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La mayor colección de oro precolombino está en Colombia

La mayor colección de oro precolombino está en Colombia

El Museo del Oro de Bogotá, con cómodos accesos, amplios pasillos y hermosas salas, es uno de los más visitados de Colombia, recibe alrededor de 1.600 asistentes diarios. El edificio, diseñado por la firma de arquitectos Esguerra, Sáenz, Suárez, Samper y ganador del primer premio en la VI Bienal Colombiana de Arquitectura de Colombia en 1970, guarda más de 30.000 piezas de oro y 20.000 piezas de cerámica de la época precolombina.

El edificio ubicado en una esquina del Parque Santander en el centro de Bogotá, con sus enormes paredes de mármol blanco de cara a la ciudad, luce sobrio. Por dentro, resguarda hermosas piezas elaboradas, tanto en oro como en tumbaga, aleación oro y cobre, de la colección de orfebrería precolombina más grande del mundo; así como también importantes piezas de cerámica, concha, hueso y madera.
El recorrido despierta los sentidos. El Poporo Quimbaya, adquirido en 1939 por el Banco de la República y con el cual se dio inicio a la preservación de este legado en Colombia, luce imponente en su urna de cristal. La pieza de uso ceremonial, elaborada cerca del año 200 aC, servía para almacenar la cal utilizada en la masticación ritual de hojas de coca en las ceremonias de los Quimbaya. El Poporo es una pieza que causa admiración por estructura, sus armónicas proporciones y su fantástica manera de elaboración.
“Su técnica, la fundición a la cera perdida con núcleo, “una tecnología especial que se utilizó para realizar piezas complejas que requirieran un manejo especial del color, hacer recipientes con interiores vacíos y para crear impresiones decorativas”
La cosmovisión de los pueblos aborígenes está plasmada en cada pieza, en cada forma, en cada calado o repujado. Jaguares, caracoles de mar y serpientes elaborados en pectorales, collares y máscaras para la otra vida son símbolos, que en su conjunto, son un lenguaje completo. Mensajes de otros tiempos que entran a nuestro consciente, o subconsciente, a través de la vista.
“El Museo del Oro es sui géneris. No se originó como gabinete de curiosidades legado por un coleccionista filántropo, ni se desarrolló después como museo arqueológico, ni como museo de historia natural, como casi todos los de su género en el mundo. Reconstruir su historia es reconstruir la historia de un gran descubrimiento. Colombia no había sido objetivo de grandes expediciones científicas internacionales como las que se organizaron a Grecia, Italia, Egipto, Asia Menor, México o Perú durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, pues en ese país suramericano no había grandes pirámides, ni construcciones ciclópeas, ni los templos fabulosos del mundo antiguo. Había oro labrado, pero el labrado no interesaba. Lo que importaba era su peso y su pureza, para ponerlos en el mercado convertidos en lingotes. Un día se puso en el mercado, no un lingote sino un jarrón de época precolombina, y se notó que era “de muy perfecta factura”. Se percibió oficialmente que muchos otros objetos precolombinos también eran de muy perfecto estado, y se decidió que trataran de comprarse para preservarlos. En efecto se les empezó a comprar, y pronto hubo una colección que se colocó en escaparates. Fue entonces cuando se produjo el gran descubrimiento. Se reveló algo que hasta entonces sólo habían advertido algunos visionarios nacionales… Se descubrió que eran cosas bellas, asombrosas e intrigantes, cosas que demostraban que la monumentalidad no es cuestión de dimensiones sino de proporciones. Se descubrió que eran grandes obras maestras en miniatura.”
Más datos sobre el museo de oro (click aquí)

 

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Una esquina de Cuenca con mensajes de libertad

Una esquina de Cuenca con mensajes de libertad

Me llamo Río (@rioparkk) y soy de Cuenca- me dijo. Su trabajo esta conectado entre el performance, muralismo y ambientación de espacios. Sus mensajes sobre identidad y sexualidad están ubicados en lugares claves de la ciudad. Este viaje lo hicimos junto a KIKI (link)


Recuerdo haberme topado con la palabra Cuenca varias veces mientras organizaba mi viaje hacia España. Cuenca de España: es una ciudad en el centro-este del país ibérico protegido por una fortaleza medieval. Esta ubicado al tope de una gran roca, en la serranía, rodeada por los ríos Júcar y Huécar. Su característica principal son sus ‘casas colgadas’ estructuras ubicadas al borde de una pendiente.
¿No les suena familiar?


Fotografía obtenida en línea*
Estaba en Cuenca, Ecuador. Eran sus fiestas y Río estaba sentado bajo el mural que había hecho para el hotel Selina. Las líneas que se había dibujado en la cara acentuaban sus facciones. Su hablar se alejaba del acento local. Había vuelto de un largo viaje y su trabajo performance tocaba temas de identidad y sexualidad. Río fue el indicado para llevarnos a un recorrido por varios lugares del hotel.

Re crear

Cerca de una cava se encontraba el taller desde donde se recicló y re creó el hotel. El artista había sido parte del proceso. Junto a unos tableros que habían sido intervenidos, Río se hacía parte del lugar. Sus formas se encontraban en las habitaciones del hotel y se conectaban con algunos muros que había pintado por la ciudad.

Para acercarnos a su trabajo había que caminar.

Ese día Río era nuestro guía. Bordeamos las casas que gracias a la pendiente parecerían estar colgadas, abrazándose unas de otras al filo del río. El centro de la ciudad, aún habitado, es el lienzo perfecto para cargarlo de mensajes. El primer muro que me indicó Río era una colaboración con varios artistas y estaba lleno de formas que conectaban con las líneas que había visto antes.

Esa mañana llovía en la ciudad. El tiempo nos obligaba a detenernos bajo algún balcón, cerca de la entrada de algún negocio, para admirar los detalles de una ciudad que sigue conservando sus líneas y su ideología. A pesar del tiempo en el que va girando el mundo .

Bajo un portal, apenas a una cuadra del Parque Calderon un acordeonista había elegido el mural de Río para ubicarse y distraer a la gente que pasaba escuchando su música y leyendo los mensajes que el artista había dejado plasmado entre infinitas líneas de colores. Ellos se aman / Elles son novies. Un mural de Stefano Espinoza (@stephano_eg) complementaba el mensaje del artista. Mientras nos acercábamos a la zona más céntrica de la ciudad. El Parque Calderon, más marcas de Río. Una serie de stickers con temática queer decoraba una pared cerca de la gran puerta de la Catedral principal.

Cuenca de Ecuador: es una ciudad ubicada en el centro-sur del país sin la protección de ninguna fortaleza. Asentada entre montañas sagradas y cruzada por cuatro ríos con casas al borde de una pendiente. Con mensajes de libertad en sus paredes. La esquina donde es libre amar.

detalle de Río sobre la puerta de una casa Art Decó*

 

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Colaboración para pintar las cicatrices

Colaboración para pintar las cicatrices

Era la madrugada. Antes de que las almas despierten y llenen las calles fui hasta donde @concdecaro para preparar el material. Habíamos elegido el muro del ‘sucédeme’ para pintar de color las cicatrices. La palmera era mi reloj. El cielo me daba referencia de la hora, mientras Caro se divertía pintando sus letras sobre la foto.

El papel impreso era una espiral con la rosa náutica, las escaleras de servicio de la Villa Vizcaya de a poco contrastaba con las sombras de los primeros rayos de la mañana: el blanco sobre el blanco, el color de su paleta y la caligrafía. Extendían el soporte fotográfico hasta el infinito.

