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Un palacio italiano inspirado en el mar Atlántico

Un palacio italiano inspirado en el mar Atlántico

El gran bosque tropical cubría la fachada de la mansión invernal del magnate estadounidense James Deering construída entre 1914 -1916. Era tiempo de retroceder el reloj e imaginar el esplendor de la Villa Vizcaya inspirada en las profundidades del océano.

El lugar estaba diseñado para llegar por el mar. ‘The Large’ como llamaba James a la entrada principal, era una escultura acuática de 158 metros de largo que tenía la forma de una gran barcaza y funciona como rompeolas. Fue creada con piedras propias de la Florida y servía para recibir a los invitados.
‘el arquitecto F. Burrall Hoffman diseñó el palacio pensando en que la llegada iba a ser por mar, de ahí la gran terraza con escalinata y los embarcaderos de estilo veneciano, con enormes góndolas en piedra coralina, situadas delante de la fachada principal’

Dragones que emergen de las profundidades como apliques, dioses del océano soportando lámparas y mounstruos marinos decorando las fuentes del jardín interior.

Deering en la época dorada de Estados Unidos convirtió su casa en una infinito espiral, refugio para resguardar su arte.

Miembro de la familia propietaria del que fue el mayor fabricante de maquinaria agrícola de Estado Unidos, International Harvester- Deering Harvest Company, creó un palacete estilo neorrenacentista italiano similar a la Villa Rezzonico – Bassano del Grappa en la Provincia de Vicenza, Italia. Esta vez a orillas del Atlántico.

El proyecto se inauguró con una gran fiesta el 25 de diciembre de 1916. Entre los hermosos jardines laberínticos diseñados por el colombiano Diego Suarez.

Las sirenas habrían bailado bajo la luna llena. Las 72 hectareas que tenía originalmente estaba distribuídos entre los jardínes, estanques, piletas y lugares de recreación.

Deering creó el lugar pensando en ser un espacio autosustentable.
Para 1922 Vizcaya contaba con un pequeño pueblo en el lado oeste. Sobre la actual Sotuh Miami Ave. El lugar tenía campos de pastoreo y cultivo, lechería, gallinero, establo, invernadero, taller de mecánica, carpintería y pintura.
Un santuario de antiguedades
La casa fue construída por los arquitectos F.Burrar-Hoffman de la mano del artista Paul Chaflin quien se encargó de los detalles importantes.

Más de 70 salas albergan obras de arte europeo, asiático y americano, algunas de ellas con más de dos milenios de antigüedad.

En el lugar se conservan los muebles originales y piezas adquiridas por Deering en sus viajes por Europa.
‘La decoración de su casa evoca lugares y tiempos lejanos, mientras que los elementos constructivos (granito, coral, etc.), las plantas y el terreno, reflejan el deseo que Deering tenía de presentar a Miami como un paraíso. Los jardines son notables porque son una mezcla bien lograda entre la estética europea y la exuberancia subtropical de la Florida’.

El patio interior lleno de plantas crea un oasis fresco mientras las salas a su alrededor, de estilo barroco, cargadas con objetos de infinitas texturas me llevaban a imaginar la vida frente al mar.

Esa constante repetición de formas circulares y su interacción entre los jardines y el ser.
‘En la villa se usó una ingente cantidad de piedra caliza cubana, mucha de la cantera de Jaimanitas y también muchas tejas de antigua manufactura colonial que se trajeron de la cercana Cuba’

En el exterior la vegetación y el diseño de los jardines crean la atmósfera perfecta entre la elegancia de las formas clásicas y el frondoso verde del trópico.

Esculturas en medio del bosque y espacios de teatro a cielo abierto hacen del jardín un lugar perfecto para disfrutar junto al sonido del mar.

Fue abierta al público en 1953 como Museo de Arte del Condado Dade. En 1994 fue designada como Monumento Histório Nacional.
La casa ha sido sede de la Cumbre de las Américas en 1994 y también escenario de varias películas como Ace Ventura, detective de mascotas.

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Una experiencia local en República Santa Marta

Una experiencia local en República Santa Marta

De realismos mágicos y mágicos realismos. Siempre que llego a Colombia me preparo para aprender de su poderosa magia, esa que cautiva: un mix del paisaje, los sabores, los colores y la buena onda de su gente. Esta vez las coordenadas me dirigieron hacia el Caribe. Una casona colonial con olor a mar y cargada de texturas tropicales era el lugar perfecto para vivir una experiencia local y ver caer el sol con olor a café mientras las texturas de las palmeras se impregnaban sobre la fachada. Había llegado a República Hostel, el espacio perfecto para empezar mi viaje por la costa colombiana.

La Casa Alzamora que alberga al actual República es de arquitectura colonial, está ubicada en la calle De la Acequia con el Callejón del Cuartel esquina (calle 15 # 2-16) al frente del Parque Bolívar. Fue construída a finales del siglo XVII por Manuel Epalza de Hoyos. En la lugar el político Manuel Murillo Toro, quien fue dos veces presidente de Colombia, instaló una imprenta en 1947 donde publicó La Gaceta Mercantil; el primer periódico económico y comercial del país que en la década de 1850 llegó a tener agencias en el interior y en el exterior. La edificación funcionó también como sede de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Santa Marta. (Obtenido de: Información Municipal)

Todo pasa alrededor de la piscina. Varios viajeros descansan meciéndose en las hamacas de los corredores. El mosaico del piso, las sillas Acapulco y las plantas ambientan el lugar. El sitio está creado para vivir una experiencia local. No faltan las arepas con café en el desayuno, las clases de yoga y salsa con profesores de la ciudad y una cocina donde se puede preparar y compartir la comida con otros turistas. Su ubicación céntrica permite conocer los museos y la ciudad a pie. Respirar la ciudad y su caribeño realismo mágico.

Notas de viaje:

Valor por noche
Habitación compartida: 25 mil – 35 mil pesos colombianos (8.50 – 11 dólares americanos)
Habitación privada: 160 mil pesos colombianos (50 dólares americanos)

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Ecuador, su riqueza es la vida

Ecuador, su riqueza es la vida

A una hora del aeropuerto internacional Mariscal Sucre de Quito existe un lugar donde el tiempo re cobra su tiempo. El bosque de Papallacta es el hábitat de más de 14 especies de colibríes y cientos de ‘pajareros’ que llegan de todo el mundo para visitar su bosque y las cascadas que se divisan entre el espeso verde.

Cascadas que caen donde las montañas se rompen, ranuras creadas por la naturaleza. Parecían enormes cuerpos traspasados por cantidades inexplicables de agua levitando sobre mi cabeza. Luego de llegar a Guango Lodgey disfrutar de la comida local, lo primero que hice fue pasear por el sendero hacia la cascada. En el camino el tiempo re cobraba su tiempo. Conocí a sus enormes habitantes verdes, que colgados, al borde de la montaña, se resistían unos a otros para poder co habitar. Era fácil perderse entre la bruma de los árboles y el sonido del agua.

El hotel está creado para el avistamiento de aves. Su principal atractivo son los pájaros, y sus consumidores principales: los ‘pajareros’ que viajan por el mundo documentando la mayor cantidad de aves para alcanzar una mejor documentación fotográfica. Al llegar, en una pequeña plaza del hotel, habían creado sets con fondos y bebederos con agua dulce para que los colibríes se acercaran. Todo listo para ser capturados por los enormes tele objetivos de los viajeros.

Las esculturas de madera del comedor principal iban perfecto con las cortinas bordadas de hilo. El lugar calentado con el fuego de las chimeneas, tenía varias salas para compartir y era el sitio donde los visitantes disfrutaban de la comida entre rosas naturales y muebles de hacienda. El calor subía al segundo piso. Desde la parte superior, una sala permitía divisar el bosque a cualquier hora del día. Tras los ventanales se podía ver: el cielo, las estrellas y los árboles; en un lugar relajado. Las habitaciones recubiertas de madera, con su techo redondo son particularmente acogedoras. El sonido de los pájaros, el río y la lluvia, son perfectos para escucharlos desde el calor de las cobijas.

Despertar con el sonido del bosque. Desayunar con aire puro y volver a hacer una siesta. El hotel es perfecto para descansar. Otro de los sitios importantes para visitar es el río. El Río Papallacta se encuentra a pocos metros del hotel y es perfecto para admirarlo y dejarse ir con sus aguas antes de volver a la ciudad y al ritmo sin tiempo. Guango es una palabra quichua que significa: trenza. Lugar de grandes montañas que se entrecruzan, cuyas aguas concurren para formar ríos poderosos en valles profundos cubiertos por el bosque nuboso de las laderas andinas, bajo un clima siempre cambiante y una llovizna típica. No había mejor definición para describir al hermoso viaje en el bosque de Papallacta.

Recomendaciones:

  • Viajar al menos dos días para disfrutar del amanecer y el atardecer en le bosque.
  • Llevar botas propias. En caso de no tener el hotel las provee.
  • Los costos varían entre $48 a $117 dólares dependiendo de la estadía.

