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Bombona, inspirada en la cultura Chorrera

Bombona, inspirada en la cultura Chorrera

Hace pocos días tuve el enorme gusto de retratar a la Bombona creada por Orígenes (@origenes.ec), una jarra que re interpreta la geometría de nuestras culturas ancestrales y nos trae a la contemporaneidad la importancia de recordar los rituales alrededor del fuego. Me complace mucho poder contar al mundo la importancia de estos objetos creados desde Ecuador.  Abro este espacio para los creadores y  diseñadores de objetos  escultóricos y utilitarios que merecen ser retratados.

En la Cocina en Casa del Chef Fausto Acosta (@ap.fausto) probamos la Bombona de Orígenes con un canelazo de naranjilla. Las siguientes palabras son de Gireth Ovando (@gireth), socia fundadora de la marca Orígenes y parte del equipo de conceptualización de la Bombona.

1. ¿De dónde provienen las líneas de la Bombona?

Bombona es el resultado de una profunda admiración a nuestras culturas ceramistas, por sus grandes habilidades representativas, sus símbolos y estilo poco común. La principal inspiración fueron las botellas cerámicas de la Cultura Chorrera, su geometría ayuda a que las bebidas en caso de ser calientes se mantengan mejor y el detalle de las de las esferas en la parte inferior es una abstracción de la textura mediante la cual representaban la guanábana. Su nombre ´Bombona´ viene de una definición más contemporánea que hace referencia a un contenedor de líquidos de vientre grande.

2. ¿Desde qué lugar conciben sus creaciones?

Partimos desde la investigación de cómo fueron originados los objetos utilitarios de antiguas culturas asentadas en el Ecuador y cómo estas eran un vínculo para crear rituales, momentos de conexión y comunidad. A partir de esto, mediante abstracciones, traducimos símbolos y geometrías a diseños que resuenen en la contemporaneidad.

3. ¿Cuál es el objetivo de Orígenes?

Creemos que volver a nuestros orígenes nos dará respuestas interesantes a nuestro mundo actual. Desde el diseño queremos generar una propuesta de objetos inspirados los saberes ancestrales elaborados con materia local y que busca enaltecer las técnicas artesanales que nos rodean, esto con el fin de crear una cultura material ecuatoriana simbólica y moderna.

4. ¿Qué veremos próximamente en Orígenes?

Zol y Bombona son los primeros diseños de una colección de objetos que están inspirados en el poder de reunirnos alrededor del fuego, cada uno de ellos tiene la intención de crear una atmósfera que nos permite juntarnos a compartir historias, saberes y poder desde ahí replantearnos nuestros nuevos hábitos y rituales.

 

Polett Zapata, sueña con ilustrar cuentos por todo el mundo

Con su trabajo busca generar diálogo en torno a los tabúes que la sociedad impone en relación con lo femenino como: la menstruación y la aceptación del cuerpo. Su taller ubicado al norte de Quito está ambientado con la paleta de colores que la artista usa para crear.

Rumy Estudio, abordando la profundidad de la escultura

En un apartamento construido por el arquitecto, diseñador y artista Karl Kohn; conceptualiza, modela y hornea piezas de cerámica la artista y arquitecta Diana Lara. Rumy Estudio ubicado al norte de Quito está creado para  la construcción de piezas de cerámica y la producción de arte en general.

En Diana existe una curiosidad continua de experimentar, mutar, cambiar.

¨Soy muy curiosa y me interesa experimentar, nada más por el gusto de aprender y explorar, creo que continuamente me cuestiono sobre; qué más puedo hacer con lo que tengo. Mi sueño es seguir reflexionando. El material siempre será un medio y un pretexto que me permite buscar técnicas.

En sus objetos utilitarios o escultóricos se encuentra belleza, equilibrio, sentido. Su conocimiento en el campo de la arquitectura le dan entendimiento en los campos del espacio. Lara sueña con abordar la profundidad de la escultura y asegura tener un largo camino para llegar hacia su meta.

El área social del apartamento, ahora habitado por Diana, gira en torno a un escritorio ubicado en el centro del espacio. Diana mantiene en el lugar los muebles y objetos de su familia. También los cuadros de su abuela. Me cuenta que su abuela fue su primera mentora y le generó la inspiración de crear. Entre sus objetos preciados dos de los más coloridos jarrones eran de la abuela, al igual que el cuadro de las guacamayas que ambientaba el lugar. Para Diana vivir y trabajar sin salir de casa es una ventaja.

