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Empoderarse para crear

Empoderarse para crear

Camila Morejón rompe tabúes a partir de la normalización de los cuerpos, sobre todo de los femeninos. Aprender acerca de sus bordados es aprender a mirarse y a valorarse. La artista y diseñadora de espacios utiliza la herramienta de tejido para derribar el miedo y las culpas.

 

Los hilos de colores con los que había tejido las vaginas brillaban sobre el terciopelo de la capa negra que le cubría esa mañana. Los rizos de su cabello y las flores de su vestido contrastaban junto a las plantas. Caminaba segura entre los árboles que rodean su casa en la que vive más de un año y medio. Las telas se arrastraban sobre el césped, Camila (IG), artista plástica y directora de arte de 31 años, me invitó a pasar a su lugar de creación. Había llegado a su casa para desaprender sobre los tabúes impuestos por la sociedad hacia la vagina y aprender esta nueva historia inspirada en motivar a más mujeres hacia un conocimiento de su sexualidad y un empoderamiento de sus capacidades creadoras.

“Lo primero que hago cuando doy un taller es darles esto”. Tres espejos, conectados por un hilo, eran la herramienta que les serviría a las mujeres, que asisten a sus talleres, para explorarse y conocerse a profundidad sus cuerpos y con detenimiento contemplar sus vaginas.

“Hay veces que no saben dónde se encuentra el clítoris y es un aprendizaje de conocernos desde cero, anatomía”- decía Cami. Antes de continuar mostrándome su trabajo, me invitó a tomar un café. En el jardín, unos hilos amarillos habían sido tejidos por la artista para el altar del día de su boda. En el segundo piso, sobre su taller, el área social de su casa preserva objetos especiales.

La lámpara que perteneció a su madre y padre decora una de las esquinas. Muebles de sus abuelos y regalos de matrimonio ocupan las paredes del lugar como Nuestra Señora de los Favores, de Gisella Iturralde, que -en una posición infinita- carga en un par de baldes los interminables favores para sus feligreses. Sobre una fotografía panorámica del Altar de Andrés López estaba la obra ‘Lo que le pasa a una, nos pasa a todas’.

 

 

Un conjunto de vaginas hechas en cerámica presentada en la muestra Mujeres Difíciles con luces que se activaban al momento de apoyar una pistola sobre los sensores. Su aro de matrimonio, inspirado en las formas de la arena, las conchas y el ir y venir de la marea confirmaban de su amor por el poder del mar.

 

 

En su casa tiene un altar que, compuesto por hermosas piedras, transmiten su confianza hacia la creación. “El mar es sanador”, sonreímos con esa conclusión.
Mientras tomaba sorbos de un café amargo, la artista me contaba sobre los motivos que le llevaron a dejar su trabajo de publicidad. “Me sentía como el Cotopaxi” me dijo. Haciendo referencia a su malestar cuando tuvo que tomar pastillas para calmar sus dolores de una lesión de la espalda y el hombro. Su dolor fue tal, que también lo inmortalizó en una serie de dibujos.

 

 

 

En su taller, me mostró su primer bordado. Tejer siempre ha estado en los momentos importantes de su vida. En el vestido de su boda y en todos los días que junta los hilos para crear formas. “Nunca aprendí con tutoriales, siempre probé y me di las maneras de inventarme mis propios puntos”.
Me contó que siempre trabajó con fibras y también ha probado tejer con las manos. Sin embargo, me decía que juntar el terciopelo con los bordados más los detalles de mullos, da como resultado telas decoradas para sentirse como una reina, según la artista.

“Yo veo esto y pienso en un pavo real” dijo. “Un día me levanté y dije quiero hacer ropa increíble para mujer” ahí aprendió a hacer patronaje, en adelante tiene la premisa de que todo lo que hace lo piensa como si fuera hecho para ella.

 

 

 

Sus proyectos se han ido tejiendo entre ellos. Las vulvas bordadas, por ejemplo, es un viaje de introspección personal y de entender los procesos de cada persona que le pide a la artista un bastidor con una vulva de colores. Es una conversación cercana con quienes le solicitan. La artista, junto al cliente, elige los tres colores en una especie de entrevista de manera casi visceral. Al final del proceso, la artista les pide a los dueños de la obra ponerle un nombre a su vulva y así concluye el proceso con sentido. Camila me contaba que su obra busca provocar para hablar.
“Cuando yo era chiquita, una profesora nos dijo que la masturbación era normal. Y en mi casa pensaban diferente entonces crecí con una traba mental’.

 

 

Los ‘Vulva Workshop’ de Camila son un espacio para normalizar los cuerpos, es un sitio para aprender a mirarse y a valorarse. Es un lugar de sanación en el que los círculos de mujeres y hombres comparten sus experiencias para naturalizar y derribar el miedo y las culpas. “Porque la gente muchas veces no puede decir ni siquiera la palabra vulva”. Los atrapasueños volaban con el aire de medio día. Noctura y Saltashpa, sus mascotas, nos acompañaban a ver las plantas que Cami tenía en la entrada de su taller. Paseamos un rato más por el jardín era el final del viaje. En todos los mensajes entendí lo importante de conectarse con lo que se crea.

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ANANAY produce objetos con conciencia desde Ecuador

ANANAY produce objetos con conciencia desde Ecuador

Mujer creadora. Conocí a Paula Jácome en Casa Taller mientras exponía sus productos. Ese día, tenía entre sus manos un textil gris con blanco. Hablamos sobre telas. Poco tiempo después, me visitó en mi casa y compartimos un café. Tuve la oportunidad de mostrarle algunas telas cañaris que he venido recolectando como regalos de la montaña. Días después llegué hasta ANANAY, un espacio de producción de objetos con conciencia, la idea nació y creció junto a su hermano Juan Ángel Jácome.

Unas escaleras incrustadas en la montaña permiten ingresar hasta el taller. El lugar, en medio del bosque, tiene una vista increíble hacia la ciudad, quien lo visita se transforma afuera de ella, sin estarlo. Paula me invitó a pasar. La luz entraba en cenital por las claraboyas del techo e iluminaba una mesa de vidrio que dejaba traspasar los rayos. El espacio lo comparte con el artista Adrián Balseca que en ese momento trabajaba en el lugar. Paula preparó un café, me presentó a los cactus más diminutos que he visto y me llevó a su taller.

Lámparas esféricas colgaban en el aire.
Paula había encontrado el lugar en condiciones de bodega. Al sitio lo ha venido organizando de acuerdo a sus necesidades. “Tenía una energía de haber estado mucho tiempo cerrado”, me comentó.
Las lámparas esféricas que cuelgan en el espacio complementan la doble altura y lo hacen luminoso por las noches. Esa mañana, Paula estaba construyendo un mueble que serviría de estructura para un tapiz que está creando. Me contaba que viene de una familia de arquitectos y siempre le gusto hacer cosas con las manos. Historiadora de profesión, dejó de ejercer porque sintió la soledad muy de cerca. Su habilidad con las manos le permitió desde pequeña construir su propia ropa.

Producir con conciencia
De un mueble sacó una de sus mochilas. Las produjo en diciembre, una serie de 15, hechas 100% con algodón, biodegradables. “Todas las telas que uso son fabricadas acá” me contaba. Paula se encarga de llevar un proceso cercano con las cosas que produce. Las telas que adquiere son de fábricas que están comprometidos con el tratamiento de aguas y tienen todos los permisos ambientales en regla. “Siempre prefiero comprar un producto que sé de dónde viene. Esa es la idea hacer productos que sean reales” dijo.

La adaptación de la indumentaria es importante. Para eso, Paula creó un producto parecido a una bufanda. Un cuello que permite estar cómodo y caliente en ciudades montañosas como Quito.

“Trato de que todas mis prendas sean unisex y que todos mis productos tengan garantía de por vida”.

Actualmente, Paula está trabajando con tapices, lámparas y cojines. Sacó de una bolsa producciones pasadas de textiles teñidos. Ahora, inspirándose en lo ya producido, está creando una colección de lámparas con canastas de mimbre grueso y madera cruda para una tienda de diseño de la ciudad. Sus colecciones son series limitadas, por su materialidad. Las telas y objetos que compra a artesanos suelen acabarse y con ellas también la serie. Paula tiene productos con stock limitados que suelen agotarse en una sola feria. Fue el caso del kit de cubiertos de madera que vendió por completo.

Los textiles nos conectaron
Antes de partir, Paula me indicó sus telas de algodón teñidos por ella y producidos por un tejedor que tiene más de 80 años y vive en Imbabura. Los motivos por los que la vida te cruza con hermosas mujeres creadoras es para seguir creando. Con Paula se me ocurren muchas y grandes cosas. Una instalación móvil con telas, por ejemplo.

 

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La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

La nueva espacialidad de Urku se mostró en el mercado de Sao Paulo

Las formas abstractas del artista ecuatoriano Roberto Rivadeneira se mostraron en su ‘soloshow’ llamado Transiciones. La galería A7MA expuso el 16 de marzo la muestra compuesta por 12 piezas con técnicas que incluyó: acrílico, escultura y serigrafía.

Una tarde recibí la llamada de Urku. El artista planeaba un viaje a Brasil y necesitaba registrar su obra. Cuadramos un día y fui hasta su casa. Era en las afueras de la ciudad donde los árboles crecen cubriendo las fachadas de las casas y los jardines adornan las estructuras. El sol explotaba y Roberto Rivadeneira, también conocido como Urku me esperaba junto a la puerta de la casa. Relajado. Me invitó a pasar al espacio donde había adecuado esos días para pintar. El lugar junto a la piscina emanaba una particular humedad. La luz atravesaba la claraboya del techo y llegaba a uno de los lienzos del artista. El espacio temporal creado por Urku tenía todo lo necesario para producir.

Algunos bocetos estaban pegados en la pared. Las formas abstractas sobrepuestas tenían un paleta con el que el artista venía trabajando de hace poco. Luego de explorar por meses con tonos violetas, plantas y un arte más figurativo. Decidió evolucionar luego de dos años tras un viaje a Atenas.

Con detenimiento despegaba del lienzo una cinta de papel que mostraba su línea prolija. ‘También me dedico a hacer aplicaciones. Pronto viajaré a Mexico a visitar un cliente’. me decía, mientras retocaba ciertas partes de la obra. Éste año su nueva serie llegó a Sao Paulo por un amigo que conoció en Berlín donde tenía su estudio. El 16 de marzo en la galería @a7magaleria de Sao Paulo se presentó su muestra: Transiciones.

