Bienvenido a mi Blog

featured image

Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

El trabajo de Sergio se relaciona estrechamente entre la realidad y la ficción. Sus renders tienen la particularidad de estar cargado de detalles que le sirven para describir la atmósfera. Experimenta con las líneas de la arquitectura y las formas orgánicas de sus personajes.

Sergio Calderon me recibió en su espacio. Un departamento ubicado atrás de una casona familiar: ‘ésta casa construyó el tío de mi mamá. La historia contaba que mi mamá pisaba los bloques con los que fueron construidas las paredes’. – me decía Sergio.
El arquitecto me recibía en el espacio que había restaurando y adaptado, con sus propias manos, para trabajar y vivir. Su intervención en la materialidad me deleitaba con la pureza de los elementos que hacían particular al sitio. Sergio vive en el lugar desde Octubre 2018. Me contaba que la primera noche que durmió en el sitio, sus vecinos hicieron una fiesta de Halloween. Por eso recuerda el mes. Dice que hasta ahora mantiene una relación ‘prueba y error’ con el espacio donde habita. En el sitio no existe una cocina, ni un comedor. Los dos ambientes están conectados con la altura del techo. Su habitación se comunica con el baño por una pequeña pequeña ventana, separada por plantas dispuestas por el arquitecto. Algunas plantas se encontraban dentro de la pared y otras colgantes. Plantas que gustan de sombra y humedad. – según Calderon.

Me gusta que las plantas me permiten sentir el tiempo. No es inmediato. Cuando riegas el agua recién después de dos semanas empiezas a cachar qué esta pasando

– decía.

Sergio está desarrollando una serie de ilustraciones compuesta por varias imágenes. Una vista de 360 grados, genera una continuidad infinita y un juego secuencial a partir de las horas, la luz y el recorrido del sol. Representa a un prólogo, tres capítulos y un epílogo.

Para trabajar, el artista tomó fotos a varias modelos con las que obtuvo las texturas de los pliegues y las sombras de su indumentaria.
El prólogo de la serie está ambientado en Zaruma y el Puyo.
‘Zaruma, equivale a lo macho. Y el Puyo, la selva, es hembra’ – decía Sergio.
Trata sobre las ciudades como si fuesen organismos. Hipotéticamente, en el futuro donde las ciudades ya tienen conciencia. Una conciencia entendida como inteligencia artificial. Calderon representaba la inteligencia artificial con una gran flor hecha de estructuras de antenas.

De fondo sonaban las canciones de Guardarraya. Sergio se acercó hasta un baúl al pie de su cama, movió un busto que tenía sobre el mismo y abrió un viejo candado. Su tesoro: un papel tapiz celeste corroído por el tiempo y la humedad que cubrían la madera del baúl. Cientos de libretas y carpetas donde estaban guardados sus dibujos, trabajos e investigaciones. Sergio proviene de una familia de artistas. Tanto sus padres como su hermano pintan. A diferencia de su familia que ha desarrollado su cercanía con las líneas orgánicas, Sergio se siente más cómodo con la geometría y con el desarrollo de estructuras. Entre sus dibujos que me mostró un mapa hecho con rapidografo, lucía su destreza con el blanco y negro y los minuciosos detalles. Me comentaba que desde pequeño le gustó dibujar pero recuerda que nunca se sintió cómodo con el color. Diseñó siempre en blanco y negro hasta que descubrió el Photoshop y su extenso mundo de posibilidades.

¿Crees que la arquitectura tiene que ver con la ciencia ficción?
No se si tenga que ver, pero es facilito que sean afines. Te das cuenta en el cine, en un montón de cosas donde la ciencia ficción apunta a la arquitectura. La gente acepta y es una carrera linda en el sentido que te abre un montón de campos: imagen, gestión, historia. Cuando egresé recién me di cuenta del potencial que tiene la arquitectura. Hace que te cuestiones muchas cosas.

La carpeta donde tenía guardados sus dibujos era una acuarela que había hecho su padre. Una representación de El Ejido. Sergio fue sacando una a una las libretas de diferentes tamaños. La primera la compró en 2012 y desde ahí decidió que todas fueran rojas. Luego de mostrarme sus anotaciones pude entender lo consecuente con su espacio.

El armario que pertenecía a su abuelo lucía su madera maciza y brillante. Concordamos con Calderon la cantidad de cosas útiles que las personas desechan.

En la pared de su estudio tenía varios renders impresos de sus proyectos. Algunos en ejecución, otros ya entregados. Me hablaba sobre uno de ellos. La intervención del Bicentenario. En el lugar habían impreso uno de sus renders en una gran gigantografía. Sergio la veía cuando sacaba a pasear a su perro.
‘Siempre he vivido frente del Pichincha, pero siempre me han gustado los barrios de la ladera del Pichincha: La Florida, Las Casas. Influye mucho que estés viviendo sobre la ladera. Lo que me gusta del lado este es que le ves siempre al Pichincha de frente’.

Una escalera permitía subir a un medio piso que Sergio usaba como mueble para sus libros y películas. Hablamos de Escher y lo increíble de su arte, la infinidad de las taselaciones y la infinidad de su obra.

 

featured image

Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Pierre Durand, Pepe Pistolas, tuvo su primer contacto con el modelaje mientras aprendía FX, una técnica que permite animar personajes para series, juegos o películas con plastilina en Buenos Aires. La expresividad y la sensibilidad de su obra se complementa con lo contundente de su materialidad.

Lo primero que vi luego de cruzar la puerta del Útero, ubicado en la Carrión y Reina Victoria, fueron los ojos de Aira, una perrita Husky albina, que jugaba -con otros perros- alrededor de una escultura que Pepe Pistolas le había construído.

La casona que alberga el espacio cultural creado por una antropóloga, un emprendedor, un profesor y un artista contínuamente muta. Las gradas de piedra y los detalles en la fachada contrasta con las forjas blancas que protegen las ventanas. Los muros anchos, las vitrinas que separan los espacios, las arañas que cuelgan del techo y los hermosos jardines que la rodean, daban cuenta de la belle époque de La Mariscal. En el lugar había funcionado un colegio pero, después de su abandono , se deterioró. Fue encontrada por los gestores en pésimas condiciones y tuvo que ser recuperada íntegramente.


*documentación de Útero
Los cambios implicaron 4 meses de intervención en tuberías, pisos, techos, sistema eléctrico y demás. La primera vez que llegué hasta el Útero fue para conocer el estudio de Thomas Cruz. Esta vez estábamos bajo un árbol del jardín junto a Pepe Pistolas y su Diablo Huma que colgaba de una de sus ramas.

