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5 razones para conocer Chorlaví

5 razones para conocer Chorlaví

El estilo tiene influencia española por la utilización de adobe, pisos de piedra, ladrillo, columnas de madera. En los exteriores, hay jardines y árboles centenarios como el cholan, el cedro y los nogales.

Tunas y Cabras: viajar con conciencia en la pandemia es un antídoto a la depresión

Según datos de la ONU la depresión afecta a 264 millones de personas en todo el mundo. Los datos a nivel mundial parecerían confirmar esta mayor vulnerabilidad mental, citando encuestas que muestran un aumento del sentimiento de angustia despúes de la pandemia en el 35% de la población encuestada en China, el 60% en el Irán y el 45% en los Estados Unidos.

“El simple hecho de pasear puede reducir el riesgo de problemas mentales como la depresión”. El aire fresco hace que una persona se sienta mejor, sin agobios, sin presiones. Esta comprobado que la naturaleza es uno de los mayores antidepresivos que existe.

La antigua vía, aún empedrada, que conecta a Imbaura con Tulcán conduce hasta las más de 7 000 hectáreas desérticas que rodean el Tunas y Cabras, en medio de flores de chaguarqueros,  sábila, aloe vera e imponentes paisajes del desierto. Un hotel que adaptándose a la realidad, construye nuevos espacios al aire libre, donde los viajeros pueden conectarse directamente con todos los elementos. La palabra AMOR al filo de la montaña, hecha con acero metálico, es un homenaje al motor que mueve al mundo.

El pasto verde y recién cortado atrae a los pájaros y golondrinas, que en  búsqueda de comida llegan hasta el lugar aprovechando de las fuentes de agua de un gran jardín con hermosos y grandes árboles con flores de colores. Los pavos reales duermen en las copas y es muy fácil dejarse hipnotizar por el azul que genera la piscina. El lugar cuenta con un club hípico en el que se puede aprender sobre la crianza del caballo e interactuar con ellos.

El paisaje desde las mesas del restaurante, es infinito. Enormes ventanales permiten el ingreso de luz y de aire. Los horarios extendidos y las medidas extras de seguridad, permiten que no existan tantos viajeros dentro del mismo espacio y que haya una rotación constante. Entre las medidas de seguridad que ha implementado el hotel están: la implementación de bandejas de desinfección para los automóviles al ingreso. Un lavabo móvil ubicado en el exterior de la recepción. El control de temperatura y síntomas de los viajeros. Y el uso de mascarillas en las áreas compartidas.


RECOMENDACIONES IMPORTANTES SI DECIDE VIAJAR:

Viajes en auto

Las paradas en el camino para cargar gasolina, comer o ir al baño pueden causar que usted y las personas con las que viaja tengan contacto cercano con otras personas y con superficies que se tocan con frecuencia. Tenga el suficiente alcohol para todo el trayecto. 

En público:

  • Use mascarilla en entornos públicos.
  • Permanezca al menos a dos metros de distancia (aproximadamente la longitud de 2 brazos) de las personas que no viven en su casa.

Baños y sectores de descanso:

  • Lávese las manos con agua y jabón por al menos 20 segundos luego de ir al baño y después de haber estado en un lugar público.
  • Si no dispone de agua y jabón, use algún desinfectante de manos que contenga al menos un 60 % de alcohol. Cubra todas las superficies de las manos y frótelas hasta que sienta que se secaron.

Al cargar combustible:

  • Use toallas desinfectantes. Luego de cargar combustible, use un desinfectante de manos con al menos un 60 % de alcohol. Al llegar a destino, lávese las manos con agua y jabón por al menos 20 segundos.

Paradas para comer:

  • La opción más segura es llevar su propia comida.

Prevea sus necesidades de viaje

  • Lleve consigo una mascarilla para usar en lugares públicos.
  • Empaque desinfectante de manos. Manténgalo a mano.
  • Lleve suficientes medicamentos para que le duren todo el viaje.
  • Lleve alimentos y agua en caso de que las tiendas y los restaurantes estén cerrados, o no dispongan de atención desde el auto, retiro de comida por el lugar y mesas al aire libre.

Polylepis Lodge, la conexión profunda que necesitas

A pocas horas de Quito se encuentra la reserva ecológica de El Ángel, un área protegida de alrededor de doce hectáreas que acoge a dos ecosistemas diferentes. En el lugar se encuentra Polylepis Lodge. El lugar permite dormir dentro del bosque y re conectarse con la quietud y la paz de la montaña.

Hacienda Pinsaquí con más de 300 años y adaptada al 2020

Cayó la noche, y luego de cenar una sopa caliente frente a un enorme mueble tallado traído en barco posiblemente de Asia, me permití saludar al Imbabura. La noche estaba despejada y a lo lejos se podía ver el perfil de la enorme y milenaria montaña alumbrada con la luz de la luna. Doblé mis piernas para pegarme a la tierra y me arrodillé. Agradecí y pedí por salud. La cámara, programada en larga obturación imprimió sobre el sensor la enorme e imponente montaña.

Estaba en la Hacienda Pinsquí, en una gran planicie que antecede al portón de ingreso de la casa construida desde 1772. Un gran patio de enormes eucaliptos dan sombra y a su vez son parte de la magia y la historia del ingreso. Una pileta circular es la encargada de generar el armónico sonido del caer del agua sobre el agua.

La arquitectura de la hacienda de estilo colonial se mezcla con hermosos detalles de estilo republicano como las líneas rectas y decorados de yeso, ventanales de gran altura. Los detalles hablan de la historia del espacio. En contraste a la arquitectura republicana, un enorme tejado soportado por grandes paredes de tierra guardan la historia de El Obraje establecido como uno de los más grandes de la zona, dedicado a producir tejidos de oveja y que llegó a tener más de mil trabajadores. Actualmente las grandes chimeneas y ventanales del lugar calientan los desayunos y las lecturas de la tarde en los salones dispuestos para los huéspedes.

Su interior guarda tesoros. El sitio tiene dos galerías decoradas con muebles franceses de madera tallada. Lámparas de Murano, esculturas de bronce y fotos que relatan la vida política de sus propietarios. Todas las habitaciones cuentan con baño privado y detalles que te envuelven en el lujo de la época como los grandes baños con tinas y lavabos de mármol.

El arte que decora el lugar son regalos traídos por la familia en barco en sus viajes por el mundo. Un cuadro de estilo japonés con incrustaciones de nácar es parte de la colección. Al atardecer, el sol se pone en el jardín posterior de la casa.