 

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El Útero, gestando cultura entre muros históricos

El Útero, gestando cultura entre muros históricos

En una ciudad en donde los espacios públicos son pocos y peligrosos, los lugares en donde se comparte alrededor del arte y la cultura tienden a volverse sitios seguros. Es el caso de El Útero, una casona que ha sido remodelada para convertirse en un referente importante de la ciudad. Después de dos años de gestión este lugar resguarda, acoge y activa, entre sus muros, un importante compendio de ideas y sinergias. La casona, arquitectura de los años 50: arcos de medio punto, perfilería de madera, hierro forjado, columnas y graderíos de madera, chimeneas talladas en piedra, techo de teja y una gran zona verde que la rodea.

 

 

Luz es antropóloga y bailarina. Pierre es escultor. Ellos, amigos y socios, estaban en búsqueda de un espacio para trabajar. Incluso sin un proyecto armado ni una idea definida emprendieron su búsqueda. Una mañana mientras Pierre paseaba a su perro se encontró con esta casona, la cual estaba abandonada. Las dimensiones del espacio y el potencial del lugar los llevaron a emprender este proyecto. “Un espacio socio-cultural que nace para albergar, unir y fortalecer una gran variedad de disciplinas culturales que se integran con el fin de crear sinergias entre artistas…”.
He visitado el lugar para escuchar conciertos, ver películas, presenciar talleres. De a poco el espacio cultural se ha posicionado como un nuevo venue de la ciudad. La recuperación de la casa les tomó varios meses. Fue un proceso en convenio con los dueños y en el cual se involucraron dos socios más. Mediante mingas y trabajo propio fueron recuperando paulatinamente la casona. En ese proceso conocieron a varias personas con las cuales han gestado proyectos que han ido moldeando la personalidad de El Útero. Para Luz es importante intervenir en espacios patrimoniales abandonados, ella cree que las personas se sienten cómodas consumiendo contemporaneidad en un espacio histórico.

 

 

 

 

Escaleras de madera dan la bienvenida al lugar. La altura del techo, la forma de las puertas, el yeso que rodea las lámparas colgantes y otros elementos me transportan al Quito de los años 50. Al costado, en uno de los dormitorios, Luz dispuso su oficina. Su sensibilidad de antropóloga, más que la experticia de gestora, le ha servido para mantener activo el lugar. “Sigo aprendiendo todo el tiempo”. Esteban Albán es el encargado de la parta administrativa y financiera. También lleva la organización y producción de los eventos del sitio. Aunque a nivel económico el proyecto sigue siendo un reto, se mantiene vivo mediante la potencia creadora de colectivos artísticos, músicos y activistas. El Útero quiere orientar su dinámica a niveles barriales y sociales, por ejemplo queremos implementar, a mediano plazo, actividades en horarios de la mañana, dirigidas a niños y a personas mayores. Es un reto potenciar actividades culturales que vayan más allá de la oferta específica del lugar, de la zona o de las actividades asociadas a la noche.
El espacio está abierto a nuevas propuestas que genere momentos de confluencia, seguros y confortables. “La idea es generar puestas que involucren escenógrafos, bailarines, músicos y otras ramas, para a través del recorrido habitar la casa. Como los fue el Psycholab y Liam, dos proyectos multidiscipilinarios que se desarrollaron en el lugar.

 

 

 

Pierre o Pepe, como le llaman sus amigos, es el encargado de la infraestructura del espacio.Sus esculturas creadas con reciclaje se han adaptado para ser parte de la ambientación de la casa. Comparte su taller con cinco personas más. Juntos crean para el lugar y potencian una dinámica de camaradería en donde comparten herramientas para desarrollar sus trabajos personales. Aunque el taller ocupa parte del patio, en pocos meses crecerá para albergar un nuevo espacio de cerámica y una readaptación de la carpintería, además abrirá sus puertas a personas que quieran aprender a construir esculturas con metal reciclado.

“Queremos crecer full más”- me decía Luz, mientras conversábamos sentados en el jardín. La casona rodeada de amplias jardineras permite que las plantas crezcan grandes y a su alrededor y creen sombra. A corto plazo, dentro de los planes del espacio cultural está abrir un restaurante vegetariano a cargo de Giovanna, otra socia del proyecto donde se podrá comer a la sombra de los árboles y bajo una pérgola.

El Útero se encuentra recibiendo propuestas continuamente.
¡Pilas!
Edición:
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Introducción al grabado

Introducción al grabado

Martina Samaniego fue la primera persona a la que entrevisté en su espacio cuando empece con el proyecto de documentar talleres de artistas. Ubicado en las faldas del Ilaló. La gran ventana de su sitio permitía tener una conexión directa con el exterior. Desde el exterior se apreciaba lo hermoso de su taller. Su prensa, la luz y las plantas. La artista comparte sus conocimientos e inspira.

Era la última clase de grabado, el día de entregas. Martina me recibió junto a sus alumnos de la Universidad Católica. En un ambiente distendido. Sin mucha presentación me integré al grupo e intenté pasar desapercibido. Un rápido recorrido dentro del lugar sirvió para entender más sobre la técnica. Las diferencias. Los elementos que se usan en su proceso y los químicos para corroer las placas.

El taller forma parte de la carrera de artes y es una introducción a la técnica. Mientras esperábamos que se complete el grupo. Martina guiaba a los que aun estaban dando los últimos detalles. La prensa hecha en San Bartolo es una de las mejores, según la artista. Permite crear grabados de gran formato.

Los archivadores, elementos que se destacan en el lugar, guardaban trabajos de ésta y otras épocas.
Transmitir conocimientos posiblemente sea la mejor manera de enamorar. Enseñar es una llamado. Martina cerraba el ciclo conversando, uno a uno, hablaban sobre su experiencia. Los trabajos estaban sobre la mesa. El conocimiento aplicado. Para aprender es necesario un lugar sin jerarquías, donde se pueda responder a una pregunta con una sonrisa.

 

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Un bosque de unicornios para descansar

Un bosque de unicornios para descansar

En el bosque nublado hay un lugar donde habitan los unicornios y donde es posible descansar con el sonido de las plantas. Despertarse con lluvia torrencial y un panorama completamente nublado. Gato permitido. Sin señal de celular y con vista a increíbles cascadas. Enormes paredes de agua que generaban una particular sensación térmica en el bosque primario, escondido y silencioso.

Hace mucho tiempo no sentía tanta felicidad al terminar de revelar una fotografía. Las plantas me permitieron sorprenderme con la dinámica de su convivencia: particulares formas, colores intenso e infinitas texturas. A solo 14 kilómetros de la entrada a Mindo, existe un gran bosque primario. Una acogedora casa de madera y cabañas privadas, que tienen como prioridad, resguardar el bosque. En su interior, sus paredes de madera generan la sensación de habitar un árbol. Lo mejor del eco lodge es que está permitido viajar con mascotas, su piscina es de agua natural y sus paredes están decoradas con arte.


En el ‘Abrazo del árbol’ se puede conocer el bosque con diferentes destinos: la cascada o el río. La caminata hacia el río me llevó a un encuentro con nuevas formas: hojas, tallos , flores y frutas. Plantas tropicales. En el largo contacto con el agua me distraje fotografiando las montañas y el tránsito de las nubes.
El camino hacia la cascada me llevó al mundo encantado de unicornios. Los peces de la laguna. Hermosos seres de colores creciendo sobre otras plantas y columpios sobre el agua.

 

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La mirada espejada de un universo verde

La mirada espejada de un universo verde

Por: Caro I.
Fractales no se puede explicar por medio de las teorías clásicas, fenómenos naturales, interpretados desde una visión arquitectónica, incluso matemática. Este orden, espejado, de la naturaleza, con su inmensa belleza, se deja capturar por el lente con precisión y sensibilidad. El trabajo artístico se plasma en formatos nuevos: ideas concebidas a partir de la exploración del mundo desde un lugar muy personal: viajes y vivencias que se cuentan, se entretejen y se reflejan entre ellas.