“En cierto modo siento que no tener que movilizarse hace que no pierda tiempo al ir al taller, así también es muy fácil quedarme enganchada hasta la madrugada trabajando sin preocuparme de qué hora es. Incluso en tiempos difíciles el tener cerca este espacio donde crear o destruir se siente como una válvula de escape que permite libertad a unos cuantos pasos”.

5 razones para conocer Chorlaví

5 razones para conocer Chorlaví

El estilo tiene influencia española por la utilización de adobe, pisos de piedra, ladrillo, columnas de madera. En los exteriores, hay jardines y árboles centenarios como el cholan, el cedro y los nogales.

Tunas y Cabras: viajar con conciencia en la pandemia es un antídoto a la depresión

Según datos de la ONU la depresión afecta a 264 millones de personas en todo el mundo. Los datos a nivel mundial parecerían confirmar esta mayor vulnerabilidad mental, citando encuestas que muestran un aumento del sentimiento de angustia despúes de la pandemia en el 35% de la población encuestada en China, el 60% en el Irán y el 45% en los Estados Unidos.

“El simple hecho de pasear puede reducir el riesgo de problemas mentales como la depresión”. El aire fresco hace que una persona se sienta mejor, sin agobios, sin presiones. Esta comprobado que la naturaleza es uno de los mayores antidepresivos que existe.

La antigua vía, aún empedrada, que conecta a Imbaura con Tulcán conduce hasta las más de 7 000 hectáreas desérticas que rodean el Tunas y Cabras, en medio de flores de chaguarqueros,  sábila, aloe vera e imponentes paisajes del desierto. Un hotel que adaptándose a la realidad, construye nuevos espacios al aire libre, donde los viajeros pueden conectarse directamente con todos los elementos. La palabra AMOR al filo de la montaña, hecha con acero metálico, es un homenaje al motor que mueve al mundo.

El pasto verde y recién cortado atrae a los pájaros y golondrinas, que en  búsqueda de comida llegan hasta el lugar aprovechando de las fuentes de agua de un gran jardín con hermosos y grandes árboles con flores de colores. Los pavos reales duermen en las copas y es muy fácil dejarse hipnotizar por el azul que genera la piscina. El lugar cuenta con un club hípico en el que se puede aprender sobre la crianza del caballo e interactuar con ellos.

El paisaje desde las mesas del restaurante, es infinito. Enormes ventanales permiten el ingreso de luz y de aire. Los horarios extendidos y las medidas extras de seguridad, permiten que no existan tantos viajeros dentro del mismo espacio y que haya una rotación constante. Entre las medidas de seguridad que ha implementado el hotel están: la implementación de bandejas de desinfección para los automóviles al ingreso. Un lavabo móvil ubicado en el exterior de la recepción. El control de temperatura y síntomas de los viajeros. Y el uso de mascarillas en las áreas compartidas.


RECOMENDACIONES IMPORTANTES SI DECIDE VIAJAR:

Viajes en auto

Las paradas en el camino para cargar gasolina, comer o ir al baño pueden causar que usted y las personas con las que viaja tengan contacto cercano con otras personas y con superficies que se tocan con frecuencia. Tenga el suficiente alcohol para todo el trayecto. 

En público:

  • Use mascarilla en entornos públicos.
  • Permanezca al menos a dos metros de distancia (aproximadamente la longitud de 2 brazos) de las personas que no viven en su casa.

Baños y sectores de descanso:

  • Lávese las manos con agua y jabón por al menos 20 segundos luego de ir al baño y después de haber estado en un lugar público.
  • Si no dispone de agua y jabón, use algún desinfectante de manos que contenga al menos un 60 % de alcohol. Cubra todas las superficies de las manos y frótelas hasta que sienta que se secaron.

Al cargar combustible:

  • Use toallas desinfectantes. Luego de cargar combustible, use un desinfectante de manos con al menos un 60 % de alcohol. Al llegar a destino, lávese las manos con agua y jabón por al menos 20 segundos.

Paradas para comer:

  • La opción más segura es llevar su propia comida.

Prevea sus necesidades de viaje

  • Lleve consigo una mascarilla para usar en lugares públicos.
  • Empaque desinfectante de manos. Manténgalo a mano.
  • Lleve suficientes medicamentos para que le duren todo el viaje.
  • Lleve alimentos y agua en caso de que las tiendas y los restaurantes estén cerrados, o no dispongan de atención desde el auto, retiro de comida por el lugar y mesas al aire libre.