El graderío de piedra conduce a las grandes magnolias y araucarias testigos de importantes encuentros, históricos y libertarios, como el plan de Simón Bolívar para gestar la Batalla de Ibarra. Las 17 hectáreas que aun son parte de la hacienda guardan celosas una hermosa y olvidada glorieta en medio del bosque con estilo arabesco que posiblemente era usada para mirar los atardeceres de los campos de la hacienda. Los viejos y aun cargados naranjos que adornan la terraza posterior, son también el ingreso a la antigua bodega de equitación y el actual bar, donde se puede disfrutar de un canelazo con música local.

Viajar en tiempos de pandemia

Estos últimos meses nos han demostrado que a pesar de la letalidad del virus, el mundo no puede detenerse. Hoteles como Pinsaquí se están adaptado continuamente para reactivar el turismo en particular el turismo local. Con el 30% del aforo y la mitad de sus empleados, el hotel ha tenido que adaptarse a nuevas medidas que permiten a los visitantes desconectarse por un momento de la cuarentena y  olvidarse por un rato, en los espacios abiertos, de uso de las mascarillas.

Entre las medidas que se han tomado son: una ficha de registro por cada visitante donde se indica la procedencia, el estado de salud, los síntomas y un análisis al ingreso de temperatura y desinfección. Al llegar a la puerta de las habitaciones, carteles pegados en las puertas indican la desinfección total de las habitaciones. El uso de la mascarilla en los lugares compartidos como los corredores, restaurantes y el bar son obligatorios. En la cocina, los cubiertos, platos e implementos se lavan con agua en altas temperaturas. Los almuerzos son servidos al aire libre y bajo los eucaliptos para respetar la distancia. Varios lugares de desinfección con alcohol y bandejas para los pies se encuentran en las áreas de alto tránsito.

*Es importante aclarar que a pesar de las medidas que toman estos establecimientos es nuestra responsabilidad cuidarnos y cuidar de los otros. Aun cuando entendemos la importancia de activar el turismo, no recomendamos viajar, peor  aún si existe un estado de vulnerabilidad. En caso de decidirse por viajar, se recomienda prestar mucha atención en los detalles, llevar un kit de limpieza personal, cubiertos de madera desechables y alcohol.

ESPACIO PUEBLO, creando en el no tiempo

ESPACIO PUEBLO, creando en el no tiempo

ESPACIO PUEBLO es un rezo a la naturaleza, que con su propia materialidad hace parte del contenedor y de su contenido. Sus paredes son lienzos vivos donde las plantas crecen. Caminar por su espacios es revivir la intención con la que fue creada. El Pumamaqui, el Wantuk, el San Pedro. Varios árboles y plantas nativas que crecen en los jardines son regalos de amigos y chamanes. El tapial y el bahareque son testigos de la arquitectura rural de una ciudad que nunca paró de crecer. Pero en el campo el no-tiempo se siente y el sonido del fluir del río jamás se detiene.

A la artista Veronica ‘Patin’ Falconí le tomo 1 año y 6 meses diseñar y construir su casa. Cuando la terminó, hace 22 años, nació su hija Mile Broche. Recuerda haber llegado de dar a luz con Mile y su placenta que está enterrada en el jardín. Patin logró construir éste lugar gracias a la visión su abuelo Gonzalo Pérez que era dueño de una antigua fábrica textil y que también construyó una casa estilo Art Deco en la tierra del no morir: Amaguaña. Patin tiene las mejores experiencias de su niñez y la vida del campo. Recuerda que la casa de su abuelo tenía un altillo con un tren a vapor donde jugaban junto a sus 18 primos. Recuerda también las expediciones al campo cuando los primos más grandes les subían en los hombros a los más pequeños para ayudarles a cruzar el correntoso San Pedro hasta llegar a la cascada del bautizo donde se ponían sobrenombres para todo el año. También se acuerda del sabor del chocolate con panela y el pan que comían en el bosque nativo junto a su hermano.

La artista tiene grabada la construcción de su casa en super high 8. Su hermano fue uno de los principales actores que le motivaron para la construcción de su casa en la hondonada que da hacia el río en la propiedad del abuelo. Todos los materiales de construcción fueron sacados del mismo bosque y modelados por la artista. El barro, la paja y la madera son elementos que se encuentran a la vista y que están rellenos de materiales reciclados como botellas plásticas. Las protecciones de hierro forjado también fueron pintados por Patín. Para hacer los cimientos y construir la casa la artista contó con la ayuda de Broche, el papá de Mile y dos familias que llegaron desde Chimborazo. Patin recuerda con cariño la cocina comunal que se armaban en los días de trabajo mientras poco a poco se cocinaba su sueño.

Vivir en su interior es sentirse contenido. En el lugar se siente que vivió una mujer poderosa. La trayectoria de Patín le permitió acercarse al mundo de la expresión con la pintura, la fotografía, la creación con cerámica y la sanción con la plantas. Es terapeuta holística, trabaja con las técnicas del reiki, rakiram, aromaterapia y coherencia energética. Su casa es la expresión de su vida y sus necesidades. Cuenta con un taller de cerámica en el subsuelo antes protegido con las puertas de las caballerizas, y un cuarto obscuro para revelar fotografía análoga. En el jardín aun crecen sus aromáticas, enseñanza de doña Ximena Méndez, la Trushky como le dice de cariño. Su mamita negra que le enseñó a conocer y a danzar con las plantas para poder disponer de ellas.


Un patio de piedra es la gran  antesala donde se sostienen las enormes columnas de madera que fueron sacadas del antiguo ordeño que soportan la casa y los balcones del segundo piso. Un enrome cactus de San Pedro que sobre pasa el primer piso cuida la cocina por donde entran los rayos del sol desde primeras horas de la mañana.  En el patio posterior que da hacia el río, protegidos con la sombra del Pumamaqui, crecen los tomates de árbol. La casa viva es un equilibrio entre la creación y la medicina. Cada lugar guarda la energía de quien lo habitó.


Escuchando el llamado de la naturaleza y con el fin de sacar raíces en ella. En junio de 2020, Juliana V. y EDS. habitan la casa viva: Espacio Pueblo, creando un proyecto para compartir en comunidad. Éste lugar esta destinado a que sus visitantes exploren su creatividad y su medicina.

JULIANA

Acompañante en procesos evolutivos, artista, yoguini, equilibrista y amante de la naturaleza. Desde niña estuvo conectada con la medicina de las plantas y actualmente trabaja con ellas para sanar el cuerpo físico y elevar el cuerpo espiritual. Practica highline, escalada y montañismo con el fin de conectar con la naturaleza e ir más allá de sus miedos. Tomó la decisión de mudarse a la casa para abrir los espacios de sanación y creación en la naturaleza.