 

 

 

 

 

El valor infinito de traer hasta aquí la paz que habita en los lugares que no han sido tocados por el caos de la ciudad, con pulcritud y armonía, haciéndonos sentir que habitamos, por un momento, esos lugares, y de conmovernos con la idea de que lejos de nuestra realidad habitan miles de pequeñas cosas, que vistas de nuevos ángulos nos muestra lo que en realidad son: muy grandes. Es volver a la emoción y salir por un momento del concreto de nuestros días.
El color, la idea de que podemos sumergirnos en estas imágenes como en esas de los libros de ilusiones ópticas me recuerda a mi niñez. Asombrarse una vez más con el poder de la naturaleza: toda su magia esta ahí, en la piel de una hoja infinitamente multiplicada. De pronto ya no es sólo el reflejo infinito de todas estas imágenes, sino perderse en sus centros sutilmente absorbentes, y verse reflejado uno mismo, la propia piel infinitamente multiplicada.

 

 

 

 

 

Por: Estefania C – Lifestyle KIKI
La naturaleza estuvo aquí mucho antes que nosotros. Su sabiduría es de innumerables vidas, y su conocimiento es tan amplío como la cercanía que podríamos tener a ella si nos brindamos la posibilidad de de acercarnos. En silencio, con calma y explorar aquello que damos por sentado para darnos maneras de dialogar con ellas. Fractales es una conversación íntima que invita a sensibilizar sobre aquello que normalmente no observamos; para llevarla a espacios ilimitados. Como un recordatorio de lo que nos rodea, lo que damos por sentado… y brindarnos la oportunidad de explorar, aunque sea por instante, la belleza de sus infinitos tejidos.

 

 

 

 

 

Por: Peter Ronquillo – El Nodo Gye
Edgar crea con Factales otra dimensión, una puerta que nos permite conectarnos con la tierra y la naturaleza. Puede ser el momento más importante de nuestra existencia, para darnos cuenta de lo alejados que estamos de la naturaleza, así como saber que tenemos la oportunidad de traspasar por un nuevo portal y convertirnos en la voz de la madre tierra. El ritmo, la sensibilidad y la fragilidad son expuestos de manera muy acertada y sencilla, donde su estética arquitectónica y su propia historia se ve reflejadas en cada detalle.

 

 

 

Por: Camila M.
Una mirada desde la perfección de lo geométrico y lo sagrado.
La fragmentación y composición de cada una de las imágenes no solo invita a la contemplación sino a la indagación personal que nos permite como espectadores re interpretar el sentido de la naturaleza a través de la mirada del artista. Estas imágenes de hojas transformadas sugieren un sinfín de posibilidades a través de texturas y colores. Evocando sensaciones por medio de imágenes casi psicodélicas que demuestran lo perfecto y lo esencial de la naturaleza.

 

 

 

 

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Yo sólo se tejer

Yo sólo se tejer

La columna vertebral de una mujer estaba partida en dos. Crecía junto a las plantas y le resaltaba el rojo. Pamela Suasti aprendió a tejer a los 15 años junto a su madre y ese día tenía a su ‘Alma’ en el hombro. Un traje hecho de hilo en crochet que le cubría completamente el cuerpo y le tomó un año hacerlo. Luego de experimentar la pintura, el arte instalación y otras técnicas, descubrió en el tejido su camino para comunicar. Una continua e intensa producción ha desencadenado en Pamela una tendinitis en su brazo derecho y una distonia del escribano en su otra mano. Es un temblor en la mano cuando escribes’ –me decía.

En su dormitorio que usa para crear, cuelgan las lanas de fibras naturales. Hilo de chillo que proviene de una planta que según Pamela le otorga el nombre al Valle de los Chillos. Lanas de colores a las que Pamela diferencia con solo verlas. Se las siente entre el algodón y el acrílico. Entre oveja o alpaca. La hilada a mano o la que es teñida artesanalmente. Se debe sentir de cerca eso de girar en espiral el material para entender como los nudos se entrecruzan unos con otros. Suasti aprendió a hilar, torcelar, teñir y otros procesos en Perú. ‘Voy coleccionando las lanas solo por su color o características’- decía.

Desde 2015 en adelante Pamela ha sido llamada por el hilo rojo. Su ilustración se complementa con el bordado. Una serie de doce piezas de auto retratos en los que Pamela trabaja solamente con el hilo rojo. Sus ilustraciones brillan con los nudos sobre el papel del intenso rojo. Auto retratos de la artista y sus pasatiempos que le sirvieron de terapia, están atravesados con los nudos, al igual que las serie: ¿Qué habré hecho yo?. Siete cartas de amor inspiradas en un dolor emocional que le causó una relación pasada. Mensajes de texto que ahora están cubiertos o tachados. Palabras de dolor que Pamela debió haber leído una y mil veces mientras con paciencia las bordaba. Es como tratar de anular todas esas palabras. ‘Transcribir lo que el man me decía, si fue un poco denso’.Para la artista el rojo comunica de una mejor manera: la intimidad y la tristeza. Existen leyendas del hilo rojo que nos dicen que estamos conectados como una red gigante. ‘La vida tiene la forma de un tejido gigante, posiblemente’- me decía. De su armario sacaba con cuidado la ‘Carta de amor’. Una instalación que había tejido sus hilos a un corazón hecho de tela, que lo había puesto en el piso y había tensado los hilos con alfileres al corazón. La carta repetía la frase: ya no quiero sentir este hueco en el pecho que me desgarra el alma. Según Suasti el dolor le ha permitido conectarse con más personas que se identifican con sus procesos.

Una señora que no sabía leer ni escribir le había dicho a Pamela: ‘yo no se hacer nada, solo sé tejer’. Eso le inspiró para nunca más dejar de tejer y para llevar tatuado una madeja en la piel.

 

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Uno de los jardines más lindos del mundo está en Quito

Uno de los jardines más lindos del mundo está en Quito

Hace pocas semanas el diario The Guardian calificó al Jardín Botánico de Quito entre los 10 lugares de plantas más lindos del mundo. Según el medio, su amplia colección de orquídeas y la visita de quindes y mariposas hacen del lugar un must para visitar en la ciudad.

Existe una forma muy particular para conectarse con las plantas. La contemplación es un método efectivo para entablar una relación con los seres milenarios. En su comportamiento y convivencia está la clave para que los humanos con conciencia y raciocinio encontremos un significado más profundo de vida. Cuidar una planta es sentir el tiempo. Enamorarse de sus particularidades es llevar al gusto más allá de la forma. Mirarlas es afinar el ojo.

Hace pocas semanas el diario The Guardian nombró al Jardín Botánico de Quito entre 10 jardines más hermosos del mundo.Su historia se remonta a 1989 cuando el Municipio de Quito autorizó el uso del antiguo vivero para la creación del Jardín Botánico de la ciudad ubicado en el Parque La Carolina. Su construcción ha venido desarrollándose por etapas.

En 1995 gracias al aporte de Gisela Neustaetter se construyó el palacio que alberga una importante colección de orquídeas. En 1996, Judith Evans Parker, arquitecta paisajista, entregó el master plan para el desarrollo del parque. En 2004 el Municipio de Quito inició un proceso de rehabilitación para finalmente el 25 de febrero de 2005 abrir las puertas al público.

En enero de 2018 como parte de la conmemoración del centenario de relaciones entre Japón y Ecuador se inauguró una extension de 1 600 metros cuadrados en los que se puede disfrutar de azaleas, cerezos chinos, bonsais, arupos, hortensias, entre otras plantas provenientes de Asia. En el lugar también existe una estructura de bambú donde es posible darse el todo el tiempo para contemplar.

