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La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

Una serie de texturas caligráficas intervenidas con collage sobre diferentes soportes hacen parte de Circulares Veces, obras que re valorizan la escritura a mano y crean un nuevo imaginario sobre el arte de escribir.

La obra de Caro Iturralde ocupaba las paredes del Museo de Acuarela y Dibujo Muñóz Mariño. La casona del arquitecto y artista se había convertido desde el 2010 en un espacio para exhibir. Esta vez era el tiempo de Circulares Veces una obra cargada de letras convertidas en infinitas texturas sobre soportes de otros tiempos: periódicos, revistas y páginas de libros intervenidos con patrones caligráficos estaban enmarcados en molduras recicladas. Algunas talladas. Otras se salían del soporte: esculturas religiosas re pintadas y ventanales de la casona también tenían las formas de Iturralde.

La noche de San Marcos me presentaba a la artista surda que había convertido su brocha plana y su plumilla chata en su herramienta para expresar su historia.

La mañana que nos reencontramos para conocer su estudio estaba junto a su padre arreglando un mueble en la puerta de su casa/taller. El día estaba soleado y la luz reflejaba sobre los techos de las casas construídas al borde de la montaña. Caro Iturralde, madre y creadora, me invitaba a pasar a su espacio. El desnivel desde la entrada generaba varios sitios en un solo lugar. Un ventanal con vista hacia Guápulo permitía el ingreso de luz a la antigua sala y comedor del departmento, actualmente adaptado por la artista para ser showroom de las piezas de su proyecto Arrebato y taller, apenas separado por una chimenea.

Arrebato empezó hace 5 años y fue impulsado por su padre, su principal socio, y algunos de sus amigos más cercanos. Se encarga de recuperar muebles y objetos intervenidos por varios artistas que eran invitados a través del trabajo de Caro.

En su sala se exhibían varias piezas de ediciones pasadas del proyecto mezcladas con las molduras de madera de otros tiempos.

Muebles de varios estilos recuperados con detalles que les proveían una nueva vida.

‘Hay diferencias entre las antigüedades y lo que yo tengo’ me decía. Los objetos que son intervenidos: sean cubiertos, forrados o pintados tienen características únicas. Un lugar donde las líneas se alejan de las modas para apegarse a la belleza de los cuerpos macizos y las almas con vida eterna.

Comprar por lotes le ha permitido a la artista conseguir objetos en buen estado y colecciones particulares: muñecas del mundo y cajas de fósforos. Elementos con los que a trabajado interviniendo otras obras.

‘El arte de escribir lo bello’ (Mediavilla,1996)

El sol se había puesto sobre nuestras cabezas y el vidrio dejaba traspasar la mirada hacia el cerro Auqui a través de un alfabeto escrito por la artista.

Sentada en su escritorio con la plumilla en su mano Caro practicaba con detenimiento sus letras. Concentrada y conectada: cerebro, mano, corazón trazaban entre lineas curvas y planas una tipografía gótica.

La caligrafía fue considerada por mucho tiempo una labor manual fundamentada en la belleza visual de ideogramas, signos cargados de mensajes. A Caro le gustaron esos trazos luego de haber comprador el libro Calligraffiti a un amigo cercano. Me indicaba uno de sus primeros trabajos y me aseguraba, que como en muchas de las labores, lo más importante es la práctica.

Tras Gutemberg, la invención de la imprenta, la proliferación de los teclados y los aparatos tecnológicos, menos veces conectamos cerebro-mano-corazón.

El escribir a mano se ha convertido en un arte que nos aleja de convertirnos en máquinas. Sentada en las gradas de su casa y junto a su mascota Caro me inspiraba. La vida tenía otro valor. Lo que para algunos son simples desechos para otros tendrán vida eterna.

 

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Desde Macondo, con amor

Desde Macondo, con amor

“Este podría ser el último viaje de mi vida”, pensaba mientras del avión se descargaban mis maletas. Siempre que llego a un nuevo lugar, me da la sensación de que podría ser el último. Y así todo tiene un poco más de magia y -al mismo tiempo- de terror. Salí del aeropuerto y tomé el bus azul que te lleva hasta el centro de la ciudad. Había llegado a Santa Marta.

En el camino, tuvimos que pasar entre un paisaje montañoso de bosque seco acompañado del mar de fondo, una ola de calor de medio día y el vendedor ambulante de caramelos que, con las justas, alcanzaba a sostenerse en medio del pasillo. Entre todo ese espacio montañoso alcancé a ver una pequeña casa. Sobre su fachada sucia y descolorida, las ramas crecían descontroladas. Su alrededor, seis afiches pegados consecutivamente expresaban mensajes de amor.