Su arte se acopla a los entornos.
‘Trabaja con las formas y el color creando espacios planos en formas que se interponen unas con otras’- Gaby Moyano.

*foto registro del artista

En su trayectoria ha trabajado con muralismo. ‘Hago full trabajo digital previo y les termino a veces en digital’- decía. Sus pinturas por todo el mundo transforman los lugares. Cada vez que viaja se propone pintar en la ciudad por donde pasa. Actualmente ha probado soportes de madera logrando esculturas con sus formas y colores.

Sus boceteros mostraban sus procesos y de donde provenían algunas de sus formas.

Urku vive en Berlín y estos días estaba visitando Ecuador para saltarse el invierno de Europa. Esa mañana negociamos un precio para registrar su obra. Me comentó de lo importante para él de documentar su obra y crear su portafolio. ‘Al final es lo que me queda, una buena comunicación que muestre lo que estoy camellando. Es mucha la diferencia de tener buenas fotos. La verdad que la veo como una inversión’- decía.

Para crear un filtro en la claraboya se subió a una silla. Urku se fijaba en los detalles para que las fotos quedaran bien. Antes de irme le hice un retrato. Hablamos de Araceli Gilbert y sus líneas. Del arte, nuestra generación y la nueva percepción de la vida, y del tiempo. ‘Esta comprobado que estar full time trabajando no es lo más productivo, estar cuarenta horas sentado en una oficina no tiene sentido. La salida más fácil ahora es tener un trabajo’- decía.

 

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Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

La artista en su taller, acompañada de su mascota, restauraba una plomada parte de su última muestra sobre la memoria de los espacios demolidos. El Perro de Loza ya es un referente del arte en Quito.

A la artista ecuatoriana Natalia Espinosa la cerámica le sirve para expresarse y hablar. En su última muestra ‘Esto será demolido’, presentada en noviembre pasado, en la Galería N24, su mensaje recaía sobre la memoria. Era un gesto simbólico a varias casonas construidas entre los años 1950 y 1970, que no cuentan con una protección legal y que por el crecimiento de la ciudad están siendo demolidas.

 

 

Ya son más de tres años desde la primera vez que llegué a su taller. El Perro de Loza, su espacio de producción, ha crecido al igual que sus plantas. Un hermoso jardín de enredaderas es el abrebocas del lugar. El túnel de plantas invita al jardín posterior de la casona ubicada en el barrio La Floresta, lugar seleccionado por la artista para producir y crecer. Esa mañana la encontré arreglando un detalle en una plomada cilíndrica que era parte de las piezas de su última muestra. Los elementos arquitetónicos y los patrones con los que está trabajando Natalia me llevaron a conectar aun más con su obra. Sobre una de las gradas, a manera decorativa y entre las plantas un bloque calado había sido rescatado. Antes de sentarnos en una de las mesas del jardín preparó un café. Mientras lo preparaba me indicó parte de su taller, que también funciona como galería. Es imposible no maravillarse con cada detalle de todo el trabajo que este tiempo ha venido construyendo. A más de todas sus piezas de cerámica un par de móviles volaban por los aires.

Natalia formó parte de la primera generación de arte de la Universidad Católica. Continuó su formación en el departamento de cerámica en Gerrit Rietvelt Academie de Amsterdam. Tiene un masterado en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina.
En su taller el horno es un elemento importante. El fuego tiene la última palabra, tanto en el bizcocho como en el acabado final. Su continuo contacto con los otros elementos como la tierra y el agua y su sensibilidad para crear con el viento hacen que el trabajo de Natalia contenga mucha carga energética. En su vida diaria plantar y nadar son dos de sus prácticas favoritas.

En su taller un cactus gigante crece en una de sus macetas de formas y patrones. En una de las esquinas un sapo al acecho, un conejo en pleno salto y un cerdo vago cuelgan del techo. Todo esto sólo pasa en el mundo de Natalia Espinosa, del Perro de Loza.

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Emilio Seraquive pinta realidades contemporáneas

Emilio Seraquive pinta realidades contemporáneas

El olor a óleo fresco invadía la terraza de Emilio Seraquive. El artista que vive en Loja pinta personajes que bordean los estereotipos del sistema con trazos caricaturescos y guiños de artistas consagrados.

El poco tiempo que estuve en esa ciudad, aproveché para conocer a un par artistas que pintan en ella. Tuve pocas horas para conocerlos. Esa tarde llovía y el tráfico era similar al de una ciudad grande. Intenté caminar pero, según las indicaciones de Emilio, tenía que pasar la puerta de la ciudad.
Me dispuse a sentir como pasan los segundo en medio de un trancón de la tarde. Loja, la ciudad al extremo sur del país, tiene 180 mil habitantes, aproximadamente. En 2019 ya tiene problemas de tránsito. En el trayecto pensé en lo contradictorio que puede ser una ciudad relativamente pequeña, bendecida con varios ríos que la cruzan, en la que es poco común caminar. Esas eran las realidades contemporáneas: sea por la inseguridad, porque simplemente hay lugares que no están adecuados para el transeúnte o por preferir la comodidad del automóvil.
Llegué hasta la esquina donde había acordado con Emilio. Todas las primeras plantas de las casas y edificios del lugar estaban ocupados por farmacias, tiendas y pequeños puestos que aún comerciaban. Seraquive me invitó a pasar. Vive en una casa de varios pisos donde compartía con su familia, allí él crea.

El último piso de la casa fue adecuado por Emilio para para pintar. Varios lienzos de gran formato tensados por él habitan el lugar. La terraza cubierta permite al artista pintar lienzos de gran tamaño en un lugar más ventilado y amplio. Los cuadros que está produciendo serán parte de su nueva obra que expondrá en su ciudad.
Hablamos de muestras y me comentó acerca de su paso por Quito. El Centro Cultural Benjamín Carrión y la galería de Ileana Viteri le abrieron las puertas a su trabajo en años anteriores.
El olor a óleo fresco se mezclaba con el aire de la tarde. Emilio pintaba directamente desde el tubo al lienzo, sus trazos de no secan fácilmente. La cantidad de pintura de sus formas tardan tiempo en tomar su consistencia.

Aficionado al cine, el artista está produciendo una serie inspirada en varios personajes de películas. El Juez Doom de la película ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ es parte de esta. El conejo de la película de ‘Donnie Darko’ fue el primer personaje que me recibió de frente y pintado sobre un lienzo de más de un metro de altura . “A este conejo lo fusioné con el actor principal, es el ángel que viene del futuro a predecir lo que sucede”.
Su nueva serie retrata a los personajes que, de alguna manera, bordean los estereotipos del sistema y se conectan con las realidades actuales. En otro lienzo estaba pintado Ángel, el personaje principal de la película ‘Ratas, Ratones y Rateros’. Esta vez caricaturizado por el pincel de Emilio. “Niño Rata” también era parte de la serie.

El inglés Francis Bacon es otro de los artistas que han influenciado su trabajo. Lo que busca es exteriorizar el estrés y la forma carroñera del ser humano por deforestar el planeta. A Velásquez y Rembrandt también tienen le ha dado guiños en sus obras: “ahí le puse un hueso de pollo” – me dijo. Luigi Stornaiolo, Marcelo Aguirre, Miguel Varea son algunos de sus referentes ecuatorianos. El artista se dedica gran parte del tiempo a pintar. “Las obras son extensiones de uno”.

El sonido de ciudad comercial entraba del exterior y, sobre su mesa, reposaban varias piezas de la obra ‘Transeúntes Solitarios’, realizada en 2015. Esta retrata el comportamiento de las personas en espacios urbanos. Emilio sacó sus libretas en las que pinta y escribe sus ideas. Caía la tarde y quedaba poca luz, aproveché para documentarlo.

Un piso más abajo, un dormitorio de la casa estaba lleno de la obra del artista. El sitio relataba el tiempo de trabajo y todas las etapas de Seraquive. El soundtrack de la película ‘Trainspotting’ sonaba de fondo. En pequeños estantes cerca de su escritorio, varias esculturas de perros eran parte de la maqueta de una instalación pasada. Emilio está incursionando en el arte instalación. Había caído la noche y era momento de irme. Antes de partir, el violeta intenso invadió mis ojos. ‘Violeta de Genciana’, el nuevo material con el que Sarquive sigue escribiendo su historia.

 

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Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Entre sus proyectos académicos actuales como docente e investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central del Ecuador están: el fortalecer la autenticidad de los ecuatorianos a través de un replanteamiento de la línea ecuatorial y su franja, así como desarrollar un mapeo de información georeferenciada de los centros históricos de Quito, Cuenca, Latacunga y Manta, buscando con ello verificar posibles trazados precoloniales de estas ciudades, borrados o ignorados por las falsas bondades del colonialismo.

La primera conversación que tuve con Oswaldo Páez Barrera fue cerca del patio central de la facultad en la cual se graduó y hoy dicta las materias de Teoría e Historia de la Arquitectura. La mañana del 27 de octubre tuvimos una larga y distendida charla cubiertos bajo uno de los techos de los corredores del edificio, en la cual me comentaba sobre los mencionados proyectos de investigación que tiene en marcha.

Con un PhD en Teoría e Historia de la Arquitectura y con un Master en Historia, Arte, Arquitectura y Ciudad otorgado por la Universidad Politécnica de Catalunya, Oswaldo ha desarrollado sus especialidades aplicándolas a la crítica del arte, de la arquitectura, la ciudad y los territorios, desde posiciones contemporáneas y polémicas. La mayoría de sus publicaciones versan sobre estos temas. Por ejemplo, su libro: X bienales, XX momias y XXX dólares, (UISEK, 2012) es un compendio de ensayos y artículos analíticos sobre las 11 primeras bienales internacionales de arte que se realizaron en Cuenca y que entregan al lector la única versión contestataria de ese evento. Este libro, años posteriores, fue censurado.

El siguiente encuentro con Oswaldo fue para admirar sus pinturas y dibujos que cuelgan de las paredes de la Quinta Huasipungo, ubicada en Guápulo, Ecuador. La casona fue adquirida por el artista luego de ser la sede de la Embajada de Bélgica. El inmueble, fue construido en el siglo XIX en un estilo neoclásico mestizo, se encuentra patrimonializada y atesora intactas su materialidad y espacialidad.