 

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Una verdad que incomoda. Conmigo: un performance sobre la contaminación

Una verdad que incomoda. Conmigo: un performance sobre la contaminación

‘La cosa esta en no fundirse. Seguir luchando pero que no te afecte. En algún momento todo esto explotará y como todos somos materia nos volveremos nada’

– me decía. Sofía Barriga días después de presentar su obra individual Conmigo. Una muestra de danza-performance cargada de profundos momentos de improvisación acompañada de la música original de Joanne Vance.

Había caído la noche y las luces de los autos hacían reflejo con las gotas de lluvia del parabrisas y el asfalto. Las primeras lluvias de invierno parecerían limpiarnos a todos. El encuentro era en ISPADE un instituto técnico que funciona en un edificio construído frente al parque El Ejido, cerca de las torres de Ovidio Wappestein. Formalista y con sus líneas rectas. Era el lugar donde Sofía daría su primer solo, de una hora de duración como bailarína en el marco de los fondos de ayuda para espacios esénicos: Iberescena 2018. El show estaba a punto de empezar. Sofía junto a su equipo: Paula Proaño, Sebastián Iturralde, Garbriel Arroyo y Xavier Palma repasaban la obra completa y ponían a punto el auditorio para recibir al público. Ella con movimientos enérgicos conectaba todos los hilos de la historia.

La música estaba lista. El arnés que le llevaría al espacio también fue probado antes de la hora indicada. Era tiempo de empezar. Las luces se apagaron para recibir al público. Un público dispuesto.
– Quería sentirlos cerca –
Sofía ubicó cojines donde se desarrollaría la obra para tener contacto con su público y así poder interactuar. Su performance estaba compuesto de una sucesión de escenas de transformación de un personaje que transita por la contemporaneidad.

La luz no me permita registrar su cuerpo. Su esqueleto parecía salir del suelo. Como una semilla. Su espalda crecía desde el piso. El movimiento creaba formas que había imaginado. Cercanas a las del tronco de un árbol o al de una oruga intentando salir de su capullo. O a las olas del mar, o al espiral. Esta primera parte fue una obra de Tamia Guayasamin que se llamaba: El Principio. Un trabajo que había presentado en Brasil hace 10 años. Estaba basado en el estudio del movimiento de la espalda, el respirar y también el ser piedra. ‘Es una obra que esta tan fuerte en mí, que fue perfecto para iniciar la historia’
Las gotas de lluvia caían sobre el techo y creaban una atmósfera intima entre un público concentrado y una bailarina en proceso. El siguiente solo improvisado, luego del nacimiento, era una interpretación del limpiarse. A través de una cercana interacción con una bañera Sofía parecía prepararse para la vida y el mundo real.

‘Me acuerdo cuando vimos American Beauty, yo tenía unos 15 años.
– ¡Que verga que son las bolsas, que hermosa que era esa obra! Para mi es eso: hablar todo lo que quiero decir’.
– El traje amarillo lo hice para sentirme como una mandarina en una red –
Días antes había visto a Sofía en una muestra y tuvo que salir rápidamente porque tenía que coser sus trajes. La red que le servía a la artista para agrupar su basura, era parte de una nueva piel.

La obra trabaja con la relación del cuerpo como espacio habitado y como generador de diferentes capas: piel de memoria, hábitat tierra, piel de plástico, hábitat ciudad, piel luz y hábitat espacio.

Con movimientos mecánicos Sofía abría las bolsas de platos y vasos desechables. Los colocaba por todo el piso del auditorio. Los ‘solos’ improvisados estaban ligados al tiempo de la música original de Vance.

Varias bolsas de platos y vasos se expandían por todo el lugar, Sofía levitaba entre ellos. ‘Creo que es esto de la contaminación si le afecta a la gente, por eso lo quería hacer más descriptivo, porque me interesa llegar a lo más adentro, a la célula. No crear un mensaje desechable’.

El tiempo de las escenas se desarrollaban hasta que Sofía lograba transmitir el mensaje, o terminaba de recolectar todos los desechos.

La artista giraba enérgicamente sobre los platos y su ansiedad perturbadora, al seguir generando basura sin fin, lo transmitía acercándose al público para botar pedazos de plástico desde el aire.

Estaba habitada por la ciudad. La sonoridad se acercaba más a lo cotidiano. Una cinta de plástico le servía a Sofía para crear más caos.

El plástico y su ubicación creaban líneas que conectaban al público de la muestra: los aprisionaba y los relacionaba. Era como una instalación viva sobre el espacio.

Ese lugar era el nuevo hábitat del monstruo de Sofía: el gran gusano negro que aparecía antes de la explosión y del fin del tiempo.

Un plástico de varios metros de largo formaban el gran hoyo negro.

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Desde Macondo, con amor

Desde Macondo, con amor

“Este podría ser el último viaje de mi vida”, pensaba mientras del avión se descargaban mis maletas. Siempre que llego a un nuevo lugar, me da la sensación de que podría ser el último. Y así todo tiene un poco más de magia y -al mismo tiempo- de terror. Salí del aeropuerto y tomé el bus azul que te lleva hasta el centro de la ciudad. Había llegado a Santa Marta.

En el camino, tuvimos que pasar entre un paisaje montañoso de bosque seco acompañado del mar de fondo, una ola de calor de medio día y el vendedor ambulante de caramelos que, con las justas, alcanzaba a sostenerse en medio del pasillo. Entre todo ese espacio montañoso alcancé a ver una pequeña casa. Sobre su fachada sucia y descolorida, las ramas crecían descontroladas. Su alrededor, seis afiches pegados consecutivamente expresaban mensajes de amor.

El movimiento del centro era incesante. No lo asimilé hasta horas después que vi el Puerto cerca de la ciudad. Santa Marta parece ser una bomba, fue mi primera impresión. Las pocas cuadras que caminé hasta el hotel conocí pocos parques, pocos árboles y pequeñas aceras pero con intensos colores del caribe y el olor a mar.

En su mayoría, la ciudad colonial ha ido creciendo al ritmo del Puerto: la extracción, el sistema donde se privilegia al dinero más que a la persona y la religión nos han cegado. Como casi toda latinoamérica, es una ciudad más donde hace falta amor. En mis caminatas, siempre atento, lo más cercano al amor fueron los mensajes de Macondo Herald.

Pocas horas después estaba en el sitio donde se producían los carteles que había visto en la calle. Si había tanto desorden y solo una persona lanzaba mensajes tan potentes estaba seguro de que quería sentarme a tomar un café con Macondo. Seguí las instrucciones y llegué hasta El Rodadero, la ciudad contigua al casco urbano separada por una cadena de montañas que se luce junto al mar. Edificios encallados en las laderas que por sus formas parecen ser de los setentas y ochentas. Estructuras lujosas y complejas en su arquitectura.

Llegué hasta la Carrera 1, la calle frente al mar. Gigantes palmeras me brindaban un poco de sombra contra el intenso sol de mediodía. Vendedores de limonada, mangos, artesanías y varias señoras ofreciendo masajes transitaban por la congestionada acera. Había llegado hasta Macondo. Las casas dispuestas frente al mar, para que recibieran la misma cantidad de sol, se habían transformado en grandes edificios de apartamentos vacacionales sobre la costa.

En el Edificio Parador vive Nicole Bornacelli, ella es comunicadora y artista. Tenía agarrado el cabello y vestida de blanco y negro. Acompañada de su perro, me invitó a pasar a su apartamento. El piso de hormigón alisado, la planta abierta y la iluminación del lugar generaba un ambiente más fresco que en el exterior. El intenso mar azul se podía divisar desde el comedor. Me invitó un vaso de agua helada y me contó su historia.

Nicole nació en la Bahía de Gaira, conocida popularmente como El Rodadero por las dunas de arena que llegan hasta el mar. “Existe un llamado a reinterpretar las historias que nos han contado” decía la artista. Su abuelo fue uno de los pioneros en construir uno de los primeros hoteles frente al mar: El Parador de Mestre, luego de llegar a América, huyendo de la Guerra Civil Española.
De un dormitorio sacó una postal en la que se podía ver el paisaje del lugar antes del desarrollo urbanístico. Las tupidas palmeras daban sombra a gran parte de la costa. Hasta finales de los sesenta e inicios de los setenta, cuando el boom del narcotráfico colombiano generó un crecimiento acelerado de edificios vacacionales y de segunda vivienda. “Estoy al borde de irme porque se ha vuelto imposible vivir acá”, confesaba. La gentrificación ha hecho que no solamente se desplacen a las personas nativas sino que también el costo del territorio se eleve y la dinámica de la ciudad cambie por completo.
“Me siento muy dividida, he vivido en otras partes del mundo, mi pareja es argentina, llevo cuatro años con ella y obviamente hay cosas que te faltan cuando vives en Santa Marta: comunidad, principalmente. Ser una mujer queer en Santa Marta no es fácil. Siempre he vivido abiertamente sin ocultar absolutamente nada. “Y soy vista como una mujer blanca privilegiada, aunque no me identifique como tal”, decía.
Para la artista, la falta de espacios relacionados con la producción artística en su ciudad es otro de los factores que le han impulsado a generar la creación del proyecto Macondo Herald. “Aquí la gente ve al arte y a la cultura entremezclada con el folklore, la producción cultural está muy asociada a las tradiciones pasadas. En muchos niveles el arte urbano es castigado. Hay pocos artistas locales que están generando contenidos asociados con la ciudad”. Su objetivo es lograr hacer piezas bonitas, pero con mensajes contundentes.

