos, ni simbolismos, ni estereotipos. En su taller, apiladas a las paredes, muebles y mesas se encontraban varios cuadros con trazos que marcaban el tiempo y proceso de producción del artista.

‘Mira lo que quieras’

– me decía.
Con su consentimiento empecé a remover las obras para poder fotografiarlas. La cercanía de los mensajes y los personajes me relacionaban directamente con escenas cotidianas: de calle, de ciudad y de exceso de placeres.

Entre ellos algunos personajes cargados de psicodélia eran parte de la serie que había pintado hace poco. Los dibujos algunos apoyados con palabras complementaban y reforzaban el mensaje.

Un díptico con cabeza de Robocop y un cuerpo tatuado lo descontextualizaba de las escenas hollywodenses.

Una serie pintada sobre fotos Polaroid no se despegaban de la cotidianeidad y la nostalgia de crecer.

Su habitación ubicada junto a su taller también guardaba pequeños tesoros como Orange, un tigre descuartizado a manera de alfombra que decoraba el lugar.

Un Cubo Rubik pintado por Ralex parecía repetir varias veces los rasgos de su autoretrato, temática que ha venido trabajando a través del tiempo.

Algunos personajes lo acompañan cerca de su armario.

Me había recorrido los rincones de su espacio. Antes de salir Ralex sacaba de un mueble un grupo de grabados y aguafuerte que había venido trabajando hace meses junto a una amiga que vive cerca de su casa.

Los trazos de Ralex en blanco y negro se asemejaban mucho a sus pinturas.

Mientras tanto, el hombre del tiempo anunciaba el final. La vida no tiene formatos ni desperdicios, pensé.

 

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