Hacienda Pinsaquí con más de 300 años y adaptada al 2020

Cayó la noche, y luego de cenar una sopa caliente frente a un enorme mueble tallado traído en barco posiblemente de Asia, me permití saludar al Imbabura. La noche estaba despejada y a lo lejos se podía ver el perfil de la enorme y milenaria montaña alumbrada con la luz de la luna. Doblé mis piernas para pegarme a la tierra y me arrodillé. Agradecí y pedí por salud. La cámara, programada en larga obturación imprimió sobre el sensor la enorme e imponente montaña.

Estaba en la Hacienda Pinsquí, en una gran planicie que antecede al portón de ingreso de la casa construida desde 1772. Un gran patio de enormes eucaliptos dan sombra y a su vez son parte de la magia y la historia del ingreso. Una pileta circular es la encargada de generar el armónico sonido del caer del agua sobre el agua.

La arquitectura de la hacienda de estilo colonial se mezcla con hermosos detalles de estilo republicano como las líneas rectas y decorados de yeso, ventanales de gran altura. Los detalles hablan de la historia del espacio. En contraste a la arquitectura republicana, un enorme tejado soportado por grandes paredes de tierra guardan la historia de El Obraje establecido como uno de los más grandes de la zona, dedicado a producir tejidos de oveja y que llegó a tener más de mil trabajadores. Actualmente las grandes chimeneas y ventanales del lugar calientan los desayunos y las lecturas de la tarde en los salones dispuestos para los huéspedes.

Su interior guarda tesoros. El sitio tiene dos galerías decoradas con muebles franceses de madera tallada. Lámparas de Murano, esculturas de bronce y fotos que relatan la vida política de sus propietarios. Todas las habitaciones cuentan con baño privado y detalles que te envuelven en el lujo de la época como los grandes baños con tinas y lavabos de mármol.

El arte que decora el lugar son regalos traídos por la familia en barco en sus viajes por el mundo. Un cuadro de estilo japonés con incrustaciones de nácar es parte de la colección. Al atardecer, el sol se pone en el jardín posterior de la casa.

El graderío de piedra conduce a las grandes magnolias y araucarias testigos de importantes encuentros, históricos y libertarios, como el plan de Simón Bolívar para gestar la Batalla de Ibarra. Las 17 hectáreas que aun son parte de la hacienda guardan celosas una hermosa y olvidada glorieta en medio del bosque con estilo arabesco que posiblemente era usada para mirar los atardeceres de los campos de la hacienda. Los viejos y aun cargados naranjos que adornan la terraza posterior, son también el ingreso a la antigua bodega de equitación y el actual bar, donde se puede disfrutar de un canelazo con música local.

Viajar en tiempos de pandemia

Estos últimos meses nos han demostrado que a pesar de la letalidad del virus, el mundo no puede detenerse. Hoteles como Pinsaquí se están adaptado continuamente para reactivar el turismo en particular el turismo local. Con el 30% del aforo y la mitad de sus empleados, el hotel ha tenido que adaptarse a nuevas medidas que permiten a los visitantes desconectarse por un momento de la cuarentena y  olvidarse por un rato, en los espacios abiertos, de uso de las mascarillas.

Entre las medidas que se han tomado son: una ficha de registro por cada visitante donde se indica la procedencia, el estado de salud, los síntomas y un análisis al ingreso de temperatura y desinfección. Al llegar a la puerta de las habitaciones, carteles pegados en las puertas indican la desinfección total de las habitaciones. El uso de la mascarilla en los lugares compartidos como los corredores, restaurantes y el bar son obligatorios. En la cocina, los cubiertos, platos e implementos se lavan con agua en altas temperaturas. Los almuerzos son servidos al aire libre y bajo los eucaliptos para respetar la distancia. Varios lugares de desinfección con alcohol y bandejas para los pies se encuentran en las áreas de alto tránsito.

*Es importante aclarar que a pesar de las medidas que toman estos establecimientos es nuestra responsabilidad cuidarnos y cuidar de los otros. Aun cuando entendemos la importancia de activar el turismo, no recomendamos viajar, peor  aún si existe un estado de vulnerabilidad. En caso de decidirse por viajar, se recomienda prestar mucha atención en los detalles, llevar un kit de limpieza personal, cubiertos de madera desechables y alcohol.