Los mensajes positivos de sus obras contrastan con lo caliente del imaginario costeño. “Es lindo poder traer mensajes más sutiles, en una ciudad calurosa, muy patriarcal, muy machista. Los modelos extractivos, coloniales y del monocultivo son las formas en los que la población debe estar segregada para que el sistema caduco funcione”.

Macondo Herald nació en 2016 mientras vivía en Argentina, en sus publicaciones juega con palabras, frases o citas instauradas en el imaginario caribeño. “Otra forma de mantener controlada a la gente en el Caribe ha sido con el ron y también la falta de espacios públicos. Como en muchos lados, reunir dos o más personas era visto como agitación pública” decía. Para la artista esto ha hecho que no existan conversaciones sobre identidad, ciudad, género. Ella piensa que salir a intervenir la calle es muy empoderador.

Para Nicole su arte le permite hablar desde el anonimato en el espacio público con cientos de personas que leen sus carteles. En uno de los dormitorios del departamento, el estudio donde trabaja y resguarda sus obras lo comparte con su compañera. Varias piezas de la cultura Tayrona decoran el lugar, son sus tesoros.

Bajo el intenso cielo azul un edificio blanco con líneas Art Deco brilla frente al mar. “Yo crecí viendo el edificio Macondo, es del arquitecto samario Carlos Proenza Lanao y nosotros los caribeños sentimos que vivimos en Macondo”. Varios sellos sobre la mesa se usan para marcar los carteles impresos en papel de caña y en papel periódico que llegan desde Cali.

La artista trabaja con La Linterna, una imprenta y taller gráfico que aún mantiene antiguas prácticas con máquinas de 1800. Con uno de sus carteles sobre el escritorio, Nicole me explicaba la técnica en que el rodillo marca el color del fondo y las letras. Trabajos de otras épocas como la serie “United Colors of Macondo” “+Cumbia – Estrés” decoraban el sitio.

El universo de Macondo Herald es una manera muy especial de ver el mundo desde una perspectiva del realismo mágico donde todo es posible. Es volver a contar historias bonitas. “Somos nosotrxs esa salida. Somos los glitches del sistema las personas que estamos habitando el presente, no replicando lo de antes, estamos saliéndonos de toda norma y tomando el arte para llevar a la reflexión. Es un momento histórico del planeta y cuando sales del ego y te pones a pensar que no se trata de los humanos, se trata de la tierra que está queriendo evolucionar e intentar generar conciencias que traigan novedad a la manera de cómo la estamos habitando, te encuentras. Tener esta conversación ya es el cambio”.

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La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

Las formas abstractas del artista ecuatoriano Roberto Rivadeneira se mostraron en su ‘soloshow’ llamado Transiciones. La galería A7MA expuso el 16 de marzo la muestra compuesta por 12 piezas con técnicas que incluyó: acrílico, escultura y serigrafía.

Una tarde recibí la llamada de Urku. El artista planeaba un viaje a Brasil y necesitaba registrar su obra. Cuadramos un día y fui hasta su casa. Era en las afueras de la ciudad donde los árboles crecen cubriendo las fachadas de las casas y los jardines adornan las estructuras. El sol explotaba y Roberto Rivadeneira, también conocido como Urku me esperaba junto a la puerta de la casa. Relajado. Me invitó a pasar al espacio donde había adecuado esos días para pintar. El lugar junto a la piscina emanaba una particular humedad. La luz atravesaba la claraboya del techo y llegaba a uno de los lienzos del artista. El espacio temporal creado por Urku tenía todo lo necesario para producir.

Algunos bocetos estaban pegados en la pared. Las formas abstractas sobrepuestas tenían un paleta con el que el artista venía trabajando de hace poco. Luego de explorar por meses con tonos violetas, plantas y un arte más figurativo. Decidió evolucionar luego de dos años tras un viaje a Atenas.

Con detenimiento despegaba del lienzo una cinta de papel que mostraba su línea prolija. ‘También me dedico a hacer aplicaciones. Pronto viajaré a Mexico a visitar un cliente’. me decía, mientras retocaba ciertas partes de la obra. Éste año su nueva serie llegó a Sao Paulo por un amigo que conoció en Berlín donde tenía su estudio. El 16 de marzo en la galería @a7magaleria de Sao Paulo se presentó su muestra: Transiciones.

Su arte se acopla a los entornos.
‘Trabaja con las formas y el color creando espacios planos en formas que se interponen unas con otras’- Gaby Moyano.

*foto registro del artista

En su trayectoria ha trabajado con muralismo. ‘Hago full trabajo digital previo y les termino a veces en digital’- decía. Sus pinturas por todo el mundo transforman los lugares. Cada vez que viaja se propone pintar en la ciudad por donde pasa. Actualmente ha probado soportes de madera logrando esculturas con sus formas y colores.

Sus boceteros mostraban sus procesos y de donde provenían algunas de sus formas.

Urku vive en Berlín y estos días estaba visitando Ecuador para saltarse el invierno de Europa. Esa mañana negociamos un precio para registrar su obra. Me comentó de lo importante para él de documentar su obra y crear su portafolio. ‘Al final es lo que me queda, una buena comunicación que muestre lo que estoy camellando. Es mucha la diferencia de tener buenas fotos. La verdad que la veo como una inversión’- decía.

Para crear un filtro en la claraboya se subió a una silla. Urku se fijaba en los detalles para que las fotos quedaran bien. Antes de irme le hice un retrato. Hablamos de Araceli Gilbert y sus líneas. Del arte, nuestra generación y la nueva percepción de la vida, y del tiempo. ‘Esta comprobado que estar full time trabajando no es lo más productivo, estar cuarenta horas sentado en una oficina no tiene sentido. La salida más fácil ahora es tener un trabajo’- decía.

 

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Selina Cuenca, con nuevos aires de ciudad

Selina Cuenca, con nuevos aires de ciudad

Así como las personas, las ciudades también se adaptan crecen y evolucionan al ritmo de las necesidades. Este año junto a KIKI transitando el nuevo ritmo de Cuenca.

Foto archivo Cuenca

Si no quieres desaparecer, adáptate. Una de las frases de Darwin aseverando que la única constante que tenemos en la vida es el cambio. Viajábamos por la carretera desde Quito rumbo al sur traspasando la cordillera. El destino era Cuenca. Lista y cargada de todos los colores para celebrar sus 198 años de independencia. Esta vez con nuevos aires.

Arrendamiento de hoteles pone en evidencia su baja ocupación
(12-sep-2018)

‘En Cuenca, ante la baja demanda y alta oferta hotelera, la demora en la construcción del tranvía, los problemas de conectividad aérea, además de la situación económica del país, algunos hoteles han cerrado sus puertas, otros han sido puestos en arriendo’.

La ciudad había cambiado. Calles peatonales, plazas renovadas, mercados ambulantes y ferias artesanales se articulaban a lo largo del río. La baja demanda esta vez se ocultaba tras el movimiento y el turismo de las fiestas.

La hermosa casona de la Calle Larga perteneciente al tradicional Hotel Crespo también se había renovado. Las molduras de madera contrastaban con el intenso color que habían elegido para su fachada.

Construída a finales de 1800 por el ingeniero Steel que habría llegado al país para encargarse del puente colgante de Zhumir sobre el río Paute. Tiene detalles únicos como sus paredes de adobe y sus columnas de eucalipto. Por varios años perteneció a la familia Ordóñez Lasso de la Vega. Ante la mirada de algunas familias inconformes al cambio, esos días Almendra iba a disfrutar de sus alfombras texturizadas, sus sábanas nuevas y su vista al río.

El Crespo cambió por Selina. El hotel fue alquilado a una cadena que llegó hace un tiempo al país para reproducir su fórmula aplicada en todo el mundo.

Es un emprendimiento de Rafael Museri y Daniel Rudasevski, dos israelitas que después de haber recorrido el mundo y haberse hospedado en más de 140 lugares crearon una nueva experiencia de convivir.

Los colores intensos predominaban. Espacios adaptados como salas de descanso decorados con artículos producidos en la zona. Puertas, mesas y muebles de todo tipo fueron re utilizados.

Artistas como La Suerte, Rio y David Sur llegaron hasta el lugar para pintar murales y ambientar rincones que ayuden a conectar a los viajeros con los espacios.

Esta experiencia estuve acompañado de hermosos personajes entre ellos KIKI que armó una nota sobre el lugar y su articulación con la ciudad.