In the very pleasant Parque Carolina, the unsung Jardin Botánico Quito is a lovely place to visit. Its collection includes a wide selection of the plants found in one of the most biodiverse countries on the planet, with a major highlight being the orchid house, which contains a good range of Ecuador’s several thousand varieties. As well as spectacular bromeliads, fuchsias and native fruit trees, there are many butterflies and birds to be seen, including many hummingbird species.
Peter Myers
THE GUARDIAN

En el agradable Parque Carolina, el poco conocido Jardín Botánico Quito es un lugar encantador para visitar. Su colección incluye una amplia selección de las plantas que se encuentran en uno de los países con mayor biodiversidad en el planeta, entre las que destacan las orquídeas, en el lugar existee una buena variedad de las miles que hay en Ecuador. Además de espectaculares bromelias, fucsias y árboles frutales nativos, hay muchas mariposas y aves para ver, incluyendo muchas especies de colibríes.

 

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Empoderarse para crear

Empoderarse para crear

Camila Morejón rompe tabúes a partir de la normalización de los cuerpos, sobre todo de los femeninos. Aprender acerca de sus bordados es aprender a mirarse y a valorarse. La artista y diseñadora de espacios utiliza la herramienta de tejido para derribar el miedo y las culpas.

 

Los hilos de colores con los que había tejido las vaginas brillaban sobre el terciopelo de la capa negra que le cubría esa mañana. Los rizos de su cabello y las flores de su vestido contrastaban junto a las plantas. Caminaba segura entre los árboles que rodean su casa en la que vive más de un año y medio. Las telas se arrastraban sobre el césped, Camila (IG), artista plástica y directora de arte de 31 años, me invitó a pasar a su lugar de creación. Había llegado a su casa para desaprender sobre los tabúes impuestos por la sociedad hacia la vagina y aprender esta nueva historia inspirada en motivar a más mujeres hacia un conocimiento de su sexualidad y un empoderamiento de sus capacidades creadoras.

“Lo primero que hago cuando doy un taller es darles esto”. Tres espejos, conectados por un hilo, eran la herramienta que les serviría a las mujeres, que asisten a sus talleres, para explorarse y conocerse a profundidad sus cuerpos y con detenimiento contemplar sus vaginas.

“Hay veces que no saben dónde se encuentra el clítoris y es un aprendizaje de conocernos desde cero, anatomía”- decía Cami. Antes de continuar mostrándome su trabajo, me invitó a tomar un café. En el jardín, unos hilos amarillos habían sido tejidos por la artista para el altar del día de su boda. En el segundo piso, sobre su taller, el área social de su casa preserva objetos especiales.

La lámpara que perteneció a su madre y padre decora una de las esquinas. Muebles de sus abuelos y regalos de matrimonio ocupan las paredes del lugar como Nuestra Señora de los Favores, de Gisella Iturralde, que -en una posición infinita- carga en un par de baldes los interminables favores para sus feligreses. Sobre una fotografía panorámica del Altar de Andrés López estaba la obra ‘Lo que le pasa a una, nos pasa a todas’.

 

 

Un conjunto de vaginas hechas en cerámica presentada en la muestra Mujeres Difíciles con luces que se activaban al momento de apoyar una pistola sobre los sensores. Su aro de matrimonio, inspirado en las formas de la arena, las conchas y el ir y venir de la marea confirmaban de su amor por el poder del mar.

 

 

En su casa tiene un altar que, compuesto por hermosas piedras, transmiten su confianza hacia la creación. “El mar es sanador”, sonreímos con esa conclusión.
Mientras tomaba sorbos de un café amargo, la artista me contaba sobre los motivos que le llevaron a dejar su trabajo de publicidad. “Me sentía como el Cotopaxi” me dijo. Haciendo referencia a su malestar cuando tuvo que tomar pastillas para calmar sus dolores de una lesión de la espalda y el hombro. Su dolor fue tal, que también lo inmortalizó en una serie de dibujos.

 

 

 

En su taller, me mostró su primer bordado. Tejer siempre ha estado en los momentos importantes de su vida. En el vestido de su boda y en todos los días que junta los hilos para crear formas. “Nunca aprendí con tutoriales, siempre probé y me di las maneras de inventarme mis propios puntos”.
Me contó que siempre trabajó con fibras y también ha probado tejer con las manos. Sin embargo, me decía que juntar el terciopelo con los bordados más los detalles de mullos, da como resultado telas decoradas para sentirse como una reina, según la artista.

“Yo veo esto y pienso en un pavo real” dijo. “Un día me levanté y dije quiero hacer ropa increíble para mujer” ahí aprendió a hacer patronaje, en adelante tiene la premisa de que todo lo que hace lo piensa como si fuera hecho para ella.

 

 

 

Sus proyectos se han ido tejiendo entre ellos. Las vulvas bordadas, por ejemplo, es un viaje de introspección personal y de entender los procesos de cada persona que le pide a la artista un bastidor con una vulva de colores. Es una conversación cercana con quienes le solicitan. La artista, junto al cliente, elige los tres colores en una especie de entrevista de manera casi visceral. Al final del proceso, la artista les pide a los dueños de la obra ponerle un nombre a su vulva y así concluye el proceso con sentido. Camila me contaba que su obra busca provocar para hablar.
“Cuando yo era chiquita, una profesora nos dijo que la masturbación era normal. Y en mi casa pensaban diferente entonces crecí con una traba mental’.

 

 

Los ‘Vulva Workshop’ de Camila son un espacio para normalizar los cuerpos, es un sitio para aprender a mirarse y a valorarse. Es un lugar de sanación en el que los círculos de mujeres y hombres comparten sus experiencias para naturalizar y derribar el miedo y las culpas. “Porque la gente muchas veces no puede decir ni siquiera la palabra vulva”. Los atrapasueños volaban con el aire de medio día. Noctura y Saltashpa, sus mascotas, nos acompañaban a ver las plantas que Cami tenía en la entrada de su taller. Paseamos un rato más por el jardín era el final del viaje. En todos los mensajes entendí lo importante de conectarse con lo que se crea.

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Sevilla y la luz

Sevilla y la luz

Llegar a un espacio es entender por donde entra la luz. Pocas veces viajo con iluminación artificial. Existe un gusto particular por las texturas orgánicas que la luz del sol crea sobre las fachadas y los colores que se forma al reflejar sobre superficies de otros colores. Esta serie es un recorrido por Sevilla. La hermosa ciudad influenciada por la cultura musulmana donde el gran dios amarillo re cubre sus paredes.
Feliz re inicio de ciclo.
¡Bienvenidos al viaje!

 

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La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

Las formas abstractas del artista ecuatoriano Roberto Rivadeneira se mostraron en su ‘soloshow’ llamado Transiciones. La galería A7MA expuso el 16 de marzo la muestra compuesta por 12 piezas con técnicas que incluyó: acrílico, escultura y serigrafía.

Una tarde recibí la llamada de Urku. El artista planeaba un viaje a Brasil y necesitaba registrar su obra. Cuadramos un día y fui hasta su casa. Era en las afueras de la ciudad donde los árboles crecen cubriendo las fachadas de las casas y los jardines adornan las estructuras. El sol explotaba y Roberto Rivadeneira, también conocido como Urku me esperaba junto a la puerta de la casa. Relajado. Me invitó a pasar al espacio donde había adecuado esos días para pintar. El lugar junto a la piscina emanaba una particular humedad. La luz atravesaba la claraboya del techo y llegaba a uno de los lienzos del artista. El espacio temporal creado por Urku tenía todo lo necesario para producir.

Algunos bocetos estaban pegados en la pared. Las formas abstractas sobrepuestas tenían un paleta con el que el artista venía trabajando de hace poco. Luego de explorar por meses con tonos violetas, plantas y un arte más figurativo. Decidió evolucionar luego de dos años tras un viaje a Atenas.