EDS

Coleccionista y fotógrafo. En continua exploración con la naturaleza, la geometría sagrada de las formas, la repetición y los patrones. Se especializa en fotografía de arquitectura. Retrata talleres de artistas y escribe crónicas de su trabajo. Viaja en continua exploración de la luz como símbolo de la creación. Retrata montajes de arte con el fin de expandir la comunicación y su consumo.

Juntos abren las puertas de Espacio Pueblo haciendo un llamado a las almas creativas a conectar con la naturaleza y manifestar su arte.

Servicios:

– Yoga.

– Acompañamiento de procesos evolutivos.

– Masajes y terapias holísticas.

– Caminatas de empoderamiento en la montaña.

– Cerámica ritual.

– Musicoterapia.

– Nutrición y vegetarianismo.

– Escalada, highline, montañismo.

– Tienda holística cultural.

– Taller de composición y color.

– Taller fotografía análoga.

– Conversaciones de arte.

– Visitas a la colección.

– Residencias de arte.

– Tienda de arte local.

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La nube, un espacio para estudiar el tiempo

La nube, un espacio para estudiar el tiempo

Para todo juego existen reglas. En La Nube Casa Cultural se respeta la libertad. Es un espacio donde se gesta bajo normas conscientes de convivencia. Ubicado al tope de un edificio, ocupando los dos últimos pisos, La Nube crece con miras a convertirse en un centro de producción y difusión del arte contemporáneo.

A partir de septiembre de 2019, La Nube espacio cultural abrió sus puertas al centro norte de la ciudad. El objetivo del lugar es difundir y dar cabida a varias ramas del arte en todos sus géneros. Para Guillermo Segovia uno de los creadores del espacio es una experiencia importante poder gestar varios encuentros a través del juego, junto con el respeto de normas de convivencia social que hacen que la energía de La Nube se mantenga en constante movimiento. El lugar dividido en dos plantas: la primera planta; completamente abierta, muta para convertirse en un drag show, en una galería de arte, en un sala de danza, capoeira o en un espacio de meditación. La segunda planta, tiene una acogedora sala con un ventanal enorme hacia la ciudad y hacia uno de los pocos y grandes árboles que sobreviven en el barrio. También cuenta con dos dormitorios actualmente en alquiler.

El lugar está conformado por un equipo de artistas dirigidos por Juan Fernando León y Guillermo. La comunicación digital y la producción audiovisual la maneja Alejandra Ávalos. Los talleres que actualmente se dictan en La Nube están dirigidos por: Cristina Baquerizo en danza contemporánea. Larry a cargo de la casa drag House of the Soul. Sara Acosta en danza. Daniel Quelal y Ana Orellana en swing. Flor Gómez dicta las clases de yoga. Rafa Soto en teatro. Santiago Paute en capoeira y Mati Palacios se encarga del club de vogue los días domingos. El club del collage tiene sus encuentros los miércoles por la tarde.

Dentro de las nubes la energía no deja de fluir. De la misma forma en el espacio cultural: las cosas, las personas y sus estados cambian todo el tiempo.

¿Cómo organizan su agenda cultural?

Pensamos en un período semestral. Armamos una línea de eventos y clases permanentes y talleres itinerantes a través de una convocatoria. Queremos que todos se sientan libres de proponer. Recibimos la información y vemos que tan factible es hacerlo. Si es posible lo agendamos.

¿Cómo hacen para financiarse?

Principalmente el alquiler del espacio. La venta de entradas y arte en ferias.

¿Por qué eligieron el lugar?

Se nos presentó la oportunidad de crear el lugar. Nos pareció que el sitio era idóneo para generar un lugar como el que teníamos pensado. Decidimos que sería un buen lugar porque no existe una sobre demanda de casas culturales como en otras zonas de la ciudad. La cercanía a la Plataforma Gubernamental y el rápido crecimiento de la ciudad hicieron que nos inspiráramos en crear un lugar sitio solo para estar, para estudiar el tiempo.

¿Qué es estudiar el tiempo?

La contemplación, estudiar la respiración, estar consciente de enfocarte en el presente.

¿Se pueden crear espacios extraordinarios?

Sí, con la observación. A veces hay elementos en los lugares que te interpelan y te responden a lo que está pasando.

¿Por qué La Nube?

Se llama La Nube por la vista, siempre puedes ver las nubes, un paisaje súper lindo. Es fresco, es directo, es corto.

Juan Fernando León pinta desde los 13 años. Su temática son los monstruos. Su juego es permitirse indagar sobre los colores, las líneas y la ilusión óptica. Trabaja con esmalte de uñas y varios de sus cuadros están colgados y a la venta en el centro cultural.

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La Sierra Nevada de Santa Marta: el corazón del mundo

La Sierra Nevada de Santa Marta: el corazón del mundo

 

En búsqueda de lugares para caminar, en mi último viaje a Colombia, fui hasta donde se encuentran la montaña y el mar, el Parque Nacional Natural Tayrona, reserva natural de Colombia localizada en el Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta. La Sierra Nevada, un sistema montañoso aislado de la Cordillera de los Andes, se yergue a orillas del Mar Caribe hasta una altura de 5.775 metros sobre el nivel del mar.
“La Sierra es la cuna de los Tayrona, una civilización indígena monumental que existió en el país. Aún viven allí descendientes de esa cultura con alrededor de 70.000 indígenas de las etnias Kogui, Arhuaco, Kankuamo y Wiwa. Es la formación montañosa litoral más elevada del mundo, con dos picos de 5.775 m de altitud; el pico Cristóbal Colón y el pico Simón Bolívar. Por su variedad de ecosistemas, pisos térmicos junto al mar, su belleza singular y su riqueza histórica y cultural constituye un paraje único para visitar y fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1979.”

Para los indígenas que la habitan, la Sierra Nevada es El corazón de la Tierra.