El clásico hotel se ha convertido en un lugar de interacción de viajeros que disfrutan consumiendo arte local, jugando una partida de futbolín o descansando al atardecer en la terraza, sabiendo que al final del día dormirán acompañados de sus mascotas.

 

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Los lugares que Kst pinta se regeneran

Los lugares que Kst pinta se regeneran

Con rodillo, brocha y latas, Andrés de la Bastida, Kst pintaba un muro en Guápulo una soleada mañana. El lugar que había elegido estaba lleno de basura. El césped había crecido entre las ranuras del cemento de una vereda en mal estado. Ese día, sus dibujos se mezclaban con las formas y los diseños tipográficos de Caro Iturralde, @concdecaro. Su colaboración dio paso para que las personas del barrio se interesan por recuperar la esquina. Semanas después de su intervención hubo un gran cambio. Las ranuras habían sido niveladas y el lugar estaba limpio.

 

Kst, es arquitecto de profesión, pero esa mañana tenía su pantalón manchado de pintura, un encauchado azul para la lluvia, su pelo corto y su sonrisa grande. Sin ningún permiso, usaba el rodillo y la brocha para generar las luces y las sombras de un joven que cargaba entre sus manos una brillante bola translúcida con un pollito en su interior. Con las latas definía contornos y otras líneas. Su paleta de altos contrastes, amarillo y morado, y su habilidad al pintar personajes le han llevado a crear maravillosos murales en el país. Hace poco le invitaron a un festival en la amazonía peruana y le ha servido de motor para seguir.

La tarde que me invitó a su taller estaba el pollito que había representado en varias partes sobre su mesa de trabajo. Esta vez inmóvil y de hule- reposaba junto a las herramientas, los bocetos y los colores del artista. El departamento donde vive y trabaja hace casi tres años está ubicado en el centro norte de Quito. La gran pared de piedra pómez que recubre la sala y el piso de tablón de madera guarda la memoria de su edad.

Mientras tomábamos una cerveza, el artista me comentó sobre el trabajo que le tomó recuperar el lugar donde actualmente vive. “Me acuerdo que los primeros días tuve que lavar los platos en el baño de servicio”- recuerda. Antiguamente, el piso entero funcionaban como oficinas. “Cuando yo entré había un counter de esos de los noventa hecho con materiales pesadazos”. La cocina tuvo que ser remodelada integramente al igual que la instalación del agua caliente y otros servicios para habitarlo. Todos los muebles de la cocina fueron diseñados por él. Los cuadros en las paredes de la sala son impresiones de la serie Impossible Isometrics, las había hecho inspiradas en Escher mientras estudiaba arquitectura.

La maqueta ubicada en el centro de mesa de la sala nos distrajo para hablar sobre habitabilidad de ciudad y sus dinámicas. “He oído que vivir en la latitud cero tiene mucho que ver, es una energía diferente. En latinoamérica hay más colores, hay algo más allá. Creo”. La maqueta que era parte de su tesis brindaba plantas libres pero a su vez privadas. “Este proyecto me gusta porque su estructura es la fachada”. Me contaba que estudió arquitectura por su cercanía con el arte y el dibujo. “La arquitectura es todo, no es necesariamente arte, es una complejidad en la que los sistemas estén bien resueltos. El arte es su carga estética”.

Un mueble de Gerrit Rietveld, diseñador y carpintero, forma parte del área social. Una obra de Daniel Adoum adorna la sala. El mural que ambienta su estudio es una re interpretación inspirada en las obra del ilustrador mexicano Gastón Pacheco. “Cuando mi viejo me preguntó de pequeño ‘qué quería ser’, yo le dije que caricaturas”. Su madre le le contó que a los 4 años rayaba en sus cuadernos líneas y pintaba los cuadrados de su cuaderno a manera de tableros de ajedrez hasta quedarse dormido. “Lo más cague de todo era que me despertaba con el marcador explotado en el bolsillo de la camiseta”, entre risas.

A sus, 16 tuvo una banda de punk con sus amigos. Aunque acostumbra a pintar solo ha conocido varios colegas a través del trabajo. “En el arte urbano la gente se saluda, hay una red de colaboración grande”- dice.
Kst me comentaba que los pollitos nacieron de una salida a bandalear. “Elegimos una pared y salió súper rápido el pajarito y de ahí lo he vuelto a repetir”. En la mesa de su taller varios bocetos eran parte de sus prácticas. “He estado trabajando mucho luego del viaje a Pucallpa, Perú. Habían muchos artistas de lienzo que pintaban mural y me inspiraron. Usan mucho con acrílico y es un material muy noble.” – me confesó.

Hace pocos días se aprobó una ley en Ecuador que castiga intervenir en espacios públicos y pegar afiches en lugares no autorizados. En varias salidas a pintar a la calle junto a sus amigos han tenido que escapar de los policías. Sin embargo, si Kst no hubiera intervenido la esquina de Guápulo jamás la hubieran limpiado, esa esquina seguiría deshabitada, destruída y sucia. Kst sigue construyendo su historia, pronto será parte de Tandana Fest junto a Mona Caron y otros grandes artistas.

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Uno de los jardines más lindos del mundo está en Quito

Uno de los jardines más lindos del mundo está en Quito

Hace pocas semanas el diario The Guardian calificó al Jardín Botánico de Quito entre los 10 lugares de plantas más lindos del mundo. Según el medio, su amplia colección de orquídeas y la visita de quindes y mariposas hacen del lugar un must para visitar en la ciudad.

Existe una forma muy particular para conectarse con las plantas. La contemplación es un método efectivo para entablar una relación con los seres milenarios. En su comportamiento y convivencia está la clave para que los humanos con conciencia y raciocinio encontremos un significado más profundo de vida. Cuidar una planta es sentir el tiempo. Enamorarse de sus particularidades es llevar al gusto más allá de la forma. Mirarlas es afinar el ojo.

Hace pocas semanas el diario The Guardian nombró al Jardín Botánico de Quito entre 10 jardines más hermosos del mundo.Su historia se remonta a 1989 cuando el Municipio de Quito autorizó el uso del antiguo vivero para la creación del Jardín Botánico de la ciudad ubicado en el Parque La Carolina. Su construcción ha venido desarrollándose por etapas.

En 1995 gracias al aporte de Gisela Neustaetter se construyó el palacio que alberga una importante colección de orquídeas. En 1996, Judith Evans Parker, arquitecta paisajista, entregó el master plan para el desarrollo del parque. En 2004 el Municipio de Quito inició un proceso de rehabilitación para finalmente el 25 de febrero de 2005 abrir las puertas al público.

En enero de 2018 como parte de la conmemoración del centenario de relaciones entre Japón y Ecuador se inauguró una extension de 1 600 metros cuadrados en los que se puede disfrutar de azaleas, cerezos chinos, bonsais, arupos, hortensias, entre otras plantas provenientes de Asia. En el lugar también existe una estructura de bambú donde es posible darse el todo el tiempo para contemplar.

In the very pleasant Parque Carolina, the unsung Jardin Botánico Quito is a lovely place to visit. Its collection includes a wide selection of the plants found in one of the most biodiverse countries on the planet, with a major highlight being the orchid house, which contains a good range of Ecuador’s several thousand varieties. As well as spectacular bromeliads, fuchsias and native fruit trees, there are many butterflies and birds to be seen, including many hummingbird species.
Peter Myers
THE GUARDIAN

En el agradable Parque Carolina, el poco conocido Jardín Botánico Quito es un lugar encantador para visitar. Su colección incluye una amplia selección de las plantas que se encuentran en uno de los países con mayor biodiversidad en el planeta, entre las que destacan las orquídeas, en el lugar existee una buena variedad de las miles que hay en Ecuador. Además de espectaculares bromelias, fucsias y árboles frutales nativos, hay muchas mariposas y aves para ver, incluyendo muchas especies de colibríes.

 

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La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

Una serie de texturas caligráficas intervenidas con collage sobre diferentes soportes hacen parte de Circulares Veces, obras que re valorizan la escritura a mano y crean un nuevo imaginario sobre el arte de escribir.

La obra de Caro Iturralde ocupaba las paredes del Museo de Acuarela y Dibujo Muñóz Mariño. La casona del arquitecto y artista se había convertido desde el 2010 en un espacio para exhibir. Esta vez era el tiempo de Circulares Veces una obra cargada de letras convertidas en infinitas texturas sobre soportes de otros tiempos: periódicos, revistas y páginas de libros intervenidos con patrones caligráficos estaban enmarcados en molduras recicladas. Algunas talladas. Otras se salían del soporte: esculturas religiosas re pintadas y ventanales de la casona también tenían las formas de Iturralde.

La noche de San Marcos me presentaba a la artista surda que había convertido su brocha plana y su plumilla chata en su herramienta para expresar su historia.

