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¿Cuánto nos falta para volver a pintar las calles?
La ciudad es un lienzo que se pinta con aerosol. Como serpientes que cambian de piel, las ciudades son testigos de cómo paulatinamente sus superficies se llenan de arte urbano, hasta el punto de brillar y reflejar amplias gamas de colores que se multiplican crónicamente. Estos colores poco a poco conquistan diversas zonas y rincones del cuerpo de la ciudad. Hasta que cada cierto tiempo, la ciudad decide reinventarse, cambiar de escamas y con la ayuda el municipio blanquear nuevamente las paredes de sus terrenos. –  Martín López Cevallos

 

No hay mejor plan que salir a la calle a rayar las paredes. A dejar huella. A crear momentos para resguardarlos en el cerebro y en los muros que pueden tener más gracia. A sentir el sol disfrutando siempre de sitios nuevos y desconocidos. Al aire libre.

No todos los días se tiene el honor de salir a pintar con una crew como ALM.  Era junio de 2019 y en pleno verano nos reunimos en  la calle para hacer un registro fotográfico.


 

ALM CREW

 

 

Ramo

El hip hop, la cultura musical y el grafitti fueron las puertas que Ramo tomó para conocer la calle. Ya son 10 años que ha recorrido la ciudad motivado, más que por el propio arte, por generar una auto disciplina.  Se integró al equipo para armar 2punto5d y en la actualidad produce la segunda edición de la revista Ultra Vandal. 

Para el artista reafirmar su existencia es también poder seguir marcando la calle con tags, asegura que las firmas son la esencia más pura del grafitti. Dejar su huella sobre las paredes es para él apoderarse del espacio. Percibiendo el espacio público sin distinción de estratos. Para Ramo el grafitti es manifestarse desde uno y observar la reacción que causa en los demás.

Paint

Es creador de personajes y seres provenientes del imaginario colectivo. Lleva pintando en la calle alrededor de 1o años. Su última muestra llamada ILETRADXS  es una juego de palabras para valorizar la labor de los personajes que pintan las calles  y dejan su huella. Entre los diferentes lenguajes artísticos, crea y disfruta del trabajo en áreas como editorial, infantil, juvenil y urbano a más de venir desarrollado un  importante trabajo pictórico dentro de su estudio. 

Para el artista, el grafitti es un fenómeno transgresor en donde las personas que están detrás de esas huellas se arriesgan, se la juegan por el gusto de hacerlo y por declarar presencia y existencia en el medio.

Para Paint, la calle es un espacio de pugna de poderes, es privada a veces y pública otras menos. La calle no es predecible y es justamente eso lo que alimenta su trabajo.

“Podré preparar un boceto para un muro el día anterior, pero al final es la calle y el spot quienes deciden”- dice.

“Pintar en la calle me ha hecho lo que soy hoy en día. Lo más bonito que me ha brindado es entender mi ciudad o mi país desde otra perspectiva no solo desde mi burbuja” – Paint

Joins Back

Para el artista Joins la calle tiene una gran influencia. Principalmente por las cosas que pasan en ella. Su inspiración está en el día a día, en sus formas de mutar. En sus olores.  Cree que el graffiti no tiene sentido si no esta en la calle. Por esa razón, más que arte, cree que el graffiti es una forma de expresar sus sentimientos. Pinta desde hace 12 años y junto a su crew ALM  lleva 9 años. Sus letras están influenciadas en gran parte por el graffiti clásico con adaptaciones latinas.

Joins recuerda el tiempo que vivió en el barrio de La Mariscal. El acercarse a la calle le permitió conocer a la gente que comúnmente era ignorada como: adictos, indigentes, dealers y ladrones. Conocerlos le daba la seguridad de poderlos saludar a cualquier hora y sentirse seguro.

Las políticas urbanas no son compatibles con las prácticas de sus comunidades. El graffiti, desde que en la década de los ochenta se tomó las estaciones de ferrocarriles y los vagones de tren de grandes ciudades, como muestras de protesta social, ha sido perseguido o atrapado por las autoridades. Sin su cualidad de irreverencia, sin su lugar al margen de la legalidad, el graffiti solo demuestra el triunfo del poder oficial.

Las letras representan identidad, estilo, y poseen un lenguaje propio. Existen códigos que son utilizados por la mayoría de grafiterxs, que expresan ideas concretas, apoyo o rechazo. De: El lenguaje de las paredes

Concdecaro

Su caligrafía poco a poco va conquistando la ciudad. Su gusto por intervenir todo tipo de objetos ha hecho de la calle hermosos lienzos donde los trazos de las letras son sus protagonistas. Ahora las alcantarillas podrían ser parte de una colección de la ciudad. Los colores de sus letras desempolvan las olvidadas, grises y aburridas tapas metálicas que sin ser pintadas pasan desapercibidas. Sus herramientas como brochas y marcadores de punta plana le han permitdo colaborar y sumar hermosas texturas caligráficas a muros de otros artistas.  Fue invitada por el equipo de ALM para ser tallerista del curso DEL PAPEL AL MURO.


Carolina Iturralde estudió diseño de joyas y le iba bastante bien, pero llegó un momento en el que no se sentía satisfecha. Entonces encontró su verdadera pasión en el arte, la pintura y la literatura. Dejó atrás el negocio de las joyas y empezó a pintar objetos y muebles viejos para darles nueva vida: la alegría que eso le produjo cambió su forma de pensar. Tiempo después juntó la pintura, el grafiti y la caligrafía para crear su propio estilo De: Primicias 

El grafiti es una manifestación efímera ya que puede desaparecer al poco tiempo de ser creado, lucha contra el olvido, busca ser reconocido en la sociedad integrándose en la cotidianidad del paisaje urbano. Por encontrarse a la intemperie, están expuestos a un sin número de cambios ambientales, polución, manipulación, etc. Lo que hace que se deterioren y periódicamente, pierdan sus colores, sus formas y los acabados que un día tuvieron. Al mismo tiempo es una marca que intenta dejar una huella para siempre.

Taki183, Julio 204, CornBread hace 50 años en Nueva York

La ciudad es un organismo que se va transformando por quienes la intervienen. En tiempos de pandemia las calles han sido protagonistas de la soledad y el olvido. Del miedo. Sin embargo, las calles nunca cerraron, están ahí, enmoheciéndose, esperando una mano de color para que todo vuelva a tener sentido.

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Mausoleo para segundos pisos

Mausoleo para segundos pisos

Mausoleo para segundos pisos
Por: Manuela Ribadeneira
2014
Impresión 3D en resina plástica Base: 90 x 90 x 19 cm; varillas: 20 cm de alto.

Es momento de concretar nuestras aspiraciones. No podemos dejar que la inestabilidad del tiempo corroa nuestras varillas. Es momento de accionar. Mirarnos hacia adentro y continuar construyendo las columnas que han quedado olvidadas. El cielo no tiene dueño, el cielo es nuestro.

Esta obra es parte de una serie donde Ribadeneira emplea como leitmotiv las llamadas “varillas de la esperanza”, aquellos hierros vistos que surgen de los techos de las casas o construcciones proyectando su empleo en futuras ampliaciones. Aquel espacio vertical por conquistar queda apenas anunciado, la mayoría de veces llegando a transcurrir años o décadas sin que se concreten las aspiraciones. El primer desarrollo que hizo la artista alrededor de esta idea fueron las varillas que instaló en el 2008, en tamaño real, en una casa frente al centro cultural TEOR/éTica en Costa Rica. Ribadeneira las emplea como una declaración de propiedad territorial, cuyo propósito suele quedar trunco. Al pensar en el estado de abandono y corrosión en que casi siempre se encuentran estos esqueletos de columnas —una característica de la “arquitectura Impresión 3D en resina plástica Base: 90 x 90 x 19 cm; varillas: 20 cm de alto 2014 Mausoleo para segundos pisos Sala 01 Hago mío este territorio P.45 09 de la necesidad”, parte integral del paisaje urbano en Latinoamérica— parece proponer su condición de ruina como un memorial; una imagen poética sobre la derrota de los anhelos: “Comencé a trabajar esta idea como parte de mis investigaciones sobre apropiaciones de espacios. Pues dejar las varillas plantadas para el segundo piso es un aviso de que ese espacio de cielo tiene dueño. Ahora las estoy pensando como ruinas. Viven como toda ruina en ese extraño intermedio entre pasado y futuro (no hay concepto de ruina sin una noción de futuro), pero tienen poco presente”

Por: Rodolfo Kronfle Chambers (curador)

OBJETOS DE DUDA Y DE CERTEZA (2000-2019)
Centro de Arte Contemporáneo, Montevideo y Luis Dávila, Montevideo, Quito, Ecuador (14 de diciembre de 2019 al 19 de abril de 2020)
Fotografías: Archivos del CAC

Sala 1. Objetos de Duda y de Certeza
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Grabador Fantasma

Grabador Fantasma

GRABADOR FANTASMA
2018
Instalación · Película S 16mm
9´25´ loop
Proyecto comisionado

En “Grabador Fantasma”, Adrián Balseca presenta un gramófono sobre una canoa que viaja a través de la selva impulsado por energía solar, captando sonidos humanos y no humanos del bosque.