ESPACIO PUEBLO, creando en el no tiempo

ESPACIO PUEBLO, creando en el no tiempo

ESPACIO PUEBLO es un rezo a la naturaleza, que con su propia materialidad hace parte del contenedor y de su contenido. Sus paredes son lienzos vivos donde las plantas crecen. Caminar por su espacios es revivir la intención con la que fue creada. El Pumamaqui, el Wantuk, el San Pedro. Varios árboles y plantas nativas que crecen en los jardines son regalos de amigos y chamanes. El tapial y el bahareque son testigos de la arquitectura rural de una ciudad que nunca paró de crecer. Pero en el campo el no-tiempo se siente y el sonido del fluir del río jamás se detiene.

A la artista Veronica ‘Patin’ Falconí le tomo 1 año y 6 meses diseñar y construir su casa. Cuando la terminó, hace 22 años, nació su hija Mile Broche. Recuerda haber llegado de dar a luz con Mile y su placenta que está enterrada en el jardín. Patin logró construir éste lugar gracias a la visión su abuelo Gonzalo Pérez que era dueño de una antigua fábrica textil y que también construyó una casa estilo Art Deco en la tierra del no morir: Amaguaña. Patin tiene las mejores experiencias de su niñez y la vida del campo. Recuerda que la casa de su abuelo tenía un altillo con un tren a vapor donde jugaban junto a sus 18 primos. Recuerda también las expediciones al campo cuando los primos más grandes les subían en los hombros a los más pequeños para ayudarles a cruzar el correntoso San Pedro hasta llegar a la cascada del bautizo donde se ponían sobrenombres para todo el año. También se acuerda del sabor del chocolate con panela y el pan que comían en el bosque nativo junto a su hermano.

La artista tiene grabada la construcción de su casa en super high 8. Su hermano fue uno de los principales actores que le motivaron para la construcción de su casa en la hondonada que da hacia el río en la propiedad del abuelo. Todos los materiales de construcción fueron sacados del mismo bosque y modelados por la artista. El barro, la paja y la madera son elementos que se encuentran a la vista y que están rellenos de materiales reciclados como botellas plásticas. Las protecciones de hierro forjado también fueron pintados por Patín. Para hacer los cimientos y construir la casa la artista contó con la ayuda de Broche, el papá de Mile y dos familias que llegaron desde Chimborazo. Patin recuerda con cariño la cocina comunal que se armaban en los días de trabajo mientras poco a poco se cocinaba su sueño.

Vivir en su interior es sentirse contenido. En el lugar se siente que vivió una mujer poderosa. La trayectoria de Patín le permitió acercarse al mundo de la expresión con la pintura, la fotografía, la creación con cerámica y la sanción con la plantas. Es terapeuta holística, trabaja con las técnicas del reiki, rakiram, aromaterapia y coherencia energética. Su casa es la expresión de su vida y sus necesidades. Cuenta con un taller de cerámica en el subsuelo antes protegido con las puertas de las caballerizas, y un cuarto obscuro para revelar fotografía análoga. En el jardín aun crecen sus aromáticas, enseñanza de doña Ximena Méndez, la Trushky como le dice de cariño. Su mamita negra que le enseñó a conocer y a danzar con las plantas para poder disponer de ellas.


Un patio de piedra es la gran  antesala donde se sostienen las enormes columnas de madera que fueron sacadas del antiguo ordeño que soportan la casa y los balcones del segundo piso. Un enrome cactus de San Pedro que sobre pasa el primer piso cuida la cocina por donde entran los rayos del sol desde primeras horas de la mañana.  En el patio posterior que da hacia el río, protegidos con la sombra del Pumamaqui, crecen los tomates de árbol. La casa viva es un equilibrio entre la creación y la medicina. Cada lugar guarda la energía de quien lo habitó.


Escuchando el llamado de la naturaleza y con el fin de sacar raíces en ella. En junio de 2020, Juliana V. y EDS. habitan la casa viva: Espacio Pueblo, creando un proyecto para compartir en comunidad. Éste lugar esta destinado a que sus visitantes exploren su creatividad y su medicina.

JULIANA

Acompañante en procesos evolutivos, artista, yoguini, equilibrista y amante de la naturaleza. Desde niña estuvo conectada con la medicina de las plantas y actualmente trabaja con ellas para sanar el cuerpo físico y elevar el cuerpo espiritual. Practica highline, escalada y montañismo con el fin de conectar con la naturaleza e ir más allá de sus miedos. Tomó la decisión de mudarse a la casa para abrir los espacios de sanación y creación en la naturaleza.