Con detenimiento despegaba del lienzo una cinta de papel que mostraba su línea prolija. ‘También me dedico a hacer aplicaciones. Pronto viajaré a Mexico a visitar un cliente’. me decía, mientras retocaba ciertas partes de la obra. Éste año su nueva serie llegó a Sao Paulo por un amigo que conoció en Berlín donde tenía su estudio. El 16 de marzo en la galería @a7magaleria de Sao Paulo se presentó su muestra: Transiciones.

Su arte se acopla a los entornos.
‘Trabaja con las formas y el color creando espacios planos en formas que se interponen unas con otras’- Gaby Moyano.

*foto registro del artista

En su trayectoria ha trabajado con muralismo. ‘Hago full trabajo digital previo y les termino a veces en digital’- decía. Sus pinturas por todo el mundo transforman los lugares. Cada vez que viaja se propone pintar en la ciudad por donde pasa. Actualmente ha probado soportes de madera logrando esculturas con sus formas y colores.

Sus boceteros mostraban sus procesos y de donde provenían algunas de sus formas.

Urku vive en Berlín y estos días estaba visitando Ecuador para saltarse el invierno de Europa. Esa mañana negociamos un precio para registrar su obra. Me comentó de lo importante para él de documentar su obra y crear su portafolio. ‘Al final es lo que me queda, una buena comunicación que muestre lo que estoy camellando. Es mucha la diferencia de tener buenas fotos. La verdad que la veo como una inversión’- decía.

Para crear un filtro en la claraboya se subió a una silla. Urku se fijaba en los detalles para que las fotos quedaran bien. Antes de irme le hice un retrato. Hablamos de Araceli Gilbert y sus líneas. Del arte, nuestra generación y la nueva percepción de la vida, y del tiempo. ‘Esta comprobado que estar full time trabajando no es lo más productivo, estar cuarenta horas sentado en una oficina no tiene sentido. La salida más fácil ahora es tener un trabajo’- decía.

 

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Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

La artista en su taller, acompañada de su mascota, restauraba una plomada parte de su última muestra sobre la memoria de los espacios demolidos. El Perro de Loza ya es un referente del arte en Quito.

A la artista ecuatoriana Natalia Espinosa la cerámica le sirve para expresarse y hablar. En su última muestra ‘Esto será demolido’, presentada en noviembre pasado, en la Galería N24, su mensaje recaía sobre la memoria. Era un gesto simbólico a varias casonas construidas entre los años 1950 y 1970, que no cuentan con una protección legal y que por el crecimiento de la ciudad están siendo demolidas.

 

 

Ya son más de tres años desde la primera vez que llegué a su taller. El Perro de Loza, su espacio de producción, ha crecido al igual que sus plantas. Un hermoso jardín de enredaderas es el abrebocas del lugar. El túnel de plantas invita al jardín posterior de la casona ubicada en el barrio La Floresta, lugar seleccionado por la artista para producir y crecer. Esa mañana la encontré arreglando un detalle en una plomada cilíndrica que era parte de las piezas de su última muestra. Los elementos arquitetónicos y los patrones con los que está trabajando Natalia me llevaron a conectar aun más con su obra. Sobre una de las gradas, a manera decorativa y entre las plantas un bloque calado había sido rescatado. Antes de sentarnos en una de las mesas del jardín preparó un café. Mientras lo preparaba me indicó parte de su taller, que también funciona como galería. Es imposible no maravillarse con cada detalle de todo el trabajo que este tiempo ha venido construyendo. A más de todas sus piezas de cerámica un par de móviles volaban por los aires.

Natalia formó parte de la primera generación de arte de la Universidad Católica. Continuó su formación en el departamento de cerámica en Gerrit Rietvelt Academie de Amsterdam. Tiene un masterado en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina.
En su taller el horno es un elemento importante. El fuego tiene la última palabra, tanto en el bizcocho como en el acabado final. Su continuo contacto con los otros elementos como la tierra y el agua y su sensibilidad para crear con el viento hacen que el trabajo de Natalia contenga mucha carga energética. En su vida diaria plantar y nadar son dos de sus prácticas favoritas.

En su taller un cactus gigante crece en una de sus macetas de formas y patrones. En una de las esquinas un sapo al acecho, un conejo en pleno salto y un cerdo vago cuelgan del techo. Todo esto sólo pasa en el mundo de Natalia Espinosa, del Perro de Loza.

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Enamorarse del silencio

Enamorarse del silencio

Escuchaba como las suelas de mis zapatos crujían con las pequeñas piedras del camino. Ese era el único ruido. Al detenerme, silencio absoluto y profundo. Desde el ingreso al Morikami Museum, al sur de la Florida, la persona que daba las indicaciones del lugar solamente murmuraba.

La topografía del terreno permite ver gran parte del parque desde el lobby. Desde el lugar, se aprecian los detalles de la arquitectura japonesa. Las vigas de madera en su estructura, los suelos elevados y los espacios abiertos, divididos por modulares y adecuados para una buena ventilación son parte del ambiente. El aire se sentía limpio y liviano. Había llovido y terminaba de escampar, el olor que emanaba las plantas se desprendía de los jardines.
Enormes setos demarcaban el camino y me llevaban a gozar de una nueva aventura lejos del ruido y la velocidad de la ciudad.

Hermosos puentes de madera roja levitaban sobre el agua y contrastaba con el intenso verde de las plantas. La gran laguna que humidifica el sitio es un imán de contemplación. Varias ondas se generan al momento de que pequeñas hojas caen sobre su superficie. En ese tránsito, en el que el silencio invadía las almas: el mar y la tierra danzaron sin música bajo los cerezos y contemplaron a las tortugas que subían hasta la superficie para encontrarse con el sol.


George Sukeji Morikami un emprendedor japonés llegó al sur de la Florida cuando era joven y soltero. Con ansias de un futuro mejor, formó parte de la colonia Yamato, una pequeña comunidad de agricultores de piña que se asentaron en 1903 en Boca Ratón, Estados Unidos. Aunque la colonia tuvo que desintegrarse y volver a Japón, el sueño de George fue conectar su cultura con tierra Americana.
Él, uno de los últimos colonos que permaneció en Palm Beach, tuvo una fortuna que superó los millones de dólares, sin embargo, jamás se desconectó de a naturaleza y de su disfrute.

Su gusto por su espacio le llevó a terminar su vida en una pequeña casa móvil en las inmediaciones del Morikami Park. Junto con sus amigos, vecinos y el Departamento de Parques y Recreación del Condado de Palm Beach, el simple sueño de George adquirió una nueva dimensión. Con la apertura del Museo Morikami y los Jardines japoneses en 1977, se creó un monumento viviente, que construyó un puente de entendimiento cultural entre las dos tierras de George Morikami

El parque está abierto de martes a domingo de 10:00 a 17:00 y tiene un valor de $15 adultos, $13 tercera edad y $9 para los niños. La dirección del sitio es:
Morikami Museum & Japanese Gardens
4000 Morikami Park Road
Delray Beach, FL 33446

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Alquimia para hacer arte

Alquimia para hacer arte

Las sociedades secretas, la teosofía, las corrientes esotéricas de las grandes religiones, las filosofías orientales, la magia, la psicodelia, la experimentación con drogas y los símbolos y mitos universales son los ingredientes que dan forma a la exposición: La luz negra.

Tradiciones secretas en el arte desde los años 50, que destapa en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)las conexiones íntimas entre el arte contemporáneo y el esoterismo.