La investigación en que se basa la muestra es de Adrián Balseca, empezó a trabajar en 2016 sobre la explotación del caucho. Balseca se considera un coleccionista empírico de material, lo que le ha proporcionado una capacidad innata para crear nuevos discursos visuales.

Una conversación entre Rodolfo Kronfle y Adrián Balseca (Obtenido de paralaje.xyz)

Rodolfo Kronfle: Me parece interesante la manera como concentras el contenido de tus videos en un objeto protagónico que constituye el elemento medular de sus puestas en escena: una cabeza de madera gigante, un caduceo monumental de hierro fundido, un automóvil, una canoa tallada de un árbol, etc. En el desarrollo de tus filmes estos objetos adquieren una densidad simbólica inmensa al surgir de –e interactuar con– el elenco de actantes (Bruno Latour dixit) que se van interrelacionando: no solo los humanos y sus actividades, sino también el paisaje mismo y las actividades que se desarrollan en este.

Estos objetos están además inmersos en una red de creación/destrucción que de diversas maneras matiza los enunciados del progreso e interrogan hitos de nuestra historia económica. Es ahí donde parece que la obra escarba en una serie de relaciones de producción que son de gran calado en el tiempo, siendo una forma muy efectiva de sondear, sin didactismos, las capas de historia con que se configura el relato del estado-nación y sus descalces con el territorio y el individuo que lo habita. Te debe tomar tiempo perfilar el guión de cada obra. ¿Te sorprenden a veces los resultados e implicaciones inesperadas que surgen en su realización? Al conocer tu sentido del humor puedo intuir además una sutil ironía en varias piezas pero subsumida bajo una mirada contemplativa que prima. ¿Es algo que controlas o que surge inevitablemente?

Adrian Balseca: Cada proyecto merece un cuidado y dedicación especiales en la la selección de lugares a trabajar. No me gusta llamarlos “locaciones”, ni a su búsqueda como simples scoutings. Me siento más cómodo con la idea de que estos recorridos iniciales en búsqueda de sitios son aproximaciones a historias locales determinadas; y es que cada territorio o paisaje tiene mucho que contar. No trabajo con guiones, en el sentido rigorista del guión cinematográfico. Lo que sí busco es incorporar tratamientos audiovisuales que, acompañados con los “ensayos visuales” que hablábamos al inicio, funcionan como guías al momento de filmar, por ejemplo. Ahora llevo un cuaderno de anotaciones visuales que se va engrosando poco a poco antes de cada filmación.

Me interesa alimentar mis proyectos con ciertas figuras retóricas o atributos visuales que puedan detonar espacios para el humor. Como un ejercicio consciente, encuentro que el humor es muy difícil de alcanzar.

En el proyecto de Balseca colaboraron miembros de Kara Solar, una organización que se ha concentrado en nueve comunidades achuar (situadas a lo largo de 67 kilómetros cerca de los ríos Pastaza y Capahuari).

Su obra es una práctica donde las fronteras entre lo utilitario, lo utópico y lo poético son cada vez más borrosas.

La idea partió gracias a la Fundación Kara Solar, que fue la encargada de desarrollar una serie de canoas que se movilizan a través de energía solar. Un proyecto de movilidad fluvial creado en 2012 por un grupo de ingenieros y líderes comunitarios, en cooperación con la Nacionalidad Achuar del Ecuador.

Su obra está inspirada en la película Firtzcarraldo. La odisea de Brian Sweeney Fitzgerald, a finales del siglo XX. La historia se desarrolla alrededor del gusto del empresario por la música que aspira hacer una fortuna con el caucho y sueña con construir una edificación para la ópera en la selva amazónica. Balseca construye un gramófono sobre un barco que viaja sobre el Río Bobonanza en medio de la selva donde capta el sonido ambiente del entorno.

Proyecto comisionado para la 14a. Bienal de Cuenca: Estructuras vivientes. El arte como experiencia plural, 2019.

Fotografías: Archivo Centro de Arte Contemporáneo
Fuentes:
http://adrianbalseca.net/es/trabajo/49-horamen-7.html
http://www.paralaje.xyz/grabador-fantasma-una-conversacion-entre-rodolfo-kronfle-y-adrian-balseca/
eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/10/adrian-balseca-recorre-la-selva-con-sonidos
http://www.pichinchauniversal.com.ec/grabador-fantasma-escuche-los-sonidos-de-la-selva-en-el-cac/

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Desde Macondo, con amor

Desde Macondo, con amor

“Este podría ser el último viaje de mi vida”, pensaba mientras del avión se descargaban mis maletas. Siempre que llego a un nuevo lugar, me da la sensación de que podría ser el último. Y así todo tiene un poco más de magia y -al mismo tiempo- de terror. Salí del aeropuerto y tomé el bus azul que te lleva hasta el centro de la ciudad. Había llegado a Santa Marta.

En el camino, tuvimos que pasar entre un paisaje montañoso de bosque seco acompañado del mar de fondo, una ola de calor de medio día y el vendedor ambulante de caramelos que, con las justas, alcanzaba a sostenerse en medio del pasillo. Entre todo ese espacio montañoso alcancé a ver una pequeña casa. Sobre su fachada sucia y descolorida, las ramas crecían descontroladas. Su alrededor, seis afiches pegados consecutivamente expresaban mensajes de amor.

El movimiento del centro era incesante. No lo asimilé hasta horas después que vi el Puerto cerca de la ciudad. Santa Marta parece ser una bomba, fue mi primera impresión. Las pocas cuadras que caminé hasta el hotel conocí pocos parques, pocos árboles y pequeñas aceras pero con intensos colores del caribe y el olor a mar.

En su mayoría, la ciudad colonial ha ido creciendo al ritmo del Puerto: la extracción, el sistema donde se privilegia al dinero más que a la persona y la religión nos han cegado. Como casi toda latinoamérica, es una ciudad más donde hace falta amor. En mis caminatas, siempre atento, lo más cercano al amor fueron los mensajes de Macondo Herald.

Pocas horas después estaba en el sitio donde se producían los carteles que había visto en la calle. Si había tanto desorden y solo una persona lanzaba mensajes tan potentes estaba seguro de que quería sentarme a tomar un café con Macondo. Seguí las instrucciones y llegué hasta El Rodadero, la ciudad contigua al casco urbano separada por una cadena de montañas que se luce junto al mar. Edificios encallados en las laderas que por sus formas parecen ser de los setentas y ochentas. Estructuras lujosas y complejas en su arquitectura.

Llegué hasta la Carrera 1, la calle frente al mar. Gigantes palmeras me brindaban un poco de sombra contra el intenso sol de mediodía. Vendedores de limonada, mangos, artesanías y varias señoras ofreciendo masajes transitaban por la congestionada acera. Había llegado hasta Macondo. Las casas dispuestas frente al mar, para que recibieran la misma cantidad de sol, se habían transformado en grandes edificios de apartamentos vacacionales sobre la costa.

En el Edificio Parador vive Nicole Bornacelli, ella es comunicadora y artista. Tenía agarrado el cabello y vestida de blanco y negro. Acompañada de su perro, me invitó a pasar a su apartamento. El piso de hormigón alisado, la planta abierta y la iluminación del lugar generaba un ambiente más fresco que en el exterior. El intenso mar azul se podía divisar desde el comedor. Me invitó un vaso de agua helada y me contó su historia.

Nicole nació en la Bahía de Gaira, conocida popularmente como El Rodadero por las dunas de arena que llegan hasta el mar. “Existe un llamado a reinterpretar las historias que nos han contado” decía la artista. Su abuelo fue uno de los pioneros en construir uno de los primeros hoteles frente al mar: El Parador de Mestre, luego de llegar a América, huyendo de la Guerra Civil Española.
De un dormitorio sacó una postal en la que se podía ver el paisaje del lugar antes del desarrollo urbanístico. Las tupidas palmeras daban sombra a gran parte de la costa. Hasta finales de los sesenta e inicios de los setenta, cuando el boom del narcotráfico colombiano generó un crecimiento acelerado de edificios vacacionales y de segunda vivienda. “Estoy al borde de irme porque se ha vuelto imposible vivir acá”, confesaba. La gentrificación ha hecho que no solamente se desplacen a las personas nativas sino que también el costo del territorio se eleve y la dinámica de la ciudad cambie por completo.
“Me siento muy dividida, he vivido en otras partes del mundo, mi pareja es argentina, llevo cuatro años con ella y obviamente hay cosas que te faltan cuando vives en Santa Marta: comunidad, principalmente. Ser una mujer queer en Santa Marta no es fácil. Siempre he vivido abiertamente sin ocultar absolutamente nada. “Y soy vista como una mujer blanca privilegiada, aunque no me identifique como tal”, decía.
Para la artista, la falta de espacios relacionados con la producción artística en su ciudad es otro de los factores que le han impulsado a generar la creación del proyecto Macondo Herald. “Aquí la gente ve al arte y a la cultura entremezclada con el folklore, la producción cultural está muy asociada a las tradiciones pasadas. En muchos niveles el arte urbano es castigado. Hay pocos artistas locales que están generando contenidos asociados con la ciudad”. Su objetivo es lograr hacer piezas bonitas, pero con mensajes contundentes.