La mañana que nos reencontramos para conocer su estudio estaba junto a su padre arreglando un mueble en la puerta de su casa/taller. El día estaba soleado y la luz reflejaba sobre los techos de las casas construídas al borde de la montaña. Caro Iturralde, madre y creadora, me invitaba a pasar a su espacio. El desnivel desde la entrada generaba varios sitios en un solo lugar. Un ventanal con vista hacia Guápulo permitía el ingreso de luz a la antigua sala y comedor del departmento, actualmente adaptado por la artista para ser showroom de las piezas de su proyecto Arrebato y taller, apenas separado por una chimenea.

Arrebato empezó hace 5 años y fue impulsado por su padre, su principal socio, y algunos de sus amigos más cercanos. Se encarga de recuperar muebles y objetos intervenidos por varios artistas que eran invitados a través del trabajo de Caro.

En su sala se exhibían varias piezas de ediciones pasadas del proyecto mezcladas con las molduras de madera de otros tiempos.

Muebles de varios estilos recuperados con detalles que les proveían una nueva vida.

‘Hay diferencias entre las antigüedades y lo que yo tengo’ me decía. Los objetos que son intervenidos: sean cubiertos, forrados o pintados tienen características únicas. Un lugar donde las líneas se alejan de las modas para apegarse a la belleza de los cuerpos macizos y las almas con vida eterna.

Comprar por lotes le ha permitido a la artista conseguir objetos en buen estado y colecciones particulares: muñecas del mundo y cajas de fósforos. Elementos con los que a trabajado interviniendo otras obras.

‘El arte de escribir lo bello’ (Mediavilla,1996)

El sol se había puesto sobre nuestras cabezas y el vidrio dejaba traspasar la mirada hacia el cerro Auqui a través de un alfabeto escrito por la artista.

Sentada en su escritorio con la plumilla en su mano Caro practicaba con detenimiento sus letras. Concentrada y conectada: cerebro, mano, corazón trazaban entre lineas curvas y planas una tipografía gótica.

La caligrafía fue considerada por mucho tiempo una labor manual fundamentada en la belleza visual de ideogramas, signos cargados de mensajes. A Caro le gustaron esos trazos luego de haber comprador el libro Calligraffiti a un amigo cercano. Me indicaba uno de sus primeros trabajos y me aseguraba, que como en muchas de las labores, lo más importante es la práctica.

Tras Gutemberg, la invención de la imprenta, la proliferación de los teclados y los aparatos tecnológicos, menos veces conectamos cerebro-mano-corazón.

El escribir a mano se ha convertido en un arte que nos aleja de convertirnos en máquinas. Sentada en las gradas de su casa y junto a su mascota Caro me inspiraba. La vida tenía otro valor. Lo que para algunos son simples desechos para otros tendrán vida eterna.

 

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Los trazos del ruido por Faibol

Los trazos del ruido por Faibol

Nunca antes me había preguntado cómo se veía el sonido. Fue hasta la mañana del 12 de junio que descubrí los trazos, texturas sobre texturas, de la colección que Pedro Álvarez Estrella,Faibol, presenta en galería +Arte. Sus sonidos me transportaban a las grandes y congestionadas metrópolis. ‘Paisaje Ruidista’ es la forma en que el artista invita a experimentar la conexión de los sentidos: lo visual y lo sonoro.

Frente a la ventana de la galería, el artista cuencano instaló una mesa desde donde se desprendían sonidos a través de micrófonos de contacto que amplifican las vibraciones. El looper le permitía a Fai repetir reiteradas veces las vibraciones que producía con el rozar las baquetas. Por minutos, el espacio se llenó de ruido. A través de la ventana, el tránsito de la ciudad parecía combinar con lo colores y el ruido del artista. Con el cabello suelto, relajado, Faibol me invitaba a mirar su serie.

La sobre-estimulación
Según el artista, la serie -que estará hasta el 21 de junio- es una recopilación del trabajo que ha venido haciendo hace dos años o más. A su obra se la puede ver como capas sobre capas de sonido que van generando la relación de textura, forma y color. Desde que estuvo en la residencia del No Lugar, recolectó audios con su grabadora, esto le permitió experimentar mezclando y representando con la pintura.
“Las grandes ciudades parecen enormes manicomios en donde todos se mueven para cambiar de lugar pero no van, en el fondo, a ningún sitio”.
La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han

*Serie coronadepatas
La muestra, parte de su tesis, está basada en ‘La sociedad del Cansancio’, un ensayo del filósofo Byung-Chul Han. En una sala donde se repetían varios loops de video, Faibol me hablaba sobre los futuristas y la ‘música concreta’, una investigación de los sonidos generada en 1920 por el francés Pierre Schaeffer. La música concreta le sirivió a Faibol para crear. Descontextualizaba el sonido a través del uso de nuevas tecnologías para la época. Las máquinas con cintas eras los nuevos aparatos que permitían su creación.

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Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

El trabajo de Sergio se relaciona estrechamente entre la realidad y la ficción. Sus renders tienen la particularidad de estar cargado de detalles que le sirven para describir la atmósfera. Experimenta con las líneas de la arquitectura y las formas orgánicas de sus personajes.

Sergio Calderon me recibió en su espacio. Un departamento ubicado atrás de una casona familiar: ‘ésta casa construyó el tío de mi mamá. La historia contaba que mi mamá pisaba los bloques con los que fueron construidas las paredes’. – me decía Sergio.
El arquitecto me recibía en el espacio que había restaurando y adaptado, con sus propias manos, para trabajar y vivir. Su intervención en la materialidad me deleitaba con la pureza de los elementos que hacían particular al sitio. Sergio vive en el lugar desde Octubre 2018. Me contaba que la primera noche que durmió en el sitio, sus vecinos hicieron una fiesta de Halloween. Por eso recuerda el mes. Dice que hasta ahora mantiene una relación ‘prueba y error’ con el espacio donde habita. En el sitio no existe una cocina, ni un comedor. Los dos ambientes están conectados con la altura del techo. Su habitación se comunica con el baño por una pequeña pequeña ventana, separada por plantas dispuestas por el arquitecto. Algunas plantas se encontraban dentro de la pared y otras colgantes. Plantas que gustan de sombra y humedad. – según Calderon.

Me gusta que las plantas me permiten sentir el tiempo. No es inmediato. Cuando riegas el agua recién después de dos semanas empiezas a cachar qué esta pasando

– decía.

Sergio está desarrollando una serie de ilustraciones compuesta por varias imágenes. Una vista de 360 grados, genera una continuidad infinita y un juego secuencial a partir de las horas, la luz y el recorrido del sol. Representa a un prólogo, tres capítulos y un epílogo.

Para trabajar, el artista tomó fotos a varias modelos con las que obtuvo las texturas de los pliegues y las sombras de su indumentaria.
El prólogo de la serie está ambientado en Zaruma y el Puyo.
‘Zaruma, equivale a lo macho. Y el Puyo, la selva, es hembra’ – decía Sergio.
Trata sobre las ciudades como si fuesen organismos. Hipotéticamente, en el futuro donde las ciudades ya tienen conciencia. Una conciencia entendida como inteligencia artificial. Calderon representaba la inteligencia artificial con una gran flor hecha de estructuras de antenas.

De fondo sonaban las canciones de Guardarraya. Sergio se acercó hasta un baúl al pie de su cama, movió un busto que tenía sobre el mismo y abrió un viejo candado. Su tesoro: un papel tapiz celeste corroído por el tiempo y la humedad que cubrían la madera del baúl. Cientos de libretas y carpetas donde estaban guardados sus dibujos, trabajos e investigaciones. Sergio proviene de una familia de artistas. Tanto sus padres como su hermano pintan. A diferencia de su familia que ha desarrollado su cercanía con las líneas orgánicas, Sergio se siente más cómodo con la geometría y con el desarrollo de estructuras. Entre sus dibujos que me mostró un mapa hecho con rapidografo, lucía su destreza con el blanco y negro y los minuciosos detalles. Me comentaba que desde pequeño le gustó dibujar pero recuerda que nunca se sintió cómodo con el color. Diseñó siempre en blanco y negro hasta que descubrió el Photoshop y su extenso mundo de posibilidades.

¿Crees que la arquitectura tiene que ver con la ciencia ficción?
No se si tenga que ver, pero es facilito que sean afines. Te das cuenta en el cine, en un montón de cosas donde la ciencia ficción apunta a la arquitectura. La gente acepta y es una carrera linda en el sentido que te abre un montón de campos: imagen, gestión, historia. Cuando egresé recién me di cuenta del potencial que tiene la arquitectura. Hace que te cuestiones muchas cosas.

La carpeta donde tenía guardados sus dibujos era una acuarela que había hecho su padre. Una representación de El Ejido. Sergio fue sacando una a una las libretas de diferentes tamaños. La primera la compró en 2012 y desde ahí decidió que todas fueran rojas. Luego de mostrarme sus anotaciones pude entender lo consecuente con su espacio.

El armario que pertenecía a su abuelo lucía su madera maciza y brillante. Concordamos con Calderon la cantidad de cosas útiles que las personas desechan.