Mientras conversaba con el artista los olores se deprendían de la cocina. En el lugar los jarrones estaban llenos de flores frescas y las paredes de la casona cubiertas por una poderosa colección de dibujos y pinturas que dan cuenta de la sensibilidad antisistémica de su autor.

Sobre algunos de los carteles que conserva en su colección, me decía Oswaldo, fueron parte de la producción iconográfica de los años setenta, cuando formó parte del movimiento comunista del cual fue expulsado por discrepancias ideológicas. Recuerda, con una sonrisa irónica, que en esos años las infiltraciones del enemigo llevaron a que los grupos de universitarios izquierdistas se enfrentaran entre ellos, mientras los poderes dominantes seguramente se reían.

El recorrido de su casa es la recopilación de parte de su producción artística. En las áreas sociales se exhiben cuadros con fuertes trazos contrastados con una intensa paleta de azules. En los lugares más íntimos las paredes contienen obras que representan los paisajes urbanos de Cuenca y también autorretratos realizados por el artista en varios momentos de su vida. Junto a sus pinturas se puede ver caricaturas de viejos amigos y cuadros de colegas cercanos, todo ello reflejando la sensibilidad y el pensamiento social y político de Oswaldo Páez Barrera.

El patio andaluz de la casona revestido con baldosa hidráulica, tiene una pileta en el centro desde donde los pájaros toman agua. A pocos metros una sala, detrás de un ventanal por donde pasa el sol y se ve la cúpula y espadaña de la iglesia de Guápulo, nos dispusimos a conversar sobre su vida y su obra. En su producción pictórica, como en sus publicaciones, existe humanidad, una conciencia solidaria, igualitaria y libertaria. Para Oswaldo, la mayoría de la gente no merece la situación en la que vive, él piensa que es posible un nuevo país en donde primen la justicia y la libertad.

Su casa, rodeada de plantas, jardines y árboles patrimoniales la comparte con su esposa, la abogada Ximena Vintimilla Moscoso y las dos hijas: Carmen y Laura. El ingreso frontal a la Quinta Huasipungo –nombre del lugar desde el s. XIX– es por la calle Leónidas Plaza y su desnivel en la parte posterior que se abre hacia el río Machángara permite entrar desde la Av. De los Conquistadores. Este lugar es un sitio privilegiado por la vista hacia los valles y el paisaje que le rodea. En el camino de entrada, Oswaldo ha colocado una serie de esculturas que replican obras de las culturas Jama Coaque, traídas desde La Pila y que fueron ubicadas en los arcos de medio punto de uno de los grandes muros de contención que tiene la Quinta.

En el área privada, las habitaciones están conectadas a una terraza techada que permite mirar hacia el cerro Auqui y hacia el jardín posterior de la casa, adornada con otra pileta de piedra junto a la palmera registrada por el Municipio como la más alta de la ciudad.

Los jardines de la parte posterior albergan una pequeño estudio, separado de la casa en donde Oswaldo pinta. Un tríptico de gran formato, aun en proceso revela los trazos actuales del artista.

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Una pareja relata la tradición oral del Ecuador a través de la ilustración y el grabado

Alice Bossut y Marco Chamorro son una pareja de artistas que se encontraron en el camino para relatar, a través de la ilustración, las tradiciones orales, historias, fiestas y leyendas de nuestro país. En su taller trabajan en equipo. Comparten mucho tiempo juntos y ahora son padres de un bebé de 10 meses. Valoran su autonomía y por eso crean proyectos personales que les permitan descansar de su poderosa sinergia conjunta.

Alice Bossut es francesa, estudió en Bruselas y vivió 7 años en Bélgica. Un móvil hecho por Alice giraba en la mitad de taller. Hecho de papel, reflejaba la luz, este fue diseñado y creado para su hijo. En la casa de los Chamorro-Bossut, la sala y el comedor son espacios adaptados para ser taller: varias mesas de trabajo organizadas en el lugar les permite tener clasificada su producción.

Esa mañana, Marco colocaba estructuras de balsa tras los grabados para generar la sensación de estar volando sobre la pared. Las obras eran los grabados originales de las ilustraciones que apoyan al recetario del chef Esteban Tapia. Una investigación inspirada en historias alimenticias que tomó forma a través de las palabras de la escritora Liset Lantigua . ‘¡A comer! Recetario ilustrado de los pueblos del Ecuador’. Trabajo que les ha tomado gran parte del año.

Alice me ofreció una taza de café. Mientras lo preparaba me indicó el libro ‘A ritmo endiablado de la bomba’. Una edición que se destaca, además de su historia, por la calidad de su gráfica y por su armado. Me relató la historia Davilará, un bombero músico que tuvo contacto con el diablo 3 días y 3 noches y que murió en el Valle del Chota, en los noventa. “Hasta ahora sigue siendo una leyenda viva”, me dijo.
Las historias que escogen ilustrar están cargadas de mística, magia y realismo, y se vuelven un imán visual al momento de estar acompañadas con sus trazos. Las texturas de sus trabajos se logran al pasar varias tintas sobre el papel con colores no convencionales. Su particular manera de encuadernar o plegar hacen de sus historias perfectos libros objeto.


Alice también me enseñó los Al pasinos, un formato que proviene del fanzine en el que invitan a artistas visuales a crear su propia historia. ‘El gigante de la laguna’ es una historia de la comunidad de Cotacachi, también parte de su serie editorial. La historia trata sobre un gigante que vive en la laguna de Cuicocha. El editorial les permitió jugar con el formato, un desplegable en forma de acordeón, y las varias capas de intensos colores primarios.
La publicación fue ajustada al francés para ser publicada en Bélgica. Todas las publicaciones antes mencionadas vieron la luz en Comoyoko, un taller editorial creado en 2015 en el que tienen como premisa ilustrar para contar, no para adornar. Han trabajado junto a Roger Icaza, Dipacho, Gerald Espinoza, Santiago González y otros ilustradores. “Hemos crecido juntos en ésta nota”, comentó Marco.

Sus publicaciones se destacan por la calidad del acabado. De manera enfática me contaban cómo los colores funcionan al momento de fusionarlos. Hablaban técnicamente las maneras por las que habían optado para impermeabilizar el papel para impedir que los colores no se trasparentaran. Han descubierto varias formas en el camino para producir sus objetos. “Las satisfacciones llegan por otros lados” -me decían-. “Te invitan a congresos, a nuevos espacios, difundes obras, produces. Si tú no lo haces, no lo va a hacer nadie”. En el lugar, los artistas dictan talleres de grabado, xilografía y serigrafía. Técnicas que usan para transmitir sus mensajes.


Toda la producción que ordenaban en ese momento lo habían hecho en 1984 Oficial, un espacio donde trabajan con serigrafía textil, producen cerveza y gestan nuevos proyectos cercanos a las artes visuales aplicadas.
Alice me invitó a conocer el espacio compartido. Los colores y las texturas de sus grabados resaltan en la pared de 1984. Ahí, Alice compartió el proceso para realizar un grabado. Técnica que requiere de precisión, fuerza y pulcritud.

La pareja planea viajar en verano a Francia. Volarán solo con un ticket de ida. Visitarán la Feria de Literatura Infantil de Bologna. Además planean mostrar su trabajo en la Slow Galerie, de Paris. Alice me contaba sobre su admiración a la Amazonía. Lo asombroso de las texturas de los paisajes de Ecuador. Lo apasionante que ha sido retratar culturalmente a nuestro país. Junto con Marco, presentarán su próxima muestra en el Centro Cultural Benjamín Carrión: un recetario en el que cada plato está acompañado de una expresión popular, un mito, una leyenda, una copla, una décima, un juego o -a veces. una anécdota, que tiene relación con la comida, con el plato, el alimento o la persona que lo prepara. Contas las historias de nuestro país como pocos lo hacen.


Recomendación de ilustradores a seguir:
Joële Joilvet
Isol

 

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Alquimia para hacer arte

Alquimia para hacer arte

Las sociedades secretas, la teosofía, las corrientes esotéricas de las grandes religiones, las filosofías orientales, la magia, la psicodelia, la experimentación con drogas y los símbolos y mitos universales son los ingredientes que dan forma a la exposición: La luz negra.

Tradiciones secretas en el arte desde los años 50, que destapa en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)las conexiones íntimas entre el arte contemporáneo y el esoterismo.

La muestra, comisariada por el escritor Enrique Juncosa, reúne de forma más o menos cronológica unas 350 obras de artistas tan distintos como Henri Michaux, Joseph Beuys, Antoni Tàpies, William S. Burroughs, Joan Jonas, Kenneth Anger, Rudolf Steiner, Alejandro Jodorowsky, Fracesco Clemente o Zush. Predominando en esta selección los autores de Norteamérica, donde históricamente estas tradiciones han gozado de más aceptación.

La luz negra apuesta, en primer lugar, por reivindicar la importancia que estas ideas tuvieron en el desarrollo del arte del siglo XX, aunque el pensamiento racionalista predominante haya tratado de ignorarlas o relegarlas a un segundo plano; y en segundo lugar, por reconocer el interés renovado de una nueva hornada de artistas por estas ‘tradiciones secretas’.

“Tal vez se deba a que volvemos a vivir en un mundo inquieto e insatisfecho, preocupado por cuestiones como las nuevas guerras coloniales, el terrorismo fundamentalista, la gravísima crisis ecológica o los populismos nacionalitas, tal y como en los 60 y 70 se temía una inminente castástrofe nuclear devastadora. Además, una gran parte del arte dominante en nuestros días es sumamente aburrido al carecer de misterio alguno y negar la poetización e interpretación de su experiencia”, admite Juncosa.

Psicodelia, ritos chamánicos y espiritualidad La exposición arranca en los años 50 con los cineastas norteamericanos Harry Smith y Jordan Belson precursores de la psicodelia y contracultura.

También están presentes los pintores asociados al expresionismo abstracto en Estados Unidos (Barnett Newman, Ad Reinhardt o Agnes Martin) y los informalistas europeos como los catalanes asociados al Dau al Set (Antoni Tàpies y Joan Ponç, entre otros), que se interesan por los escritos del psicólogo Carl Gustav Jung y los ritos chamánicos.

El recorrido por esta década se completa con dos propuestas: el cineasta de culto Kenneth Anger y el artista autodidacta y aislado Forrest Bess.

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Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

‘Mi trabajo es un legado a la juventud. La fotografía no es pura curiosidad: es lección. La fotografía no es farándula: es un testigo fiel de una realidad y hay que darle ese valor’.