“Soy Pepe cuando trabajo el metal. Yo no soy Pierre. Pierre es el hijo, amigo, novio”

comentaba él. Pepe Pistolas de 31 años encontró el gusto por su labor en un viaje a Francia. Nació en Guayaquil y creció en Quito. De su familia no tiene los mejores recuerdos. “Mi madre me tuvo a los 20 años cuando mi padre tenía 63, era como mi gran abuelo, antes de morir me dijo que luche por lo que amo hacer”.

Pepe encontró su guía en Bordeux mientras montaba bicicleta. “Llegué hasta una plaza donde había unas esculturas gigantes de metal: Les Vivres de l’Art. En el lugar estaban moviendo la escultura de un tornado gigante, me acerqué a ayudar. Al terminar pregunté si me podía quedar y me lo permitieron. Me dieron un poco de pintura y una escultura que necesitaba ser pintada. Al día siguiente volví ir y así trabajé un año gratis. Aprendiendo”.


‘La materia no se crea ni se destruye: solo se transforma’
El artista Jean Francois Buisson le enseñó a Pepe a usar la moladora para pulir sus obras y muchas otras cosas para producir. También a destruir los desechos de grandes tanque metálicos para volver a construir y crear. “Todo es basura, los desechos que conseguía o le regalaban a Jean Francois le servían para volver a crear”. Además de aprender a usar las herramientas, Pepe tuvo la libertad de experimentar con pequeños pedazos que quedaban de los desechos de las grandes obras.

* registro del artista. Bordeux. FR.
“Siempre que barría el taller encontraba esos pedacitos de metal que quedaban en el piso, yo los veía como oro, y los iba guardando uno por uno, al comienzo sin saber qué iba hacer”. Luego de trabajar un año de ayudante en el taller y tras la muerte de su padre, desmotivado, el artista dejó de ir al taller de Buisson. Sin embargo fue le mismo Jean Francois el que le ofreció un sueldo para que vuelva a trabajar. “Realmente es como mi papá, me inspiró ”.

Pepe trabajaba de 9:00 a 18:00 en colaboración con Buisson para su exposición ‘El Fin del Mundo’, una serie que representaba los cataclismos. “Hicimos un rayo, una ola de 6 metros, pasaba 12 horas cortando con el soplete”. Pero desde las 18:00 en adelante se dedicaba a producir sus propias piezas. “El mosquito era mi obra maestra”, una escultura que fue parte de su primera exposición en Francia pero que lamentablemente fue robada. Pistolas, también fue una serie hecha por el escultor, por lo que lo adoptó a su nombre.

Actualmente está en proceso de reunir más gente que trabaje en otras labores y pueda complementarse con su trabajo. La cortadora de madera no paraba de sonar, uno de sus ayudantes construía las patas para las mesas de un local de comida.

Un pequeño cuarto, en lo que parece ser el área de servicio de la antigua casona, guarda sus herramientas. Su espacio al aire libre estaba decorado con sus propias esculturas: esqueletos de pescados, alas metálicas y lobos invocando a la luna. El patio del espacio cultural empezaba a llenarse de amigos. El cielo se ponía más gris y las gotas empezaban a caer. De Pepe me despedí con un abrazo sintiendo el equilibrio entre la liviandad de su alma y el poder de su producción.

 

featured image

Un bosque de unicornios para descansar

Un bosque de unicornios para descansar

En el bosque nublado hay un lugar donde habitan los unicornios y donde es posible descansar con el sonido de las plantas. Despertarse con lluvia torrencial y un panorama completamente nublado. Gato permitido. Sin señal de celular y con vista a increíbles cascadas. Enormes paredes de agua que generaban una particular sensación térmica en el bosque primario, escondido y silencioso.

Hace mucho tiempo no sentía tanta felicidad al terminar de revelar una fotografía. Las plantas me permitieron sorprenderme con la dinámica de su convivencia: particulares formas, colores intenso e infinitas texturas. A solo 14 kilómetros de la entrada a Mindo, existe un gran bosque primario. Una acogedora casa de madera y cabañas privadas, que tienen como prioridad, resguardar el bosque. En su interior, sus paredes de madera generan la sensación de habitar un árbol. Lo mejor del eco lodge es que está permitido viajar con mascotas, su piscina es de agua natural y sus paredes están decoradas con arte.


En el ‘Abrazo del árbol’ se puede conocer el bosque con diferentes destinos: la cascada o el río. La caminata hacia el río me llevó a un encuentro con nuevas formas: hojas, tallos , flores y frutas. Plantas tropicales. En el largo contacto con el agua me distraje fotografiando las montañas y el tránsito de las nubes.
El camino hacia la cascada me llevó al mundo encantado de unicornios. Los peces de la laguna. Hermosos seres de colores creciendo sobre otras plantas y columpios sobre el agua.

 

featured image

Empoderarse para crear

Empoderarse para crear

Camila Morejón rompe tabúes a partir de la normalización de los cuerpos, sobre todo de los femeninos. Aprender acerca de sus bordados es aprender a mirarse y a valorarse. La artista y diseñadora de espacios utiliza la herramienta de tejido para derribar el miedo y las culpas.

 

Los hilos de colores con los que había tejido las vaginas brillaban sobre el terciopelo de la capa negra que le cubría esa mañana. Los rizos de su cabello y las flores de su vestido contrastaban junto a las plantas. Caminaba segura entre los árboles que rodean su casa en la que vive más de un año y medio. Las telas se arrastraban sobre el césped, Camila (IG), artista plástica y directora de arte de 31 años, me invitó a pasar a su lugar de creación. Había llegado a su casa para desaprender sobre los tabúes impuestos por la sociedad hacia la vagina y aprender esta nueva historia inspirada en motivar a más mujeres hacia un conocimiento de su sexualidad y un empoderamiento de sus capacidades creadoras.

“Lo primero que hago cuando doy un taller es darles esto”. Tres espejos, conectados por un hilo, eran la herramienta que les serviría a las mujeres, que asisten a sus talleres, para explorarse y conocerse a profundidad sus cuerpos y con detenimiento contemplar sus vaginas.

“Hay veces que no saben dónde se encuentra el clítoris y es un aprendizaje de conocernos desde cero, anatomía”- decía Cami. Antes de continuar mostrándome su trabajo, me invitó a tomar un café. En el jardín, unos hilos amarillos habían sido tejidos por la artista para el altar del día de su boda. En el segundo piso, sobre su taller, el área social de su casa preserva objetos especiales.

La lámpara que perteneció a su madre y padre decora una de las esquinas. Muebles de sus abuelos y regalos de matrimonio ocupan las paredes del lugar como Nuestra Señora de los Favores, de Gisella Iturralde, que -en una posición infinita- carga en un par de baldes los interminables favores para sus feligreses. Sobre una fotografía panorámica del Altar de Andrés López estaba la obra ‘Lo que le pasa a una, nos pasa a todas’.