Los mensajes positivos de sus obras contrastan con lo caliente del imaginario costeño. “Es lindo poder traer mensajes más sutiles, en una ciudad calurosa, muy patriarcal, muy machista. Los modelos extractivos, coloniales y del monocultivo son las formas en los que la población debe estar segregada para que el sistema caduco funcione”.

Macondo Herald nació en 2016 mientras vivía en Argentina, en sus publicaciones juega con palabras, frases o citas instauradas en el imaginario caribeño. “Otra forma de mantener controlada a la gente en el Caribe ha sido con el ron y también la falta de espacios públicos. Como en muchos lados, reunir dos o más personas era visto como agitación pública” decía. Para la artista esto ha hecho que no existan conversaciones sobre identidad, ciudad, género. Ella piensa que salir a intervenir la calle es muy empoderador.

Para Nicole su arte le permite hablar desde el anonimato en el espacio público con cientos de personas que leen sus carteles. En uno de los dormitorios del departamento, el estudio donde trabaja y resguarda sus obras lo comparte con su compañera. Varias piezas de la cultura Tayrona decoran el lugar, son sus tesoros.

Bajo el intenso cielo azul un edificio blanco con líneas Art Deco brilla frente al mar. “Yo crecí viendo el edificio Macondo, es del arquitecto samario Carlos Proenza Lanao y nosotros los caribeños sentimos que vivimos en Macondo”. Varios sellos sobre la mesa se usan para marcar los carteles impresos en papel de caña y en papel periódico que llegan desde Cali.

La artista trabaja con La Linterna, una imprenta y taller gráfico que aún mantiene antiguas prácticas con máquinas de 1800. Con uno de sus carteles sobre el escritorio, Nicole me explicaba la técnica en que el rodillo marca el color del fondo y las letras. Trabajos de otras épocas como la serie “United Colors of Macondo” “+Cumbia – Estrés” decoraban el sitio.

El universo de Macondo Herald es una manera muy especial de ver el mundo desde una perspectiva del realismo mágico donde todo es posible. Es volver a contar historias bonitas. “Somos nosotrxs esa salida. Somos los glitches del sistema las personas que estamos habitando el presente, no replicando lo de antes, estamos saliéndonos de toda norma y tomando el arte para llevar a la reflexión. Es un momento histórico del planeta y cuando sales del ego y te pones a pensar que no se trata de los humanos, se trata de la tierra que está queriendo evolucionar e intentar generar conciencias que traigan novedad a la manera de cómo la estamos habitando, te encuentras. Tener esta conversación ya es el cambio”.

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Una verdad que incomoda. Conmigo: un performance sobre la contaminación

Una verdad que incomoda. Conmigo: un performance sobre la contaminación

‘La cosa esta en no fundirse. Seguir luchando pero que no te afecte. En algún momento todo esto explotará y como todos somos materia nos volveremos nada’

– me decía. Sofía Barriga días después de presentar su obra individual Conmigo. Una muestra de danza-performance cargada de profundos momentos de improvisación acompañada de la música original de Joanne Vance.

Había caído la noche y las luces de los autos hacían reflejo con las gotas de lluvia del parabrisas y el asfalto. Las primeras lluvias de invierno parecerían limpiarnos a todos. El encuentro era en ISPADE un instituto técnico que funciona en un edificio construído frente al parque El Ejido, cerca de las torres de Ovidio Wappestein. Formalista y con sus líneas rectas. Era el lugar donde Sofía daría su primer solo, de una hora de duración como bailarína en el marco de los fondos de ayuda para espacios esénicos: Iberescena 2018. El show estaba a punto de empezar. Sofía junto a su equipo: Paula Proaño, Sebastián Iturralde, Garbriel Arroyo y Xavier Palma repasaban la obra completa y ponían a punto el auditorio para recibir al público. Ella con movimientos enérgicos conectaba todos los hilos de la historia.

La música estaba lista. El arnés que le llevaría al espacio también fue probado antes de la hora indicada. Era tiempo de empezar. Las luces se apagaron para recibir al público. Un público dispuesto.
– Quería sentirlos cerca –
Sofía ubicó cojines donde se desarrollaría la obra para tener contacto con su público y así poder interactuar. Su performance estaba compuesto de una sucesión de escenas de transformación de un personaje que transita por la contemporaneidad.

La luz no me permita registrar su cuerpo. Su esqueleto parecía salir del suelo. Como una semilla. Su espalda crecía desde el piso. El movimiento creaba formas que había imaginado. Cercanas a las del tronco de un árbol o al de una oruga intentando salir de su capullo. O a las olas del mar, o al espiral. Esta primera parte fue una obra de Tamia Guayasamin que se llamaba: El Principio. Un trabajo que había presentado en Brasil hace 10 años. Estaba basado en el estudio del movimiento de la espalda, el respirar y también el ser piedra. ‘Es una obra que esta tan fuerte en mí, que fue perfecto para iniciar la historia’
Las gotas de lluvia caían sobre el techo y creaban una atmósfera intima entre un público concentrado y una bailarina en proceso. El siguiente solo improvisado, luego del nacimiento, era una interpretación del limpiarse. A través de una cercana interacción con una bañera Sofía parecía prepararse para la vida y el mundo real.

‘Me acuerdo cuando vimos American Beauty, yo tenía unos 15 años.
– ¡Que verga que son las bolsas, que hermosa que era esa obra! Para mi es eso: hablar todo lo que quiero decir’.
– El traje amarillo lo hice para sentirme como una mandarina en una red –
Días antes había visto a Sofía en una muestra y tuvo que salir rápidamente porque tenía que coser sus trajes. La red que le servía a la artista para agrupar su basura, era parte de una nueva piel.

La obra trabaja con la relación del cuerpo como espacio habitado y como generador de diferentes capas: piel de memoria, hábitat tierra, piel de plástico, hábitat ciudad, piel luz y hábitat espacio.

Con movimientos mecánicos Sofía abría las bolsas de platos y vasos desechables. Los colocaba por todo el piso del auditorio. Los ‘solos’ improvisados estaban ligados al tiempo de la música original de Vance.

Varias bolsas de platos y vasos se expandían por todo el lugar, Sofía levitaba entre ellos. ‘Creo que es esto de la contaminación si le afecta a la gente, por eso lo quería hacer más descriptivo, porque me interesa llegar a lo más adentro, a la célula. No crear un mensaje desechable’.

El tiempo de las escenas se desarrollaban hasta que Sofía lograba transmitir el mensaje, o terminaba de recolectar todos los desechos.

La artista giraba enérgicamente sobre los platos y su ansiedad perturbadora, al seguir generando basura sin fin, lo transmitía acercándose al público para botar pedazos de plástico desde el aire.

Estaba habitada por la ciudad. La sonoridad se acercaba más a lo cotidiano. Una cinta de plástico le servía a Sofía para crear más caos.

El plástico y su ubicación creaban líneas que conectaban al público de la muestra: los aprisionaba y los relacionaba. Era como una instalación viva sobre el espacio.

Ese lugar era el nuevo hábitat del monstruo de Sofía: el gran gusano negro que aparecía antes de la explosión y del fin del tiempo.

Un plástico de varios metros de largo formaban el gran hoyo negro.

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La artista mexicana Aro Varse crea comunidades a tráves del respeto e igualdad

La igualdad y el conocimiento de los cuerpos femeninos son temas que trascienden en el trabajo de Aro Varse. La artista mexicana radicada en Quito nos invita a conocer los rincones de su casa cargados de colores y formas inspiradas en su cultura.
Conocí a Ariadna Vargas una mañana mientras cursaba un taller en el Fondo de Cultura Económica, en Quito. Ese día Aro Varse, como la conocen sus amigos, estaba encargada de la gestión. Llegó a la sala junto a su mascota “Cholito Chipotle”, como le llama la artista. A ese perrito, de mirada juguetona y orejas levantadas, sentía que le conocía hace muchos años. Saltó a mis piernas y, mientras aprendía a relatar textos extraordinarios, El Tlatoani de la Vicentina (término usado por varios pueblos de habla náhuatl en Mesoamérica para designar a los gobernantes de los āltepētl o ciudades), se quedó dormido mientras lo acariciaba. De Ariadna no sabía mucho, en su trabajo había encontrado belleza en su trazo, poder en sus mensajes y hermosas y coloridas formas de comunicar.

Planeamos mucho tiempo este encuentro y, finalmente, llegó. Fui hasta la dirección que Aro me había indicado, una calle tranquila de la ciudad en la que todavía existen algunos oficios alrededor. Junto a su casa, un señor tomaba sol sobre la vereda. Aro me invitó a pasar. Su espacio, distribuido en un solo piso, era iluminado por el techo del garaje interno. Las banderas caladas de colores contrastaban con el verde aturquesado del ingreso. Un pequeño altar junto al taita San Pedro cuidaban la casa, las texturas de los tapices de las paredes me transportaban a otra época.