“Los líderes espirituales, o “mamas”, de los koguis de Colombia han protegido los lugares sagrados de este pueblo indígena desde hace siglos. Ellos, y sus vecinos los arhuacos y los arsarios, conservan los lugares, llevan a cabo rituales y mantienen la “Ley de la Madre” que rige el mundo. Su sistema de protección indígena es uno de los más complejos del mundo. Los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta han sido masacrados desde los tiempos de la colonización hasta las recientes oleadas de combates entre las guerrillas, los paramilitares, los traficantes de droga y los colonos. A pesar de estos enormes problemas, los “mamas” continúan enseñando las costumbres de la Madre y protegiendo su montaña sagrada, a la que consideran el corazón del mundo.
En el lugar se encuentra una “Ciudad Perdida” que fue habitada entre los años 600 y 1800. En un texto de Josefina Calderón describe la vida de sus habitantes:
“Las puertas eran adornadas con caracoles colgados de hilos, los cuales, soplados por el viento producían un armonioso sonido. En sus trabajos los Tayrona acostumbraban estar casi desnudos. Pero cuando salían de sus faenas usaban trajes de telas firmes de algodón. Las mujeres, además de la falda, se echaban sobre la espalda una especie de chal o pañolón de tela blanca. Hombres y mujeres se adornaban con joyas de oro, penachos de plumas y mantas pintadas, adornadas con cristales de cuarzo, coralina, jaspe y otras piedras engarzadas en oro. Como no tenían rebaños, sino que vivían principalmente de vegetales y frutas, su vecindad al mar determinó para los Tayrona una alimentación a base de pescado, mientras que sus montañas les dieron cuantiosa cacería de venados y aves como paujiles, tórtolas y pavas. También el mar les suministraba la sal, no sólo para condimentar sus alimentos, sino para conservar el pescado seco, del cual hacían comercio con las tribus que les proveían de oro. Complementaban su nutrición con la miel de abejas, que supieron cultivar con gran esmero y en abundancia tal, que cierto soldado español contaba haber visto en tierras Tayronas hasta 8.000 colmenas. Los collares de oro y cuentas de piedras semipreciosas, sirvieron de elementos de trueque con otras culturas, inclusive con las de las tierras altas de Cundinamarca y Boyacá, de donde llegaron esmeraldas a la Sierra Nevada.”
Para llegar al Parque Nacional Tayrona se toma un bus desde la esquina del Mercado de Santa Marta que tiene un valor de 8.000 pesos colombianos ($2.50). El bus pasa por la puerta del Parque Nacional. La entrada al Parque cuesta 30.000 pesos colombianos ($9,30). Es recomendable llevar efectivo, porque una vez adentro, es necesario pagar otro transporte para llegar hasta los senderos y, muy importante, cubrir los servicios de un guía para las caminatas. Aunque es posible conseguir alimentos y bebidas en las tiendas cercanas a la entrada del Parque, es mejor llevar provisiones para pasar el día.
Los senderos y ciertos lugares estratégicos permiten, simplemente, entregarse al paisaje, maravillarse con cada rincón de esta fabulosa y sagrada Reserva Natural.
Algunas zonas alrededor del Parque tienen hoteles frente al mar que, entre cocoteros y el paisaje de las montañas, acompañan a las aguas del mar Caribe.
Para hospedarse cerca del Parque está el Tayrona Tented Lodge perteneciente a ECOHOTELS . Este lugar, que te recibe con agua de coco fresca por las mañanas, cuenta con un restaurante de comida local en donde preparan el menú dependiendo de las preferencias del turista y con paneles solares para proveerse de energía. Sus cómodas cabañas para dos personas, dispuestas frente al mar, están equipadas con baño privado. El valor, de 218.000 pesos colombianos diarios ($68), incluye desayuno, almuerzo, cena y una increíble vista a las estrellas fugaces mientras se es arrullado por el sonido del mar.
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Una experiencia local en República Santa Marta

Una experiencia local en República Santa Marta

De realismos mágicos y mágicos realismos. Siempre que llego a Colombia me preparo para aprender de su poderosa magia, esa que cautiva: un mix del paisaje, los sabores, los colores y la buena onda de su gente. Esta vez las coordenadas me dirigieron hacia el Caribe. Una casona colonial con olor a mar y cargada de texturas tropicales era el lugar perfecto para vivir una experiencia local y ver caer el sol con olor a café mientras las texturas de las palmeras se impregnaban sobre la fachada. Había llegado a República Hostel, el espacio perfecto para empezar mi viaje por la costa colombiana.

La Casa Alzamora que alberga al actual República es de arquitectura colonial, está ubicada en la calle De la Acequia con el Callejón del Cuartel esquina (calle 15 # 2-16) al frente del Parque Bolívar. Fue construída a finales del siglo XVII por Manuel Epalza de Hoyos. En la lugar el político Manuel Murillo Toro, quien fue dos veces presidente de Colombia, instaló una imprenta en 1947 donde publicó La Gaceta Mercantil; el primer periódico económico y comercial del país que en la década de 1850 llegó a tener agencias en el interior y en el exterior. La edificación funcionó también como sede de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Santa Marta. (Obtenido de: Información Municipal)

Todo pasa alrededor de la piscina. Varios viajeros descansan meciéndose en las hamacas de los corredores. El mosaico del piso, las sillas Acapulco y las plantas ambientan el lugar. El sitio está creado para vivir una experiencia local. No faltan las arepas con café en el desayuno, las clases de yoga y salsa con profesores de la ciudad y una cocina donde se puede preparar y compartir la comida con otros turistas. Su ubicación céntrica permite conocer los museos y la ciudad a pie. Respirar la ciudad y su caribeño realismo mágico.

Notas de viaje:

Valor por noche
Habitación compartida: 25 mil – 35 mil pesos colombianos (8.50 – 11 dólares americanos)
Habitación privada: 160 mil pesos colombianos (50 dólares americanos)

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Estefania Cardona, el espacio creado con amor

Estefania Cardona, el espacio creado con amor

Graduada de Comunicación Corporativa, con una maestría en Marketing de Moda cursada en Barcelona, Estefanía Cardona o More, como la llaman sus amigos, se ha ido construyendo a lo largo de su trayectoria, de sus viajes, de su experiencia laboral. Amante de los cuadernos y las libretas es posiblemente la persona más cercana, con la letra más pequeña y ordenada, que conozco. En su casa han crecido las plantas, todo ha reverdecido. Luego de cuatro años compartiendo su amistad volví a retratar su espacio, a inmortalizar su tiempo.