En la pared de su estudio tenía varios renders impresos de sus proyectos. Algunos en ejecución, otros ya entregados. Me hablaba sobre uno de ellos. La intervención del Bicentenario. En el lugar habían impreso uno de sus renders en una gran gigantografía. Sergio la veía cuando sacaba a pasear a su perro.
‘Siempre he vivido frente del Pichincha, pero siempre me han gustado los barrios de la ladera del Pichincha: La Florida, Las Casas. Influye mucho que estés viviendo sobre la ladera. Lo que me gusta del lado este es que le ves siempre al Pichincha de frente’.

Una escalera permitía subir a un medio piso que Sergio usaba como mueble para sus libros y películas. Hablamos de Escher y lo increíble de su arte, la infinidad de las taselaciones y la infinidad de su obra.

 

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Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Pierre Durand, Pepe Pistolas, tuvo su primer contacto con el modelaje mientras aprendía FX, una técnica que permite animar personajes para series, juegos o películas con plastilina en Buenos Aires. La expresividad y la sensibilidad de su obra se complementa con lo contundente de su materialidad.

Lo primero que vi luego de cruzar la puerta del Útero, ubicado en la Carrión y Reina Victoria, fueron los ojos de Aira, una perrita Husky albina, que jugaba -con otros perros- alrededor de una escultura que Pepe Pistolas le había construído.

La casona que alberga el espacio cultural creado por una antropóloga, un emprendedor, un profesor y un artista contínuamente muta. Las gradas de piedra y los detalles en la fachada contrasta con las forjas blancas que protegen las ventanas. Los muros anchos, las vitrinas que separan los espacios, las arañas que cuelgan del techo y los hermosos jardines que la rodean, daban cuenta de la belle époque de La Mariscal. En el lugar había funcionado un colegio pero, después de su abandono , se deterioró. Fue encontrada por los gestores en pésimas condiciones y tuvo que ser recuperada íntegramente.


*documentación de Útero
Los cambios implicaron 4 meses de intervención en tuberías, pisos, techos, sistema eléctrico y demás. La primera vez que llegué hasta el Útero fue para conocer el estudio de Thomas Cruz. Esta vez estábamos bajo un árbol del jardín junto a Pepe Pistolas y su Diablo Huma que colgaba de una de sus ramas.

“Soy Pepe cuando trabajo el metal. Yo no soy Pierre. Pierre es el hijo, amigo, novio”

comentaba él. Pepe Pistolas de 31 años encontró el gusto por su labor en un viaje a Francia. Nació en Guayaquil y creció en Quito. De su familia no tiene los mejores recuerdos. “Mi madre me tuvo a los 20 años cuando mi padre tenía 63, era como mi gran abuelo, antes de morir me dijo que luche por lo que amo hacer”.

Pepe encontró su guía en Bordeux mientras montaba bicicleta. “Llegué hasta una plaza donde había unas esculturas gigantes de metal: Les Vivres de l’Art. En el lugar estaban moviendo la escultura de un tornado gigante, me acerqué a ayudar. Al terminar pregunté si me podía quedar y me lo permitieron. Me dieron un poco de pintura y una escultura que necesitaba ser pintada. Al día siguiente volví ir y así trabajé un año gratis. Aprendiendo”.


‘La materia no se crea ni se destruye: solo se transforma’
El artista Jean Francois Buisson le enseñó a Pepe a usar la moladora para pulir sus obras y muchas otras cosas para producir. También a destruir los desechos de grandes tanque metálicos para volver a construir y crear. “Todo es basura, los desechos que conseguía o le regalaban a Jean Francois le servían para volver a crear”. Además de aprender a usar las herramientas, Pepe tuvo la libertad de experimentar con pequeños pedazos que quedaban de los desechos de las grandes obras.

* registro del artista. Bordeux. FR.
“Siempre que barría el taller encontraba esos pedacitos de metal que quedaban en el piso, yo los veía como oro, y los iba guardando uno por uno, al comienzo sin saber qué iba hacer”. Luego de trabajar un año de ayudante en el taller y tras la muerte de su padre, desmotivado, el artista dejó de ir al taller de Buisson. Sin embargo fue le mismo Jean Francois el que le ofreció un sueldo para que vuelva a trabajar. “Realmente es como mi papá, me inspiró ”.

Pepe trabajaba de 9:00 a 18:00 en colaboración con Buisson para su exposición ‘El Fin del Mundo’, una serie que representaba los cataclismos. “Hicimos un rayo, una ola de 6 metros, pasaba 12 horas cortando con el soplete”. Pero desde las 18:00 en adelante se dedicaba a producir sus propias piezas. “El mosquito era mi obra maestra”, una escultura que fue parte de su primera exposición en Francia pero que lamentablemente fue robada. Pistolas, también fue una serie hecha por el escultor, por lo que lo adoptó a su nombre.

Actualmente está en proceso de reunir más gente que trabaje en otras labores y pueda complementarse con su trabajo. La cortadora de madera no paraba de sonar, uno de sus ayudantes construía las patas para las mesas de un local de comida.

Un pequeño cuarto, en lo que parece ser el área de servicio de la antigua casona, guarda sus herramientas. Su espacio al aire libre estaba decorado con sus propias esculturas: esqueletos de pescados, alas metálicas y lobos invocando a la luna. El patio del espacio cultural empezaba a llenarse de amigos. El cielo se ponía más gris y las gotas empezaban a caer. De Pepe me despedí con un abrazo sintiendo el equilibrio entre la liviandad de su alma y el poder de su producción.

 

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Un bosque de unicornios para descansar

Un bosque de unicornios para descansar

En el bosque nublado hay un lugar donde habitan los unicornios y donde es posible descansar con el sonido de las plantas. Despertarse con lluvia torrencial y un panorama completamente nublado. Gato permitido. Sin señal de celular y con vista a increíbles cascadas. Enormes paredes de agua que generaban una particular sensación térmica en el bosque primario, escondido y silencioso.

Hace mucho tiempo no sentía tanta felicidad al terminar de revelar una fotografía. Las plantas me permitieron sorprenderme con la dinámica de su convivencia: particulares formas, colores intenso e infinitas texturas. A solo 14 kilómetros de la entrada a Mindo, existe un gran bosque primario. Una acogedora casa de madera y cabañas privadas, que tienen como prioridad, resguardar el bosque. En su interior, sus paredes de madera generan la sensación de habitar un árbol. Lo mejor del eco lodge es que está permitido viajar con mascotas, su piscina es de agua natural y sus paredes están decoradas con arte.


En el ‘Abrazo del árbol’ se puede conocer el bosque con diferentes destinos: la cascada o el río. La caminata hacia el río me llevó a un encuentro con nuevas formas: hojas, tallos , flores y frutas. Plantas tropicales. En el largo contacto con el agua me distraje fotografiando las montañas y el tránsito de las nubes.
El camino hacia la cascada me llevó al mundo encantado de unicornios. Los peces de la laguna. Hermosos seres de colores creciendo sobre otras plantas y columpios sobre el agua.

 

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Empoderarse para crear

Empoderarse para crear

Camila Morejón rompe tabúes a partir de la normalización de los cuerpos, sobre todo de los femeninos. Aprender acerca de sus bordados es aprender a mirarse y a valorarse. La artista y diseñadora de espacios utiliza la herramienta de tejido para derribar el miedo y las culpas.

 

Los hilos de colores con los que había tejido las vaginas brillaban sobre el terciopelo de la capa negra que le cubría esa mañana. Los rizos de su cabello y las flores de su vestido contrastaban junto a las plantas. Caminaba segura entre los árboles que rodean su casa en la que vive más de un año y medio. Las telas se arrastraban sobre el césped, Camila (IG), artista plástica y directora de arte de 31 años, me invitó a pasar a su lugar de creación. Había llegado a su casa para desaprender sobre los tabúes impuestos por la sociedad hacia la vagina y aprender esta nueva historia inspirada en motivar a más mujeres hacia un conocimiento de su sexualidad y un empoderamiento de sus capacidades creadoras.

“Lo primero que hago cuando doy un taller es darles esto”. Tres espejos, conectados por un hilo, eran la herramienta que les serviría a las mujeres, que asisten a sus talleres, para explorarse y conocerse a profundidad sus cuerpos y con detenimiento contemplar sus vaginas.

“Hay veces que no saben dónde se encuentra el clítoris y es un aprendizaje de conocernos desde cero, anatomía”- decía Cami. Antes de continuar mostrándome su trabajo, me invitó a tomar un café. En el jardín, unos hilos amarillos habían sido tejidos por la artista para el altar del día de su boda. En el segundo piso, sobre su taller, el área social de su casa preserva objetos especiales.

La lámpara que perteneció a su madre y padre decora una de las esquinas. Muebles de sus abuelos y regalos de matrimonio ocupan las paredes del lugar como Nuestra Señora de los Favores, de Gisella Iturralde, que -en una posición infinita- carga en un par de baldes los interminables favores para sus feligreses. Sobre una fotografía panorámica del Altar de Andrés López estaba la obra ‘Lo que le pasa a una, nos pasa a todas’.