 

 

Un conjunto de vaginas hechas en cerámica presentada en la muestra Mujeres Difíciles con luces que se activaban al momento de apoyar una pistola sobre los sensores. Su aro de matrimonio, inspirado en las formas de la arena, las conchas y el ir y venir de la marea confirmaban de su amor por el poder del mar.

 

 

En su casa tiene un altar que, compuesto por hermosas piedras, transmiten su confianza hacia la creación. “El mar es sanador”, sonreímos con esa conclusión.
Mientras tomaba sorbos de un café amargo, la artista me contaba sobre los motivos que le llevaron a dejar su trabajo de publicidad. “Me sentía como el Cotopaxi” me dijo. Haciendo referencia a su malestar cuando tuvo que tomar pastillas para calmar sus dolores de una lesión de la espalda y el hombro. Su dolor fue tal, que también lo inmortalizó en una serie de dibujos.

 

 

 

En su taller, me mostró su primer bordado. Tejer siempre ha estado en los momentos importantes de su vida. En el vestido de su boda y en todos los días que junta los hilos para crear formas. “Nunca aprendí con tutoriales, siempre probé y me di las maneras de inventarme mis propios puntos”.
Me contó que siempre trabajó con fibras y también ha probado tejer con las manos. Sin embargo, me decía que juntar el terciopelo con los bordados más los detalles de mullos, da como resultado telas decoradas para sentirse como una reina, según la artista.

“Yo veo esto y pienso en un pavo real” dijo. “Un día me levanté y dije quiero hacer ropa increíble para mujer” ahí aprendió a hacer patronaje, en adelante tiene la premisa de que todo lo que hace lo piensa como si fuera hecho para ella.

 

 

 

Sus proyectos se han ido tejiendo entre ellos. Las vulvas bordadas, por ejemplo, es un viaje de introspección personal y de entender los procesos de cada persona que le pide a la artista un bastidor con una vulva de colores. Es una conversación cercana con quienes le solicitan. La artista, junto al cliente, elige los tres colores en una especie de entrevista de manera casi visceral. Al final del proceso, la artista les pide a los dueños de la obra ponerle un nombre a su vulva y así concluye el proceso con sentido. Camila me contaba que su obra busca provocar para hablar.
“Cuando yo era chiquita, una profesora nos dijo que la masturbación era normal. Y en mi casa pensaban diferente entonces crecí con una traba mental’.

 

 

Los ‘Vulva Workshop’ de Camila son un espacio para normalizar los cuerpos, es un sitio para aprender a mirarse y a valorarse. Es un lugar de sanación en el que los círculos de mujeres y hombres comparten sus experiencias para naturalizar y derribar el miedo y las culpas. “Porque la gente muchas veces no puede decir ni siquiera la palabra vulva”. Los atrapasueños volaban con el aire de medio día. Noctura y Saltashpa, sus mascotas, nos acompañaban a ver las plantas que Cami tenía en la entrada de su taller. Paseamos un rato más por el jardín era el final del viaje. En todos los mensajes entendí lo importante de conectarse con lo que se crea.

featured image

Colaboración para pintar las cicatrices

Colaboración para pintar las cicatrices

Era la madrugada. Antes de que las almas despierten y llenen las calles fui hasta donde @concdecaro para preparar el material. Habíamos elegido el muro del ‘sucédeme’ para pintar de color las cicatrices. La palmera era mi reloj. El cielo me daba referencia de la hora, mientras Caro se divertía pintando sus letras sobre la foto.

El papel impreso era una espiral con la rosa náutica, las escaleras de servicio de la Villa Vizcaya de a poco contrastaba con las sombras de los primeros rayos de la mañana: el blanco sobre el blanco, el color de su paleta y la caligrafía. Extendían el soporte fotográfico hasta el infinito.

 

featured image

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

La artista en su taller, acompañada de su mascota, restauraba una plomada parte de su última muestra sobre la memoria de los espacios demolidos. El Perro de Loza ya es un referente del arte en Quito.

A la artista ecuatoriana Natalia Espinosa la cerámica le sirve para expresarse y hablar. En su última muestra ‘Esto será demolido’, presentada en noviembre pasado, en la Galería N24, su mensaje recaía sobre la memoria. Era un gesto simbólico a varias casonas construidas entre los años 1950 y 1970, que no cuentan con una protección legal y que por el crecimiento de la ciudad están siendo demolidas.

 

 

Ya son más de tres años desde la primera vez que llegué a su taller. El Perro de Loza, su espacio de producción, ha crecido al igual que sus plantas. Un hermoso jardín de enredaderas es el abrebocas del lugar. El túnel de plantas invita al jardín posterior de la casona ubicada en el barrio La Floresta, lugar seleccionado por la artista para producir y crecer. Esa mañana la encontré arreglando un detalle en una plomada cilíndrica que era parte de las piezas de su última muestra. Los elementos arquitetónicos y los patrones con los que está trabajando Natalia me llevaron a conectar aun más con su obra. Sobre una de las gradas, a manera decorativa y entre las plantas un bloque calado había sido rescatado. Antes de sentarnos en una de las mesas del jardín preparó un café. Mientras lo preparaba me indicó parte de su taller, que también funciona como galería. Es imposible no maravillarse con cada detalle de todo el trabajo que este tiempo ha venido construyendo. A más de todas sus piezas de cerámica un par de móviles volaban por los aires.

Natalia formó parte de la primera generación de arte de la Universidad Católica. Continuó su formación en el departamento de cerámica en Gerrit Rietvelt Academie de Amsterdam. Tiene un masterado en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina.
En su taller el horno es un elemento importante. El fuego tiene la última palabra, tanto en el bizcocho como en el acabado final. Su continuo contacto con los otros elementos como la tierra y el agua y su sensibilidad para crear con el viento hacen que el trabajo de Natalia contenga mucha carga energética. En su vida diaria plantar y nadar son dos de sus prácticas favoritas.

En su taller un cactus gigante crece en una de sus macetas de formas y patrones. En una de las esquinas un sapo al acecho, un conejo en pleno salto y un cerdo vago cuelgan del techo. Todo esto sólo pasa en el mundo de Natalia Espinosa, del Perro de Loza.

featured image

La mirada espejada de un universo verde

La mirada espejada de un universo verde

Por: Caro I.
Fractales no se puede explicar por medio de las teorías clásicas, fenómenos naturales, interpretados desde una visión arquitectónica, incluso matemática. Este orden, espejado, de la naturaleza, con su inmensa belleza, se deja capturar por el lente con precisión y sensibilidad. El trabajo artístico se plasma en formatos nuevos: ideas concebidas a partir de la exploración del mundo desde un lugar muy personal: viajes y vivencias que se cuentan, se entretejen y se reflejan entre ellas.