Desde que inicié la documentación de talleres de artistas estuve en la búsqueda de espacios particulares que nos cuenten las dinámicas de la convivencia de las personas más allá del arte. Sigo abierto a conocer talleres de productores, bailarines, artistas performáticos, diseñadores. Lugares donde no necesariamente se encuentran “el óleo regado sobre las paletas y los lienzos sobre los caballetes”. Gracias a este proyecto he podido conocer más sobre el valor que las personas le ponen al habitar sus espacios. Por este y muchos otros motivos volví a la casa de Estefanía Cardona, creadora de Lifestylekiki, plataforma digital donde se gestan proyectos enfocados a la moda, el arte y la cultura.
A More, como le conocen sus amigos, le gusta resguardar las cosas hechas con valor y con tiempo. Reconoce tener una debilidad por los objetos que contienen una historia tras su creación. Su departamento ocupa la planta entera de un edificio, tiene entrada de luz, desde el amanecer, por el oriente, por el occidente un hermoso atardecer ilumina el área social y su dormitorio. En junio de 2016 fue la primera vez que llegué hasta su casa. Sentada desde la esquina del sillón miraba al sol caer tras el Pichincha. Desde ese entonces hasta ahora todo ha cambiado.
Las plantas han llegado a acompañar su camino. La hermosa Millonaria de hojas grandes que habita su cuarto es, según More, su primera compañía al despertar.
En su mesita de noche: amuletos y aceites hacen parte de su búsqueda espiritual. Para More uno de los valores primordiales cuando tiene visita en casa es la comodidad, entonces en la mesa de centro una vela encendida y un helado con galletas acompañaban la calurosa tarde.
Admiro su sensibilidad para escoger cada detalle. La sala del comedor y la cama fueron hechos por Pedro Calle. Las macetas de Isadora Soroche.Cojines de la India. Muebles de sus abuelos, heredados de la familia o encargados por amigos cercanos. La sala, el espejo, el puf verde y la lámpara fueron diseñados por @InsideDesign
SMLXL
Los demás objetos que le acompañan a diario son regalos especiales de amigos cercanos y recuerdos traídos de su último viaje por Asia, España y Chile.
More disfruta tener invitados en casa. El amor por su espacio, la potencia de su trabajo y sobre todo la idea constante de soñar nos han juntado en éste camino. Franca, creativa, sincera, a través del tiempo he podido conocerla. Las largas conversaciones nos han permitido tejer una hermosa red.
Sobre el escritorio, sus libretas. Plannings de proyectos como las “Noches de cine y moda” o las estrategias digitales para sus clientes son parte de la nueva More, al igual que los bocetos para intervenir revistas de moda.
El sol terminaba de ocultarse tras la montaña, las luces de la ciudad se encendían y la nueva More continúaba mirando el atardecer estándose: un verbo que ella ha adaptado para vivir sintiendo su respirar y con mira a sus objetivos.

 

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Empoderarse para crear

Empoderarse para crear

Camila Morejón rompe tabúes a partir de la normalización de los cuerpos, sobre todo de los femeninos. Aprender acerca de sus bordados es aprender a mirarse y a valorarse. La artista y diseñadora de espacios utiliza la herramienta de tejido para derribar el miedo y las culpas.

 

Los hilos de colores con los que había tejido las vaginas brillaban sobre el terciopelo de la capa negra que le cubría esa mañana. Los rizos de su cabello y las flores de su vestido contrastaban junto a las plantas. Caminaba segura entre los árboles que rodean su casa en la que vive más de un año y medio. Las telas se arrastraban sobre el césped, Camila (IG), artista plástica y directora de arte de 31 años, me invitó a pasar a su lugar de creación. Había llegado a su casa para desaprender sobre los tabúes impuestos por la sociedad hacia la vagina y aprender esta nueva historia inspirada en motivar a más mujeres hacia un conocimiento de su sexualidad y un empoderamiento de sus capacidades creadoras.

“Lo primero que hago cuando doy un taller es darles esto”. Tres espejos, conectados por un hilo, eran la herramienta que les serviría a las mujeres, que asisten a sus talleres, para explorarse y conocerse a profundidad sus cuerpos y con detenimiento contemplar sus vaginas.

“Hay veces que no saben dónde se encuentra el clítoris y es un aprendizaje de conocernos desde cero, anatomía”- decía Cami. Antes de continuar mostrándome su trabajo, me invitó a tomar un café. En el jardín, unos hilos amarillos habían sido tejidos por la artista para el altar del día de su boda. En el segundo piso, sobre su taller, el área social de su casa preserva objetos especiales.

La lámpara que perteneció a su madre y padre decora una de las esquinas. Muebles de sus abuelos y regalos de matrimonio ocupan las paredes del lugar como Nuestra Señora de los Favores, de Gisella Iturralde, que -en una posición infinita- carga en un par de baldes los interminables favores para sus feligreses. Sobre una fotografía panorámica del Altar de Andrés López estaba la obra ‘Lo que le pasa a una, nos pasa a todas’.

 

 

Un conjunto de vaginas hechas en cerámica presentada en la muestra Mujeres Difíciles con luces que se activaban al momento de apoyar una pistola sobre los sensores. Su aro de matrimonio, inspirado en las formas de la arena, las conchas y el ir y venir de la marea confirmaban de su amor por el poder del mar.

 

 

En su casa tiene un altar que, compuesto por hermosas piedras, transmiten su confianza hacia la creación. “El mar es sanador”, sonreímos con esa conclusión.
Mientras tomaba sorbos de un café amargo, la artista me contaba sobre los motivos que le llevaron a dejar su trabajo de publicidad. “Me sentía como el Cotopaxi” me dijo. Haciendo referencia a su malestar cuando tuvo que tomar pastillas para calmar sus dolores de una lesión de la espalda y el hombro. Su dolor fue tal, que también lo inmortalizó en una serie de dibujos.

 

 

 

En su taller, me mostró su primer bordado. Tejer siempre ha estado en los momentos importantes de su vida. En el vestido de su boda y en todos los días que junta los hilos para crear formas. “Nunca aprendí con tutoriales, siempre probé y me di las maneras de inventarme mis propios puntos”.
Me contó que siempre trabajó con fibras y también ha probado tejer con las manos. Sin embargo, me decía que juntar el terciopelo con los bordados más los detalles de mullos, da como resultado telas decoradas para sentirse como una reina, según la artista.

“Yo veo esto y pienso en un pavo real” dijo. “Un día me levanté y dije quiero hacer ropa increíble para mujer” ahí aprendió a hacer patronaje, en adelante tiene la premisa de que todo lo que hace lo piensa como si fuera hecho para ella.

 

 

 

Sus proyectos se han ido tejiendo entre ellos. Las vulvas bordadas, por ejemplo, es un viaje de introspección personal y de entender los procesos de cada persona que le pide a la artista un bastidor con una vulva de colores. Es una conversación cercana con quienes le solicitan. La artista, junto al cliente, elige los tres colores en una especie de entrevista de manera casi visceral. Al final del proceso, la artista les pide a los dueños de la obra ponerle un nombre a su vulva y así concluye el proceso con sentido. Camila me contaba que su obra busca provocar para hablar.
“Cuando yo era chiquita, una profesora nos dijo que la masturbación era normal. Y en mi casa pensaban diferente entonces crecí con una traba mental’.

 

 

Los ‘Vulva Workshop’ de Camila son un espacio para normalizar los cuerpos, es un sitio para aprender a mirarse y a valorarse. Es un lugar de sanación en el que los círculos de mujeres y hombres comparten sus experiencias para naturalizar y derribar el miedo y las culpas. “Porque la gente muchas veces no puede decir ni siquiera la palabra vulva”. Los atrapasueños volaban con el aire de medio día. Noctura y Saltashpa, sus mascotas, nos acompañaban a ver las plantas que Cami tenía en la entrada de su taller. Paseamos un rato más por el jardín era el final del viaje. En todos los mensajes entendí lo importante de conectarse con lo que se crea.