EDS

Coleccionista y fotógrafo. En continua exploración con la naturaleza, la geometría sagrada de las formas, la repetición y los patrones. Se especializa en fotografía de arquitectura. Retrata talleres de artistas y escribe crónicas de su trabajo. Viaja en continua exploración de la luz como símbolo de la creación. Retrata montajes de arte con el fin de expandir la comunicación y su consumo.

Juntos abren las puertas de Espacio Pueblo haciendo un llamado a las almas creativas a conectar con la naturaleza y manifestar su arte.

Servicios:

– Yoga.

– Acompañamiento de procesos evolutivos.

– Masajes y terapias holísticas.

– Caminatas de empoderamiento en la montaña.

– Cerámica ritual.

– Musicoterapia.

– Nutrición y vegetarianismo.

– Escalada, highline, montañismo.

– Tienda holística cultural.

– Taller de composición y color.

– Taller fotografía análoga.

– Conversaciones de arte.

– Visitas a la colección.

– Residencias de arte.

– Tienda de arte local.

¿Cuánto nos falta para volver a pintar las calles?
La ciudad es un lienzo que se pinta con aerosol. Como serpientes que cambian de piel, las ciudades son testigos de cómo paulatinamente sus superficies se llenan de arte urbano, hasta el punto de brillar y reflejar amplias gamas de colores que se multiplican crónicamente. Estos colores poco a poco conquistan diversas zonas y rincones del cuerpo de la ciudad. Hasta que cada cierto tiempo, la ciudad decide reinventarse, cambiar de escamas y con la ayuda el municipio blanquear nuevamente las paredes de sus terrenos. –  Martín López Cevallos

 

No hay mejor plan que salir a la calle a rayar las paredes. A dejar huella. A crear momentos para resguardarlos en el cerebro y en los muros que pueden tener más gracia. A sentir el sol disfrutando siempre de sitios nuevos y desconocidos. Al aire libre.

No todos los días se tiene el honor de salir a pintar con una crew como ALM.  Era junio de 2019 y en pleno verano nos reunimos en  la calle para hacer un registro fotográfico.


 

ALM CREW

 

 

Ramo

El hip hop, la cultura musical y el grafitti fueron las puertas que Ramo tomó para conocer la calle. Ya son 10 años que ha recorrido la ciudad motivado, más que por el propio arte, por generar una auto disciplina.  Se integró al equipo para armar 2punto5d y en la actualidad produce la segunda edición de la revista Ultra Vandal. 

Para el artista reafirmar su existencia es también poder seguir marcando la calle con tags, asegura que las firmas son la esencia más pura del grafitti. Dejar su huella sobre las paredes es para él apoderarse del espacio. Percibiendo el espacio público sin distinción de estratos. Para Ramo el grafitti es manifestarse desde uno y observar la reacción que causa en los demás.

Paint

Es creador de personajes y seres provenientes del imaginario colectivo. Lleva pintando en la calle alrededor de 1o años. Su última muestra llamada ILETRADXS  es una juego de palabras para valorizar la labor de los personajes que pintan las calles  y dejan su huella. Entre los diferentes lenguajes artísticos, crea y disfruta del trabajo en áreas como editorial, infantil, juvenil y urbano a más de venir desarrollado un  importante trabajo pictórico dentro de su estudio. 

Para el artista, el grafitti es un fenómeno transgresor en donde las personas que están detrás de esas huellas se arriesgan, se la juegan por el gusto de hacerlo y por declarar presencia y existencia en el medio.

Para Paint, la calle es un espacio de pugna de poderes, es privada a veces y pública otras menos. La calle no es predecible y es justamente eso lo que alimenta su trabajo.

“Podré preparar un boceto para un muro el día anterior, pero al final es la calle y el spot quienes deciden”- dice.

“Pintar en la calle me ha hecho lo que soy hoy en día. Lo más bonito que me ha brindado es entender mi ciudad o mi país desde otra perspectiva no solo desde mi burbuja” – Paint

Joins Back

Para el artista Joins la calle tiene una gran influencia. Principalmente por las cosas que pasan en ella. Su inspiración está en el día a día, en sus formas de mutar. En sus olores.  Cree que el graffiti no tiene sentido si no esta en la calle. Por esa razón, más que arte, cree que el graffiti es una forma de expresar sus sentimientos. Pinta desde hace 12 años y junto a su crew ALM  lleva 9 años. Sus letras están influenciadas en gran parte por el graffiti clásico con adaptaciones latinas.