En pocos minutos, y sin tomar ningún avión, el acento de Aro me llevó a México, con todo su saberes y romanticismo. Su casa está llena de colores que contrastan. Mientras veía por el visor de mi cámara, recordaba a Wes Anderson y a su colorida paleta. En una mesita esquinera de la sala, un retrato de la niñez de Aro era el recuerdo y herencia de su abuela.

Graduada de Artes Plásticas en el Instituto de Artes Visuales de Puebla, se encuentra gestionando proyectos de investigación en torno a propuestas editoriales relacionadas al arte y a otros temas. Esto le ha servido de puente para llegar a Ecuador y seguir experimentando con el dibujo, la pintura mural, los fanzines y, ahora, la producción de podcast.
“Soy muy inquieta”, me decía entre risas mientras me contaba a todo lo que se dedica. “Yo estudié arte porque quería ser pintora, tenía todos los referentes como la Frida Kahlo, Leonora Carrington, y decía, vamos , yo quiero ser pintora, guey”.
“Hay una construcción de la identidad mexicana compleja desde el cine de oro mexicano. Estados Unidos estaba en guerra y los químicos que se usaba para revelar las películas también se usaba para hacer bombas, entonces, con este motivo, construyeron la mexicanidad toda macha que conocemos, y de ahí el patriotismo y la identidad” comentaba Aro.

Actualmente, ella se encuentra escribiendo un texto en colaboración para la revista Index, en el que indaga sobre los procesos creativos. “Yo quería seguir pintando, pero cuando vine a Ecuador tenía una mini mesita, siento que la decisión de la técnica atraviesa mucho por lo que se tiene ese momento. Yo llegué a la ilustración porque necesitaba dibujar o hacer algo creativo en poco espacio”.

Aro tiene una sensibilidad para ubicar los elementos, así como en explorar con sus capacidades. “La cosa es cómo hackear al sistema y hacer otras cosas”. Actualmente está tomando clases de canto con Mariela Espinosa, vocalista de la banda Munn. “Vengo de una familia de bajos recursos, y, desde los 23, me interesaba tocar algún instrumento pero no tenía plata para comprarmelo ni para pagarlo ahora tengo el privilegio de darme pocas horas al menos de mi ejercicio creativo, quiero cantar rancheras mexicanas”. El cuatro venezolano de Aro estaba colgado en la pared.

Relajada en el sillón de su sala me contaba que se siente motivada al compartir con varias mujeres temas relacionados con la violencia de género y con la importancia de crear comunidades. “En México proponía proyectos que eran muy individuales. La pintura es un ejercicio muy individual, estás solo tú con tu bastidor, en tu taller y a veces se torna muy idealista. A pesar de que soy feminista, es un tanto contradictorio con el romanticismo.
“¿Por qué las feministas no creen en el amor romántico?” le pregunté.
“El amor romántico idealiza mucho todo, no puedes ver al humano tal cual es. Son relaciones afectivas que son desiguales. Cómo puedes luchar por igualdad, si desde la forma que tienes tus afectos son desiguales” aseguró.
Aro encontraba en la técnica del óleo un trabajo íntegro y complejo. Mientras vivía en México, la artista se mantuvo cercana a esta técnica hasta cuando llegó a Ecuador. La gestión de nuevos proyectos le permitió crear nuevas comunidades afines a su pensamiento, en donde comparten a través de ilustraciones, frases, fotos, fanzines… Empoderar a más mujeres que se encuentran en estados vulnerables, a conocerse y disfrutar de sus cuerpos.

Las Chulas, por ejemplo, es un podcast que busca hacer eco de las voces de mujeres, escuchar sus historias, ser comadres y sentirse acompañadas. Otro de los proyectos de la artista es el espacio Lectobordado, una comunidad lectora que cumplirá tres años. Allí se generan discusiones y cuestionamientos feministas, y se abordan temas a partir de textos de autores mujeres. Adicional a eso escriben en un blog sobre los temas que se tratan entre los tejidos con hilos y el crochet. Su lenguaje, siempre respetuoso y neutral, le ha permitido conectar con varias personas creando, según Varse, verdaderos lazos de amistad

Su casa tiene elementos claros que la relacionan con su identidad. Bajo la luz del mediodía, todos sus colores resaltan. Vestida con elementos artesanales, Aro está siempre orgullosa la indumentaria de su país. Como buena mexicana, expresaba con orgullo las tradiciones que comparte con su familia. Recordaba las flores naranjas del Día de Muertos, la comida y los olores.

Las banderas caladas le recuerdan continuamente a su hogar, al igual que su hermosa colección de textiles de diferentes partes de México que se diferencian por su peso, materialidad y trabajo. Aro ha ido recopilando con el paso del tiempo elementos que representan a ella y que la mantienen conectada a su cultura.

Antes de irme, imaginaba estar en México mientras contemplaba la paz de Chipotle descansando bajo el sol. Era momento de partir y volver -simbólicamente- a Quito luego de conocer un corazón de México en tierra ecuatoriana.

Si quieres ver más sobre el trabajo de Aro, puedes ver en este link:http://bit.ly/2z4G0C8

 

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Los lugares que Kst pinta se regeneran

Los lugares que Kst pinta se regeneran

Con rodillo, brocha y latas, Andrés de la Bastida, Kst pintaba un muro en Guápulo una soleada mañana. El lugar que había elegido estaba lleno de basura. El césped había crecido entre las ranuras del cemento de una vereda en mal estado. Ese día, sus dibujos se mezclaban con las formas y los diseños tipográficos de Caro Iturralde, @concdecaro. Su colaboración dio paso para que las personas del barrio se interesan por recuperar la esquina. Semanas después de su intervención hubo un gran cambio. Las ranuras habían sido niveladas y el lugar estaba limpio.

 

Kst, es arquitecto de profesión, pero esa mañana tenía su pantalón manchado de pintura, un encauchado azul para la lluvia, su pelo corto y su sonrisa grande. Sin ningún permiso, usaba el rodillo y la brocha para generar las luces y las sombras de un joven que cargaba entre sus manos una brillante bola translúcida con un pollito en su interior. Con las latas definía contornos y otras líneas. Su paleta de altos contrastes, amarillo y morado, y su habilidad al pintar personajes le han llevado a crear maravillosos murales en el país. Hace poco le invitaron a un festival en la amazonía peruana y le ha servido de motor para seguir.

La tarde que me invitó a su taller estaba el pollito que había representado en varias partes sobre su mesa de trabajo. Esta vez inmóvil y de hule- reposaba junto a las herramientas, los bocetos y los colores del artista. El departamento donde vive y trabaja hace casi tres años está ubicado en el centro norte de Quito. La gran pared de piedra pómez que recubre la sala y el piso de tablón de madera guarda la memoria de su edad.

Mientras tomábamos una cerveza, el artista me comentó sobre el trabajo que le tomó recuperar el lugar donde actualmente vive. “Me acuerdo que los primeros días tuve que lavar los platos en el baño de servicio”- recuerda. Antiguamente, el piso entero funcionaban como oficinas. “Cuando yo entré había un counter de esos de los noventa hecho con materiales pesadazos”. La cocina tuvo que ser remodelada integramente al igual que la instalación del agua caliente y otros servicios para habitarlo. Todos los muebles de la cocina fueron diseñados por él. Los cuadros en las paredes de la sala son impresiones de la serie Impossible Isometrics, las había hecho inspiradas en Escher mientras estudiaba arquitectura.

La maqueta ubicada en el centro de mesa de la sala nos distrajo para hablar sobre habitabilidad de ciudad y sus dinámicas. “He oído que vivir en la latitud cero tiene mucho que ver, es una energía diferente. En latinoamérica hay más colores, hay algo más allá. Creo”. La maqueta que era parte de su tesis brindaba plantas libres pero a su vez privadas. “Este proyecto me gusta porque su estructura es la fachada”. Me contaba que estudió arquitectura por su cercanía con el arte y el dibujo. “La arquitectura es todo, no es necesariamente arte, es una complejidad en la que los sistemas estén bien resueltos. El arte es su carga estética”.

Un mueble de Gerrit Rietveld, diseñador y carpintero, forma parte del área social. Una obra de Daniel Adoum adorna la sala. El mural que ambienta su estudio es una re interpretación inspirada en las obra del ilustrador mexicano Gastón Pacheco. “Cuando mi viejo me preguntó de pequeño ‘qué quería ser’, yo le dije que caricaturas”. Su madre le le contó que a los 4 años rayaba en sus cuadernos líneas y pintaba los cuadrados de su cuaderno a manera de tableros de ajedrez hasta quedarse dormido. “Lo más cague de todo era que me despertaba con el marcador explotado en el bolsillo de la camiseta”, entre risas.

A sus, 16 tuvo una banda de punk con sus amigos. Aunque acostumbra a pintar solo ha conocido varios colegas a través del trabajo. “En el arte urbano la gente se saluda, hay una red de colaboración grande”- dice.
Kst me comentaba que los pollitos nacieron de una salida a bandalear. “Elegimos una pared y salió súper rápido el pajarito y de ahí lo he vuelto a repetir”. En la mesa de su taller varios bocetos eran parte de sus prácticas. “He estado trabajando mucho luego del viaje a Pucallpa, Perú. Habían muchos artistas de lienzo que pintaban mural y me inspiraron. Usan mucho con acrílico y es un material muy noble.” – me confesó.