 

 

 

 

 

El valor infinito de traer hasta aquí la paz que habita en los lugares que no han sido tocados por el caos de la ciudad, con pulcritud y armonía, haciéndonos sentir que habitamos, por un momento, esos lugares, y de conmovernos con la idea de que lejos de nuestra realidad habitan miles de pequeñas cosas, que vistas de nuevos ángulos nos muestra lo que en realidad son: muy grandes. Es volver a la emoción y salir por un momento del concreto de nuestros días.
El color, la idea de que podemos sumergirnos en estas imágenes como en esas de los libros de ilusiones ópticas me recuerda a mi niñez. Asombrarse una vez más con el poder de la naturaleza: toda su magia esta ahí, en la piel de una hoja infinitamente multiplicada. De pronto ya no es sólo el reflejo infinito de todas estas imágenes, sino perderse en sus centros sutilmente absorbentes, y verse reflejado uno mismo, la propia piel infinitamente multiplicada.

 

 

 

 

 

Por: Estefania C – Lifestyle KIKI
La naturaleza estuvo aquí mucho antes que nosotros. Su sabiduría es de innumerables vidas, y su conocimiento es tan amplío como la cercanía que podríamos tener a ella si nos brindamos la posibilidad de de acercarnos. En silencio, con calma y explorar aquello que damos por sentado para darnos maneras de dialogar con ellas. Fractales es una conversación íntima que invita a sensibilizar sobre aquello que normalmente no observamos; para llevarla a espacios ilimitados. Como un recordatorio de lo que nos rodea, lo que damos por sentado… y brindarnos la oportunidad de explorar, aunque sea por instante, la belleza de sus infinitos tejidos.

 

 

 

 

 

Por: Peter Ronquillo – El Nodo Gye
Edgar crea con Factales otra dimensión, una puerta que nos permite conectarnos con la tierra y la naturaleza. Puede ser el momento más importante de nuestra existencia, para darnos cuenta de lo alejados que estamos de la naturaleza, así como saber que tenemos la oportunidad de traspasar por un nuevo portal y convertirnos en la voz de la madre tierra. El ritmo, la sensibilidad y la fragilidad son expuestos de manera muy acertada y sencilla, donde su estética arquitectónica y su propia historia se ve reflejadas en cada detalle.

 

 

 

Por: Camila M.
Una mirada desde la perfección de lo geométrico y lo sagrado.
La fragmentación y composición de cada una de las imágenes no solo invita a la contemplación sino a la indagación personal que nos permite como espectadores re interpretar el sentido de la naturaleza a través de la mirada del artista. Estas imágenes de hojas transformadas sugieren un sinfín de posibilidades a través de texturas y colores. Evocando sensaciones por medio de imágenes casi psicodélicas que demuestran lo perfecto y lo esencial de la naturaleza.

 

 

 

 

featured image
En sus obras había  belleza, en la vida que florecía entre la quietud de la muerte

Gonzalo Zurita prepara su muestra el 7 de febrero en Quito. Su trabajo agrupa ilustraciones y óleos que serán presentados en su individual: Kuroi Iro. En su taller el tiempo parece desvanecerse. Conversar con el artista me permitió entender el origen de una instalación que experimenté hace tiempo.

Vi una obra de Gonzalo Zurita frente al cine Ocho y medio en La Floresta. Un muñeco hecho de papel que esperaba sentado en la vereda. Completamente inmóvil. Esa mañana Gonzalo, junto a un par de colegas amigos, habían montado su obra en la planta baja de su edificio para recibir a la gente que caminaba para conocer los talleres.

Habían pasado los meses y habíamos cuadrado con Gonzalo para documentar su espacio de trabajo y su vida. Sobre el escritorio donde dibuja estaban las maquetas de los personajes de papel: sentados e inmóviles. Sonreí al saber de su origen.

En el lugar vive más de un año y medio. Un edificio relativamente nuevo, construido en el tradicional barrio quiteño de La Floresta.

Desde su balcón se veían las casonas familiares. Piscinas y hermosos tejados que mezclados con los jardines subsisten emplazadas en varias cuadras.

La pared negra de la sala del artista permitía que las obras resalten. Entre su colección la obra en bastidor circular pintada por Freddy Guaillas.


Varios dibujos de Zurita se encontraban colgados en las paredes de su departamento. Ilustraciones con hermosos detalles hechos a lápiz.
En sus obras había belleza en la vida que florecía entre la quietud de la muerte.
El artista me contaba que varios de sus dibujos y óleos serán expuestos en su muestra individual Kuroi Iro el 7 de febrero en Delirium.

El dormitorio del balcón había sido dispuesto como su taller.

Sobre su escritorio estaban las lustraciones que prepara como encargo para el libro de un amigo.

Los lápices 6B, 2B y HB son los más usados por Gonzalo para producir. Las máscaras en grafito son otra serie que Zurita ha venido trabajando hace meses.

En otro rincón una representación en óleo de ‘Las Moiras’ abrió a la puerta hacia el sentido del destino. Las tres mujeres miraban mi lente mientras Gonzalo me relataba la historia griega.

Los tres personajes que atados al cosmos representaban el destino y el hilo de la vida se encontraban enmarcadas en una moldura a temporal.

El niño en la red, pintado sobre una tarjeta de televisión de los ochentas re apareció luego de haberla visto hace meses en los talleres abiertos. Al igual que la masa de carne que Zurita había pintado luego de un estudio de la masa móvil, cuerpo en movimiento, ser carnificado.

Sus formatos

Una maqueta rompía los soportes de trabajo del artista, al igual que un esquema- un juego interactivo para grandes, como lo llamó el artista. La elección de soportes parecía variar con libertad.

Desde 2017, Zurita venía pintando trípticos de óleo sobre bastidor en formatos de orden a típicos. También inició una serie donde el lienzo se recoge sobre el bastidor para crear texturas que se complementan con personajes a pequeña escala que parecerían estar en el horizonte.
Habían pasado horas de buena conversación. Antes de irme Gonzalo me indicó algunos dibujos que mantenía guardado en un mueble del corredor. Era como sus tesoros. Hermosas ilustraciones a lápiz donde el detalle encantaba.

featured image

Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Entre sus proyectos académicos actuales como docente e investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central del Ecuador están: el fortalecer la autenticidad de los ecuatorianos a través de un replanteamiento de la línea ecuatorial y su franja, así como desarrollar un mapeo de información georeferenciada de los centros históricos de Quito, Cuenca, Latacunga y Manta, buscando con ello verificar posibles trazados precoloniales de estas ciudades, borrados o ignorados por las falsas bondades del colonialismo.