El movimiento del centro era incesante. No lo asimilé hasta horas después que vi el Puerto cerca de la ciudad. Santa Marta parece ser una bomba, fue mi primera impresión. Las pocas cuadras que caminé hasta el hotel conocí pocos parques, pocos árboles y pequeñas aceras pero con intensos colores del caribe y el olor a mar.

En su mayoría, la ciudad colonial ha ido creciendo al ritmo del Puerto: la extracción, el sistema donde se privilegia al dinero más que a la persona y la religión nos han cegado. Como casi toda latinoamérica, es una ciudad más donde hace falta amor. En mis caminatas, siempre atento, lo más cercano al amor fueron los mensajes de Macondo Herald.

Pocas horas después estaba en el sitio donde se producían los carteles que había visto en la calle. Si había tanto desorden y solo una persona lanzaba mensajes tan potentes estaba seguro de que quería sentarme a tomar un café con Macondo. Seguí las instrucciones y llegué hasta El Rodadero, la ciudad contigua al casco urbano separada por una cadena de montañas que se luce junto al mar. Edificios encallados en las laderas que por sus formas parecen ser de los setentas y ochentas. Estructuras lujosas y complejas en su arquitectura.

Llegué hasta la Carrera 1, la calle frente al mar. Gigantes palmeras me brindaban un poco de sombra contra el intenso sol de mediodía. Vendedores de limonada, mangos, artesanías y varias señoras ofreciendo masajes transitaban por la congestionada acera. Había llegado hasta Macondo. Las casas dispuestas frente al mar, para que recibieran la misma cantidad de sol, se habían transformado en grandes edificios de apartamentos vacacionales sobre la costa.

En el Edificio Parador vive Nicole Bornacelli, ella es comunicadora y artista. Tenía agarrado el cabello y vestida de blanco y negro. Acompañada de su perro, me invitó a pasar a su apartamento. El piso de hormigón alisado, la planta abierta y la iluminación del lugar generaba un ambiente más fresco que en el exterior. El intenso mar azul se podía divisar desde el comedor. Me invitó un vaso de agua helada y me contó su historia.

Nicole nació en la Bahía de Gaira, conocida popularmente como El Rodadero por las dunas de arena que llegan hasta el mar. “Existe un llamado a reinterpretar las historias que nos han contado” decía la artista. Su abuelo fue uno de los pioneros en construir uno de los primeros hoteles frente al mar: El Parador de Mestre, luego de llegar a América, huyendo de la Guerra Civil Española.
De un dormitorio sacó una postal en la que se podía ver el paisaje del lugar antes del desarrollo urbanístico. Las tupidas palmeras daban sombra a gran parte de la costa. Hasta finales de los sesenta e inicios de los setenta, cuando el boom del narcotráfico colombiano generó un crecimiento acelerado de edificios vacacionales y de segunda vivienda. “Estoy al borde de irme porque se ha vuelto imposible vivir acá”, confesaba. La gentrificación ha hecho que no solamente se desplacen a las personas nativas sino que también el costo del territorio se eleve y la dinámica de la ciudad cambie por completo.
“Me siento muy dividida, he vivido en otras partes del mundo, mi pareja es argentina, llevo cuatro años con ella y obviamente hay cosas que te faltan cuando vives en Santa Marta: comunidad, principalmente. Ser una mujer queer en Santa Marta no es fácil. Siempre he vivido abiertamente sin ocultar absolutamente nada. “Y soy vista como una mujer blanca privilegiada, aunque no me identifique como tal”, decía.
Para la artista, la falta de espacios relacionados con la producción artística en su ciudad es otro de los factores que le han impulsado a generar la creación del proyecto Macondo Herald. “Aquí la gente ve al arte y a la cultura entremezclada con el folklore, la producción cultural está muy asociada a las tradiciones pasadas. En muchos niveles el arte urbano es castigado. Hay pocos artistas locales que están generando contenidos asociados con la ciudad”. Su objetivo es lograr hacer piezas bonitas, pero con mensajes contundentes.

Los mensajes positivos de sus obras contrastan con lo caliente del imaginario costeño. “Es lindo poder traer mensajes más sutiles, en una ciudad calurosa, muy patriarcal, muy machista. Los modelos extractivos, coloniales y del monocultivo son las formas en los que la población debe estar segregada para que el sistema caduco funcione”.

Macondo Herald nació en 2016 mientras vivía en Argentina, en sus publicaciones juega con palabras, frases o citas instauradas en el imaginario caribeño. “Otra forma de mantener controlada a la gente en el Caribe ha sido con el ron y también la falta de espacios públicos. Como en muchos lados, reunir dos o más personas era visto como agitación pública” decía. Para la artista esto ha hecho que no existan conversaciones sobre identidad, ciudad, género. Ella piensa que salir a intervenir la calle es muy empoderador.