Hace pocos días se aprobó una ley en Ecuador que castiga intervenir en espacios públicos y pegar afiches en lugares no autorizados. En varias salidas a pintar a la calle junto a sus amigos han tenido que escapar de los policías. Sin embargo, si Kst no hubiera intervenido la esquina de Guápulo jamás la hubieran limpiado, esa esquina seguiría deshabitada, destruída y sucia. Kst sigue construyendo su historia, pronto será parte de Tandana Fest junto a Mona Caron y otros grandes artistas.

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Un palacio italiano inspirado en el mar Atlántico

Un palacio italiano inspirado en el mar Atlántico

El gran bosque tropical cubría la fachada de la mansión invernal del magnate estadounidense James Deering construída entre 1914 -1916. Era tiempo de retroceder el reloj e imaginar el esplendor de la Villa Vizcaya inspirada en las profundidades del océano.

El lugar estaba diseñado para llegar por el mar. ‘The Large’ como llamaba James a la entrada principal, era una escultura acuática de 158 metros de largo que tenía la forma de una gran barcaza y funciona como rompeolas. Fue creada con piedras propias de la Florida y servía para recibir a los invitados.
‘el arquitecto F. Burrall Hoffman diseñó el palacio pensando en que la llegada iba a ser por mar, de ahí la gran terraza con escalinata y los embarcaderos de estilo veneciano, con enormes góndolas en piedra coralina, situadas delante de la fachada principal’

Dragones que emergen de las profundidades como apliques, dioses del océano soportando lámparas y mounstruos marinos decorando las fuentes del jardín interior.

Deering en la época dorada de Estados Unidos convirtió su casa en una infinito espiral, refugio para resguardar su arte.

Miembro de la familia propietaria del que fue el mayor fabricante de maquinaria agrícola de Estado Unidos, International Harvester- Deering Harvest Company, creó un palacete estilo neorrenacentista italiano similar a la Villa Rezzonico – Bassano del Grappa en la Provincia de Vicenza, Italia. Esta vez a orillas del Atlántico.

El proyecto se inauguró con una gran fiesta el 25 de diciembre de 1916. Entre los hermosos jardines laberínticos diseñados por el colombiano Diego Suarez.

Las sirenas habrían bailado bajo la luna llena. Las 72 hectareas que tenía originalmente estaba distribuídos entre los jardínes, estanques, piletas y lugares de recreación.

Deering creó el lugar pensando en ser un espacio autosustentable.
Para 1922 Vizcaya contaba con un pequeño pueblo en el lado oeste. Sobre la actual Sotuh Miami Ave. El lugar tenía campos de pastoreo y cultivo, lechería, gallinero, establo, invernadero, taller de mecánica, carpintería y pintura.
Un santuario de antiguedades
La casa fue construída por los arquitectos F.Burrar-Hoffman de la mano del artista Paul Chaflin quien se encargó de los detalles importantes.

Más de 70 salas albergan obras de arte europeo, asiático y americano, algunas de ellas con más de dos milenios de antigüedad.

En el lugar se conservan los muebles originales y piezas adquiridas por Deering en sus viajes por Europa.
‘La decoración de su casa evoca lugares y tiempos lejanos, mientras que los elementos constructivos (granito, coral, etc.), las plantas y el terreno, reflejan el deseo que Deering tenía de presentar a Miami como un paraíso. Los jardines son notables porque son una mezcla bien lograda entre la estética europea y la exuberancia subtropical de la Florida’.

El patio interior lleno de plantas crea un oasis fresco mientras las salas a su alrededor, de estilo barroco, cargadas con objetos de infinitas texturas me llevaban a imaginar la vida frente al mar.

Esa constante repetición de formas circulares y su interacción entre los jardines y el ser.
‘En la villa se usó una ingente cantidad de piedra caliza cubana, mucha de la cantera de Jaimanitas y también muchas tejas de antigua manufactura colonial que se trajeron de la cercana Cuba’

En el exterior la vegetación y el diseño de los jardines crean la atmósfera perfecta entre la elegancia de las formas clásicas y el frondoso verde del trópico.

Esculturas en medio del bosque y espacios de teatro a cielo abierto hacen del jardín un lugar perfecto para disfrutar junto al sonido del mar.

Fue abierta al público en 1953 como Museo de Arte del Condado Dade. En 1994 fue designada como Monumento Histório Nacional.
La casa ha sido sede de la Cumbre de las Américas en 1994 y también escenario de varias películas como Ace Ventura, detective de mascotas.

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En sus obras había  belleza, en la vida que florecía entre la quietud de la muerte

Gonzalo Zurita prepara su muestra el 7 de febrero en Quito. Su trabajo agrupa ilustraciones y óleos que serán presentados en su individual: Kuroi Iro. En su taller el tiempo parece desvanecerse. Conversar con el artista me permitió entender el origen de una instalación que experimenté hace tiempo.

Vi una obra de Gonzalo Zurita frente al cine Ocho y medio en La Floresta. Un muñeco hecho de papel que esperaba sentado en la vereda. Completamente inmóvil. Esa mañana Gonzalo, junto a un par de colegas amigos, habían montado su obra en la planta baja de su edificio para recibir a la gente que caminaba para conocer los talleres.

Habían pasado los meses y habíamos cuadrado con Gonzalo para documentar su espacio de trabajo y su vida. Sobre el escritorio donde dibuja estaban las maquetas de los personajes de papel: sentados e inmóviles. Sonreí al saber de su origen.

En el lugar vive más de un año y medio. Un edificio relativamente nuevo, construido en el tradicional barrio quiteño de La Floresta.

Desde su balcón se veían las casonas familiares. Piscinas y hermosos tejados que mezclados con los jardines subsisten emplazadas en varias cuadras.

La pared negra de la sala del artista permitía que las obras resalten. Entre su colección la obra en bastidor circular pintada por Freddy Guaillas.


Varios dibujos de Zurita se encontraban colgados en las paredes de su departamento. Ilustraciones con hermosos detalles hechos a lápiz.
En sus obras había belleza en la vida que florecía entre la quietud de la muerte.
El artista me contaba que varios de sus dibujos y óleos serán expuestos en su muestra individual Kuroi Iro el 7 de febrero en Delirium.

El dormitorio del balcón había sido dispuesto como su taller.

Sobre su escritorio estaban las lustraciones que prepara como encargo para el libro de un amigo.

Los lápices 6B, 2B y HB son los más usados por Gonzalo para producir. Las máscaras en grafito son otra serie que Zurita ha venido trabajando hace meses.

En otro rincón una representación en óleo de ‘Las Moiras’ abrió a la puerta hacia el sentido del destino. Las tres mujeres miraban mi lente mientras Gonzalo me relataba la historia griega.

Los tres personajes que atados al cosmos representaban el destino y el hilo de la vida se encontraban enmarcadas en una moldura a temporal.

El niño en la red, pintado sobre una tarjeta de televisión de los ochentas re apareció luego de haberla visto hace meses en los talleres abiertos. Al igual que la masa de carne que Zurita había pintado luego de un estudio de la masa móvil, cuerpo en movimiento, ser carnificado.

Sus formatos

Una maqueta rompía los soportes de trabajo del artista, al igual que un esquema- un juego interactivo para grandes, como lo llamó el artista. La elección de soportes parecía variar con libertad.

Desde 2017, Zurita venía pintando trípticos de óleo sobre bastidor en formatos de orden a típicos. También inició una serie donde el lienzo se recoge sobre el bastidor para crear texturas que se complementan con personajes a pequeña escala que parecerían estar en el horizonte.
Habían pasado horas de buena conversación. Antes de irme Gonzalo me indicó algunos dibujos que mantenía guardado en un mueble del corredor. Era como sus tesoros. Hermosas ilustraciones a lápiz donde el detalle encantaba.

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Los trazos del ruido por Faibol

Los trazos del ruido por Faibol

Nunca antes me había preguntado cómo se veía el sonido. Fue hasta la mañana del 12 de junio que descubrí los trazos, texturas sobre texturas, de la colección que Pedro Álvarez Estrella,Faibol, presenta en galería +Arte. Sus sonidos me transportaban a las grandes y congestionadas metrópolis. ‘Paisaje Ruidista’ es la forma en que el artista invita a experimentar la conexión de los sentidos: lo visual y lo sonoro.

Frente a la ventana de la galería, el artista cuencano instaló una mesa desde donde se desprendían sonidos a través de micrófonos de contacto que amplifican las vibraciones. El looper le permitía a Fai repetir reiteradas veces las vibraciones que producía con el rozar las baquetas. Por minutos, el espacio se llenó de ruido. A través de la ventana, el tránsito de la ciudad parecía combinar con lo colores y el ruido del artista. Con el cabello suelto, relajado, Faibol me invitaba a mirar su serie.