Su colección de fotos la empezó en las afueras de los cines de Quito. Rafael Racines Cuesta recuerda que desde joven tuvo el gusto de comprar fotografías a los carameleros y chocolatineros que se ubicaban en las puertas de los establecimientos. Su interés por la investigación, los registros históricos fotográficos y las caminatas a lugares poco conocidas, pero tradicionales, le llevaron a convertirse en un referente, no solamente en los medios digitales de la ciudad, sino también, en lo más importante para Racines: en la gestión del campo cultural.

Tuve el gusto de encontrarme con Rafael en la cafetería del Centro Cultural Metropolitano. Muy cerca del corazón de la ciudad: La Plaza Grande. ‘Tu tienes que aprender a hacer organizado’- me decía Rafael. ‘Una diaria, una diaria todos los días. Yo no tengo ninguna desesperación de los likes, ni de ninguna pendejada, discúlpame que te diga, yo a mi edad ya no estoy para estar en eso’ – me decía efusivamente refiriéndose a su estrategia digital. Actualmente su comunidad: Quito, de aldea a ciudad, en Facebook llega casi a los 20K seguidores.
‘Si te dedicas a hablar de historia: hablas de historia, de memoria, de identidad y de las falencias de la ciudad. De los errores que cometemos. Cuestionar hace que no solamente te conviertas en un referente en las redes. Eres un referente en la ciudad y de la sociedad’
La segunda vez que vi a Rafael fue mientras participaba en un conversatorio en el Salón Máximo de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central. Con un salón completamente lleno recordaba con nostalgia el agua que bajaba desde los deshielos del Pichincha, la misma que pasaba a través de La Chorrera hasta la Plaza de San Francisco y la Plaza de la Independencia. Cuando Racines habla de Quito se lo escucha cómodo y confiado. Su fresca memoria le permite recordar vivencias de su infancia.
Su padre, mecánico, y su abuela fueron los encargados de enseñarle de la mano la ciudad. Los dos habían crecido en barrio de San Roque. ‘Yo se lo que es vivir 8 hermanos en un mismo dormitorio. En nuestro tiempo del Quito antiguo había un solo servicio higiénico para 10 familias y las mamás se turnaban para dar la limpieza del excusado. Eso eran los hogares de los quiteños. Es una realidad de Quito que quiere ser olvidada.
Obtenido del archivo de Quito, de aldea a ciudad. El quiteño de verdad allá por los 1940s, 50s y 60s, era el que se aventuraba con la jorga de amigos y amigas de barrio, a buscar moras, tacsos, manzanas silvestres, nigüas, zambos y más en los bosques y quebradas (hoy inexistentes) de la ciudad.
Rafael Racines nació el 28 de mayo de 1950. Cursó varios años para conseguir una licenciatura en psicología industrial que no concluyó. Para él su trabajo es el fruto de las vivencias de su niñez. Actualmente su circulo de amigos está conformado por: historiadores, arquitectos, trabajadores sociales, antropólogos, jóvenes estudiantes y aficionados de la ciudad.
El camino de Rafael da inicios en 2012 cuando fue invitado a una entrevista hecha por Sami Ayriwa en TV Pública sobre su video que aun está colgado en Youtube llamado: El Quito de los olvidados. En 2013 inaugura su cuenta en Facebook: Quito, de aldea a ciudad. ‘Entre el 2015 – 2016. Fue cuando empecé a salir con los jóvenes de las universidades. Las redes sociales me permitieron conectar con más personas para realizar caminatas. En el año 2017 entré a El Censo por primera vez. El Censo era un sitio temido y logré llegar con 450 personas. Tampoco nadie hacía caminatas a la Chorrera por miedo a la delincuencia, la última vez que fuimos llegamos con 350 personas. En el 2017 hice 11 caminatas en los 11 meses del año. Previo a las caminatas dábamos una charla con fotos e información del lugar y les preparábamos haciendo una confrontación del pasado y del presente’- me comentaba Racines.
Texto de RRC: La modernidad nos entrega una nueva ciudad que es la que heredamos a nuestros hijos, ciudad que tenemos que cuidarla y enseñar a cuidarla…pero esto no es obstáculo para recordar la que se nos fue.
La confrontación de fotografías es un buen ejercicio para ver ver como la ciudad va cambiando. Rafael recuerda alguna vez haber pasado siete horas mirando una misma foto. Para él observar va más allá de apreciar. Es la capacidad de poder reconocer e interpretar lo que las otras personas no ven. Su conocimiento en cuanto a la digitalización de archivos nace un día cuando conectó un tocadiscos de carbón a la computadora.
En el lapso de veinte años ha logrado recopilar alrededor de 70 000 archivos de música entre: 20 000 boleros, tangos, música ecuatoriana tocada en el órgano de la Iglesia de San Francisco, música gospel; en inglés y en francés. Reconoce Rafael la importancia y el potencial que tuvo a partir de eso la computadora y reconoce sus limitaciones, ‘pues su generación no nació con la computadora bajo el brazo’.

 

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Una escultura de madera medita bajo el sol de Quito

Una escultura de madera medita bajo el sol de Quito

 

¿Tú eres vidente o qué?

Fue mi pregunta después de tener frente a mí un gran óleo con al actual presidente Lenín Moreno rodeado de lobos vestidos de oveja, mientras los tentáculos de un pulpo verde, con colmillos, lo aprisionaba. Estaba en el taller (link) del artista David Santillán. Me había invitado a presenciar parte de la restauración de El Señor de Mulaló, un encargo que le hicieron.

Esa mañana, David retirba los reptintes, un proceso previo a los retoques que consiste en remover la superficie vieja y gastada. La figura había llegado sin dedo y sin pie hasta el taller, no estaba en las mejores condiciones. Su trabajo era devolverle el esplendor. Para eso, debía pasar por todos los procesos: limpieza, retiro de reptintes y, finalmente, los retoques.


Esa mañana, con una herramienta removía la superficie del Señor de Mulaló. La escultura de madera articulada tiene características de arte colonial.
Una estructura que, posiblemente, siga los parámetros de un Cristo del Descendimiento que proviene de una imagen desarrollada en el Concilio de Trento. Según Ruth González, la autora de la investigación ‘Sistemas de articulación en Cristos del Descendimiento’, los imagineros creaban estas esculturas para que puedan adaptarse a varias posiciones. La imaginería es la especialidad del arte de la escultura dedicada a la representación plástica de temas religiosos. Comúnmente realista.

Estas imágenes articuladas poseen un carácter marcadamente funcional. Son en el descendimiento, elementos imprescindibles, ya que con sus articulaciones en hombros y en ocasiones otras partes de su anatomía, poseen la facultad de variar su posición y aparecer colgados en la cruz y también yacentes en una urna.

Funcionalmente permite ser desclavado luego de Viernes Santo y enterrarlo en una urna, o por el contrario, sentarlo para sacarlo a las procesiones por los pueblos o las ciudades. El maniquí impacta por el realismo del color de su sangre y el brillo de sus ojos. Según David, el cráneo está compuesto en dos partes que les permite a los imagineros colocar los ojos de vidrio que le acercan aún más a la realidad.

En su cabeza, aún se podía ver la señal de la máscara donde fueron esculpidos los huecos para sus ojos. “La fe entra por los ojos” – me decía David. Para ver su brillo bajo la luz del sol, David lo cargó en hombros. De espaldas parecía estar cargando un cuerpo real. Colocó la figura en su patio, bajo el sol, y ahí estuvo por algunos segundos, inmóvil, quieta y en silencio. Su rostro de dolor se descontextualiza con el calor de la mañana, esta vez no estaba en una fría iglesia, viendo desde lo alto a los humanos arrodillarse frente a ella. Esta vez meditaba con Santillán con la luz del sol de Quito al medio día.

“La Iglesia ha pretendido siempre con sus representaciones iconográficas acercar al fiel a su doctrina. Debido a la condición iletrada de la mayoría de los fieles, esta forma de adoctrinamiento en forma de imágenes, ha sido siempre totalmente comprensible para la totalidad de la población”.
De vuelta en su taller, una figura de arte popular parecía haberse salido del cuadro de Moreno. Era el lobo vestido de oveja, que -en tres dimensiones- ésta vez con más personalidad de lobo que de oveja.

El artista, además de producir su obra personal y realizar encargos relacionados a la restauración, se dedica a la museografía. “En los montajes se mezcla tu estética con la museografía y de ha poco me he dado cuenta que vas creando tu lenguaje” – dijo.
Días atrás, caminando por el Centro Histórico, me detuve en un reconocido museo de la ciudad para preguntar sobre esculturas de arte quiteño. Imaginería o escultores relacionados con la madera. Nadie supo contestarme. Me dijeron que hace un tiempo cerraron la Escuela de Arte Quiteña que funcionaba en La Ronda y que ahora todas las esculturas son hechas de yeso. Entonces concluí que fue especial haber meditado junto a una de ellas bajo el sol de Quito.

 

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El barroco resguardado en las paredes del Carmen Alto

El barroco resguardado en las paredes del Carmen Alto

El monasterio del Carmen Alto se fundó en 1.653. No fue hasta 2008 que parte del claustro se adaptó para abrirlo al público. Actualmente la reserva del museo es dirigida por Noralma Suárez, quien es la encargada de preservar y resguardar los bienes patrimoniales pertenecientes a las hermanas Carmelitas Descalzas. Los bienes le fueron entregados al museo para su custodia y su gestión.

Estábamos en el interior de una de las habitaciones del Museo del Carmen Alto, perfectamente adecuado para resguardar las colecciones del convento. Luego de colocarse unos guantes, Noralma abrió las puertas de seguridad girando una gran rueda en el sentido de las manecillas del reloj. Las puertas se abrieron y las cajas que contenían el pesebre quedaron a la vista.

“A lo largo del tiempo, generaciones de religiosas de la orden de las Carmelitas Descalzas han enriquecido el pesebre conventual gracias a su devoción y a sus destrezas manuales. Alrededor de 300 esculturas de madera conforman el pesebre. Hay figuras, flores, delicados ropajes para vestir las imágenes y por supuesto el ajuar del Niño Jesús. La construcción del pesebre es una tradición iniciada en Italia por San Francisco de Asís en 1.223 con el objetivo de hacer más comprensible el misterio del nacimiento de Cristo.