La primera conversación que tuve con Oswaldo Páez Barrera fue cerca del patio central de la facultad en la cual se graduó y hoy dicta las materias de Teoría e Historia de la Arquitectura. La mañana del 27 de octubre tuvimos una larga y distendida charla cubiertos bajo uno de los techos de los corredores del edificio, en la cual me comentaba sobre los mencionados proyectos de investigación que tiene en marcha.

Con un PhD en Teoría e Historia de la Arquitectura y con un Master en Historia, Arte, Arquitectura y Ciudad otorgado por la Universidad Politécnica de Catalunya, Oswaldo ha desarrollado sus especialidades aplicándolas a la crítica del arte, de la arquitectura, la ciudad y los territorios, desde posiciones contemporáneas y polémicas. La mayoría de sus publicaciones versan sobre estos temas. Por ejemplo, su libro: X bienales, XX momias y XXX dólares, (UISEK, 2012) es un compendio de ensayos y artículos analíticos sobre las 11 primeras bienales internacionales de arte que se realizaron en Cuenca y que entregan al lector la única versión contestataria de ese evento. Este libro, años posteriores, fue censurado.

El siguiente encuentro con Oswaldo fue para admirar sus pinturas y dibujos que cuelgan de las paredes de la Quinta Huasipungo, ubicada en Guápulo, Ecuador. La casona fue adquirida por el artista luego de ser la sede de la Embajada de Bélgica. El inmueble, fue construido en el siglo XIX en un estilo neoclásico mestizo, se encuentra patrimonializada y atesora intactas su materialidad y espacialidad.

Mientras conversaba con el artista los olores se deprendían de la cocina. En el lugar los jarrones estaban llenos de flores frescas y las paredes de la casona cubiertas por una poderosa colección de dibujos y pinturas que dan cuenta de la sensibilidad antisistémica de su autor.

Sobre algunos de los carteles que conserva en su colección, me decía Oswaldo, fueron parte de la producción iconográfica de los años setenta, cuando formó parte del movimiento comunista del cual fue expulsado por discrepancias ideológicas. Recuerda, con una sonrisa irónica, que en esos años las infiltraciones del enemigo llevaron a que los grupos de universitarios izquierdistas se enfrentaran entre ellos, mientras los poderes dominantes seguramente se reían.

El recorrido de su casa es la recopilación de parte de su producción artística. En las áreas sociales se exhiben cuadros con fuertes trazos contrastados con una intensa paleta de azules. En los lugares más íntimos las paredes contienen obras que representan los paisajes urbanos de Cuenca y también autorretratos realizados por el artista en varios momentos de su vida. Junto a sus pinturas se puede ver caricaturas de viejos amigos y cuadros de colegas cercanos, todo ello reflejando la sensibilidad y el pensamiento social y político de Oswaldo Páez Barrera.

El patio andaluz de la casona revestido con baldosa hidráulica, tiene una pileta en el centro desde donde los pájaros toman agua. A pocos metros una sala, detrás de un ventanal por donde pasa el sol y se ve la cúpula y espadaña de la iglesia de Guápulo, nos dispusimos a conversar sobre su vida y su obra. En su producción pictórica, como en sus publicaciones, existe humanidad, una conciencia solidaria, igualitaria y libertaria. Para Oswaldo, la mayoría de la gente no merece la situación en la que vive, él piensa que es posible un nuevo país en donde primen la justicia y la libertad.

Su casa, rodeada de plantas, jardines y árboles patrimoniales la comparte con su esposa, la abogada Ximena Vintimilla Moscoso y las dos hijas: Carmen y Laura. El ingreso frontal a la Quinta Huasipungo –nombre del lugar desde el s. XIX– es por la calle Leónidas Plaza y su desnivel en la parte posterior que se abre hacia el río Machángara permite entrar desde la Av. De los Conquistadores. Este lugar es un sitio privilegiado por la vista hacia los valles y el paisaje que le rodea. En el camino de entrada, Oswaldo ha colocado una serie de esculturas que replican obras de las culturas Jama Coaque, traídas desde La Pila y que fueron ubicadas en los arcos de medio punto de uno de los grandes muros de contención que tiene la Quinta.

En el área privada, las habitaciones están conectadas a una terraza techada que permite mirar hacia el cerro Auqui y hacia el jardín posterior de la casa, adornada con otra pileta de piedra junto a la palmera registrada por el Municipio como la más alta de la ciudad.

Los jardines de la parte posterior albergan una pequeño estudio, separado de la casa en donde Oswaldo pinta. Un tríptico de gran formato, aun en proceso revela los trazos actuales del artista.

featured image

De rocíos y flores

De rocíos y flores

Rocío Palacios se convirtió en cientos de estrellas en un accidente mientras cosechaba flores. El artista Juan José Ruiz nos relata la relación con su madre y, a través de su espacio, nos enseña su esencia y su alma.

*lámpara hecha por Rocío Palacios. Foto donada por Juan José Ruiz

Recuerdo haber estado levantando las flores del cartucho entre mis manos mientras Li Saumet, la cantante colombiana de la banda Bomba Estéreo coreaba con toda la energía la canción ‘Pure Love’. Ese momento Juan José Ruiz, conocido también por los amigos como el Chino Ruiz, repartía las flores con las que había decorado el lugar para la cantante. Ya casi era el final de la noche, y las flores blancas se elevaban al filo del escenario, la noche del 28 de abril del 2018 le cantábamos al amor y también a Rocío, madre del Chino, que hace poco había dejado esta tierra para explotar en miles de estrellas del universo.
Al Chino le conocí en el Z Gallery, en Cumbayá. En ese lugar, se gestaban conciertos, muestras y lanzamientos de nuevos emprendimientos. Varias fueron las temporadas que el sitio se volvió el punto de encuentro de artistas y amigos. Un referente del diseño. Siempre con mucho arte fue quien empujó para que hiciera mi primera muestra: Choque de Mundos.

Una mañana soleada llegué hasta su casa. Nos sentamos en su sala y conversamos. Era hermoso el verde que contrastaba con la madera. Y cómo las plantas cómodamente se trepan por las paredes y el techo.

El ajedrez junto a la ventana tenía una luz especial. Las flores de las paredes y el silencio del espacio se hacían sentir. También era hermoso saber que Juan José me había extendido esta invitación para conocer a su madre. Sin necesariamente estar presente físicamente.

Cada espacio había sido tocado, puesto, decorado por Rocío. Se sentía que había un gusto por volver a su lugar en un sitio lleno de luz.