La sobre-estimulación
Según el artista, la serie -que estará hasta el 21 de junio- es una recopilación del trabajo que ha venido haciendo hace dos años o más. A su obra se la puede ver como capas sobre capas de sonido que van generando la relación de textura, forma y color. Desde que estuvo en la residencia del No Lugar, recolectó audios con su grabadora, esto le permitió experimentar mezclando y representando con la pintura.
“Las grandes ciudades parecen enormes manicomios en donde todos se mueven para cambiar de lugar pero no van, en el fondo, a ningún sitio”.
La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han

*Serie coronadepatas
La muestra, parte de su tesis, está basada en ‘La sociedad del Cansancio’, un ensayo del filósofo Byung-Chul Han. En una sala donde se repetían varios loops de video, Faibol me hablaba sobre los futuristas y la ‘música concreta’, una investigación de los sonidos generada en 1920 por el francés Pierre Schaeffer. La música concreta le sirivió a Faibol para crear. Descontextualizaba el sonido a través del uso de nuevas tecnologías para la época. Las máquinas con cintas eras los nuevos aparatos que permitían su creación.

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La contaminación es la brea que respira la ciudad

La contaminación es la brea que respira la ciudad

Oil Therapy
Exposición individual del artista Pablo Rosero que trabaja con datos y archivos de hidrocarburos, el petróleo y la polución registrados en el entorno. Búsqueda de los síntomas de la ciudad y sus sinergias, a partir de métodos de análisis que evidencian las realidades que ponen en peligro al ecosistema y de la cual, el ser humano es partícipe, a pesar de ser consciente o no de su huella.

Varios sueros colgaban de un soporte instalado por Pablo Rosero para su obra Disección. Esta vez el órgano era la ciudad.

‘La sociedad actual logró hacernos partícipes de nuestra propia opresión bajo el sueño de libertad. Éste órgano muestra uno de los tantos fenómenos creados a partir de la relación con nuestro entorno. Una relación donde cuidamos con empeño los consumos inmediatos sin saber lo que destruimos para obtenerlos’.

Las mangueras contenían un líquido negro que irá cayendo dependiendo la hora y la densidad del tráfico que exista donde fueron tomadas las muestras. Así el órgano de a poco se cargará con los contenedores de vidrio soplado que pronto serán grandes gotas negras cubriendo el blanco órgano de yeso.


Conocí a Pablo meses antes mientras investigaba la relación de temas de contaminación y ciudad.La noche del montaje estaba acompañado de un gran equipo.
Su padre y su hermana, se encargaban de los detalles de la sala. Mientras Pablo junto a un grupo de trabajo afinaba la señal de las pantallas y el funcionamiento de su otra obra: Neo feedback.

Una plataforma que giraba al rededor de unas pantallas y, que en sus momento, a través de un dispositivo bluetooth recepta las frecuencias cerebrales de la persona.

‘La base de los patrones fueron realizados a partir de frecuencias cerebrales (alpha, beta, theta y gamma).
Se leyeron las frecuencias del artista en distintos estados de consciencia mientras observaba videos relacionados con derrames de petróleo. Con esto se obtuvo datos suficientes que permitió des fragmentar en diferentes partes un hexágono, y convertirlo en un lenguaje’.

Era casi la madrugada y Polina C. pintaba un fragmento del hexágono donde los visitantes vivirán la experiencia de una lectura de sus frecuencias cerebrales y se harán parte de una muestra participativa que llenará varios paneles del lugar.

Otras piezas también complementan las instalaciones antes mencionadas y estarán expuestas desde hoy 29 de noviembre hasta el 22 de diciembre en Mas Arte Galería.

 

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La mayor colección de oro precolombino está en Colombia

La mayor colección de oro precolombino está en Colombia

El Museo del Oro de Bogotá, con cómodos accesos, amplios pasillos y hermosas salas, es uno de los más visitados de Colombia, recibe alrededor de 1.600 asistentes diarios. El edificio, diseñado por la firma de arquitectos Esguerra, Sáenz, Suárez, Samper y ganador del primer premio en la VI Bienal Colombiana de Arquitectura de Colombia en 1970, guarda más de 30.000 piezas de oro y 20.000 piezas de cerámica de la época precolombina.

El edificio ubicado en una esquina del Parque Santander en el centro de Bogotá, con sus enormes paredes de mármol blanco de cara a la ciudad, luce sobrio. Por dentro, resguarda hermosas piezas elaboradas, tanto en oro como en tumbaga, aleación oro y cobre, de la colección de orfebrería precolombina más grande del mundo; así como también importantes piezas de cerámica, concha, hueso y madera.
El recorrido despierta los sentidos. El Poporo Quimbaya, adquirido en 1939 por el Banco de la República y con el cual se dio inicio a la preservación de este legado en Colombia, luce imponente en su urna de cristal. La pieza de uso ceremonial, elaborada cerca del año 200 aC, servía para almacenar la cal utilizada en la masticación ritual de hojas de coca en las ceremonias de los Quimbaya. El Poporo es una pieza que causa admiración por estructura, sus armónicas proporciones y su fantástica manera de elaboración.
“Su técnica, la fundición a la cera perdida con núcleo, “una tecnología especial que se utilizó para realizar piezas complejas que requirieran un manejo especial del color, hacer recipientes con interiores vacíos y para crear impresiones decorativas”
La cosmovisión de los pueblos aborígenes está plasmada en cada pieza, en cada forma, en cada calado o repujado. Jaguares, caracoles de mar y serpientes elaborados en pectorales, collares y máscaras para la otra vida son símbolos, que en su conjunto, son un lenguaje completo. Mensajes de otros tiempos que entran a nuestro consciente, o subconsciente, a través de la vista.
“El Museo del Oro es sui géneris. No se originó como gabinete de curiosidades legado por un coleccionista filántropo, ni se desarrolló después como museo arqueológico, ni como museo de historia natural, como casi todos los de su género en el mundo. Reconstruir su historia es reconstruir la historia de un gran descubrimiento. Colombia no había sido objetivo de grandes expediciones científicas internacionales como las que se organizaron a Grecia, Italia, Egipto, Asia Menor, México o Perú durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, pues en ese país suramericano no había grandes pirámides, ni construcciones ciclópeas, ni los templos fabulosos del mundo antiguo. Había oro labrado, pero el labrado no interesaba. Lo que importaba era su peso y su pureza, para ponerlos en el mercado convertidos en lingotes. Un día se puso en el mercado, no un lingote sino un jarrón de época precolombina, y se notó que era “de muy perfecta factura”. Se percibió oficialmente que muchos otros objetos precolombinos también eran de muy perfecto estado, y se decidió que trataran de comprarse para preservarlos. En efecto se les empezó a comprar, y pronto hubo una colección que se colocó en escaparates. Fue entonces cuando se produjo el gran descubrimiento. Se reveló algo que hasta entonces sólo habían advertido algunos visionarios nacionales… Se descubrió que eran cosas bellas, asombrosas e intrigantes, cosas que demostraban que la monumentalidad no es cuestión de dimensiones sino de proporciones. Se descubrió que eran grandes obras maestras en miniatura.”
Más datos sobre el museo de oro (click aquí)

 

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Una esquina de Cuenca con mensajes de libertad

Una esquina de Cuenca con mensajes de libertad

Me llamo Río (@rioparkk) y soy de Cuenca- me dijo. Su trabajo esta conectado entre el performance, muralismo y ambientación de espacios. Sus mensajes sobre identidad y sexualidad están ubicados en lugares claves de la ciudad. Este viaje lo hicimos junto a KIKI (link)


Recuerdo haberme topado con la palabra Cuenca varias veces mientras organizaba mi viaje hacia España. Cuenca de España: es una ciudad en el centro-este del país ibérico protegido por una fortaleza medieval. Esta ubicado al tope de una gran roca, en la serranía, rodeada por los ríos Júcar y Huécar. Su característica principal son sus ‘casas colgadas’ estructuras ubicadas al borde de una pendiente.
¿No les suena familiar?


Fotografía obtenida en línea*
Estaba en Cuenca, Ecuador. Eran sus fiestas y Río estaba sentado bajo el mural que había hecho para el hotel Selina. Las líneas que se había dibujado en la cara acentuaban sus facciones. Su hablar se alejaba del acento local. Había vuelto de un largo viaje y su trabajo performance tocaba temas de identidad y sexualidad. Río fue el indicado para llevarnos a un recorrido por varios lugares del hotel.

Re crear

Cerca de una cava se encontraba el taller desde donde se recicló y re creó el hotel. El artista había sido parte del proceso. Junto a unos tableros que habían sido intervenidos, Río se hacía parte del lugar. Sus formas se encontraban en las habitaciones del hotel y se conectaban con algunos muros que había pintado por la ciudad.

Para acercarnos a su trabajo había que caminar.

Ese día Río era nuestro guía. Bordeamos las casas que gracias a la pendiente parecerían estar colgadas, abrazándose unas de otras al filo del río. El centro de la ciudad, aún habitado, es el lienzo perfecto para cargarlo de mensajes. El primer muro que me indicó Río era una colaboración con varios artistas y estaba lleno de formas que conectaban con las líneas que había visto antes.

Esa mañana llovía en la ciudad. El tiempo nos obligaba a detenernos bajo algún balcón, cerca de la entrada de algún negocio, para admirar los detalles de una ciudad que sigue conservando sus líneas y su ideología. A pesar del tiempo en el que va girando el mundo .