Para Nicole su arte le permite hablar desde el anonimato en el espacio público con cientos de personas que leen sus carteles. En uno de los dormitorios del departamento, el estudio donde trabaja y resguarda sus obras lo comparte con su compañera. Varias piezas de la cultura Tayrona decoran el lugar, son sus tesoros.

Bajo el intenso cielo azul un edificio blanco con líneas Art Deco brilla frente al mar. “Yo crecí viendo el edificio Macondo, es del arquitecto samario Carlos Proenza Lanao y nosotros los caribeños sentimos que vivimos en Macondo”. Varios sellos sobre la mesa se usan para marcar los carteles impresos en papel de caña y en papel periódico que llegan desde Cali.

La artista trabaja con La Linterna, una imprenta y taller gráfico que aún mantiene antiguas prácticas con máquinas de 1800. Con uno de sus carteles sobre el escritorio, Nicole me explicaba la técnica en que el rodillo marca el color del fondo y las letras. Trabajos de otras épocas como la serie “United Colors of Macondo” “+Cumbia – Estrés” decoraban el sitio.

El universo de Macondo Herald es una manera muy especial de ver el mundo desde una perspectiva del realismo mágico donde todo es posible. Es volver a contar historias bonitas. “Somos nosotrxs esa salida. Somos los glitches del sistema las personas que estamos habitando el presente, no replicando lo de antes, estamos saliéndonos de toda norma y tomando el arte para llevar a la reflexión. Es un momento histórico del planeta y cuando sales del ego y te pones a pensar que no se trata de los humanos, se trata de la tierra que está queriendo evolucionar e intentar generar conciencias que traigan novedad a la manera de cómo la estamos habitando, te encuentras. Tener esta conversación ya es el cambio”.

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Selina Cuenca, con nuevos aires de ciudad

Selina Cuenca, con nuevos aires de ciudad

Así como las personas, las ciudades también se adaptan crecen y evolucionan al ritmo de las necesidades. Este año junto a KIKI transitando el nuevo ritmo de Cuenca.

Foto archivo Cuenca

Si no quieres desaparecer, adáptate. Una de las frases de Darwin aseverando que la única constante que tenemos en la vida es el cambio. Viajábamos por la carretera desde Quito rumbo al sur traspasando la cordillera. El destino era Cuenca. Lista y cargada de todos los colores para celebrar sus 198 años de independencia. Esta vez con nuevos aires.

Arrendamiento de hoteles pone en evidencia su baja ocupación
(12-sep-2018)

‘En Cuenca, ante la baja demanda y alta oferta hotelera, la demora en la construcción del tranvía, los problemas de conectividad aérea, además de la situación económica del país, algunos hoteles han cerrado sus puertas, otros han sido puestos en arriendo’.

La ciudad había cambiado. Calles peatonales, plazas renovadas, mercados ambulantes y ferias artesanales se articulaban a lo largo del río. La baja demanda esta vez se ocultaba tras el movimiento y el turismo de las fiestas.

La hermosa casona de la Calle Larga perteneciente al tradicional Hotel Crespo también se había renovado. Las molduras de madera contrastaban con el intenso color que habían elegido para su fachada.

Construída a finales de 1800 por el ingeniero Steel que habría llegado al país para encargarse del puente colgante de Zhumir sobre el río Paute. Tiene detalles únicos como sus paredes de adobe y sus columnas de eucalipto. Por varios años perteneció a la familia Ordóñez Lasso de la Vega. Ante la mirada de algunas familias inconformes al cambio, esos días Almendra iba a disfrutar de sus alfombras texturizadas, sus sábanas nuevas y su vista al río.

El Crespo cambió por Selina. El hotel fue alquilado a una cadena que llegó hace un tiempo al país para reproducir su fórmula aplicada en todo el mundo.

Es un emprendimiento de Rafael Museri y Daniel Rudasevski, dos israelitas que después de haber recorrido el mundo y haberse hospedado en más de 140 lugares crearon una nueva experiencia de convivir.

Los colores intensos predominaban. Espacios adaptados como salas de descanso decorados con artículos producidos en la zona. Puertas, mesas y muebles de todo tipo fueron re utilizados.

Artistas como La Suerte, Rio y David Sur llegaron hasta el lugar para pintar murales y ambientar rincones que ayuden a conectar a los viajeros con los espacios.

Esta experiencia estuve acompañado de hermosos personajes entre ellos KIKI que armó una nota sobre el lugar y su articulación con la ciudad.

El clásico hotel se ha convertido en un lugar de interacción de viajeros que disfrutan consumiendo arte local, jugando una partida de futbolín o descansando al atardecer en la terraza, sabiendo que al final del día dormirán acompañados de sus mascotas.