Las ventanas dejaban entrar a las plantas. Varios cuadros y vitrales pintados por ella le dan color al sitio. En su dormitorio, hermosas flores de colores permanecerán para siempre sin marchitarse. Un solarium da muestra de su gusto por el descanso y la importancia del sol.

Más allá una pequeña sala conectaba con el garaje. El sitio era el taller de Rocío. En el lugar estaban todas las estructuras y soportes que utilizaba para crear sus diseños florales. Una hermosa planta recibía la luz del sol que entraba por la claraboya del taller.

Todos los hilos se tejieron mientras, sentados sobre un cubrecama de crochet, supe que Rocío se fue de esta Tierra mientras cultivaba la Flor del Chaguarquero, también conocida como la flor de la penca negra, una planta que crece en las laderas de las montañas y que Rocío usaba para crear sus lámparas.

La partida de un amor es inexplicable y nos cala en lo profundo. Mientras paseaba solo por el jardín entendí muchas cosas. Veía al Chino a través de mi lente mientras fumaba acompañado de hermosos seres de luz en un pequeño patio en el porche de su casa y entendí. Rocío, todo está bien.

 

featured image

Alquimia para hacer arte

Alquimia para hacer arte

Las sociedades secretas, la teosofía, las corrientes esotéricas de las grandes religiones, las filosofías orientales, la magia, la psicodelia, la experimentación con drogas y los símbolos y mitos universales son los ingredientes que dan forma a la exposición: La luz negra.

Tradiciones secretas en el arte desde los años 50, que destapa en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)las conexiones íntimas entre el arte contemporáneo y el esoterismo.

La muestra, comisariada por el escritor Enrique Juncosa, reúne de forma más o menos cronológica unas 350 obras de artistas tan distintos como Henri Michaux, Joseph Beuys, Antoni Tàpies, William S. Burroughs, Joan Jonas, Kenneth Anger, Rudolf Steiner, Alejandro Jodorowsky, Fracesco Clemente o Zush. Predominando en esta selección los autores de Norteamérica, donde históricamente estas tradiciones han gozado de más aceptación.

La luz negra apuesta, en primer lugar, por reivindicar la importancia que estas ideas tuvieron en el desarrollo del arte del siglo XX, aunque el pensamiento racionalista predominante haya tratado de ignorarlas o relegarlas a un segundo plano; y en segundo lugar, por reconocer el interés renovado de una nueva hornada de artistas por estas ‘tradiciones secretas’.

“Tal vez se deba a que volvemos a vivir en un mundo inquieto e insatisfecho, preocupado por cuestiones como las nuevas guerras coloniales, el terrorismo fundamentalista, la gravísima crisis ecológica o los populismos nacionalitas, tal y como en los 60 y 70 se temía una inminente castástrofe nuclear devastadora. Además, una gran parte del arte dominante en nuestros días es sumamente aburrido al carecer de misterio alguno y negar la poetización e interpretación de su experiencia”, admite Juncosa.

Psicodelia, ritos chamánicos y espiritualidad La exposición arranca en los años 50 con los cineastas norteamericanos Harry Smith y Jordan Belson precursores de la psicodelia y contracultura.

También están presentes los pintores asociados al expresionismo abstracto en Estados Unidos (Barnett Newman, Ad Reinhardt o Agnes Martin) y los informalistas europeos como los catalanes asociados al Dau al Set (Antoni Tàpies y Joan Ponç, entre otros), que se interesan por los escritos del psicólogo Carl Gustav Jung y los ritos chamánicos.

El recorrido por esta década se completa con dos propuestas: el cineasta de culto Kenneth Anger y el artista autodidacta y aislado Forrest Bess.

featured image

Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

‘Mi trabajo es un legado a la juventud. La fotografía no es pura curiosidad: es lección. La fotografía no es farándula: es un testigo fiel de una realidad y hay que darle ese valor’.

Su colección de fotos la empezó en las afueras de los cines de Quito. Rafael Racines Cuesta recuerda que desde joven tuvo el gusto de comprar fotografías a los carameleros y chocolatineros que se ubicaban en las puertas de los establecimientos. Su interés por la investigación, los registros históricos fotográficos y las caminatas a lugares poco conocidas, pero tradicionales, le llevaron a convertirse en un referente, no solamente en los medios digitales de la ciudad, sino también, en lo más importante para Racines: en la gestión del campo cultural.

Tuve el gusto de encontrarme con Rafael en la cafetería del Centro Cultural Metropolitano. Muy cerca del corazón de la ciudad: La Plaza Grande. ‘Tu tienes que aprender a hacer organizado’- me decía Rafael. ‘Una diaria, una diaria todos los días. Yo no tengo ninguna desesperación de los likes, ni de ninguna pendejada, discúlpame que te diga, yo a mi edad ya no estoy para estar en eso’ – me decía efusivamente refiriéndose a su estrategia digital. Actualmente su comunidad: Quito, de aldea a ciudad, en Facebook llega casi a los 20K seguidores.
‘Si te dedicas a hablar de historia: hablas de historia, de memoria, de identidad y de las falencias de la ciudad. De los errores que cometemos. Cuestionar hace que no solamente te conviertas en un referente en las redes. Eres un referente en la ciudad y de la sociedad’
La segunda vez que vi a Rafael fue mientras participaba en un conversatorio en el Salón Máximo de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central. Con un salón completamente lleno recordaba con nostalgia el agua que bajaba desde los deshielos del Pichincha, la misma que pasaba a través de La Chorrera hasta la Plaza de San Francisco y la Plaza de la Independencia. Cuando Racines habla de Quito se lo escucha cómodo y confiado. Su fresca memoria le permite recordar vivencias de su infancia.
Su padre, mecánico, y su abuela fueron los encargados de enseñarle de la mano la ciudad. Los dos habían crecido en barrio de San Roque. ‘Yo se lo que es vivir 8 hermanos en un mismo dormitorio. En nuestro tiempo del Quito antiguo había un solo servicio higiénico para 10 familias y las mamás se turnaban para dar la limpieza del excusado. Eso eran los hogares de los quiteños. Es una realidad de Quito que quiere ser olvidada.
Obtenido del archivo de Quito, de aldea a ciudad. El quiteño de verdad allá por los 1940s, 50s y 60s, era el que se aventuraba con la jorga de amigos y amigas de barrio, a buscar moras, tacsos, manzanas silvestres, nigüas, zambos y más en los bosques y quebradas (hoy inexistentes) de la ciudad.
Rafael Racines nació el 28 de mayo de 1950. Cursó varios años para conseguir una licenciatura en psicología industrial que no concluyó. Para él su trabajo es el fruto de las vivencias de su niñez. Actualmente su circulo de amigos está conformado por: historiadores, arquitectos, trabajadores sociales, antropólogos, jóvenes estudiantes y aficionados de la ciudad.
El camino de Rafael da inicios en 2012 cuando fue invitado a una entrevista hecha por Sami Ayriwa en TV Pública sobre su video que aun está colgado en Youtube llamado: El Quito de los olvidados. En 2013 inaugura su cuenta en Facebook: Quito, de aldea a ciudad. ‘Entre el 2015 – 2016. Fue cuando empecé a salir con los jóvenes de las universidades. Las redes sociales me permitieron conectar con más personas para realizar caminatas. En el año 2017 entré a El Censo por primera vez. El Censo era un sitio temido y logré llegar con 450 personas. Tampoco nadie hacía caminatas a la Chorrera por miedo a la delincuencia, la última vez que fuimos llegamos con 350 personas. En el 2017 hice 11 caminatas en los 11 meses del año. Previo a las caminatas dábamos una charla con fotos e información del lugar y les preparábamos haciendo una confrontación del pasado y del presente’- me comentaba Racines.
Texto de RRC: La modernidad nos entrega una nueva ciudad que es la que heredamos a nuestros hijos, ciudad que tenemos que cuidarla y enseñar a cuidarla…pero esto no es obstáculo para recordar la que se nos fue.
La confrontación de fotografías es un buen ejercicio para ver ver como la ciudad va cambiando. Rafael recuerda alguna vez haber pasado siete horas mirando una misma foto. Para él observar va más allá de apreciar. Es la capacidad de poder reconocer e interpretar lo que las otras personas no ven. Su conocimiento en cuanto a la digitalización de archivos nace un día cuando conectó un tocadiscos de carbón a la computadora.
En el lapso de veinte años ha logrado recopilar alrededor de 70 000 archivos de música entre: 20 000 boleros, tangos, música ecuatoriana tocada en el órgano de la Iglesia de San Francisco, música gospel; en inglés y en francés. Reconoce Rafael la importancia y el potencial que tuvo a partir de eso la computadora y reconoce sus limitaciones, ‘pues su generación no nació con la computadora bajo el brazo’.