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Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

La artista en su taller, acompañada de su mascota, restauraba una plomada parte de su última muestra sobre la memoria de los espacios demolidos. El Perro de Loza ya es un referente del arte en Quito.

A la artista ecuatoriana Natalia Espinosa la cerámica le sirve para expresarse y hablar. En su última muestra ‘Esto será demolido’, presentada en noviembre pasado, en la Galería N24, su mensaje recaía sobre la memoria. Era un gesto simbólico a varias casonas construidas entre los años 1950 y 1970, que no cuentan con una protección legal y que por el crecimiento de la ciudad están siendo demolidas.

 

 

Ya son más de tres años desde la primera vez que llegué a su taller. El Perro de Loza, su espacio de producción, ha crecido al igual que sus plantas. Un hermoso jardín de enredaderas es el abrebocas del lugar. El túnel de plantas invita al jardín posterior de la casona ubicada en el barrio La Floresta, lugar seleccionado por la artista para producir y crecer. Esa mañana la encontré arreglando un detalle en una plomada cilíndrica que era parte de las piezas de su última muestra. Los elementos arquitetónicos y los patrones con los que está trabajando Natalia me llevaron a conectar aun más con su obra. Sobre una de las gradas, a manera decorativa y entre las plantas un bloque calado había sido rescatado. Antes de sentarnos en una de las mesas del jardín preparó un café. Mientras lo preparaba me indicó parte de su taller, que también funciona como galería. Es imposible no maravillarse con cada detalle de todo el trabajo que este tiempo ha venido construyendo. A más de todas sus piezas de cerámica un par de móviles volaban por los aires.

Natalia formó parte de la primera generación de arte de la Universidad Católica. Continuó su formación en el departamento de cerámica en Gerrit Rietvelt Academie de Amsterdam. Tiene un masterado en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina.
En su taller el horno es un elemento importante. El fuego tiene la última palabra, tanto en el bizcocho como en el acabado final. Su continuo contacto con los otros elementos como la tierra y el agua y su sensibilidad para crear con el viento hacen que el trabajo de Natalia contenga mucha carga energética. En su vida diaria plantar y nadar son dos de sus prácticas favoritas.

En su taller un cactus gigante crece en una de sus macetas de formas y patrones. En una de las esquinas un sapo al acecho, un conejo en pleno salto y un cerdo vago cuelgan del techo. Todo esto sólo pasa en el mundo de Natalia Espinosa, del Perro de Loza.

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Canela perdió el miedo

Canela perdió el miedo

La casa de Canela Samaniego se parece a un cubo blanco incrustado en la montaña resguardado por un bosque de eucaliptos. La construcción, emplazada en una ladera y concebida en un comienzo como cisterna fue, para su mamá, el hogar de soltera y, para Canela, lugar donde vivió de niña.

Al llegar me recibió escoltada de su perro “Che Factura”. El techo, que también funciona como parqueadero, tiene una vista panorámica hacia la ciudad. Unas gradas adornadas con hermosas plantas nos llevaron al ingreso de la casa de Canela. “Mis abuelos son argentinos, ellos emigraron en los setentas a Ecuador por la dictadura. Compraron una montaña cuando el barrio estaba poco poblado. Era un monte.

Lo primero que hicieron fue esto, era una cisterna”. La cisterna, poco tiempo después, se convirtió en el primer hogar de su madre a los 18 años, después fue el taller de su tía y luego fue alquilado por un tiempo. Ahora en el lugar viven Canela y Óscar, su pareja. Juntos rehabilitaron este espacio antes de viajar a Buenos Aires en 2013. El lugar lo comparten con Otto, un gato negro adoptado y Factura el perro que me recibió minutos antes. Mientras Otto jugaba con la correa de mi maleta, Canela preparaba un café, la luz entraba por la ventana y caía sobre las orquídeas florecidas.

Es arquitecta de profesión. Además de trabajar en la gestión para laBienal de Arquitecturaa Canela le gusta dibujar. Recientemente terminó un curso introductorio de novela gráfica en el Benjamín Carrión y actualmente está finalizando su primera residencia artística en Puerto Rico – Manabí, que trata sobre arte, comunidad, género e identidad. También se encuentra planeando una exposición en Ibarra y otra en Quito.
Su acercamiento con el dibujo fue en Buenos Aires, allí estudió en institutos y escuelas, luego se conectó con varios ilustradores y maestros quienes le enseñaron nuevas técnicas. En este proceso también se vinculó con un grupo de arquitectura popular: Habitar, que trabaja sobre la problemática del hábitat en contextos de desigualdad.
Al regresar a Ecuador forma parte del colectivo Licuadora Gestora. Y trabajó para gestar la Comuna Serigráfica. A la par y con el objetivo de superar el miedo, Canela emprende @canelasinmiedo, proyecto que tiene como motor principal “abrir el melón”. Desnudarse. Mostrar. Según la artista, a través de mucha terapia y bastante dolor, pudo superar éste proceso y actualmente se encuentra con ganas de compartir lo que hace.
“Ando como gitana con mi carpeta y mis lápices” – me decía mientras me mostraba sus ilustraciones, algunas con temática de género y otras cargadas de magia, como el hechizo que le había hecho a su hermano. Para Canela en el proceso de dibujar existe la opción de convencerse y reconocer las capacidades femeninas y sus poderes, por eso creó para él un dibujo de protección y con ello un lazo de relación íntima, única y real.

A mediano plazo existen planes de crecer. Junto a Óscar, su pareja, a quién lo conocí en su pichirilo retratado por Pedro Vásconez, construirán otra habitación con el fin de vivir en un espacio más cómodo junto a Otto y Factura, en medio del bosque y pegaditos a la montaña.

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Una verdad que incomoda. Conmigo: un performance sobre la contaminación

Una verdad que incomoda. Conmigo: un performance sobre la contaminación

‘La cosa esta en no fundirse. Seguir luchando pero que no te afecte. En algún momento todo esto explotará y como todos somos materia nos volveremos nada’

– me decía. Sofía Barriga días después de presentar su obra individual Conmigo. Una muestra de danza-performance cargada de profundos momentos de improvisación acompañada de la música original de Joanne Vance.