 

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En sus obras había  belleza, en la vida que florecía entre la quietud de la muerte

Gonzalo Zurita prepara su muestra el 7 de febrero en Quito. Su trabajo agrupa ilustraciones y óleos que serán presentados en su individual: Kuroi Iro. En su taller el tiempo parece desvanecerse. Conversar con el artista me permitió entender el origen de una instalación que experimenté hace tiempo.

Vi una obra de Gonzalo Zurita frente al cine Ocho y medio en La Floresta. Un muñeco hecho de papel que esperaba sentado en la vereda. Completamente inmóvil. Esa mañana Gonzalo, junto a un par de colegas amigos, habían montado su obra en la planta baja de su edificio para recibir a la gente que caminaba para conocer los talleres.

Habían pasado los meses y habíamos cuadrado con Gonzalo para documentar su espacio de trabajo y su vida. Sobre el escritorio donde dibuja estaban las maquetas de los personajes de papel: sentados e inmóviles. Sonreí al saber de su origen.

En el lugar vive más de un año y medio. Un edificio relativamente nuevo, construido en el tradicional barrio quiteño de La Floresta.

Desde su balcón se veían las casonas familiares. Piscinas y hermosos tejados que mezclados con los jardines subsisten emplazadas en varias cuadras.

La pared negra de la sala del artista permitía que las obras resalten. Entre su colección la obra en bastidor circular pintada por Freddy Guaillas.


Varios dibujos de Zurita se encontraban colgados en las paredes de su departamento. Ilustraciones con hermosos detalles hechos a lápiz.
En sus obras había belleza en la vida que florecía entre la quietud de la muerte.
El artista me contaba que varios de sus dibujos y óleos serán expuestos en su muestra individual Kuroi Iro el 7 de febrero en Delirium.

El dormitorio del balcón había sido dispuesto como su taller.

Sobre su escritorio estaban las lustraciones que prepara como encargo para el libro de un amigo.

Los lápices 6B, 2B y HB son los más usados por Gonzalo para producir. Las máscaras en grafito son otra serie que Zurita ha venido trabajando hace meses.

En otro rincón una representación en óleo de ‘Las Moiras’ abrió a la puerta hacia el sentido del destino. Las tres mujeres miraban mi lente mientras Gonzalo me relataba la historia griega.

Los tres personajes que atados al cosmos representaban el destino y el hilo de la vida se encontraban enmarcadas en una moldura a temporal.

El niño en la red, pintado sobre una tarjeta de televisión de los ochentas re apareció luego de haberla visto hace meses en los talleres abiertos. Al igual que la masa de carne que Zurita había pintado luego de un estudio de la masa móvil, cuerpo en movimiento, ser carnificado.

Sus formatos

Una maqueta rompía los soportes de trabajo del artista, al igual que un esquema- un juego interactivo para grandes, como lo llamó el artista. La elección de soportes parecía variar con libertad.

Desde 2017, Zurita venía pintando trípticos de óleo sobre bastidor en formatos de orden a típicos. También inició una serie donde el lienzo se recoge sobre el bastidor para crear texturas que se complementan con personajes a pequeña escala que parecerían estar en el horizonte.
Habían pasado horas de buena conversación. Antes de irme Gonzalo me indicó algunos dibujos que mantenía guardado en un mueble del corredor. Era como sus tesoros. Hermosas ilustraciones a lápiz donde el detalle encantaba.

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Los lugares que Kst pinta se regeneran

Los lugares que Kst pinta se regeneran

Con rodillo, brocha y latas, Andrés de la Bastida, Kst pintaba un muro en Guápulo una soleada mañana. El lugar que había elegido estaba lleno de basura. El césped había crecido entre las ranuras del cemento de una vereda en mal estado. Ese día, sus dibujos se mezclaban con las formas y los diseños tipográficos de Caro Iturralde, @concdecaro. Su colaboración dio paso para que las personas del barrio se interesan por recuperar la esquina. Semanas después de su intervención hubo un gran cambio. Las ranuras habían sido niveladas y el lugar estaba limpio.

 

Kst, es arquitecto de profesión, pero esa mañana tenía su pantalón manchado de pintura, un encauchado azul para la lluvia, su pelo corto y su sonrisa grande. Sin ningún permiso, usaba el rodillo y la brocha para generar las luces y las sombras de un joven que cargaba entre sus manos una brillante bola translúcida con un pollito en su interior. Con las latas definía contornos y otras líneas. Su paleta de altos contrastes, amarillo y morado, y su habilidad al pintar personajes le han llevado a crear maravillosos murales en el país. Hace poco le invitaron a un festival en la amazonía peruana y le ha servido de motor para seguir.