La muestra, comisariada por el escritor Enrique Juncosa, reúne de forma más o menos cronológica unas 350 obras de artistas tan distintos como Henri Michaux, Joseph Beuys, Antoni Tàpies, William S. Burroughs, Joan Jonas, Kenneth Anger, Rudolf Steiner, Alejandro Jodorowsky, Fracesco Clemente o Zush. Predominando en esta selección los autores de Norteamérica, donde históricamente estas tradiciones han gozado de más aceptación.

La luz negra apuesta, en primer lugar, por reivindicar la importancia que estas ideas tuvieron en el desarrollo del arte del siglo XX, aunque el pensamiento racionalista predominante haya tratado de ignorarlas o relegarlas a un segundo plano; y en segundo lugar, por reconocer el interés renovado de una nueva hornada de artistas por estas ‘tradiciones secretas’.

“Tal vez se deba a que volvemos a vivir en un mundo inquieto e insatisfecho, preocupado por cuestiones como las nuevas guerras coloniales, el terrorismo fundamentalista, la gravísima crisis ecológica o los populismos nacionalitas, tal y como en los 60 y 70 se temía una inminente castástrofe nuclear devastadora. Además, una gran parte del arte dominante en nuestros días es sumamente aburrido al carecer de misterio alguno y negar la poetización e interpretación de su experiencia”, admite Juncosa.

Psicodelia, ritos chamánicos y espiritualidad La exposición arranca en los años 50 con los cineastas norteamericanos Harry Smith y Jordan Belson precursores de la psicodelia y contracultura.

También están presentes los pintores asociados al expresionismo abstracto en Estados Unidos (Barnett Newman, Ad Reinhardt o Agnes Martin) y los informalistas europeos como los catalanes asociados al Dau al Set (Antoni Tàpies y Joan Ponç, entre otros), que se interesan por los escritos del psicólogo Carl Gustav Jung y los ritos chamánicos.

El recorrido por esta década se completa con dos propuestas: el cineasta de culto Kenneth Anger y el artista autodidacta y aislado Forrest Bess.

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Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Entre sus proyectos académicos actuales como docente e investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central del Ecuador están: el fortalecer la autenticidad de los ecuatorianos a través de un replanteamiento de la línea ecuatorial y su franja, así como desarrollar un mapeo de información georeferenciada de los centros históricos de Quito, Cuenca, Latacunga y Manta, buscando con ello verificar posibles trazados precoloniales de estas ciudades, borrados o ignorados por las falsas bondades del colonialismo.

La primera conversación que tuve con Oswaldo Páez Barrera fue cerca del patio central de la facultad en la cual se graduó y hoy dicta las materias de Teoría e Historia de la Arquitectura. La mañana del 27 de octubre tuvimos una larga y distendida charla cubiertos bajo uno de los techos de los corredores del edificio, en la cual me comentaba sobre los mencionados proyectos de investigación que tiene en marcha.

Con un PhD en Teoría e Historia de la Arquitectura y con un Master en Historia, Arte, Arquitectura y Ciudad otorgado por la Universidad Politécnica de Catalunya, Oswaldo ha desarrollado sus especialidades aplicándolas a la crítica del arte, de la arquitectura, la ciudad y los territorios, desde posiciones contemporáneas y polémicas. La mayoría de sus publicaciones versan sobre estos temas. Por ejemplo, su libro: X bienales, XX momias y XXX dólares, (UISEK, 2012) es un compendio de ensayos y artículos analíticos sobre las 11 primeras bienales internacionales de arte que se realizaron en Cuenca y que entregan al lector la única versión contestataria de ese evento. Este libro, años posteriores, fue censurado.

El siguiente encuentro con Oswaldo fue para admirar sus pinturas y dibujos que cuelgan de las paredes de la Quinta Huasipungo, ubicada en Guápulo, Ecuador. La casona fue adquirida por el artista luego de ser la sede de la Embajada de Bélgica. El inmueble, fue construido en el siglo XIX en un estilo neoclásico mestizo, se encuentra patrimonializada y atesora intactas su materialidad y espacialidad.

Mientras conversaba con el artista los olores se deprendían de la cocina. En el lugar los jarrones estaban llenos de flores frescas y las paredes de la casona cubiertas por una poderosa colección de dibujos y pinturas que dan cuenta de la sensibilidad antisistémica de su autor.

Sobre algunos de los carteles que conserva en su colección, me decía Oswaldo, fueron parte de la producción iconográfica de los años setenta, cuando formó parte del movimiento comunista del cual fue expulsado por discrepancias ideológicas. Recuerda, con una sonrisa irónica, que en esos años las infiltraciones del enemigo llevaron a que los grupos de universitarios izquierdistas se enfrentaran entre ellos, mientras los poderes dominantes seguramente se reían.

El recorrido de su casa es la recopilación de parte de su producción artística. En las áreas sociales se exhiben cuadros con fuertes trazos contrastados con una intensa paleta de azules. En los lugares más íntimos las paredes contienen obras que representan los paisajes urbanos de Cuenca y también autorretratos realizados por el artista en varios momentos de su vida. Junto a sus pinturas se puede ver caricaturas de viejos amigos y cuadros de colegas cercanos, todo ello reflejando la sensibilidad y el pensamiento social y político de Oswaldo Páez Barrera.

El patio andaluz de la casona revestido con baldosa hidráulica, tiene una pileta en el centro desde donde los pájaros toman agua. A pocos metros una sala, detrás de un ventanal por donde pasa el sol y se ve la cúpula y espadaña de la iglesia de Guápulo, nos dispusimos a conversar sobre su vida y su obra. En su producción pictórica, como en sus publicaciones, existe humanidad, una conciencia solidaria, igualitaria y libertaria. Para Oswaldo, la mayoría de la gente no merece la situación en la que vive, él piensa que es posible un nuevo país en donde primen la justicia y la libertad.

Su casa, rodeada de plantas, jardines y árboles patrimoniales la comparte con su esposa, la abogada Ximena Vintimilla Moscoso y las dos hijas: Carmen y Laura. El ingreso frontal a la Quinta Huasipungo –nombre del lugar desde el s. XIX– es por la calle Leónidas Plaza y su desnivel en la parte posterior que se abre hacia el río Machángara permite entrar desde la Av. De los Conquistadores. Este lugar es un sitio privilegiado por la vista hacia los valles y el paisaje que le rodea. En el camino de entrada, Oswaldo ha colocado una serie de esculturas que replican obras de las culturas Jama Coaque, traídas desde La Pila y que fueron ubicadas en los arcos de medio punto de uno de los grandes muros de contención que tiene la Quinta.

En el área privada, las habitaciones están conectadas a una terraza techada que permite mirar hacia el cerro Auqui y hacia el jardín posterior de la casa, adornada con otra pileta de piedra junto a la palmera registrada por el Municipio como la más alta de la ciudad.

Los jardines de la parte posterior albergan una pequeño estudio, separado de la casa en donde Oswaldo pinta. Un tríptico de gran formato, aun en proceso revela los trazos actuales del artista.

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De rocíos y flores

De rocíos y flores

Rocío Palacios se convirtió en cientos de estrellas en un accidente mientras cosechaba flores. El artista Juan José Ruiz nos relata la relación con su madre y, a través de su espacio, nos enseña su esencia y su alma.

*lámpara hecha por Rocío Palacios. Foto donada por Juan José Ruiz

Recuerdo haber estado levantando las flores del cartucho entre mis manos mientras Li Saumet, la cantante colombiana de la banda Bomba Estéreo coreaba con toda la energía la canción ‘Pure Love’. Ese momento Juan José Ruiz, conocido también por los amigos como el Chino Ruiz, repartía las flores con las que había decorado el lugar para la cantante. Ya casi era el final de la noche, y las flores blancas se elevaban al filo del escenario, la noche del 28 de abril del 2018 le cantábamos al amor y también a Rocío, madre del Chino, que hace poco había dejado esta tierra para explotar en miles de estrellas del universo.
Al Chino le conocí en el Z Gallery, en Cumbayá. En ese lugar, se gestaban conciertos, muestras y lanzamientos de nuevos emprendimientos. Varias fueron las temporadas que el sitio se volvió el punto de encuentro de artistas y amigos. Un referente del diseño. Siempre con mucho arte fue quien empujó para que hiciera mi primera muestra: Choque de Mundos.