 

featured image

Enamorarse del silencio

Enamorarse del silencio

Escuchaba como las suelas de mis zapatos crujían con las pequeñas piedras del camino. Ese era el único ruido. Al detenerme, silencio absoluto y profundo. Desde el ingreso al Morikami Museum, al sur de la Florida, la persona que daba las indicaciones del lugar solamente murmuraba.

La topografía del terreno permite ver gran parte del parque desde el lobby. Desde el lugar, se aprecian los detalles de la arquitectura japonesa. Las vigas de madera en su estructura, los suelos elevados y los espacios abiertos, divididos por modulares y adecuados para una buena ventilación son parte del ambiente. El aire se sentía limpio y liviano. Había llovido y terminaba de escampar, el olor que emanaba las plantas se desprendía de los jardines.
Enormes setos demarcaban el camino y me llevaban a gozar de una nueva aventura lejos del ruido y la velocidad de la ciudad.

Hermosos puentes de madera roja levitaban sobre el agua y contrastaba con el intenso verde de las plantas. La gran laguna que humidifica el sitio es un imán de contemplación. Varias ondas se generan al momento de que pequeñas hojas caen sobre su superficie. En ese tránsito, en el que el silencio invadía las almas: el mar y la tierra danzaron sin música bajo los cerezos y contemplaron a las tortugas que subían hasta la superficie para encontrarse con el sol.


George Sukeji Morikami un emprendedor japonés llegó al sur de la Florida cuando era joven y soltero. Con ansias de un futuro mejor, formó parte de la colonia Yamato, una pequeña comunidad de agricultores de piña que se asentaron en 1903 en Boca Ratón, Estados Unidos. Aunque la colonia tuvo que desintegrarse y volver a Japón, el sueño de George fue conectar su cultura con tierra Americana.
Él, uno de los últimos colonos que permaneció en Palm Beach, tuvo una fortuna que superó los millones de dólares, sin embargo, jamás se desconectó de a naturaleza y de su disfrute.

Su gusto por su espacio le llevó a terminar su vida en una pequeña casa móvil en las inmediaciones del Morikami Park. Junto con sus amigos, vecinos y el Departamento de Parques y Recreación del Condado de Palm Beach, el simple sueño de George adquirió una nueva dimensión. Con la apertura del Museo Morikami y los Jardines japoneses en 1977, se creó un monumento viviente, que construyó un puente de entendimiento cultural entre las dos tierras de George Morikami

El parque está abierto de martes a domingo de 10:00 a 17:00 y tiene un valor de $15 adultos, $13 tercera edad y $9 para los niños. La dirección del sitio es:
Morikami Museum & Japanese Gardens
4000 Morikami Park Road
Delray Beach, FL 33446

featured image

Ecuador, el país que aún preserva bosques vírgenes

Ecuador, el país que aún preserva bosques vírgenes

Reconocerme con la tierra, como las mil y un maneras de habitar el cuerpo. Era la primera frase de mi bitácora de viaje. En ella resumía la necesidad de alejarme por un tiempo del ritmo ciudad para así entender los comportamientos de las plantas y su convivencia. En Ecuador como en pocos lugares del mundo aun existen los bosques no intervenidos por el hombre. A 3 horas de Quito se puede conocer la Reserva Ecológica de San Isidro, un lugar perfecto para visitar el bosque primario. hábitat del oso de anteojos y miles de aves que son el atractivo de la zona.

Estaba en ruta Quito- Papallacta – Baeza con la música a tope disfrutando del paisaje de las montañas. Las plantas cambian de acuerdo a la altura y todo se carga de un verde intenso y profundo.

Días antes, hablé con varios biólogos para empaparme de las plantas. Me habían recomendado algunos sitios para visitar. Uno de ellos era el bosque húmedo de Napo.

Pasando la zona del alto Napo llegué hasta las Caucheras cerca de la comunidad de Cosagua. Ahí se encuentran las Cabañas San Isidro.

El lugar a 2100 m.s.n.m. Aún resguarda celosamente el bosque primario como su mayor tesoro e invita continuamente a pajareros a visitar su espacio. El avistamiento de pájaros es su principal atractivo.

En el mirador de madera con vista hacia el bosque, varios visitantes extranjeros, habían plantado sus cámaras con enormes teleobjetivos que les permitían fotografiar a la distancia las aves en movimiento.

Alejandro, el administrador, me dio la bienvenida y me dirigió hasta mi habitación. Era el hábitat donde pasaría un par de días conociendo el bosque y disfrutando del gran ventanal que me permitía mirar hacia el exterior desde la comodidad de mi cama.