Bajo un portal, apenas a una cuadra del Parque Calderon un acordeonista había elegido el mural de Río para ubicarse y distraer a la gente que pasaba escuchando su música y leyendo los mensajes que el artista había dejado plasmado entre infinitas líneas de colores. Ellos se aman / Elles son novies. Un mural de Stefano Espinoza (@stephano_eg) complementaba el mensaje del artista. Mientras nos acercábamos a la zona más céntrica de la ciudad. El Parque Calderon, más marcas de Río. Una serie de stickers con temática queer decoraba una pared cerca de la gran puerta de la Catedral principal.

Cuenca de Ecuador: es una ciudad ubicada en el centro-sur del país sin la protección de ninguna fortaleza. Asentada entre montañas sagradas y cruzada por cuatro ríos con casas al borde de una pendiente. Con mensajes de libertad en sus paredes. La esquina donde es libre amar.

detalle de Río sobre la puerta de una casa Art Decó*

 

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Colaboración para pintar las cicatrices

Colaboración para pintar las cicatrices

Era la madrugada. Antes de que las almas despierten y llenen las calles fui hasta donde @concdecaro para preparar el material. Habíamos elegido el muro del ‘sucédeme’ para pintar de color las cicatrices. La palmera era mi reloj. El cielo me daba referencia de la hora, mientras Caro se divertía pintando sus letras sobre la foto.

El papel impreso era una espiral con la rosa náutica, las escaleras de servicio de la Villa Vizcaya de a poco contrastaba con las sombras de los primeros rayos de la mañana: el blanco sobre el blanco, el color de su paleta y la caligrafía. Extendían el soporte fotográfico hasta el infinito.

 

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El Útero, gestando cultura entre muros históricos

El Útero, gestando cultura entre muros históricos

En una ciudad en donde los espacios públicos son pocos y peligrosos, los lugares en donde se comparte alrededor del arte y la cultura tienden a volverse sitios seguros. Es el caso de El Útero, una casona que ha sido remodelada para convertirse en un referente importante de la ciudad. Después de dos años de gestión este lugar resguarda, acoge y activa, entre sus muros, un importante compendio de ideas y sinergias. La casona, arquitectura de los años 50: arcos de medio punto, perfilería de madera, hierro forjado, columnas y graderíos de madera, chimeneas talladas en piedra, techo de teja y una gran zona verde que la rodea.

 

 

Luz es antropóloga y bailarina. Pierre es escultor. Ellos, amigos y socios, estaban en búsqueda de un espacio para trabajar. Incluso sin un proyecto armado ni una idea definida emprendieron su búsqueda. Una mañana mientras Pierre paseaba a su perro se encontró con esta casona, la cual estaba abandonada. Las dimensiones del espacio y el potencial del lugar los llevaron a emprender este proyecto. “Un espacio socio-cultural que nace para albergar, unir y fortalecer una gran variedad de disciplinas culturales que se integran con el fin de crear sinergias entre artistas…”.
He visitado el lugar para escuchar conciertos, ver películas, presenciar talleres. De a poco el espacio cultural se ha posicionado como un nuevo venue de la ciudad. La recuperación de la casa les tomó varios meses. Fue un proceso en convenio con los dueños y en el cual se involucraron dos socios más. Mediante mingas y trabajo propio fueron recuperando paulatinamente la casona. En ese proceso conocieron a varias personas con las cuales han gestado proyectos que han ido moldeando la personalidad de El Útero. Para Luz es importante intervenir en espacios patrimoniales abandonados, ella cree que las personas se sienten cómodas consumiendo contemporaneidad en un espacio histórico.

 

 

 

 

Escaleras de madera dan la bienvenida al lugar. La altura del techo, la forma de las puertas, el yeso que rodea las lámparas colgantes y otros elementos me transportan al Quito de los años 50. Al costado, en uno de los dormitorios, Luz dispuso su oficina. Su sensibilidad de antropóloga, más que la experticia de gestora, le ha servido para mantener activo el lugar. “Sigo aprendiendo todo el tiempo”. Esteban Albán es el encargado de la parta administrativa y financiera. También lleva la organización y producción de los eventos del sitio. Aunque a nivel económico el proyecto sigue siendo un reto, se mantiene vivo mediante la potencia creadora de colectivos artísticos, músicos y activistas. El Útero quiere orientar su dinámica a niveles barriales y sociales, por ejemplo queremos implementar, a mediano plazo, actividades en horarios de la mañana, dirigidas a niños y a personas mayores. Es un reto potenciar actividades culturales que vayan más allá de la oferta específica del lugar, de la zona o de las actividades asociadas a la noche.
El espacio está abierto a nuevas propuestas que genere momentos de confluencia, seguros y confortables. “La idea es generar puestas que involucren escenógrafos, bailarines, músicos y otras ramas, para a través del recorrido habitar la casa. Como los fue el Psycholab y Liam, dos proyectos multidiscipilinarios que se desarrollaron en el lugar.

 

 

 

Pierre o Pepe, como le llaman sus amigos, es el encargado de la infraestructura del espacio.Sus esculturas creadas con reciclaje se han adaptado para ser parte de la ambientación de la casa. Comparte su taller con cinco personas más. Juntos crean para el lugar y potencian una dinámica de camaradería en donde comparten herramientas para desarrollar sus trabajos personales. Aunque el taller ocupa parte del patio, en pocos meses crecerá para albergar un nuevo espacio de cerámica y una readaptación de la carpintería, además abrirá sus puertas a personas que quieran aprender a construir esculturas con metal reciclado.

“Queremos crecer full más”- me decía Luz, mientras conversábamos sentados en el jardín. La casona rodeada de amplias jardineras permite que las plantas crezcan grandes y a su alrededor y creen sombra. A corto plazo, dentro de los planes del espacio cultural está abrir un restaurante vegetariano a cargo de Giovanna, otra socia del proyecto donde se podrá comer a la sombra de los árboles y bajo una pérgola.

El Útero se encuentra recibiendo propuestas continuamente.
¡Pilas!
Edición:
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Introducción al grabado

Introducción al grabado

Martina Samaniego fue la primera persona a la que entrevisté en su espacio cuando empece con el proyecto de documentar talleres de artistas. Ubicado en las faldas del Ilaló. La gran ventana de su sitio permitía tener una conexión directa con el exterior. Desde el exterior se apreciaba lo hermoso de su taller. Su prensa, la luz y las plantas. La artista comparte sus conocimientos e inspira.

Era la última clase de grabado, el día de entregas. Martina me recibió junto a sus alumnos de la Universidad Católica. En un ambiente distendido. Sin mucha presentación me integré al grupo e intenté pasar desapercibido. Un rápido recorrido dentro del lugar sirvió para entender más sobre la técnica. Las diferencias. Los elementos que se usan en su proceso y los químicos para corroer las placas.

El taller forma parte de la carrera de artes y es una introducción a la técnica. Mientras esperábamos que se complete el grupo. Martina guiaba a los que aun estaban dando los últimos detalles. La prensa hecha en San Bartolo es una de las mejores, según la artista. Permite crear grabados de gran formato.

Los archivadores, elementos que se destacan en el lugar, guardaban trabajos de ésta y otras épocas.
Transmitir conocimientos posiblemente sea la mejor manera de enamorar. Enseñar es una llamado. Martina cerraba el ciclo conversando, uno a uno, hablaban sobre su experiencia. Los trabajos estaban sobre la mesa. El conocimiento aplicado. Para aprender es necesario un lugar sin jerarquías, donde se pueda responder a una pregunta con una sonrisa.

 

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Un bosque de unicornios para descansar

Un bosque de unicornios para descansar

En el bosque nublado hay un lugar donde habitan los unicornios y donde es posible descansar con el sonido de las plantas. Despertarse con lluvia torrencial y un panorama completamente nublado. Gato permitido. Sin señal de celular y con vista a increíbles cascadas. Enormes paredes de agua que generaban una particular sensación térmica en el bosque primario, escondido y silencioso.

Hace mucho tiempo no sentía tanta felicidad al terminar de revelar una fotografía. Las plantas me permitieron sorprenderme con la dinámica de su convivencia: particulares formas, colores intenso e infinitas texturas. A solo 14 kilómetros de la entrada a Mindo, existe un gran bosque primario. Una acogedora casa de madera y cabañas privadas, que tienen como prioridad, resguardar el bosque. En su interior, sus paredes de madera generan la sensación de habitar un árbol. Lo mejor del eco lodge es que está permitido viajar con mascotas, su piscina es de agua natural y sus paredes están decoradas con arte.


En el ‘Abrazo del árbol’ se puede conocer el bosque con diferentes destinos: la cascada o el río. La caminata hacia el río me llevó a un encuentro con nuevas formas: hojas, tallos , flores y frutas. Plantas tropicales. En el largo contacto con el agua me distraje fotografiando las montañas y el tránsito de las nubes.
El camino hacia la cascada me llevó al mundo encantado de unicornios. Los peces de la laguna. Hermosos seres de colores creciendo sobre otras plantas y columpios sobre el agua.