Con cuidado, Noralma sacaba una de las cajas que contenía parte de la serie. Al abrirla, pequeñas esculturas de madera, protegidas con esponja, retratan personajes costumbristas de la ciudad. Una señora, golpeada por su esposo borracho, llamaba la atención; estos personajes hacían parte del Belén, así como también acciones cotidianas con personajes cargados de representaciones raciales.

En el mundo conventual femenino el levantamiento de pesebres fue asumido con devoción. El Carmen Alto no fue la excepción. Según crónicas del siglo XVIII, las Carmelitas Descalzas se destacaron por sus habilidades para elaborar figuras de marfil y madera, flores de tela y vestimentas, principalmente el ajuar del Niño Jesús. El Belén Carmelita está conformado por 300 piezas que datan principalmente de los siglos XVIII y XIX.

Su estrecha relación con el pesebre convirtió a estas piezas en objetos cercanos a las mujeres que frecuentaban los espacios en donde estaban colocados. Según Noralma estas piezas formaban parte de la cotidianidad del convento, se volvían objetos utilitarios. Por ese motivo y debido al desgaste, las piezas han sido intervenidas año tras año por las monjas, hasta que fueron entregadas al museo, acumulando así capas de pintura en las esculturas y trazos del tiempo en los trajes de los diferentes personajes.

Dependiendo de la jerarquía las figuras cambian de tamaño. Algunos tenían finos vestidos que brillaban por el reflejo de la luz. Otros tenían superficies realizadas con láminas de pan de oro y pintura, lo cual les daba un brillo particular. Impactaban sus ojos de vidrio. Todas las figuras son piezas originales realizadas en 1.700.

Textiles, documentos, pintura de caballete, esculturas, orfebrería, objetos utilitarios, entre otros, contienen poderosos mensajes religiosos, místicos y cotidianos.
Los bienes de la Reserva están organizados por categorías y dispuestos en mobiliarios especiales diseñados para tal fin. Cada ficha de inventario y catalogación se va recopilando en la plataforma SIPCE del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural luego de su respectiva aprobación técnica. De esta forma las colecciones del Museo del Carmen Alto tienen un soporte digital a disposición del público a través de esta plataforma gubernamental. Es una situación temporal mientras se gestiona un sitio propio, pues la plataforma del SIPCE se limita al registro e inventario de bienes, además no es una plataforma para la gestión de colecciones.

Grandes y poderosos claroscuros al óleo, con marcos de formas labradas y brillantes, están guardados ordenadamente en “armarios”. Los elaborados textiles, usados para vestir la iglesia y las esculturas, estaban protegidos en cajones. Los libros y las publicaciones se caracterizan por sus bellas ilustraciones y su hermosa caligrafía. La colección de música es una de las joyas más preciadas de la Reserva, pues además de contener las partituras, dibujadas a mano, de Misas festivas y otros géneros musicales, es parte de un conjunto de rollos de radiola que nos dejan ver que en el convento también existían momentos de esparcimiento.

Editado por:
rafael.duarte.uriza
Agradecimiento especial:
Museo del Carmen Alto

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La artista mexicana Aro Varse crea comunidades a tráves del respeto e igualdad

La igualdad y el conocimiento de los cuerpos femeninos son temas que trascienden en el trabajo de Aro Varse. La artista mexicana radicada en Quito nos invita a conocer los rincones de su casa cargados de colores y formas inspiradas en su cultura.
Conocí a Ariadna Vargas una mañana mientras cursaba un taller en el Fondo de Cultura Económica, en Quito. Ese día Aro Varse, como la conocen sus amigos, estaba encargada de la gestión. Llegó a la sala junto a su mascota “Cholito Chipotle”, como le llama la artista. A ese perrito, de mirada juguetona y orejas levantadas, sentía que le conocía hace muchos años. Saltó a mis piernas y, mientras aprendía a relatar textos extraordinarios, El Tlatoani de la Vicentina (término usado por varios pueblos de habla náhuatl en Mesoamérica para designar a los gobernantes de los āltepētl o ciudades), se quedó dormido mientras lo acariciaba. De Ariadna no sabía mucho, en su trabajo había encontrado belleza en su trazo, poder en sus mensajes y hermosas y coloridas formas de comunicar.

Planeamos mucho tiempo este encuentro y, finalmente, llegó. Fui hasta la dirección que Aro me había indicado, una calle tranquila de la ciudad en la que todavía existen algunos oficios alrededor. Junto a su casa, un señor tomaba sol sobre la vereda. Aro me invitó a pasar. Su espacio, distribuido en un solo piso, era iluminado por el techo del garaje interno. Las banderas caladas de colores contrastaban con el verde aturquesado del ingreso. Un pequeño altar junto al taita San Pedro cuidaban la casa, las texturas de los tapices de las paredes me transportaban a otra época.

En pocos minutos, y sin tomar ningún avión, el acento de Aro me llevó a México, con todo su saberes y romanticismo. Su casa está llena de colores que contrastan. Mientras veía por el visor de mi cámara, recordaba a Wes Anderson y a su colorida paleta. En una mesita esquinera de la sala, un retrato de la niñez de Aro era el recuerdo y herencia de su abuela.

Graduada de Artes Plásticas en el Instituto de Artes Visuales de Puebla, se encuentra gestionando proyectos de investigación en torno a propuestas editoriales relacionadas al arte y a otros temas. Esto le ha servido de puente para llegar a Ecuador y seguir experimentando con el dibujo, la pintura mural, los fanzines y, ahora, la producción de podcast.
“Soy muy inquieta”, me decía entre risas mientras me contaba a todo lo que se dedica. “Yo estudié arte porque quería ser pintora, tenía todos los referentes como la Frida Kahlo, Leonora Carrington, y decía, vamos , yo quiero ser pintora, guey”.
“Hay una construcción de la identidad mexicana compleja desde el cine de oro mexicano. Estados Unidos estaba en guerra y los químicos que se usaba para revelar las películas también se usaba para hacer bombas, entonces, con este motivo, construyeron la mexicanidad toda macha que conocemos, y de ahí el patriotismo y la identidad” comentaba Aro.

Actualmente, ella se encuentra escribiendo un texto en colaboración para la revista Index, en el que indaga sobre los procesos creativos. “Yo quería seguir pintando, pero cuando vine a Ecuador tenía una mini mesita, siento que la decisión de la técnica atraviesa mucho por lo que se tiene ese momento. Yo llegué a la ilustración porque necesitaba dibujar o hacer algo creativo en poco espacio”.

Aro tiene una sensibilidad para ubicar los elementos, así como en explorar con sus capacidades. “La cosa es cómo hackear al sistema y hacer otras cosas”. Actualmente está tomando clases de canto con Mariela Espinosa, vocalista de la banda Munn. “Vengo de una familia de bajos recursos, y, desde los 23, me interesaba tocar algún instrumento pero no tenía plata para comprarmelo ni para pagarlo ahora tengo el privilegio de darme pocas horas al menos de mi ejercicio creativo, quiero cantar rancheras mexicanas”. El cuatro venezolano de Aro estaba colgado en la pared.

Relajada en el sillón de su sala me contaba que se siente motivada al compartir con varias mujeres temas relacionados con la violencia de género y con la importancia de crear comunidades. “En México proponía proyectos que eran muy individuales. La pintura es un ejercicio muy individual, estás solo tú con tu bastidor, en tu taller y a veces se torna muy idealista. A pesar de que soy feminista, es un tanto contradictorio con el romanticismo.
“¿Por qué las feministas no creen en el amor romántico?” le pregunté.
“El amor romántico idealiza mucho todo, no puedes ver al humano tal cual es. Son relaciones afectivas que son desiguales. Cómo puedes luchar por igualdad, si desde la forma que tienes tus afectos son desiguales” aseguró.
Aro encontraba en la técnica del óleo un trabajo íntegro y complejo. Mientras vivía en México, la artista se mantuvo cercana a esta técnica hasta cuando llegó a Ecuador. La gestión de nuevos proyectos le permitió crear nuevas comunidades afines a su pensamiento, en donde comparten a través de ilustraciones, frases, fotos, fanzines… Empoderar a más mujeres que se encuentran en estados vulnerables, a conocerse y disfrutar de sus cuerpos.

Las Chulas, por ejemplo, es un podcast que busca hacer eco de las voces de mujeres, escuchar sus historias, ser comadres y sentirse acompañadas. Otro de los proyectos de la artista es el espacio Lectobordado, una comunidad lectora que cumplirá tres años. Allí se generan discusiones y cuestionamientos feministas, y se abordan temas a partir de textos de autores mujeres. Adicional a eso escriben en un blog sobre los temas que se tratan entre los tejidos con hilos y el crochet. Su lenguaje, siempre respetuoso y neutral, le ha permitido conectar con varias personas creando, según Varse, verdaderos lazos de amistad

Su casa tiene elementos claros que la relacionan con su identidad. Bajo la luz del mediodía, todos sus colores resaltan. Vestida con elementos artesanales, Aro está siempre orgullosa la indumentaria de su país. Como buena mexicana, expresaba con orgullo las tradiciones que comparte con su familia. Recordaba las flores naranjas del Día de Muertos, la comida y los olores.

Las banderas caladas le recuerdan continuamente a su hogar, al igual que su hermosa colección de textiles de diferentes partes de México que se diferencian por su peso, materialidad y trabajo. Aro ha ido recopilando con el paso del tiempo elementos que representan a ella y que la mantienen conectada a su cultura.

Antes de irme, imaginaba estar en México mientras contemplaba la paz de Chipotle descansando bajo el sol. Era momento de partir y volver -simbólicamente- a Quito luego de conocer un corazón de México en tierra ecuatoriana.

Si quieres ver más sobre el trabajo de Aro, puedes ver en este link:http://bit.ly/2z4G0C8

 

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Ludwig Museum of Contemporary Art, un sistema de luz oculta que alumbra el arte de europa central y oriental

La pareja alemana, Irene y Peter Ludwig, quienes fueron los fundadores del Museo Ludwig – Museo de Arte Contemporáneo de Budapest, tenían una colección de más de 12 mil obras de arte, desde antigüedades hasta arte contemporáneo. Las piezas que han donado, o prestado, están en exhibición en 30 museos de todo el mundo, incluidas instituciones en Budapest, Colonia, Viena y Pekín.