Había caído la noche y las luces de los autos hacían reflejo con las gotas de lluvia del parabrisas y el asfalto. Las primeras lluvias de invierno parecerían limpiarnos a todos. El encuentro era en ISPADE un instituto técnico que funciona en un edificio construído frente al parque El Ejido, cerca de las torres de Ovidio Wappestein. Formalista y con sus líneas rectas. Era el lugar donde Sofía daría su primer solo, de una hora de duración como bailarína en el marco de los fondos de ayuda para espacios esénicos: Iberescena 2018. El show estaba a punto de empezar. Sofía junto a su equipo: Paula Proaño, Sebastián Iturralde, Garbriel Arroyo y Xavier Palma repasaban la obra completa y ponían a punto el auditorio para recibir al público. Ella con movimientos enérgicos conectaba todos los hilos de la historia.

La música estaba lista. El arnés que le llevaría al espacio también fue probado antes de la hora indicada. Era tiempo de empezar. Las luces se apagaron para recibir al público. Un público dispuesto.
– Quería sentirlos cerca –
Sofía ubicó cojines donde se desarrollaría la obra para tener contacto con su público y así poder interactuar. Su performance estaba compuesto de una sucesión de escenas de transformación de un personaje que transita por la contemporaneidad.

La luz no me permita registrar su cuerpo. Su esqueleto parecía salir del suelo. Como una semilla. Su espalda crecía desde el piso. El movimiento creaba formas que había imaginado. Cercanas a las del tronco de un árbol o al de una oruga intentando salir de su capullo. O a las olas del mar, o al espiral. Esta primera parte fue una obra de Tamia Guayasamin que se llamaba: El Principio. Un trabajo que había presentado en Brasil hace 10 años. Estaba basado en el estudio del movimiento de la espalda, el respirar y también el ser piedra. ‘Es una obra que esta tan fuerte en mí, que fue perfecto para iniciar la historia’
Las gotas de lluvia caían sobre el techo y creaban una atmósfera intima entre un público concentrado y una bailarina en proceso. El siguiente solo improvisado, luego del nacimiento, era una interpretación del limpiarse. A través de una cercana interacción con una bañera Sofía parecía prepararse para la vida y el mundo real.

‘Me acuerdo cuando vimos American Beauty, yo tenía unos 15 años.
– ¡Que verga que son las bolsas, que hermosa que era esa obra! Para mi es eso: hablar todo lo que quiero decir’.
– El traje amarillo lo hice para sentirme como una mandarina en una red –
Días antes había visto a Sofía en una muestra y tuvo que salir rápidamente porque tenía que coser sus trajes. La red que le servía a la artista para agrupar su basura, era parte de una nueva piel.

La obra trabaja con la relación del cuerpo como espacio habitado y como generador de diferentes capas: piel de memoria, hábitat tierra, piel de plástico, hábitat ciudad, piel luz y hábitat espacio.

Con movimientos mecánicos Sofía abría las bolsas de platos y vasos desechables. Los colocaba por todo el piso del auditorio. Los ‘solos’ improvisados estaban ligados al tiempo de la música original de Vance.

Varias bolsas de platos y vasos se expandían por todo el lugar, Sofía levitaba entre ellos. ‘Creo que es esto de la contaminación si le afecta a la gente, por eso lo quería hacer más descriptivo, porque me interesa llegar a lo más adentro, a la célula. No crear un mensaje desechable’.

El tiempo de las escenas se desarrollaban hasta que Sofía lograba transmitir el mensaje, o terminaba de recolectar todos los desechos.

La artista giraba enérgicamente sobre los platos y su ansiedad perturbadora, al seguir generando basura sin fin, lo transmitía acercándose al público para botar pedazos de plástico desde el aire.

Estaba habitada por la ciudad. La sonoridad se acercaba más a lo cotidiano. Una cinta de plástico le servía a Sofía para crear más caos.

El plástico y su ubicación creaban líneas que conectaban al público de la muestra: los aprisionaba y los relacionaba. Era como una instalación viva sobre el espacio.

Ese lugar era el nuevo hábitat del monstruo de Sofía: el gran gusano negro que aparecía antes de la explosión y del fin del tiempo.

Un plástico de varios metros de largo formaban el gran hoyo negro.

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De rocíos y flores

De rocíos y flores

Rocío Palacios se convirtió en cientos de estrellas en un accidente mientras cosechaba flores. El artista Juan José Ruiz nos relata la relación con su madre y, a través de su espacio, nos enseña su esencia y su alma.

*lámpara hecha por Rocío Palacios. Foto donada por Juan José Ruiz

Recuerdo haber estado levantando las flores del cartucho entre mis manos mientras Li Saumet, la cantante colombiana de la banda Bomba Estéreo coreaba con toda la energía la canción ‘Pure Love’. Ese momento Juan José Ruiz, conocido también por los amigos como el Chino Ruiz, repartía las flores con las que había decorado el lugar para la cantante. Ya casi era el final de la noche, y las flores blancas se elevaban al filo del escenario, la noche del 28 de abril del 2018 le cantábamos al amor y también a Rocío, madre del Chino, que hace poco había dejado esta tierra para explotar en miles de estrellas del universo.
Al Chino le conocí en el Z Gallery, en Cumbayá. En ese lugar, se gestaban conciertos, muestras y lanzamientos de nuevos emprendimientos. Varias fueron las temporadas que el sitio se volvió el punto de encuentro de artistas y amigos. Un referente del diseño. Siempre con mucho arte fue quien empujó para que hiciera mi primera muestra: Choque de Mundos.

Una mañana soleada llegué hasta su casa. Nos sentamos en su sala y conversamos. Era hermoso el verde que contrastaba con la madera. Y cómo las plantas cómodamente se trepan por las paredes y el techo.

El ajedrez junto a la ventana tenía una luz especial. Las flores de las paredes y el silencio del espacio se hacían sentir. También era hermoso saber que Juan José me había extendido esta invitación para conocer a su madre. Sin necesariamente estar presente físicamente.

Cada espacio había sido tocado, puesto, decorado por Rocío. Se sentía que había un gusto por volver a su lugar en un sitio lleno de luz.

Las ventanas dejaban entrar a las plantas. Varios cuadros y vitrales pintados por ella le dan color al sitio. En su dormitorio, hermosas flores de colores permanecerán para siempre sin marchitarse. Un solarium da muestra de su gusto por el descanso y la importancia del sol.

Más allá una pequeña sala conectaba con el garaje. El sitio era el taller de Rocío. En el lugar estaban todas las estructuras y soportes que utilizaba para crear sus diseños florales. Una hermosa planta recibía la luz del sol que entraba por la claraboya del taller.

Todos los hilos se tejieron mientras, sentados sobre un cubrecama de crochet, supe que Rocío se fue de esta Tierra mientras cultivaba la Flor del Chaguarquero, también conocida como la flor de la penca negra, una planta que crece en las laderas de las montañas y que Rocío usaba para crear sus lámparas.