La tarde que me invitó a su taller estaba el pollito que había representado en varias partes sobre su mesa de trabajo. Esta vez inmóvil y de hule- reposaba junto a las herramientas, los bocetos y los colores del artista. El departamento donde vive y trabaja hace casi tres años está ubicado en el centro norte de Quito. La gran pared de piedra pómez que recubre la sala y el piso de tablón de madera guarda la memoria de su edad.

Mientras tomábamos una cerveza, el artista me comentó sobre el trabajo que le tomó recuperar el lugar donde actualmente vive. “Me acuerdo que los primeros días tuve que lavar los platos en el baño de servicio”- recuerda. Antiguamente, el piso entero funcionaban como oficinas. “Cuando yo entré había un counter de esos de los noventa hecho con materiales pesadazos”. La cocina tuvo que ser remodelada integramente al igual que la instalación del agua caliente y otros servicios para habitarlo. Todos los muebles de la cocina fueron diseñados por él. Los cuadros en las paredes de la sala son impresiones de la serie Impossible Isometrics, las había hecho inspiradas en Escher mientras estudiaba arquitectura.

La maqueta ubicada en el centro de mesa de la sala nos distrajo para hablar sobre habitabilidad de ciudad y sus dinámicas. “He oído que vivir en la latitud cero tiene mucho que ver, es una energía diferente. En latinoamérica hay más colores, hay algo más allá. Creo”. La maqueta que era parte de su tesis brindaba plantas libres pero a su vez privadas. “Este proyecto me gusta porque su estructura es la fachada”. Me contaba que estudió arquitectura por su cercanía con el arte y el dibujo. “La arquitectura es todo, no es necesariamente arte, es una complejidad en la que los sistemas estén bien resueltos. El arte es su carga estética”.

Un mueble de Gerrit Rietveld, diseñador y carpintero, forma parte del área social. Una obra de Daniel Adoum adorna la sala. El mural que ambienta su estudio es una re interpretación inspirada en las obra del ilustrador mexicano Gastón Pacheco. “Cuando mi viejo me preguntó de pequeño ‘qué quería ser’, yo le dije que caricaturas”. Su madre le le contó que a los 4 años rayaba en sus cuadernos líneas y pintaba los cuadrados de su cuaderno a manera de tableros de ajedrez hasta quedarse dormido. “Lo más cague de todo era que me despertaba con el marcador explotado en el bolsillo de la camiseta”, entre risas.

A sus, 16 tuvo una banda de punk con sus amigos. Aunque acostumbra a pintar solo ha conocido varios colegas a través del trabajo. “En el arte urbano la gente se saluda, hay una red de colaboración grande”- dice.
Kst me comentaba que los pollitos nacieron de una salida a bandalear. “Elegimos una pared y salió súper rápido el pajarito y de ahí lo he vuelto a repetir”. En la mesa de su taller varios bocetos eran parte de sus prácticas. “He estado trabajando mucho luego del viaje a Pucallpa, Perú. Habían muchos artistas de lienzo que pintaban mural y me inspiraron. Usan mucho con acrílico y es un material muy noble.” – me confesó.

Hace pocos días se aprobó una ley en Ecuador que castiga intervenir en espacios públicos y pegar afiches en lugares no autorizados. En varias salidas a pintar a la calle junto a sus amigos han tenido que escapar de los policías. Sin embargo, si Kst no hubiera intervenido la esquina de Guápulo jamás la hubieran limpiado, esa esquina seguiría deshabitada, destruída y sucia. Kst sigue construyendo su historia, pronto será parte de Tandana Fest junto a Mona Caron y otros grandes artistas.

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La contaminación es la brea que respira la ciudad

La contaminación es la brea que respira la ciudad

Oil Therapy
Exposición individual del artista Pablo Rosero que trabaja con datos y archivos de hidrocarburos, el petróleo y la polución registrados en el entorno. Búsqueda de los síntomas de la ciudad y sus sinergias, a partir de métodos de análisis que evidencian las realidades que ponen en peligro al ecosistema y de la cual, el ser humano es partícipe, a pesar de ser consciente o no de su huella.

Varios sueros colgaban de un soporte instalado por Pablo Rosero para su obra Disección. Esta vez el órgano era la ciudad.

‘La sociedad actual logró hacernos partícipes de nuestra propia opresión bajo el sueño de libertad. Éste órgano muestra uno de los tantos fenómenos creados a partir de la relación con nuestro entorno. Una relación donde cuidamos con empeño los consumos inmediatos sin saber lo que destruimos para obtenerlos’.

Las mangueras contenían un líquido negro que irá cayendo dependiendo la hora y la densidad del tráfico que exista donde fueron tomadas las muestras. Así el órgano de a poco se cargará con los contenedores de vidrio soplado que pronto serán grandes gotas negras cubriendo el blanco órgano de yeso.