Su función prioritaria es promover el arte húngaro en el extranjero. Dentro del lugar existe un centro metodológico y una base de información que apoya a la presentación e interpretación del arte contemporáneo y su comunicación al público. Esto implica investigación académica, actividades especializadas y educación: un programa de residencia y un programa de docencia. La formación de curadores y la formación de museólogos.

2005 El Museo se traslada al anterior: Palacio de las Artes frente al Danubio, con 3300 m2 de espacio de exposición. Se elabora una nueva escritura de fundación, que le da al Museo un nuevo nombre. El Museo Ludwig – Museo de Arte Contemporáneo es un organismo financiado por el gobierno central bajo la autoridad del Tesoro, con autonomía financiera y plenos derechos. Su órgano de supervisión es el Ministerio de Patrimonio Cultural Nacional húngaro. Su actividad principal es la protección del patrimonio cultural.

Ámbito de la colección: arte general y húngaro posterior a la década de 1960, particularmente en los nuevos medios (cine, video, arte computacional, fotografía).
Tras la fundación del Museo Ludwig en 1989, Peter e Irene Ludwig donaron setenta obras de arte de gran valor que representan tendencias internacionales en el arte del período desde los años 60 hasta los 80. En 1991, le siguieron 95 piezas para depósitos a largo plazo. Cuando se estableció el Museo de Arte Contemporáneo en 1996, el museo adquirió varias obras de arte nuevas, que ilustran las tendencias de los años 90, con especial atención a las nuevas generaciones emergentes después del cambio de régimen.

El arte húngaro progresivo de los años 60 y 70 se representa a través de obras de arte seleccionadas, principalmente en paralelo con las tendencias internacionales.

Lo que hace que esta colección sea especialmente notable es su carácter de Europa central y oriental: el arte de una región con un contexto histórico y cultural peculiar que se representa enfáticamente a través de las obras de artistas húngaros, eslovacos, polacos, rumanos y ex-yugoslavos.

El edificio.

El Palacio de las Artes abrió sus puertas en 2005. Acomoda las ramas más diversas del arte, con instalaciones que incorporan el teatro, el museo y las tecnologías acústicas más avanzadas. El edificio ocupa un área de más de 10,000 m2 en el lado de Pest cerca al Puente Lágymányosi, adyacente al Teatro Nacional, sobre el primer pilar del Centro de la Ciudad del Milenio que se está construyendo en el sitio.

El principal objetivo de los arquitectos, Zoboki, Demeter y Asociados, era que el edificio multifuncional presentara un todo coherente cuando se mirara desde el exterior. El exterior presenta un aspecto simple y claro con grandes extensiones de vidrio y casi sin elementos decorativos.

En el interior, el edificio está distribuido en espacios internos amplios y claramente dispuestos. Las superficies exteriores son de material “muerto”: hormigón, vidrio y piedra caliza Süttő, mientras que en el interior, una enorme pared principal ondulada, revestida principalmente en nogal, crea un ambiente cálido y acogedor. La principal característica visual del edificio es el imponente vestíbulo, que conecta las tres secciones principales: la Sala de Conciertos Nacional Béla Bartók, el Teatro del Festival y el Museo Ludwig – Museo de Arte Contemporáneo.

El Museo Ludwig – Museo de Arte Contemporáneo, anteriormente ubicado en el Castillo de Buda, ocupa todo el lado del edificio frente al Danubio. Además de las salas de exposiciones ell museo incorpora el Salón de Cristal, el salón de eventos del Palacio de las Artes y un salón de conferencias y proyección ampliable.

El museo tiene una superficie total de 12.000 m2. El suelo de las salas de exposiciones son de bambú, y la iluminación de las obras de arte se debe en gran parte a la luz natural, complementada por un sistema de fuentes de luz ocultas. En línea con los estándares internacionales, la humedad se controla y controla constantemente, y se ajusta para satisfacer las necesidades particulares de cada exposición.

Obtenido de: https://www.ludwigmuseum.hu/

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Canela perdió el miedo

Canela perdió el miedo

La casa de Canela Samaniego se parece a un cubo blanco incrustado en la montaña resguardado por un bosque de eucaliptos. La construcción, emplazada en una ladera y concebida en un comienzo como cisterna fue, para su mamá, el hogar de soltera y, para Canela, lugar donde vivió de niña.

Al llegar me recibió escoltada de su perro “Che Factura”. El techo, que también funciona como parqueadero, tiene una vista panorámica hacia la ciudad. Unas gradas adornadas con hermosas plantas nos llevaron al ingreso de la casa de Canela. “Mis abuelos son argentinos, ellos emigraron en los setentas a Ecuador por la dictadura. Compraron una montaña cuando el barrio estaba poco poblado. Era un monte.

Lo primero que hicieron fue esto, era una cisterna”. La cisterna, poco tiempo después, se convirtió en el primer hogar de su madre a los 18 años, después fue el taller de su tía y luego fue alquilado por un tiempo. Ahora en el lugar viven Canela y Óscar, su pareja. Juntos rehabilitaron este espacio antes de viajar a Buenos Aires en 2013. El lugar lo comparten con Otto, un gato negro adoptado y Factura el perro que me recibió minutos antes. Mientras Otto jugaba con la correa de mi maleta, Canela preparaba un café, la luz entraba por la ventana y caía sobre las orquídeas florecidas.

Es arquitecta de profesión. Además de trabajar en la gestión para laBienal de Arquitecturaa Canela le gusta dibujar. Recientemente terminó un curso introductorio de novela gráfica en el Benjamín Carrión y actualmente está finalizando su primera residencia artística en Puerto Rico – Manabí, que trata sobre arte, comunidad, género e identidad. También se encuentra planeando una exposición en Ibarra y otra en Quito.
Su acercamiento con el dibujo fue en Buenos Aires, allí estudió en institutos y escuelas, luego se conectó con varios ilustradores y maestros quienes le enseñaron nuevas técnicas. En este proceso también se vinculó con un grupo de arquitectura popular: Habitar, que trabaja sobre la problemática del hábitat en contextos de desigualdad.
Al regresar a Ecuador forma parte del colectivo Licuadora Gestora. Y trabajó para gestar la Comuna Serigráfica. A la par y con el objetivo de superar el miedo, Canela emprende @canelasinmiedo, proyecto que tiene como motor principal “abrir el melón”. Desnudarse. Mostrar. Según la artista, a través de mucha terapia y bastante dolor, pudo superar éste proceso y actualmente se encuentra con ganas de compartir lo que hace.
“Ando como gitana con mi carpeta y mis lápices” – me decía mientras me mostraba sus ilustraciones, algunas con temática de género y otras cargadas de magia, como el hechizo que le había hecho a su hermano. Para Canela en el proceso de dibujar existe la opción de convencerse y reconocer las capacidades femeninas y sus poderes, por eso creó para él un dibujo de protección y con ello un lazo de relación íntima, única y real.

A mediano plazo existen planes de crecer. Junto a Óscar, su pareja, a quién lo conocí en su pichirilo retratado por Pedro Vásconez, construirán otra habitación con el fin de vivir en un espacio más cómodo junto a Otto y Factura, en medio del bosque y pegaditos a la montaña.

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Sobre Fractales

Sobre Fractales

A diferencia de TropialDeco, donde Edgar tenía interés en aprender y asesorarse de personas conocedoras dentro del campo del arte, en Fractales el proceso se vuelca hacia dentro, buscando tan solo retro alimentación sin tener miedo de topar territorios límites entre el arte y el diseño.

El termino fractal nace desde el campo matématico en 1975, propuesto por Benoît Mandelbrot. Pero no es hasta los 80´s que este conjunto es llevado a la tecnología e interpretado de manera gráfica en el ordenador.
‘Mandelbrot pensó que las cosas en la realidad no son tan perfectas como las muestra la geometría euclídea: las esferas no son realmente esferas, las líneas no son perfectamente rectas, las superficies no son uniformes… Ello le llevó a estudiar estas imperfecciones, derivando estos estudios en la creación de esta nueva rama de la geometría’
La exhibición Fractales de Edgar Dávila Soto contiene su potencial en el camino que le llevó desde la fotografía arquitectónica hasta su encuentro a través de la cámara con la naturaleza. Las composiciones que se encuentran en las series arquitectónicas buscan, desde ángulos específicos, una simetría que con el tiempo el mismo fotógrafo las encontró al acercarse a una nueva escala de la naturaleza.

Lo fractal es una estructura de la naturaleza que no es visible al ojo humano pero que el artista con imágenes de plantas lo hace evidente al público. Edgar logra replicar únicamente con sus fotografías el fenómeno de “ola” de cimática; sin movimiento o estructuras tridimensionales crea vibraciones visuales y sonoras.
‘La ciencia de la cimática demuestra de forma visual el modo en que el sonido configura la materia. La cimática consiste en el estudio del fenómeno de las ondas, y fue “descubierto” en la década de los 60 por el científico suizo, Dr. Hans Jenny’

Hace dos años, Edgar Dávila inicia su recorrido desde la fotografía arquitectónica y comercial hacia el desarrollo de propuestas artísticas. Su primera muestra TropialDeco fue el primer paso donde a través de la historia de la arquitectura y la fotografía crea un puente hacia el arte. “La exhibición presenta imágenes en las cuales el distrito histórico de la ciudad de Miami se superpone con el centro de Quito a través de un ‘ejercicio de la mirada’ que le permite al fotógrafo vincular estas ciudades, a través de un estilo arquitectónico de la primera mitad del siglo XX, en el que las líneas, las formas y el color se vuelven una continuidad en el paisaje urbano y la memoria de sus habitantes” (Eduardo Carrera).

La propuesta para el espacio de +ARTE partía de este continuo interés y registro fotográfico. Sin embargo, ha sido cautivador ver el proceso de desviación y auto aprendizaje de Edgar que culmina con su muestra Fractales. A diferencia de TropialDeco, donde Edgar tenía interés en aprender y asesorarse de personas conocedoras dentro del campo del arte, en Fractales el proceso se vuelca hacia dentro, buscando tan solo retro alimentación sin tener miedo de topar territorios límites entre el arte y el diseño.

La galería.

Registro fotográfico de: Carla Vera C.

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Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Al escultor Pepe Pistolas le cambió la vida un viaje en bicicleta

Pierre Durand, Pepe Pistolas, tuvo su primer contacto con el modelaje mientras aprendía FX, una técnica que permite animar personajes para series, juegos o películas con plastilina en Buenos Aires. La expresividad y la sensibilidad de su obra se complementa con lo contundente de su materialidad.