 

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La mirada espejada de un universo verde

La mirada espejada de un universo verde

Por: Caro I.
Fractales no se puede explicar por medio de las teorías clásicas, fenómenos naturales, interpretados desde una visión arquitectónica, incluso matemática. Este orden, espejado, de la naturaleza, con su inmensa belleza, se deja capturar por el lente con precisión y sensibilidad. El trabajo artístico se plasma en formatos nuevos: ideas concebidas a partir de la exploración del mundo desde un lugar muy personal: viajes y vivencias que se cuentan, se entretejen y se reflejan entre ellas.

 

 

 

 

 

El valor infinito de traer hasta aquí la paz que habita en los lugares que no han sido tocados por el caos de la ciudad, con pulcritud y armonía, haciéndonos sentir que habitamos, por un momento, esos lugares, y de conmovernos con la idea de que lejos de nuestra realidad habitan miles de pequeñas cosas, que vistas de nuevos ángulos nos muestra lo que en realidad son: muy grandes. Es volver a la emoción y salir por un momento del concreto de nuestros días.
El color, la idea de que podemos sumergirnos en estas imágenes como en esas de los libros de ilusiones ópticas me recuerda a mi niñez. Asombrarse una vez más con el poder de la naturaleza: toda su magia esta ahí, en la piel de una hoja infinitamente multiplicada. De pronto ya no es sólo el reflejo infinito de todas estas imágenes, sino perderse en sus centros sutilmente absorbentes, y verse reflejado uno mismo, la propia piel infinitamente multiplicada.

 

 

 

 

 

Por: Estefania C – Lifestyle KIKI
La naturaleza estuvo aquí mucho antes que nosotros. Su sabiduría es de innumerables vidas, y su conocimiento es tan amplío como la cercanía que podríamos tener a ella si nos brindamos la posibilidad de de acercarnos. En silencio, con calma y explorar aquello que damos por sentado para darnos maneras de dialogar con ellas. Fractales es una conversación íntima que invita a sensibilizar sobre aquello que normalmente no observamos; para llevarla a espacios ilimitados. Como un recordatorio de lo que nos rodea, lo que damos por sentado… y brindarnos la oportunidad de explorar, aunque sea por instante, la belleza de sus infinitos tejidos.

 

 

 

 

 

Por: Peter Ronquillo – El Nodo Gye
Edgar crea con Factales otra dimensión, una puerta que nos permite conectarnos con la tierra y la naturaleza. Puede ser el momento más importante de nuestra existencia, para darnos cuenta de lo alejados que estamos de la naturaleza, así como saber que tenemos la oportunidad de traspasar por un nuevo portal y convertirnos en la voz de la madre tierra. El ritmo, la sensibilidad y la fragilidad son expuestos de manera muy acertada y sencilla, donde su estética arquitectónica y su propia historia se ve reflejadas en cada detalle.

 

 

 

Por: Camila M.
Una mirada desde la perfección de lo geométrico y lo sagrado.
La fragmentación y composición de cada una de las imágenes no solo invita a la contemplación sino a la indagación personal que nos permite como espectadores re interpretar el sentido de la naturaleza a través de la mirada del artista. Estas imágenes de hojas transformadas sugieren un sinfín de posibilidades a través de texturas y colores. Evocando sensaciones por medio de imágenes casi psicodélicas que demuestran lo perfecto y lo esencial de la naturaleza.

 

 

 

 

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Yo sólo se tejer

Yo sólo se tejer

La columna vertebral de una mujer estaba partida en dos. Crecía junto a las plantas y le resaltaba el rojo. Pamela Suasti aprendió a tejer a los 15 años junto a su madre y ese día tenía a su ‘Alma’ en el hombro. Un traje hecho de hilo en crochet que le cubría completamente el cuerpo y le tomó un año hacerlo. Luego de experimentar la pintura, el arte instalación y otras técnicas, descubrió en el tejido su camino para comunicar. Una continua e intensa producción ha desencadenado en Pamela una tendinitis en su brazo derecho y una distonia del escribano en su otra mano. Es un temblor en la mano cuando escribes’ –me decía.

En su dormitorio que usa para crear, cuelgan las lanas de fibras naturales. Hilo de chillo que proviene de una planta que según Pamela le otorga el nombre al Valle de los Chillos. Lanas de colores a las que Pamela diferencia con solo verlas. Se las siente entre el algodón y el acrílico. Entre oveja o alpaca. La hilada a mano o la que es teñida artesanalmente. Se debe sentir de cerca eso de girar en espiral el material para entender como los nudos se entrecruzan unos con otros. Suasti aprendió a hilar, torcelar, teñir y otros procesos en Perú. ‘Voy coleccionando las lanas solo por su color o características’- decía.

Desde 2015 en adelante Pamela ha sido llamada por el hilo rojo. Su ilustración se complementa con el bordado. Una serie de doce piezas de auto retratos en los que Pamela trabaja solamente con el hilo rojo. Sus ilustraciones brillan con los nudos sobre el papel del intenso rojo. Auto retratos de la artista y sus pasatiempos que le sirvieron de terapia, están atravesados con los nudos, al igual que las serie: ¿Qué habré hecho yo?. Siete cartas de amor inspiradas en un dolor emocional que le causó una relación pasada. Mensajes de texto que ahora están cubiertos o tachados. Palabras de dolor que Pamela debió haber leído una y mil veces mientras con paciencia las bordaba. Es como tratar de anular todas esas palabras. ‘Transcribir lo que el man me decía, si fue un poco denso’.Para la artista el rojo comunica de una mejor manera: la intimidad y la tristeza. Existen leyendas del hilo rojo que nos dicen que estamos conectados como una red gigante. ‘La vida tiene la forma de un tejido gigante, posiblemente’- me decía. De su armario sacaba con cuidado la ‘Carta de amor’. Una instalación que había tejido sus hilos a un corazón hecho de tela, que lo había puesto en el piso y había tensado los hilos con alfileres al corazón. La carta repetía la frase: ya no quiero sentir este hueco en el pecho que me desgarra el alma. Según Suasti el dolor le ha permitido conectarse con más personas que se identifican con sus procesos.

Una señora que no sabía leer ni escribir le había dicho a Pamela: ‘yo no se hacer nada, solo sé tejer’. Eso le inspiró para nunca más dejar de tejer y para llevar tatuado una madeja en la piel.

 

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Uno de los jardines más lindos del mundo está en Quito

Uno de los jardines más lindos del mundo está en Quito

Hace pocas semanas el diario The Guardian calificó al Jardín Botánico de Quito entre los 10 lugares de plantas más lindos del mundo. Según el medio, su amplia colección de orquídeas y la visita de quindes y mariposas hacen del lugar un must para visitar en la ciudad.

Existe una forma muy particular para conectarse con las plantas. La contemplación es un método efectivo para entablar una relación con los seres milenarios. En su comportamiento y convivencia está la clave para que los humanos con conciencia y raciocinio encontremos un significado más profundo de vida. Cuidar una planta es sentir el tiempo. Enamorarse de sus particularidades es llevar al gusto más allá de la forma. Mirarlas es afinar el ojo.

Hace pocas semanas el diario The Guardian nombró al Jardín Botánico de Quito entre 10 jardines más hermosos del mundo.Su historia se remonta a 1989 cuando el Municipio de Quito autorizó el uso del antiguo vivero para la creación del Jardín Botánico de la ciudad ubicado en el Parque La Carolina. Su construcción ha venido desarrollándose por etapas.

En 1995 gracias al aporte de Gisela Neustaetter se construyó el palacio que alberga una importante colección de orquídeas. En 1996, Judith Evans Parker, arquitecta paisajista, entregó el master plan para el desarrollo del parque. En 2004 el Municipio de Quito inició un proceso de rehabilitación para finalmente el 25 de febrero de 2005 abrir las puertas al público.

En enero de 2018 como parte de la conmemoración del centenario de relaciones entre Japón y Ecuador se inauguró una extension de 1 600 metros cuadrados en los que se puede disfrutar de azaleas, cerezos chinos, bonsais, arupos, hortensias, entre otras plantas provenientes de Asia. En el lugar también existe una estructura de bambú donde es posible darse el todo el tiempo para contemplar.

In the very pleasant Parque Carolina, the unsung Jardin Botánico Quito is a lovely place to visit. Its collection includes a wide selection of the plants found in one of the most biodiverse countries on the planet, with a major highlight being the orchid house, which contains a good range of Ecuador’s several thousand varieties. As well as spectacular bromeliads, fuchsias and native fruit trees, there are many butterflies and birds to be seen, including many hummingbird species.
Peter Myers
THE GUARDIAN

En el agradable Parque Carolina, el poco conocido Jardín Botánico Quito es un lugar encantador para visitar. Su colección incluye una amplia selección de las plantas que se encuentran en uno de los países con mayor biodiversidad en el planeta, entre las que destacan las orquídeas, en el lugar existee una buena variedad de las miles que hay en Ecuador. Además de espectaculares bromelias, fucsias y árboles frutales nativos, hay muchas mariposas y aves para ver, incluyendo muchas especies de colibríes.