 

 

Un conjunto de vaginas hechas en cerámica presentada en la muestra Mujeres Difíciles con luces que se activaban al momento de apoyar una pistola sobre los sensores. Su aro de matrimonio, inspirado en las formas de la arena, las conchas y el ir y venir de la marea confirmaban de su amor por el poder del mar.

 

 

En su casa tiene un altar que, compuesto por hermosas piedras, transmiten su confianza hacia la creación. “El mar es sanador”, sonreímos con esa conclusión.
Mientras tomaba sorbos de un café amargo, la artista me contaba sobre los motivos que le llevaron a dejar su trabajo de publicidad. “Me sentía como el Cotopaxi” me dijo. Haciendo referencia a su malestar cuando tuvo que tomar pastillas para calmar sus dolores de una lesión de la espalda y el hombro. Su dolor fue tal, que también lo inmortalizó en una serie de dibujos.

 

 

 

En su taller, me mostró su primer bordado. Tejer siempre ha estado en los momentos importantes de su vida. En el vestido de su boda y en todos los días que junta los hilos para crear formas. “Nunca aprendí con tutoriales, siempre probé y me di las maneras de inventarme mis propios puntos”.
Me contó que siempre trabajó con fibras y también ha probado tejer con las manos. Sin embargo, me decía que juntar el terciopelo con los bordados más los detalles de mullos, da como resultado telas decoradas para sentirse como una reina, según la artista.

“Yo veo esto y pienso en un pavo real” dijo. “Un día me levanté y dije quiero hacer ropa increíble para mujer” ahí aprendió a hacer patronaje, en adelante tiene la premisa de que todo lo que hace lo piensa como si fuera hecho para ella.

 

 

 

Sus proyectos se han ido tejiendo entre ellos. Las vulvas bordadas, por ejemplo, es un viaje de introspección personal y de entender los procesos de cada persona que le pide a la artista un bastidor con una vulva de colores. Es una conversación cercana con quienes le solicitan. La artista, junto al cliente, elige los tres colores en una especie de entrevista de manera casi visceral. Al final del proceso, la artista les pide a los dueños de la obra ponerle un nombre a su vulva y así concluye el proceso con sentido. Camila me contaba que su obra busca provocar para hablar.
“Cuando yo era chiquita, una profesora nos dijo que la masturbación era normal. Y en mi casa pensaban diferente entonces crecí con una traba mental’.

 

 

Los ‘Vulva Workshop’ de Camila son un espacio para normalizar los cuerpos, es un sitio para aprender a mirarse y a valorarse. Es un lugar de sanación en el que los círculos de mujeres y hombres comparten sus experiencias para naturalizar y derribar el miedo y las culpas. “Porque la gente muchas veces no puede decir ni siquiera la palabra vulva”. Los atrapasueños volaban con el aire de medio día. Noctura y Saltashpa, sus mascotas, nos acompañaban a ver las plantas que Cami tenía en la entrada de su taller. Paseamos un rato más por el jardín era el final del viaje. En todos los mensajes entendí lo importante de conectarse con lo que se crea.

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Colaboración para pintar las cicatrices

Colaboración para pintar las cicatrices

Era la madrugada. Antes de que las almas despierten y llenen las calles fui hasta donde @concdecaro para preparar el material. Habíamos elegido el muro del ‘sucédeme’ para pintar de color las cicatrices. La palmera era mi reloj. El cielo me daba referencia de la hora, mientras Caro se divertía pintando sus letras sobre la foto.

El papel impreso era una espiral con la rosa náutica, las escaleras de servicio de la Villa Vizcaya de a poco contrastaba con las sombras de los primeros rayos de la mañana: el blanco sobre el blanco, el color de su paleta y la caligrafía. Extendían el soporte fotográfico hasta el infinito.

 

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Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

La artista en su taller, acompañada de su mascota, restauraba una plomada parte de su última muestra sobre la memoria de los espacios demolidos. El Perro de Loza ya es un referente del arte en Quito.

A la artista ecuatoriana Natalia Espinosa la cerámica le sirve para expresarse y hablar. En su última muestra ‘Esto será demolido’, presentada en noviembre pasado, en la Galería N24, su mensaje recaía sobre la memoria. Era un gesto simbólico a varias casonas construidas entre los años 1950 y 1970, que no cuentan con una protección legal y que por el crecimiento de la ciudad están siendo demolidas.

 

 

Ya son más de tres años desde la primera vez que llegué a su taller. El Perro de Loza, su espacio de producción, ha crecido al igual que sus plantas. Un hermoso jardín de enredaderas es el abrebocas del lugar. El túnel de plantas invita al jardín posterior de la casona ubicada en el barrio La Floresta, lugar seleccionado por la artista para producir y crecer. Esa mañana la encontré arreglando un detalle en una plomada cilíndrica que era parte de las piezas de su última muestra. Los elementos arquitetónicos y los patrones con los que está trabajando Natalia me llevaron a conectar aun más con su obra. Sobre una de las gradas, a manera decorativa y entre las plantas un bloque calado había sido rescatado. Antes de sentarnos en una de las mesas del jardín preparó un café. Mientras lo preparaba me indicó parte de su taller, que también funciona como galería. Es imposible no maravillarse con cada detalle de todo el trabajo que este tiempo ha venido construyendo. A más de todas sus piezas de cerámica un par de móviles volaban por los aires.

Natalia formó parte de la primera generación de arte de la Universidad Católica. Continuó su formación en el departamento de cerámica en Gerrit Rietvelt Academie de Amsterdam. Tiene un masterado en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina.
En su taller el horno es un elemento importante. El fuego tiene la última palabra, tanto en el bizcocho como en el acabado final. Su continuo contacto con los otros elementos como la tierra y el agua y su sensibilidad para crear con el viento hacen que el trabajo de Natalia contenga mucha carga energética. En su vida diaria plantar y nadar son dos de sus prácticas favoritas.

En su taller un cactus gigante crece en una de sus macetas de formas y patrones. En una de las esquinas un sapo al acecho, un conejo en pleno salto y un cerdo vago cuelgan del techo. Todo esto sólo pasa en el mundo de Natalia Espinosa, del Perro de Loza.

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La mirada espejada de un universo verde

La mirada espejada de un universo verde

Por: Caro I.
Fractales no se puede explicar por medio de las teorías clásicas, fenómenos naturales, interpretados desde una visión arquitectónica, incluso matemática. Este orden, espejado, de la naturaleza, con su inmensa belleza, se deja capturar por el lente con precisión y sensibilidad. El trabajo artístico se plasma en formatos nuevos: ideas concebidas a partir de la exploración del mundo desde un lugar muy personal: viajes y vivencias que se cuentan, se entretejen y se reflejan entre ellas.

 

 

 

 

 

El valor infinito de traer hasta aquí la paz que habita en los lugares que no han sido tocados por el caos de la ciudad, con pulcritud y armonía, haciéndonos sentir que habitamos, por un momento, esos lugares, y de conmovernos con la idea de que lejos de nuestra realidad habitan miles de pequeñas cosas, que vistas de nuevos ángulos nos muestra lo que en realidad son: muy grandes. Es volver a la emoción y salir por un momento del concreto de nuestros días.
El color, la idea de que podemos sumergirnos en estas imágenes como en esas de los libros de ilusiones ópticas me recuerda a mi niñez. Asombrarse una vez más con el poder de la naturaleza: toda su magia esta ahí, en la piel de una hoja infinitamente multiplicada. De pronto ya no es sólo el reflejo infinito de todas estas imágenes, sino perderse en sus centros sutilmente absorbentes, y verse reflejado uno mismo, la propia piel infinitamente multiplicada.

 

 

 

 

 

Por: Estefania C – Lifestyle KIKI
La naturaleza estuvo aquí mucho antes que nosotros. Su sabiduría es de innumerables vidas, y su conocimiento es tan amplío como la cercanía que podríamos tener a ella si nos brindamos la posibilidad de de acercarnos. En silencio, con calma y explorar aquello que damos por sentado para darnos maneras de dialogar con ellas. Fractales es una conversación íntima que invita a sensibilizar sobre aquello que normalmente no observamos; para llevarla a espacios ilimitados. Como un recordatorio de lo que nos rodea, lo que damos por sentado… y brindarnos la oportunidad de explorar, aunque sea por instante, la belleza de sus infinitos tejidos.

 

 

 

 

 

Por: Peter Ronquillo – El Nodo Gye
Edgar crea con Factales otra dimensión, una puerta que nos permite conectarnos con la tierra y la naturaleza. Puede ser el momento más importante de nuestra existencia, para darnos cuenta de lo alejados que estamos de la naturaleza, así como saber que tenemos la oportunidad de traspasar por un nuevo portal y convertirnos en la voz de la madre tierra. El ritmo, la sensibilidad y la fragilidad son expuestos de manera muy acertada y sencilla, donde su estética arquitectónica y su propia historia se ve reflejadas en cada detalle.