Lo primero que vi luego de cruzar la puerta del Útero, ubicado en la Carrión y Reina Victoria, fueron los ojos de Aira, una perrita Husky albina, que jugaba -con otros perros- alrededor de una escultura que Pepe Pistolas le había construído.

La casona que alberga el espacio cultural creado por una antropóloga, un emprendedor, un profesor y un artista contínuamente muta. Las gradas de piedra y los detalles en la fachada contrasta con las forjas blancas que protegen las ventanas. Los muros anchos, las vitrinas que separan los espacios, las arañas que cuelgan del techo y los hermosos jardines que la rodean, daban cuenta de la belle époque de La Mariscal. En el lugar había funcionado un colegio pero, después de su abandono , se deterioró. Fue encontrada por los gestores en pésimas condiciones y tuvo que ser recuperada íntegramente.


*documentación de Útero
Los cambios implicaron 4 meses de intervención en tuberías, pisos, techos, sistema eléctrico y demás. La primera vez que llegué hasta el Útero fue para conocer el estudio de Thomas Cruz. Esta vez estábamos bajo un árbol del jardín junto a Pepe Pistolas y su Diablo Huma que colgaba de una de sus ramas.

“Soy Pepe cuando trabajo el metal. Yo no soy Pierre. Pierre es el hijo, amigo, novio”

comentaba él. Pepe Pistolas de 31 años encontró el gusto por su labor en un viaje a Francia. Nació en Guayaquil y creció en Quito. De su familia no tiene los mejores recuerdos. “Mi madre me tuvo a los 20 años cuando mi padre tenía 63, era como mi gran abuelo, antes de morir me dijo que luche por lo que amo hacer”.

Pepe encontró su guía en Bordeux mientras montaba bicicleta. “Llegué hasta una plaza donde había unas esculturas gigantes de metal: Les Vivres de l’Art. En el lugar estaban moviendo la escultura de un tornado gigante, me acerqué a ayudar. Al terminar pregunté si me podía quedar y me lo permitieron. Me dieron un poco de pintura y una escultura que necesitaba ser pintada. Al día siguiente volví ir y así trabajé un año gratis. Aprendiendo”.


‘La materia no se crea ni se destruye: solo se transforma’
El artista Jean Francois Buisson le enseñó a Pepe a usar la moladora para pulir sus obras y muchas otras cosas para producir. También a destruir los desechos de grandes tanque metálicos para volver a construir y crear. “Todo es basura, los desechos que conseguía o le regalaban a Jean Francois le servían para volver a crear”. Además de aprender a usar las herramientas, Pepe tuvo la libertad de experimentar con pequeños pedazos que quedaban de los desechos de las grandes obras.

* registro del artista. Bordeux. FR.
“Siempre que barría el taller encontraba esos pedacitos de metal que quedaban en el piso, yo los veía como oro, y los iba guardando uno por uno, al comienzo sin saber qué iba hacer”. Luego de trabajar un año de ayudante en el taller y tras la muerte de su padre, desmotivado, el artista dejó de ir al taller de Buisson. Sin embargo fue le mismo Jean Francois el que le ofreció un sueldo para que vuelva a trabajar. “Realmente es como mi papá, me inspiró ”.

Pepe trabajaba de 9:00 a 18:00 en colaboración con Buisson para su exposición ‘El Fin del Mundo’, una serie que representaba los cataclismos. “Hicimos un rayo, una ola de 6 metros, pasaba 12 horas cortando con el soplete”. Pero desde las 18:00 en adelante se dedicaba a producir sus propias piezas. “El mosquito era mi obra maestra”, una escultura que fue parte de su primera exposición en Francia pero que lamentablemente fue robada. Pistolas, también fue una serie hecha por el escultor, por lo que lo adoptó a su nombre.

Actualmente está en proceso de reunir más gente que trabaje en otras labores y pueda complementarse con su trabajo. La cortadora de madera no paraba de sonar, uno de sus ayudantes construía las patas para las mesas de un local de comida.

Un pequeño cuarto, en lo que parece ser el área de servicio de la antigua casona, guarda sus herramientas. Su espacio al aire libre estaba decorado con sus propias esculturas: esqueletos de pescados, alas metálicas y lobos invocando a la luna. El patio del espacio cultural empezaba a llenarse de amigos. El cielo se ponía más gris y las gotas empezaban a caer. De Pepe me despedí con un abrazo sintiendo el equilibrio entre la liviandad de su alma y el poder de su producción.

 

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Retratos cotidianos por Alejandro Méndez

Retratos cotidianos por Alejandro Méndez

Alejandro Méndez retrata, entre la intensidad de colores, reflejos y luces de neón, el tiempo de una Bogotá burbujeante

Esta vez no era la excepción. Desde la planta baja, en medio de las jardineras de las Torres del Parque, caminé con mi cámara retratando desde varios ángulos la belleza de la geometría de Las Torres del Parque. Esa mañana la historia cambió. En La Santamaría, la cafetería de la torre central, varias historias contadas en óleo colgaban de las paredes. Historias del día a día, de una ciudad burbujeante que podía ver por la ventana mientras disfrutaba del olor a tamales y a café. En una de las equinas un cuadro de Alejandro Méndez (@ciudadanomendez) representaba eso: la cotidianidad de un hombre que, sentado en la misma mesa que yo, disfrutaba del día mientras su peluda mascota esperaba sobre los rojos ladrillos de Rogelio Salmona.

Pocas horas después Martina, la perra que aparecía en la pintura, me recibiría junto a Andrés, el personaje que disfrutaba del café y quien también era parte del cuadro. Subimos hasta su apartamento, un espacio que por los detalles de las ventanas, los acabados y la redondez de los ángulos de las paredes conjeturamos, junto a sus dueños, que había sido construido entre 1960 y 1970; un edificio ubicado en el tradicional barrio La Macarena, entre los cerros orientales y el centro logístico y corporativo de la ciudad. Antes de descargar mi maleta Andrés ya había preparado un café. Martina descansaba junto al sillón. Los libros de arte y las plantas se iluminaban tras el gran ventanal semicircular que daba hacia la sala. Si Alejandro Méndez pinta la cotidianidad de Bogotá yo quería retratar la suya.

Una de las paredes más grandes de la cafetería estaba ambientada con una selección de obras del artista. Los paisajes de ciudad se repiten en la obra de Méndez. Obreros por los aires limpiando los vidrios de edificios altos entre los reflejos de las luces de la calle y lámparas de neón y su serie de “Sex Shops” que empezó en 2009 y aún sigue trabajando. Rincones nocturnos y escenas de tráfico también son parte del trabajo de Méndez.

El gran óleo sin terminar, o en proceso, que está en su estudio, nos muestra a un personaje cruzando una congestionada avenida. Las técnicas que el artista experimenta son diversas. Los grabados hechos para la serie “Sex Shops” tienen la particularidad del color de fondo. Una primera capa, impresa sobre papel oscuro, contrasta con la luz de los tonos usados en su obra. La pulcritud de su proceso junto con la técnica de la plancha perdida, donde se va aplicando el color capa por capa mientras se va tallando la placa, ‘esta técnica no te permite tener vuelta atrás’- decía.

Como resultado una serie con prolijos grabados de fondos oscuros e intensos colores. Alejandro Méndez, egresado de la Pontificia Universidad Javeriana, me compartía obras de otros tiempos. En su casa varios trabajos permitían dar cuenta de parte de su trayectoria.

En el suelo, un busto de un hombre, nota el tiempo en que Alejandro y Andrés habitan el espacio. “Éste departamento es mucho más frío que Las Torres. Allí, el ladrillo absorbe el calor por el día y por las noches la pared todavía está calientica”. – decía.
Antes de irme Alejandro me invitó a conocer el piso quinto de la Torre C de las Torres del Parque de Rogelio Salmona. El lugar donde habían vivido varios años antes de mudarse a su actual departamento. Bajamos caminando, las torres están justo al lado del barrio. Aprovechó para pasear a Martina.

Si hay algo que enamora del proyecto de Salmona son los ambientes que creó. Espaciados y circulares recibidores, grandes terrazas con jardineras que permiten la presencia de vegetación en pisos altos. Ventanas redondas direccionan la mirada a lugares específicos. Amplios y veloces ascensores para la época. Corredores con techos altos, hermosas vistas hacia los cerros, hacia la ciudad y con paredes circulares, hacen del recorrido dentro de las torres una experiencia maravillosa.

Desde lo alto se aprecia como los caminos y los espejos de agua se conectan con los accesos al Parque de la Independencia y las aceras de la ciudad. Los edificios abrazan a la Plaza de Toros La Santamaría, juegan con el paisaje de los cerros orientales de Bogotá. El proyecto se lo concibió como vivienda social a gran escala y con el interés de ser un punto de referencia para reorganizar el crecimiento urbano de la ciudad a finales de los años 60. Tiene en su interior elegantes detalles que remarcan la geometría y la intensidad de su arquitectura, elementos diseñados específicamente para el proyecto que lo vuelven particular y único.

En la terraza del último piso junto con Valentina (amiga del artista) y Alejandro disfrutamos del sol de Bogotá, mirando de un lado la infinidad de edificios que se pierden en el horizonte y del otro, el bosque que protege la ciudad. Nosotros en el medio, sobre las torres, siendo testigos del juego de luz y sombra sobre las fachadas de ladrillo. Una cotidianidad soñada, concebida y vivida por Salmona. Un regalo para la ciudad, sus habitantes y sus visitantes.
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El mundo de Ralex y su realidad al pintar

El mundo de Ralex y su realidad al pintar

Varios cerdos que también había visto en las paredes de las calles de Sangolquí estaban en su taller y su habitación. La experimentación de técnicas y soportes, alejados de la academia hacen particulares a sus pinturas. Sus personajes sacados de revistas, periódicos y viajes en el bus están cargados con nostalgia por crecer y mucha psicodelia.

Había pasado un minuto luego de la hora mágica. Un grupo de globos atados cargados con helio se elevaban hasta el infinito.

Estaba en Sangolquí en el tercer piso de una casa familiar. Alex Tapia, más conocido como Ralex me conducía hasta su espacio de trabajo. Su padre miraba la televisión en planta baja. Los cuadros del artista decoraban el lugar: la sala, las gradas y otros espacios estaban cargados con sus trazos.