Las cabañas separadas por hermosos jardines están dispuestas para que los visitantes encuentren privacidad en todo momento.

Las personas de la comunidad de Cosanga, eran las encargadas de preparar las delicias que salían de la cocina.

Luego de almorzar conocía a Ben. Él había nacido en Nevada y se dedicaba al avistamiento de aves. Me contó que era uno de los lugares más top para avistar pájaros que había conocido. Me hablaba sobre la tranquilidad del lugar, el aire puro y sobre todo el agua caliente en las habitaciones, entre risas.

A la tarde estaba listo para caminar. Varios senderos señalizados permiten a los viajeros entrar en el bosque y guiarse solos. Los senderos más largos y complejos necesitan de un guía particular que ofrece el hotel. Alejandro me prestó unas botas y me llevó hasta el inicio del trayecto. Ahí me dejo. “hasta ahora nadie se ha perdido” – me dijo. Y me dejó solo.

Pedí permiso para entrar al bosque y me aventuré a encontrar sus tesoros. En el bosque no existe silencio, siempre hay el sonido de pequeñas criaturas que lo habitan. Ondas que se juntan para crear un solo sonido.

La convivencia entre las plantas podría llamarse: armónica. Si existe alguna competencia es para alcanzar la luz solar y poder crecer.

Sus colores van desde las claras y tiernas hojas, pasando por el intenso verde oscuro de su madurez, hasta llegar a los marrones y blancos de los seres que se han desprendido del tallo para habitar el suelo.

La simetría de las formas y las texturas se parecían a las de mi brazo. Cuando en las noches, ya cansados, las venas explotan y parece como si fueran a salirse de mi cuerpo.

En el ocaso del día retraté el hotel y su paisaje. En la noche y con una copa de vino admiré las cientos de luciérnagas que se pegaban al vidrio. Para finalmente agradecer por lo que ven mis ojos.

featured image

La armonía del sonido en la obra cinética de Olga Dueñas

La armonía del sonido en la obra cinética de Olga Dueñas

Olga Dueñas es una artista que vivió 25 años en Ecuador y volvió de Estados Unidos hace unas semanas para presentar su muestra Variaciones Cinéticas. La galería de Ileana Viteri fue elegida por la artista para exponer su obra al público. La cinética como medio del mensaje se torna en un juego para la mirada, una manera rítmica de transmitir sonido a través de la escala del color, la repetición y la forma.

Hay muchas maneras de que el arte nos conmueva. Recuerdo, en un viaje, sentir cómo una serie de aros metálicos recorrían mis brazos al ritmo de la música. En esos momentos, la nave era comandada por Mango Margarita, desde la ciudad de los ríos, con paciencia armaba hermosas piezas de origami y bailaba con los hermosos ritmos de la noche. Mango, entre otras cosas, me enseñó que la vida es un camino que necesita de: ritmo y  armonía. Era la primera vez que me enfrentaba a la cinética.
Conecté con Olga cuando una frase consistente afirmó la infinidad de cuestionamientos que alguna vez tuve:

Lo cinético termina siendo como una religión: hablamos de algo que supera a lo analítico y se funde dentro de ti.

El término cinética, en la física, se usa para relacionarla con el movimiento. Era una tarde lluviosa. Llegué a la galería de Ileana Viteri donde estaba montada  la muestra Variaciones Cinéticas. Ileana, amablemente, me invitó una taza de té. Mientras percibía los cítricos, levanté la cabeza y, tras una orquídea morada, las líneas de Olga se fundían con los sonidos de Haydn.

Olga Dueñas -Olga Valsek Dipold-, nacida en Ohio, se relacionó desde muy joven con la música clásica, particularmente con el piano. Su hermano era violinista y su padre, checo, tocaba el arpa. Su madre, húngara, provenía de una familia de diseñadores de indumentaria en Budapest. La música desarrolló en ella un sentido profundo. Estudió en la Ozenfant School of Fine Arts de Nueva York fue alumna de Amedée Ozenfant, uno de los principales impulsores del purismo en el arte moderno: vanguardia que trabaja con el abstraccionismo promulgada por Le Corbusier.

*Foto archivo Olga Dueñas

En Nueva York conoció a Araceli Gilbert. Su amistad la trajo hasta Guayaquil, donde conoció a su esposo Luis Dueñas Estrada, militar. Con quien mantuvo una relación de varios años en Ecuador. Vivieron en Quito y, mientras Olga desarrollaba su arte, ella trabajaba en la Embajada de Estados Unidos, a la vez que daba clases en el Colegio Americano de Quito.

Vivió 25 años en Ecuador, donde desarrolló gran parte de su carrera. En su proceso de producción exploró con composiciones geométricas. La artista encontró en el arte abstracto lo equivalente a la armonía musical. Líneas paralelas sobre una malla que, al percibir con la mirada, generan la sensación de movimiento.

Aunque en su proceso se ha relacionado con las formas más orgánicas, siempre vuelve  a la pintura cinética. Representó a Ecuador con 14 obras en la XVI Bienal de São Paulo, Brasil. Residió en Caracas y Puerto Rico, donde continuó produciendo alrededor de 30 obras que fortalecieron su técnica.

En 1970 introdujo la pintura cinética en Ecuador con una muestra en la Casa de la Cultura. En 1984, luego de su separación, viajó a Denver para cuidar a su padre cerca de 10 años hasta su fallecimiento. Por su cercanía con sus familiares, por el clima y el mar, Olga viajó hasta Miami, donde reside desde hace varios años. A sus 91 años de edad expone, en la galería The Art Square de Miami, una serie que reitera su acertada fórmula.

…movimiento, espacio, línea, forma, color y textura como elementos estéticos. Al moverse el espectador, las líneas parecen disolverse, creando la sensación de movimiento, variando formas y colores y haciéndolos aparecer y desaparecer. El movimiento y el color avivan el cuadro, pero queda la composición, proveyendo estructura y claridad.

Caminar por la galería de Ileana Viteri era maravillarse con las líneas en movimiento. Un simple blanco sobre blanco o un amarillo sobre dorado y negro ingresaban por la retina mientras la armoniosa e intensa música clásica conjugaba con lo que veía.

A sus 92 años Olga Dueñas pasó por Quito recordándonos lo importante de la armonía en el movimiento, el sonido y la relación de la vida con la física, esencia pura de la artista.

… espontaneidad, espíritu, alma… un instante de lo infinito, un destello de la realidad, un rayo de inspiración, un toque de belleza —y el momento efímero que puede contenerlo todo— […], esto es lo que deseo expresar en mis obras.