Una mañana soleada llegué hasta su casa. Nos sentamos en su sala y conversamos. Era hermoso el verde que contrastaba con la madera. Y cómo las plantas cómodamente se trepan por las paredes y el techo.

El ajedrez junto a la ventana tenía una luz especial. Las flores de las paredes y el silencio del espacio se hacían sentir. También era hermoso saber que Juan José me había extendido esta invitación para conocer a su madre. Sin necesariamente estar presente físicamente.

Cada espacio había sido tocado, puesto, decorado por Rocío. Se sentía que había un gusto por volver a su lugar en un sitio lleno de luz.

Las ventanas dejaban entrar a las plantas. Varios cuadros y vitrales pintados por ella le dan color al sitio. En su dormitorio, hermosas flores de colores permanecerán para siempre sin marchitarse. Un solarium da muestra de su gusto por el descanso y la importancia del sol.

Más allá una pequeña sala conectaba con el garaje. El sitio era el taller de Rocío. En el lugar estaban todas las estructuras y soportes que utilizaba para crear sus diseños florales. Una hermosa planta recibía la luz del sol que entraba por la claraboya del taller.

Todos los hilos se tejieron mientras, sentados sobre un cubrecama de crochet, supe que Rocío se fue de esta Tierra mientras cultivaba la Flor del Chaguarquero, también conocida como la flor de la penca negra, una planta que crece en las laderas de las montañas y que Rocío usaba para crear sus lámparas.

La partida de un amor es inexplicable y nos cala en lo profundo. Mientras paseaba solo por el jardín entendí muchas cosas. Veía al Chino a través de mi lente mientras fumaba acompañado de hermosos seres de luz en un pequeño patio en el porche de su casa y entendí. Rocío, todo está bien.

 

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Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

‘Mi trabajo es un legado a la juventud. La fotografía no es pura curiosidad: es lección. La fotografía no es farándula: es un testigo fiel de una realidad y hay que darle ese valor’.

Su colección de fotos la empezó en las afueras de los cines de Quito. Rafael Racines Cuesta recuerda que desde joven tuvo el gusto de comprar fotografías a los carameleros y chocolatineros que se ubicaban en las puertas de los establecimientos. Su interés por la investigación, los registros históricos fotográficos y las caminatas a lugares poco conocidas, pero tradicionales, le llevaron a convertirse en un referente, no solamente en los medios digitales de la ciudad, sino también, en lo más importante para Racines: en la gestión del campo cultural.

Tuve el gusto de encontrarme con Rafael en la cafetería del Centro Cultural Metropolitano. Muy cerca del corazón de la ciudad: La Plaza Grande. ‘Tu tienes que aprender a hacer organizado’- me decía Rafael. ‘Una diaria, una diaria todos los días. Yo no tengo ninguna desesperación de los likes, ni de ninguna pendejada, discúlpame que te diga, yo a mi edad ya no estoy para estar en eso’ – me decía efusivamente refiriéndose a su estrategia digital. Actualmente su comunidad: Quito, de aldea a ciudad, en Facebook llega casi a los 20K seguidores.
‘Si te dedicas a hablar de historia: hablas de historia, de memoria, de identidad y de las falencias de la ciudad. De los errores que cometemos. Cuestionar hace que no solamente te conviertas en un referente en las redes. Eres un referente en la ciudad y de la sociedad’
La segunda vez que vi a Rafael fue mientras participaba en un conversatorio en el Salón Máximo de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central. Con un salón completamente lleno recordaba con nostalgia el agua que bajaba desde los deshielos del Pichincha, la misma que pasaba a través de La Chorrera hasta la Plaza de San Francisco y la Plaza de la Independencia. Cuando Racines habla de Quito se lo escucha cómodo y confiado. Su fresca memoria le permite recordar vivencias de su infancia.
Su padre, mecánico, y su abuela fueron los encargados de enseñarle de la mano la ciudad. Los dos habían crecido en barrio de San Roque. ‘Yo se lo que es vivir 8 hermanos en un mismo dormitorio. En nuestro tiempo del Quito antiguo había un solo servicio higiénico para 10 familias y las mamás se turnaban para dar la limpieza del excusado. Eso eran los hogares de los quiteños. Es una realidad de Quito que quiere ser olvidada.
Obtenido del archivo de Quito, de aldea a ciudad. El quiteño de verdad allá por los 1940s, 50s y 60s, era el que se aventuraba con la jorga de amigos y amigas de barrio, a buscar moras, tacsos, manzanas silvestres, nigüas, zambos y más en los bosques y quebradas (hoy inexistentes) de la ciudad.
Rafael Racines nació el 28 de mayo de 1950. Cursó varios años para conseguir una licenciatura en psicología industrial que no concluyó. Para él su trabajo es el fruto de las vivencias de su niñez. Actualmente su circulo de amigos está conformado por: historiadores, arquitectos, trabajadores sociales, antropólogos, jóvenes estudiantes y aficionados de la ciudad.
El camino de Rafael da inicios en 2012 cuando fue invitado a una entrevista hecha por Sami Ayriwa en TV Pública sobre su video que aun está colgado en Youtube llamado: El Quito de los olvidados. En 2013 inaugura su cuenta en Facebook: Quito, de aldea a ciudad. ‘Entre el 2015 – 2016. Fue cuando empecé a salir con los jóvenes de las universidades. Las redes sociales me permitieron conectar con más personas para realizar caminatas. En el año 2017 entré a El Censo por primera vez. El Censo era un sitio temido y logré llegar con 450 personas. Tampoco nadie hacía caminatas a la Chorrera por miedo a la delincuencia, la última vez que fuimos llegamos con 350 personas. En el 2017 hice 11 caminatas en los 11 meses del año. Previo a las caminatas dábamos una charla con fotos e información del lugar y les preparábamos haciendo una confrontación del pasado y del presente’- me comentaba Racines.
Texto de RRC: La modernidad nos entrega una nueva ciudad que es la que heredamos a nuestros hijos, ciudad que tenemos que cuidarla y enseñar a cuidarla…pero esto no es obstáculo para recordar la que se nos fue.
La confrontación de fotografías es un buen ejercicio para ver ver como la ciudad va cambiando. Rafael recuerda alguna vez haber pasado siete horas mirando una misma foto. Para él observar va más allá de apreciar. Es la capacidad de poder reconocer e interpretar lo que las otras personas no ven. Su conocimiento en cuanto a la digitalización de archivos nace un día cuando conectó un tocadiscos de carbón a la computadora.
En el lapso de veinte años ha logrado recopilar alrededor de 70 000 archivos de música entre: 20 000 boleros, tangos, música ecuatoriana tocada en el órgano de la Iglesia de San Francisco, música gospel; en inglés y en francés. Reconoce Rafael la importancia y el potencial que tuvo a partir de eso la computadora y reconoce sus limitaciones, ‘pues su generación no nació con la computadora bajo el brazo’.

 

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Ecuador, su riqueza es la vida

Ecuador, su riqueza es la vida

A una hora del aeropuerto internacional Mariscal Sucre de Quito existe un lugar donde el tiempo re cobra su tiempo. El bosque de Papallacta es el hábitat de más de 14 especies de colibríes y cientos de ‘pajareros’ que llegan de todo el mundo para visitar su bosque y las cascadas que se divisan entre el espeso verde.