Co fundador del Colectivo Fenómenos, Ralex, lleva más de 10 años pintando en la ciudad. Su formación alejada de la academia le ha permitido experimentar con exceso de realidad y libertad.

Sin prototipos, ni simbolismos, ni estereotipos. En su taller, apiladas a las paredes, muebles y mesas se encontraban varios cuadros con trazos que marcaban el tiempo y proceso de producción del artista.

‘Mira lo que quieras’

– me decía.
Con su consentimiento empecé a remover las obras para poder fotografiarlas. La cercanía de los mensajes y los personajes me relacionaban directamente con escenas cotidianas: de calle, de ciudad y de exceso de placeres.

Entre ellos algunos personajes cargados de psicodélia eran parte de la serie que había pintado hace poco. Los dibujos algunos apoyados con palabras complementaban y reforzaban el mensaje.

Un díptico con cabeza de Robocop y un cuerpo tatuado lo descontextualizaba de las escenas hollywodenses.

Una serie pintada sobre fotos Polaroid no se despegaban de la cotidianeidad y la nostalgia de crecer.

Su habitación ubicada junto a su taller también guardaba pequeños tesoros como Orange, un tigre descuartizado a manera de alfombra que decoraba el lugar.

Un Cubo Rubik pintado por Ralex parecía repetir varias veces los rasgos de su autoretrato, temática que ha venido trabajando a través del tiempo.

Algunos personajes lo acompañan cerca de su armario.

Me había recorrido los rincones de su espacio. Antes de salir Ralex sacaba de un mueble un grupo de grabados y aguafuerte que había venido trabajando hace meses junto a una amiga que vive cerca de su casa.

Los trazos de Ralex en blanco y negro se asemejaban mucho a sus pinturas.

Mientras tanto, el hombre del tiempo anunciaba el final. La vida no tiene formatos ni desperdicios, pensé.

 

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Luis Ángel Arango, la biblioteca de los espacios

Luis Ángel Arango, la biblioteca de los espacios

Para Luis Ángel Arango el dinero no podía restringirse a un uso exclusivamente material, su función debía poseer un marco amplio en donde se diera cuenta de diferentes áreas del conocimiento humano.

A la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá se la ha catalogado como la Biblioteca de los espacios. La gran edificación, ubicada en el barrio La Candelaria, centro histórico de Bogotá, es un gran proyecto cultural cuyos inicios se remontan a 1957. Desde ese año y hasta el 2003 fue desarrollado en varias etapas para llegar a convertirse, con sus actuales 7.200 metros cuadrados de construcción, en la denominada Manzana Cultural de Bogotá.

La firma Esguerra, Sáenz, Urdaneta y Suárez Ltda. decide responderle a la ciudad con materiales nobles como la madera y el mármol sin sobrepasar la altura de las edificaciones cercanas, respetando siempre las masas circundantes.

En el texto ‘Clásicos de la arquitectura colombiana’ se menciona: La biblioteca consta de un cuerpo denso que pareciera flotar en la pendiente del terreno, generando espacio público bajo este a medida que la inclinación se pronuncia. El vidrio, heredero y testigo del espíritu de la época modernista, es el agente protagonista en este vuelo volumétrico así como en las diferentes superficies que entrecortan el volumen inicial mediante techos planos e inclinados para iluminar los espacios internos.

Materiales nobles como el mármol y el metal son elementos que a la vista lucen elegantes. El diseño arquitectónico permite iluminación cenital sobre espacios de circulación, lectura y exposición. El edificio ofrece múltiples lugares, silenciosos que invitan a la contemplación.

En el libro Historia de una empresa cultural : Biblioteca Luis Ángel Arango 1958-2008, Luis Fernando Molina Londoño nos deja ver cómo se “considera que las bibliotecas no son simples depósitos de libros sino organismos fundamentales de la sociedad por la contribución a su desarrollo educativo, cultural, científico, técnico, político y económico. Como entidades sociales son un instrumento de autoformación personal y agentes activos que se involucran en todas las actividades de una sociedad. Su línea transversal las convierte en hitos urbanos. Como principal centro político administrativo, económico y demográfico, Bogotá concentra no solo las más antiguas bibliotecas de Colombia, sino la más grande en materia de colecciones, área construida y número de usuarios que es la BLAA.”

Este recinto alberga “una de las colecciones documentales más importantes del continente, una colección de arte y un espacio para conciertos musicales de altísimo nivel.” El complejo abraza a la Casa Republicana, una construcción de principios del siglo XX que actualmente contiene una parte de la Colección de Arte del Museo del Banco de la República.

La Colección de Arte del Banco de la República inició en noviembre de 1957 con la adquisición de tres obras: Mandolina sobre silla, de Fernando Botero, Ángel volando en la noche, de Cecilia Porras, y El Dorado #2, de Eduardo Ramírez Villamizar, piezas incluidas en la muestra Salón de Arte Moderno organizada por el Banco en la Biblioteca Luis Ángel Arango —entonces recientemente inaugurada—.

Una serie de arcos separan la Biblioteca de la Casa Republicana. La neutralidad del color contrasta con la obra ‘Miss Fotojapón’ de Juan Pablo Echeverri, ubicada sobre uno de los muros que conforman el espacio central de esta sala.

El espacio, rematado por una pirámide de cristal con un brise-soleil metálico que difumina la luz, acoge a la obra ‘Sin título III’ de Doris Salcedo. En este primer piso hay obras de María Teresa Hincapié, María José Arjona, Lucas Ospina, entre otros.

La obra ‘Cuja’ de Juliana Góngora, una adquisición reciente del museo, es el preámbulo para ir a la segunda planta, en donde es posible encontrarse con obras de Carlos Garaicoa, Marco Maggi, Danilo Dueñas, Juan Fernando Herrán, entre otros.

Las obras de la Casa Republicana son parte de una recopilación de arte contemporáneo producido desde 1980 hasta la actualidad, con énfasis en arte colombiano, aunque cuenta con obras de artistas latinoamericanos y europeos: “Tres décadas de arte en expansión”, curada por Carolina Ponce de León y Santiago Rueda, tiene siete categorías: Memoria, Resistencias, Cuerpos, Medios expandidos, Metodologías, Espacios y Geometrías

Caminar por los lugares de esta Biblioteca es perderse entre las historias de sus colores, de sus técnicas y de sus geometrías. Los espacios, como encapsulados dentro de una mega estructura, se vuelven un lugar de exploración, un tomo más de esa gran biblioteca de espacios.

Ficha:
Arquitectos
Esguerra, Sáenz, Urdaneta y Suárez Ltda.
Ubicación
Bogotá, Colombia
Cliente
Banco de la República
Referencias
Página official German Samper, Wikipedia
Área
7200.0 m2
Año Proyecto
1962

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La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

La brocha plana y la plumilla chata escriben la historia de Carolina Iturralde

Una serie de texturas caligráficas intervenidas con collage sobre diferentes soportes hacen parte de Circulares Veces, obras que re valorizan la escritura a mano y crean un nuevo imaginario sobre el arte de escribir.

La obra de Caro Iturralde ocupaba las paredes del Museo de Acuarela y Dibujo Muñóz Mariño. La casona del arquitecto y artista se había convertido desde el 2010 en un espacio para exhibir. Esta vez era el tiempo de Circulares Veces una obra cargada de letras convertidas en infinitas texturas sobre soportes de otros tiempos: periódicos, revistas y páginas de libros intervenidos con patrones caligráficos estaban enmarcados en molduras recicladas. Algunas talladas. Otras se salían del soporte: esculturas religiosas re pintadas y ventanales de la casona también tenían las formas de Iturralde.

La noche de San Marcos me presentaba a la artista surda que había convertido su brocha plana y su plumilla chata en su herramienta para expresar su historia.

La mañana que nos reencontramos para conocer su estudio estaba junto a su padre arreglando un mueble en la puerta de su casa/taller. El día estaba soleado y la luz reflejaba sobre los techos de las casas construídas al borde de la montaña. Caro Iturralde, madre y creadora, me invitaba a pasar a su espacio. El desnivel desde la entrada generaba varios sitios en un solo lugar. Un ventanal con vista hacia Guápulo permitía el ingreso de luz a la antigua sala y comedor del departmento, actualmente adaptado por la artista para ser showroom de las piezas de su proyecto Arrebato y taller, apenas separado por una chimenea.

Arrebato empezó hace 5 años y fue impulsado por su padre, su principal socio, y algunos de sus amigos más cercanos. Se encarga de recuperar muebles y objetos intervenidos por varios artistas que eran invitados a través del trabajo de Caro.

En su sala se exhibían varias piezas de ediciones pasadas del proyecto mezcladas con las molduras de madera de otros tiempos.

Muebles de varios estilos recuperados con detalles que les proveían una nueva vida.

‘Hay diferencias entre las antigüedades y lo que yo tengo’ me decía. Los objetos que son intervenidos: sean cubiertos, forrados o pintados tienen características únicas. Un lugar donde las líneas se alejan de las modas para apegarse a la belleza de los cuerpos macizos y las almas con vida eterna.

Comprar por lotes le ha permitido a la artista conseguir objetos en buen estado y colecciones particulares: muñecas del mundo y cajas de fósforos. Elementos con los que a trabajado interviniendo otras obras.

‘El arte de escribir lo bello’ (Mediavilla,1996)

El sol se había puesto sobre nuestras cabezas y el vidrio dejaba traspasar la mirada hacia el cerro Auqui a través de un alfabeto escrito por la artista.

Sentada en su escritorio con la plumilla en su mano Caro practicaba con detenimiento sus letras. Concentrada y conectada: cerebro, mano, corazón trazaban entre lineas curvas y planas una tipografía gótica.

La caligrafía fue considerada por mucho tiempo una labor manual fundamentada en la belleza visual de ideogramas, signos cargados de mensajes. A Caro le gustaron esos trazos luego de haber comprador el libro Calligraffiti a un amigo cercano. Me indicaba uno de sus primeros trabajos y me aseguraba, que como en muchas de las labores, lo más importante es la práctica.

Tras Gutemberg, la invención de la imprenta, la proliferación de los teclados y los aparatos tecnológicos, menos veces conectamos cerebro-mano-corazón.

El escribir a mano se ha convertido en un arte que nos aleja de convertirnos en máquinas. Sentada en las gradas de su casa y junto a su mascota Caro me inspiraba. La vida tenía otro valor. Lo que para algunos son simples desechos para otros tendrán vida eterna.