Conocí a Pablo meses antes mientras investigaba la relación de temas de contaminación y ciudad.La noche del montaje estaba acompañado de un gran equipo.
Su padre y su hermana, se encargaban de los detalles de la sala. Mientras Pablo junto a un grupo de trabajo afinaba la señal de las pantallas y el funcionamiento de su otra obra: Neo feedback.

Una plataforma que giraba al rededor de unas pantallas y, que en sus momento, a través de un dispositivo bluetooth recepta las frecuencias cerebrales de la persona.

‘La base de los patrones fueron realizados a partir de frecuencias cerebrales (alpha, beta, theta y gamma).
Se leyeron las frecuencias del artista en distintos estados de consciencia mientras observaba videos relacionados con derrames de petróleo. Con esto se obtuvo datos suficientes que permitió des fragmentar en diferentes partes un hexágono, y convertirlo en un lenguaje’.

Era casi la madrugada y Polina C. pintaba un fragmento del hexágono donde los visitantes vivirán la experiencia de una lectura de sus frecuencias cerebrales y se harán parte de una muestra participativa que llenará varios paneles del lugar.

Otras piezas también complementan las instalaciones antes mencionadas y estarán expuestas desde hoy 29 de noviembre hasta el 22 de diciembre en Mas Arte Galería.

 

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Los trazos del ruido por Faibol

Los trazos del ruido por Faibol

Nunca antes me había preguntado cómo se veía el sonido. Fue hasta la mañana del 12 de junio que descubrí los trazos, texturas sobre texturas, de la colección que Pedro Álvarez Estrella,Faibol, presenta en galería +Arte. Sus sonidos me transportaban a las grandes y congestionadas metrópolis. ‘Paisaje Ruidista’ es la forma en que el artista invita a experimentar la conexión de los sentidos: lo visual y lo sonoro.

Frente a la ventana de la galería, el artista cuencano instaló una mesa desde donde se desprendían sonidos a través de micrófonos de contacto que amplifican las vibraciones. El looper le permitía a Fai repetir reiteradas veces las vibraciones que producía con el rozar las baquetas. Por minutos, el espacio se llenó de ruido. A través de la ventana, el tránsito de la ciudad parecía combinar con lo colores y el ruido del artista. Con el cabello suelto, relajado, Faibol me invitaba a mirar su serie.

La sobre-estimulación
Según el artista, la serie -que estará hasta el 21 de junio- es una recopilación del trabajo que ha venido haciendo hace dos años o más. A su obra se la puede ver como capas sobre capas de sonido que van generando la relación de textura, forma y color. Desde que estuvo en la residencia del No Lugar, recolectó audios con su grabadora, esto le permitió experimentar mezclando y representando con la pintura.
“Las grandes ciudades parecen enormes manicomios en donde todos se mueven para cambiar de lugar pero no van, en el fondo, a ningún sitio”.
La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han

*Serie coronadepatas
La muestra, parte de su tesis, está basada en ‘La sociedad del Cansancio’, un ensayo del filósofo Byung-Chul Han. En una sala donde se repetían varios loops de video, Faibol me hablaba sobre los futuristas y la ‘música concreta’, una investigación de los sonidos generada en 1920 por el francés Pierre Schaeffer. La música concreta le sirivió a Faibol para crear. Descontextualizaba el sonido a través del uso de nuevas tecnologías para la época. Las máquinas con cintas eras los nuevos aparatos que permitían su creación.

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Una esquina de Cuenca con mensajes de libertad

Una esquina de Cuenca con mensajes de libertad

Me llamo Río (@rioparkk) y soy de Cuenca- me dijo. Su trabajo esta conectado entre el performance, muralismo y ambientación de espacios. Sus mensajes sobre identidad y sexualidad están ubicados en lugares claves de la ciudad. Este viaje lo hicimos junto a KIKI (link)


Recuerdo haberme topado con la palabra Cuenca varias veces mientras organizaba mi viaje hacia España. Cuenca de España: es una ciudad en el centro-este del país ibérico protegido por una fortaleza medieval. Esta ubicado al tope de una gran roca, en la serranía, rodeada por los ríos Júcar y Huécar. Su característica principal son sus ‘casas colgadas’ estructuras ubicadas al borde de una pendiente.
¿No les suena familiar?


Fotografía obtenida en línea*
Estaba en Cuenca, Ecuador. Eran sus fiestas y Río estaba sentado bajo el mural que había hecho para el hotel Selina. Las líneas que se había dibujado en la cara acentuaban sus facciones. Su hablar se alejaba del acento local. Había vuelto de un largo viaje y su trabajo performance tocaba temas de identidad y sexualidad. Río fue el indicado para llevarnos a un recorrido por varios lugares del hotel.