Cascadas que caen donde las montañas se rompen, ranuras creadas por la naturaleza. Parecían enormes cuerpos traspasados por cantidades inexplicables de agua levitando sobre mi cabeza. Luego de llegar a Guango Lodgey disfrutar de la comida local, lo primero que hice fue pasear por el sendero hacia la cascada. En el camino el tiempo re cobraba su tiempo. Conocí a sus enormes habitantes verdes, que colgados, al borde de la montaña, se resistían unos a otros para poder co habitar. Era fácil perderse entre la bruma de los árboles y el sonido del agua.

El hotel está creado para el avistamiento de aves. Su principal atractivo son los pájaros, y sus consumidores principales: los ‘pajareros’ que viajan por el mundo documentando la mayor cantidad de aves para alcanzar una mejor documentación fotográfica. Al llegar, en una pequeña plaza del hotel, habían creado sets con fondos y bebederos con agua dulce para que los colibríes se acercaran. Todo listo para ser capturados por los enormes tele objetivos de los viajeros.

Las esculturas de madera del comedor principal iban perfecto con las cortinas bordadas de hilo. El lugar calentado con el fuego de las chimeneas, tenía varias salas para compartir y era el sitio donde los visitantes disfrutaban de la comida entre rosas naturales y muebles de hacienda. El calor subía al segundo piso. Desde la parte superior, una sala permitía divisar el bosque a cualquier hora del día. Tras los ventanales se podía ver: el cielo, las estrellas y los árboles; en un lugar relajado. Las habitaciones recubiertas de madera, con su techo redondo son particularmente acogedoras. El sonido de los pájaros, el río y la lluvia, son perfectos para escucharlos desde el calor de las cobijas.

Despertar con el sonido del bosque. Desayunar con aire puro y volver a hacer una siesta. El hotel es perfecto para descansar. Otro de los sitios importantes para visitar es el río. El Río Papallacta se encuentra a pocos metros del hotel y es perfecto para admirarlo y dejarse ir con sus aguas antes de volver a la ciudad y al ritmo sin tiempo. Guango es una palabra quichua que significa: trenza. Lugar de grandes montañas que se entrecruzan, cuyas aguas concurren para formar ríos poderosos en valles profundos cubiertos por el bosque nuboso de las laderas andinas, bajo un clima siempre cambiante y una llovizna típica. No había mejor definición para describir al hermoso viaje en el bosque de Papallacta.

Recomendaciones:

  • Viajar al menos dos días para disfrutar del amanecer y el atardecer en le bosque.
  • Llevar botas propias. En caso de no tener el hotel las provee.
  • Los costos varían entre $48 a $117 dólares dependiendo de la estadía.

 

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Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

Atmósferas utópicas de Sergio Calderón

El trabajo de Sergio se relaciona estrechamente entre la realidad y la ficción. Sus renders tienen la particularidad de estar cargado de detalles que le sirven para describir la atmósfera. Experimenta con las líneas de la arquitectura y las formas orgánicas de sus personajes.

Sergio Calderon me recibió en su espacio. Un departamento ubicado atrás de una casona familiar: ‘ésta casa construyó el tío de mi mamá. La historia contaba que mi mamá pisaba los bloques con los que fueron construidas las paredes’. – me decía Sergio.
El arquitecto me recibía en el espacio que había restaurando y adaptado, con sus propias manos, para trabajar y vivir. Su intervención en la materialidad me deleitaba con la pureza de los elementos que hacían particular al sitio. Sergio vive en el lugar desde Octubre 2018. Me contaba que la primera noche que durmió en el sitio, sus vecinos hicieron una fiesta de Halloween. Por eso recuerda el mes. Dice que hasta ahora mantiene una relación ‘prueba y error’ con el espacio donde habita. En el sitio no existe una cocina, ni un comedor. Los dos ambientes están conectados con la altura del techo. Su habitación se comunica con el baño por una pequeña pequeña ventana, separada por plantas dispuestas por el arquitecto. Algunas plantas se encontraban dentro de la pared y otras colgantes. Plantas que gustan de sombra y humedad. – según Calderon.

Me gusta que las plantas me permiten sentir el tiempo. No es inmediato. Cuando riegas el agua recién después de dos semanas empiezas a cachar qué esta pasando

– decía.

Sergio está desarrollando una serie de ilustraciones compuesta por varias imágenes. Una vista de 360 grados, genera una continuidad infinita y un juego secuencial a partir de las horas, la luz y el recorrido del sol. Representa a un prólogo, tres capítulos y un epílogo.

Para trabajar, el artista tomó fotos a varias modelos con las que obtuvo las texturas de los pliegues y las sombras de su indumentaria.
El prólogo de la serie está ambientado en Zaruma y el Puyo.
‘Zaruma, equivale a lo macho. Y el Puyo, la selva, es hembra’ – decía Sergio.
Trata sobre las ciudades como si fuesen organismos. Hipotéticamente, en el futuro donde las ciudades ya tienen conciencia. Una conciencia entendida como inteligencia artificial. Calderon representaba la inteligencia artificial con una gran flor hecha de estructuras de antenas.

De fondo sonaban las canciones de Guardarraya. Sergio se acercó hasta un baúl al pie de su cama, movió un busto que tenía sobre el mismo y abrió un viejo candado. Su tesoro: un papel tapiz celeste corroído por el tiempo y la humedad que cubrían la madera del baúl. Cientos de libretas y carpetas donde estaban guardados sus dibujos, trabajos e investigaciones. Sergio proviene de una familia de artistas. Tanto sus padres como su hermano pintan. A diferencia de su familia que ha desarrollado su cercanía con las líneas orgánicas, Sergio se siente más cómodo con la geometría y con el desarrollo de estructuras. Entre sus dibujos que me mostró un mapa hecho con rapidografo, lucía su destreza con el blanco y negro y los minuciosos detalles. Me comentaba que desde pequeño le gustó dibujar pero recuerda que nunca se sintió cómodo con el color. Diseñó siempre en blanco y negro hasta que descubrió el Photoshop y su extenso mundo de posibilidades.

¿Crees que la arquitectura tiene que ver con la ciencia ficción?
No se si tenga que ver, pero es facilito que sean afines. Te das cuenta en el cine, en un montón de cosas donde la ciencia ficción apunta a la arquitectura. La gente acepta y es una carrera linda en el sentido que te abre un montón de campos: imagen, gestión, historia. Cuando egresé recién me di cuenta del potencial que tiene la arquitectura. Hace que te cuestiones muchas cosas.

La carpeta donde tenía guardados sus dibujos era una acuarela que había hecho su padre. Una representación de El Ejido. Sergio fue sacando una a una las libretas de diferentes tamaños. La primera la compró en 2012 y desde ahí decidió que todas fueran rojas. Luego de mostrarme sus anotaciones pude entender lo consecuente con su espacio.

El armario que pertenecía a su abuelo lucía su madera maciza y brillante. Concordamos con Calderon la cantidad de cosas útiles que las personas desechan.

En la pared de su estudio tenía varios renders impresos de sus proyectos. Algunos en ejecución, otros ya entregados. Me hablaba sobre uno de ellos. La intervención del Bicentenario. En el lugar habían impreso uno de sus renders en una gran gigantografía. Sergio la veía cuando sacaba a pasear a su perro.
‘Siempre he vivido frente del Pichincha, pero siempre me han gustado los barrios de la ladera del Pichincha: La Florida, Las Casas. Influye mucho que estés viviendo sobre la ladera. Lo que me gusta del lado este es que le ves siempre al Pichincha de frente’.

Una escalera permitía subir a un medio piso que Sergio usaba como mueble para sus libros y películas. Hablamos de Escher y lo increíble de su arte, la infinidad de las taselaciones y la infinidad de su obra.