 

 

 

Por: Camila M.
Una mirada desde la perfección de lo geométrico y lo sagrado.
La fragmentación y composición de cada una de las imágenes no solo invita a la contemplación sino a la indagación personal que nos permite como espectadores re interpretar el sentido de la naturaleza a través de la mirada del artista. Estas imágenes de hojas transformadas sugieren un sinfín de posibilidades a través de texturas y colores. Evocando sensaciones por medio de imágenes casi psicodélicas que demuestran lo perfecto y lo esencial de la naturaleza.

 

 

 

 

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En sus obras había  belleza, en la vida que florecía entre la quietud de la muerte

Gonzalo Zurita prepara su muestra el 7 de febrero en Quito. Su trabajo agrupa ilustraciones y óleos que serán presentados en su individual: Kuroi Iro. En su taller el tiempo parece desvanecerse. Conversar con el artista me permitió entender el origen de una instalación que experimenté hace tiempo.

Vi una obra de Gonzalo Zurita frente al cine Ocho y medio en La Floresta. Un muñeco hecho de papel que esperaba sentado en la vereda. Completamente inmóvil. Esa mañana Gonzalo, junto a un par de colegas amigos, habían montado su obra en la planta baja de su edificio para recibir a la gente que caminaba para conocer los talleres.

Habían pasado los meses y habíamos cuadrado con Gonzalo para documentar su espacio de trabajo y su vida. Sobre el escritorio donde dibuja estaban las maquetas de los personajes de papel: sentados e inmóviles. Sonreí al saber de su origen.

En el lugar vive más de un año y medio. Un edificio relativamente nuevo, construido en el tradicional barrio quiteño de La Floresta.

Desde su balcón se veían las casonas familiares. Piscinas y hermosos tejados que mezclados con los jardines subsisten emplazadas en varias cuadras.

La pared negra de la sala del artista permitía que las obras resalten. Entre su colección la obra en bastidor circular pintada por Freddy Guaillas.


Varios dibujos de Zurita se encontraban colgados en las paredes de su departamento. Ilustraciones con hermosos detalles hechos a lápiz.
En sus obras había belleza en la vida que florecía entre la quietud de la muerte.
El artista me contaba que varios de sus dibujos y óleos serán expuestos en su muestra individual Kuroi Iro el 7 de febrero en Delirium.

El dormitorio del balcón había sido dispuesto como su taller.

Sobre su escritorio estaban las lustraciones que prepara como encargo para el libro de un amigo.

Los lápices 6B, 2B y HB son los más usados por Gonzalo para producir. Las máscaras en grafito son otra serie que Zurita ha venido trabajando hace meses.

En otro rincón una representación en óleo de ‘Las Moiras’ abrió a la puerta hacia el sentido del destino. Las tres mujeres miraban mi lente mientras Gonzalo me relataba la historia griega.

Los tres personajes que atados al cosmos representaban el destino y el hilo de la vida se encontraban enmarcadas en una moldura a temporal.

El niño en la red, pintado sobre una tarjeta de televisión de los ochentas re apareció luego de haberla visto hace meses en los talleres abiertos. Al igual que la masa de carne que Zurita había pintado luego de un estudio de la masa móvil, cuerpo en movimiento, ser carnificado.

Sus formatos

Una maqueta rompía los soportes de trabajo del artista, al igual que un esquema- un juego interactivo para grandes, como lo llamó el artista. La elección de soportes parecía variar con libertad.

Desde 2017, Zurita venía pintando trípticos de óleo sobre bastidor en formatos de orden a típicos. También inició una serie donde el lienzo se recoge sobre el bastidor para crear texturas que se complementan con personajes a pequeña escala que parecerían estar en el horizonte.
Habían pasado horas de buena conversación. Antes de irme Gonzalo me indicó algunos dibujos que mantenía guardado en un mueble del corredor. Era como sus tesoros. Hermosas ilustraciones a lápiz donde el detalle encantaba.

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Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Entre sus proyectos académicos actuales como docente e investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central del Ecuador están: el fortalecer la autenticidad de los ecuatorianos a través de un replanteamiento de la línea ecuatorial y su franja, así como desarrollar un mapeo de información georeferenciada de los centros históricos de Quito, Cuenca, Latacunga y Manta, buscando con ello verificar posibles trazados precoloniales de estas ciudades, borrados o ignorados por las falsas bondades del colonialismo.

La primera conversación que tuve con Oswaldo Páez Barrera fue cerca del patio central de la facultad en la cual se graduó y hoy dicta las materias de Teoría e Historia de la Arquitectura. La mañana del 27 de octubre tuvimos una larga y distendida charla cubiertos bajo uno de los techos de los corredores del edificio, en la cual me comentaba sobre los mencionados proyectos de investigación que tiene en marcha.

Con un PhD en Teoría e Historia de la Arquitectura y con un Master en Historia, Arte, Arquitectura y Ciudad otorgado por la Universidad Politécnica de Catalunya, Oswaldo ha desarrollado sus especialidades aplicándolas a la crítica del arte, de la arquitectura, la ciudad y los territorios, desde posiciones contemporáneas y polémicas. La mayoría de sus publicaciones versan sobre estos temas. Por ejemplo, su libro: X bienales, XX momias y XXX dólares, (UISEK, 2012) es un compendio de ensayos y artículos analíticos sobre las 11 primeras bienales internacionales de arte que se realizaron en Cuenca y que entregan al lector la única versión contestataria de ese evento. Este libro, años posteriores, fue censurado.

El siguiente encuentro con Oswaldo fue para admirar sus pinturas y dibujos que cuelgan de las paredes de la Quinta Huasipungo, ubicada en Guápulo, Ecuador. La casona fue adquirida por el artista luego de ser la sede de la Embajada de Bélgica. El inmueble, fue construido en el siglo XIX en un estilo neoclásico mestizo, se encuentra patrimonializada y atesora intactas su materialidad y espacialidad.

Mientras conversaba con el artista los olores se deprendían de la cocina. En el lugar los jarrones estaban llenos de flores frescas y las paredes de la casona cubiertas por una poderosa colección de dibujos y pinturas que dan cuenta de la sensibilidad antisistémica de su autor.

Sobre algunos de los carteles que conserva en su colección, me decía Oswaldo, fueron parte de la producción iconográfica de los años setenta, cuando formó parte del movimiento comunista del cual fue expulsado por discrepancias ideológicas. Recuerda, con una sonrisa irónica, que en esos años las infiltraciones del enemigo llevaron a que los grupos de universitarios izquierdistas se enfrentaran entre ellos, mientras los poderes dominantes seguramente se reían.

El recorrido de su casa es la recopilación de parte de su producción artística. En las áreas sociales se exhiben cuadros con fuertes trazos contrastados con una intensa paleta de azules. En los lugares más íntimos las paredes contienen obras que representan los paisajes urbanos de Cuenca y también autorretratos realizados por el artista en varios momentos de su vida. Junto a sus pinturas se puede ver caricaturas de viejos amigos y cuadros de colegas cercanos, todo ello reflejando la sensibilidad y el pensamiento social y político de Oswaldo Páez Barrera.

El patio andaluz de la casona revestido con baldosa hidráulica, tiene una pileta en el centro desde donde los pájaros toman agua. A pocos metros una sala, detrás de un ventanal por donde pasa el sol y se ve la cúpula y espadaña de la iglesia de Guápulo, nos dispusimos a conversar sobre su vida y su obra. En su producción pictórica, como en sus publicaciones, existe humanidad, una conciencia solidaria, igualitaria y libertaria. Para Oswaldo, la mayoría de la gente no merece la situación en la que vive, él piensa que es posible un nuevo país en donde primen la justicia y la libertad.

Su casa, rodeada de plantas, jardines y árboles patrimoniales la comparte con su esposa, la abogada Ximena Vintimilla Moscoso y las dos hijas: Carmen y Laura. El ingreso frontal a la Quinta Huasipungo –nombre del lugar desde el s. XIX– es por la calle Leónidas Plaza y su desnivel en la parte posterior que se abre hacia el río Machángara permite entrar desde la Av. De los Conquistadores. Este lugar es un sitio privilegiado por la vista hacia los valles y el paisaje que le rodea. En el camino de entrada, Oswaldo ha colocado una serie de esculturas que replican obras de las culturas Jama Coaque, traídas desde La Pila y que fueron ubicadas en los arcos de medio punto de uno de los grandes muros de contención que tiene la Quinta.

En el área privada, las habitaciones están conectadas a una terraza techada que permite mirar hacia el cerro Auqui y hacia el jardín posterior de la casa, adornada con otra pileta de piedra junto a la palmera registrada por el Municipio como la más alta de la ciudad.

Los jardines de la parte posterior albergan una pequeño estudio, separado de la casa en donde Oswaldo pinta. Un tríptico de gran formato, aun en proceso revela los trazos actuales del artista.