Re crear

Cerca de una cava se encontraba el taller desde donde se recicló y re creó el hotel. El artista había sido parte del proceso. Junto a unos tableros que habían sido intervenidos, Río se hacía parte del lugar. Sus formas se encontraban en las habitaciones del hotel y se conectaban con algunos muros que había pintado por la ciudad.

Para acercarnos a su trabajo había que caminar.

Ese día Río era nuestro guía. Bordeamos las casas que gracias a la pendiente parecerían estar colgadas, abrazándose unas de otras al filo del río. El centro de la ciudad, aún habitado, es el lienzo perfecto para cargarlo de mensajes. El primer muro que me indicó Río era una colaboración con varios artistas y estaba lleno de formas que conectaban con las líneas que había visto antes.

Esa mañana llovía en la ciudad. El tiempo nos obligaba a detenernos bajo algún balcón, cerca de la entrada de algún negocio, para admirar los detalles de una ciudad que sigue conservando sus líneas y su ideología. A pesar del tiempo en el que va girando el mundo .

Bajo un portal, apenas a una cuadra del Parque Calderon un acordeonista había elegido el mural de Río para ubicarse y distraer a la gente que pasaba escuchando su música y leyendo los mensajes que el artista había dejado plasmado entre infinitas líneas de colores. Ellos se aman / Elles son novies. Un mural de Stefano Espinoza (@stephano_eg) complementaba el mensaje del artista. Mientras nos acercábamos a la zona más céntrica de la ciudad. El Parque Calderon, más marcas de Río. Una serie de stickers con temática queer decoraba una pared cerca de la gran puerta de la Catedral principal.

Cuenca de Ecuador: es una ciudad ubicada en el centro-sur del país sin la protección de ninguna fortaleza. Asentada entre montañas sagradas y cruzada por cuatro ríos con casas al borde de una pendiente. Con mensajes de libertad en sus paredes. La esquina donde es libre amar.

detalle de Río sobre la puerta de una casa Art Decó*

 

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La armonía del sonido en la obra cinética de Olga Dueñas

La armonía del sonido en la obra cinética de Olga Dueñas

Olga Dueñas es una artista que vivió 25 años en Ecuador y volvió de Estados Unidos hace unas semanas para presentar su muestra Variaciones Cinéticas. La galería de Ileana Viteri fue elegida por la artista para exponer su obra al público. La cinética como medio del mensaje se torna en un juego para la mirada, una manera rítmica de transmitir sonido a través de la escala del color, la repetición y la forma.

Hay muchas maneras de que el arte nos conmueva. Recuerdo, en un viaje, sentir cómo una serie de aros metálicos recorrían mis brazos al ritmo de la música. En esos momentos, la nave era comandada por Mango Margarita, desde la ciudad de los ríos, con paciencia armaba hermosas piezas de origami y bailaba con los hermosos ritmos de la noche. Mango, entre otras cosas, me enseñó que la vida es un camino que necesita de: ritmo y  armonía. Era la primera vez que me enfrentaba a la cinética.
Conecté con Olga cuando una frase consistente afirmó la infinidad de cuestionamientos que alguna vez tuve:

Lo cinético termina siendo como una religión: hablamos de algo que supera a lo analítico y se funde dentro de ti.

El término cinética, en la física, se usa para relacionarla con el movimiento. Era una tarde lluviosa. Llegué a la galería de Ileana Viteri donde estaba montada  la muestra Variaciones Cinéticas. Ileana, amablemente, me invitó una taza de té. Mientras percibía los cítricos, levanté la cabeza y, tras una orquídea morada, las líneas de Olga se fundían con los sonidos de Haydn.

Olga Dueñas -Olga Valsek Dipold-, nacida en Ohio, se relacionó desde muy joven con la música clásica, particularmente con el piano. Su hermano era violinista y su padre, checo, tocaba el arpa. Su madre, húngara, provenía de una familia de diseñadores de indumentaria en Budapest. La música desarrolló en ella un sentido profundo. Estudió en la Ozenfant School of Fine Arts de Nueva York fue alumna de Amedée Ozenfant, uno de los principales impulsores del purismo en el arte moderno: vanguardia que trabaja con el abstraccionismo promulgada por Le Corbusier.

*Foto archivo Olga Dueñas

En Nueva York conoció a Araceli Gilbert. Su amistad la trajo hasta Guayaquil, donde conoció a su esposo Luis Dueñas Estrada, militar. Con quien mantuvo una relación de varios años en Ecuador. Vivieron en Quito y, mientras Olga desarrollaba su arte, ella trabajaba en la Embajada de Estados Unidos, a la vez que daba clases en el Colegio Americano de Quito.