La partida de un amor es inexplicable y nos cala en lo profundo. Mientras paseaba solo por el jardín entendí muchas cosas. Veía al Chino a través de mi lente mientras fumaba acompañado de hermosos seres de luz en un pequeño patio en el porche de su casa y entendí. Rocío, todo está bien.

 

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Ecuador, su riqueza es la vida

Ecuador, su riqueza es la vida

A una hora del aeropuerto internacional Mariscal Sucre de Quito existe un lugar donde el tiempo re cobra su tiempo. El bosque de Papallacta es el hábitat de más de 14 especies de colibríes y cientos de ‘pajareros’ que llegan de todo el mundo para visitar su bosque y las cascadas que se divisan entre el espeso verde.

Cascadas que caen donde las montañas se rompen, ranuras creadas por la naturaleza. Parecían enormes cuerpos traspasados por cantidades inexplicables de agua levitando sobre mi cabeza. Luego de llegar a Guango Lodgey disfrutar de la comida local, lo primero que hice fue pasear por el sendero hacia la cascada. En el camino el tiempo re cobraba su tiempo. Conocí a sus enormes habitantes verdes, que colgados, al borde de la montaña, se resistían unos a otros para poder co habitar. Era fácil perderse entre la bruma de los árboles y el sonido del agua.

El hotel está creado para el avistamiento de aves. Su principal atractivo son los pájaros, y sus consumidores principales: los ‘pajareros’ que viajan por el mundo documentando la mayor cantidad de aves para alcanzar una mejor documentación fotográfica. Al llegar, en una pequeña plaza del hotel, habían creado sets con fondos y bebederos con agua dulce para que los colibríes se acercaran. Todo listo para ser capturados por los enormes tele objetivos de los viajeros.

Las esculturas de madera del comedor principal iban perfecto con las cortinas bordadas de hilo. El lugar calentado con el fuego de las chimeneas, tenía varias salas para compartir y era el sitio donde los visitantes disfrutaban de la comida entre rosas naturales y muebles de hacienda. El calor subía al segundo piso. Desde la parte superior, una sala permitía divisar el bosque a cualquier hora del día. Tras los ventanales se podía ver: el cielo, las estrellas y los árboles; en un lugar relajado. Las habitaciones recubiertas de madera, con su techo redondo son particularmente acogedoras. El sonido de los pájaros, el río y la lluvia, son perfectos para escucharlos desde el calor de las cobijas.

Despertar con el sonido del bosque. Desayunar con aire puro y volver a hacer una siesta. El hotel es perfecto para descansar. Otro de los sitios importantes para visitar es el río. El Río Papallacta se encuentra a pocos metros del hotel y es perfecto para admirarlo y dejarse ir con sus aguas antes de volver a la ciudad y al ritmo sin tiempo. Guango es una palabra quichua que significa: trenza. Lugar de grandes montañas que se entrecruzan, cuyas aguas concurren para formar ríos poderosos en valles profundos cubiertos por el bosque nuboso de las laderas andinas, bajo un clima siempre cambiante y una llovizna típica. No había mejor definición para describir al hermoso viaje en el bosque de Papallacta.

Recomendaciones:

  • Viajar al menos dos días para disfrutar del amanecer y el atardecer en le bosque.
  • Llevar botas propias. En caso de no tener el hotel las provee.
  • Los costos varían entre $48 a $117 dólares dependiendo de la estadía.

 

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Matico Lema, teje y desteje los hilos de su historia

Matico Lema, teje y desteje los hilos de su historia

“¡Por eso haremos un libro, por eso estas imágenes!”.
Con esas palabras cierra el texto Daniela Moncada. La mente creadora de Manos de Colores. Su respeto por las labores manuales me invitó a conectar con su proyecto.
Me sorprendí por lo elegante que Matilde Lema lucía esa mañana. Una mujer que en su vida ha tejido y destejido los hilos de su historia. Ella brillaba con los colores de la mañana y su perfecta piel era besada por el sol. Caminaba al filo de la cascada con el sonido del agua, a su paso. A su edad, sus arrugas lucían hermosas. Cómo huelen las flores de su jardín. Cómo pasa el tiempo en su casa.

Daniela Fuentes Moncada
Manos de Colores: Artesanías del Ecuador
Cuentan que aquí los volcanes se enamoran y apuestan entre ellos para quedarse junto a la montaña que aman. Así, en una competencia de fuerza, sucedida en tiempos que solo conocemos por las historias, el Tayta Imbabura perdió la posibilidad de estar con la Mama Cotacahi. Hoy, cuando está frío y los dos montes se cubren de blanco, los hombres y las mujeres de la comunidad de Peguche saben que las montañas se están coqueteando, aunque sea un amor imposible.

Matilde Lema es una mujer que protege y comparte estas y otras historias de su comunidad para que nunca se pierdan. Nació en una familia de tejedores, hiladores y agricultores. Su abuelo trabajaba en el telar y su abuela bordaba. Matico, como la llaman con cariño, aprendió el oficio. También aprendió a ayudar a mujeres a dar a luz, convirtiéndose en partera y enfermera auxiliar, y a utilizar las plantas de su huerta para curar enfermedades y cocinar los más deliciosos platos.


Matico es una mujer sabia y quiere registrar su vida. Convocados con este objetivo, llegamos a la Casa Matico, un lugar que atrae por sus colores y el embriagante olor de las flores en el jardín. Allí se teje la memoria. Huarmi Maqui (Manos de Mujer, en el idioma local kichwa) es un grupo de mujeres que han encontrado en la artesanía una oportunidad para generar ingresos para ellas y sus familias. En este espacio se comparten los sabores, los colores y las texturas a través de las voces de las mujeres artesanas.
Caminamos juntos hacia la cascada, con Matico como guía. Aprovechó el paseo para contarnos del matrimonio obligado en el que vivió por muchos años. Cuando llegamos al río, nos pidió que recolectemos hojas y flores, pidiendo permiso a la planta antes de arrancarlas. Cada uno de nosotros recibió de las manos de Matico una bendición: mientras vertía agua de río sobre nuestras cabezas, relataba sus deseos para cada uno, con pausa, con amor, y también con su particular humor.


He visitado muchas veces a Matico, pero es la primera vez que la escucho cantar. Este fue su regalo: su voz que es la voz de sus ancestras, su canción que es la canción de su corazón. Al pie del río, compartiendo un cucayo, sobre un mantel blanco repartió la comida, Matico nos llena de luz, de su poder sanador, de sus historias y su legado. Ahí, sin decirlo, nos compromete a compartir, con profundo respeto, sus saberes. Por eso haremos un libro, por eso estas imágenes.