Vivió 25 años en Ecuador, donde desarrolló gran parte de su carrera. En su proceso de producción exploró con composiciones geométricas. La artista encontró en el arte abstracto lo equivalente a la armonía musical. Líneas paralelas sobre una malla que, al percibir con la mirada, generan la sensación de movimiento.

Aunque en su proceso se ha relacionado con las formas más orgánicas, siempre vuelve  a la pintura cinética. Representó a Ecuador con 14 obras en la XVI Bienal de São Paulo, Brasil. Residió en Caracas y Puerto Rico, donde continuó produciendo alrededor de 30 obras que fortalecieron su técnica.

En 1970 introdujo la pintura cinética en Ecuador con una muestra en la Casa de la Cultura. En 1984, luego de su separación, viajó a Denver para cuidar a su padre cerca de 10 años hasta su fallecimiento. Por su cercanía con sus familiares, por el clima y el mar, Olga viajó hasta Miami, donde reside desde hace varios años. A sus 91 años de edad expone, en la galería The Art Square de Miami, una serie que reitera su acertada fórmula.

…movimiento, espacio, línea, forma, color y textura como elementos estéticos. Al moverse el espectador, las líneas parecen disolverse, creando la sensación de movimiento, variando formas y colores y haciéndolos aparecer y desaparecer. El movimiento y el color avivan el cuadro, pero queda la composición, proveyendo estructura y claridad.

Caminar por la galería de Ileana Viteri era maravillarse con las líneas en movimiento. Un simple blanco sobre blanco o un amarillo sobre dorado y negro ingresaban por la retina mientras la armoniosa e intensa música clásica conjugaba con lo que veía.

A sus 92 años Olga Dueñas pasó por Quito recordándonos lo importante de la armonía en el movimiento, el sonido y la relación de la vida con la física, esencia pura de la artista.

… espontaneidad, espíritu, alma… un instante de lo infinito, un destello de la realidad, un rayo de inspiración, un toque de belleza —y el momento efímero que puede contenerlo todo— […], esto es lo que deseo expresar en mis obras.

 

Pablo Gamboa, una nueva magia

Pablo Gamboa, una nueva magia

Cuando algo se desprende de su núcleo se genera una ruptura, motor de la mutación del ser. La dependencia nos provee y nos alimenta.  Despojarse de lo que alguna vez fuimos y empezar a transformarse es parte de. Conseguir un equilibrio, en cualquiera de los estados que nuestra materia haya evolucionado, es la mejor forma de llevarlo. Y aunque la felicidad se traduzca intrínsecamente en formatos de ese núcleo, ya lo vemos de lejos, nos confrontamos con nosotros mismos, hasta el punto de poder nuevamente ser. Pero los fantasmas son desechos que se usan.

En el taller de Pablo Gamboa, las cosas parecen que han podido llegar a soltar ese núcleo, desprendido de su primera vida, han vagado como fantasmas y han vuelto a cargarse de esencia.

Llegué hasta el barrio América, un barrio muy acomodado en los cincuentas, apartado del centro y a la vez limitante de uno de los sectores con la mejor vista de la ciudad, San Juan. Con un mercado de mediana escala, un hospital y el parque La Alameda a pocas cuadras. Subimos hasta su taller, Pablo ocupa toda la casa, en lo pisos altos vive con su familia, y el departamento intermedio lo ha adaptado como taller galería. El hall de entrada tiene colgado arte en las cuatro paredes, obra de Gamboa de varios años.

Una pared llena de boceto parecería ser el mapa desde donde parten varias ideas y conceptos del artista. En una de las habitaciones aun quedan piezas de la obra “Multicolor” una serie donde prevalece el plástico reciclado y la adaptación a nuevas formas. En el espacio principal, una instalación hecha de troncos, sin finalizar, comparte con varias piezas de otras series ubicadas alrededor del lugar. Pablo encuentra estros su material en sus viajes a la playa. Una especie de hallazgo en bruto que se va puliendo a medida que el Gamboa interviene las piezas.

En una de las esquina del espacio el artista ha dispuesto un escritorio con  libreros y estanterías, sitio desde donde Pablo planifica y promueve sus proyectos. Cerca del corredor, espacio de tránsito, esta ubicada la bodega, llena de materiales, pliegos y piezas creadas por Gamboa en otras épocas. Objetos que han sido configurados para recobrar su alma, vida y cuerpo esperan junto a la puerta.

Un patio trasero sirve para la creación y el esparcimiento, un lugar donde las ideas proliferan. En ese espacio el artista se encuentra libre.

Pablo tiene el poder de despertar la esencia de los objetos olvidados, de lo que está opaco, de darle una nueva magia a algo que tiene cuerpo pero que por varios motivos ha perdido parte de su alma.