Joins recuerda el tiempo que vivió en el barrio de La Mariscal. El acercarse a la calle le permitió conocer a la gente que comúnmente era ignorada como: adictos, indigentes, dealers y ladrones. Conocerlos le daba la seguridad de poderlos saludar a cualquier hora y sentirse seguro.

Las políticas urbanas no son compatibles con las prácticas de sus comunidades. El graffiti, desde que en la década de los ochenta se tomó las estaciones de ferrocarriles y los vagones de tren de grandes ciudades, como muestras de protesta social, ha sido perseguido o atrapado por las autoridades. Sin su cualidad de irreverencia, sin su lugar al margen de la legalidad, el graffiti solo demuestra el triunfo del poder oficial.

Las letras representan identidad, estilo, y poseen un lenguaje propio. Existen códigos que son utilizados por la mayoría de grafiterxs, que expresan ideas concretas, apoyo o rechazo. De: El lenguaje de las paredes

Concdecaro

Su caligrafía poco a poco va conquistando la ciudad. Su gusto por intervenir todo tipo de objetos ha hecho de la calle hermosos lienzos donde los trazos de las letras son sus protagonistas. Ahora las alcantarillas podrían ser parte de una colección de la ciudad. Los colores de sus letras desempolvan las olvidadas, grises y aburridas tapas metálicas que sin ser pintadas pasan desapercibidas. Sus herramientas como brochas y marcadores de punta plana le han permitdo colaborar y sumar hermosas texturas caligráficas a muros de otros artistas.  Fue invitada por el equipo de ALM para ser tallerista del curso DEL PAPEL AL MURO.


Carolina Iturralde estudió diseño de joyas y le iba bastante bien, pero llegó un momento en el que no se sentía satisfecha. Entonces encontró su verdadera pasión en el arte, la pintura y la literatura. Dejó atrás el negocio de las joyas y empezó a pintar objetos y muebles viejos para darles nueva vida: la alegría que eso le produjo cambió su forma de pensar. Tiempo después juntó la pintura, el grafiti y la caligrafía para crear su propio estilo De: Primicias 

El grafiti es una manifestación efímera ya que puede desaparecer al poco tiempo de ser creado, lucha contra el olvido, busca ser reconocido en la sociedad integrándose en la cotidianidad del paisaje urbano. Por encontrarse a la intemperie, están expuestos a un sin número de cambios ambientales, polución, manipulación, etc. Lo que hace que se deterioren y periódicamente, pierdan sus colores, sus formas y los acabados que un día tuvieron. Al mismo tiempo es una marca que intenta dejar una huella para siempre.

Taki183, Julio 204, CornBread hace 50 años en Nueva York

La ciudad es un organismo que se va transformando por quienes la intervienen. En tiempos de pandemia las calles han sido protagonistas de la soledad y el olvido. Del miedo. Sin embargo, las calles nunca cerraron, están ahí, enmoheciéndose, esperando una mano de color para que todo vuelva a tener sentido.

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Mausoleo para segundos pisos

Mausoleo para segundos pisos

Mausoleo para segundos pisos
Por: Manuela Ribadeneira
2014
Impresión 3D en resina plástica Base: 90 x 90 x 19 cm; varillas: 20 cm de alto.

Es momento de concretar nuestras aspiraciones. No podemos dejar que la inestabilidad del tiempo corroa nuestras varillas. Es momento de accionar. Mirarnos hacia adentro y continuar construyendo las columnas que han quedado olvidadas. El cielo no tiene dueño, el cielo es nuestro.

Esta obra es parte de una serie donde Ribadeneira emplea como leitmotiv las llamadas “varillas de la esperanza”, aquellos hierros vistos que surgen de los techos de las casas o construcciones proyectando su empleo en futuras ampliaciones. Aquel espacio vertical por conquistar queda apenas anunciado, la mayoría de veces llegando a transcurrir años o décadas sin que se concreten las aspiraciones. El primer desarrollo que hizo la artista alrededor de esta idea fueron las varillas que instaló en el 2008, en tamaño real, en una casa frente al centro cultural TEOR/éTica en Costa Rica. Ribadeneira las emplea como una declaración de propiedad territorial, cuyo propósito suele quedar trunco. Al pensar en el estado de abandono y corrosión en que casi siempre se encuentran estos esqueletos de columnas —una característica de la “arquitectura Impresión 3D en resina plástica Base: 90 x 90 x 19 cm; varillas: 20 cm de alto 2014 Mausoleo para segundos pisos Sala 01 Hago mío este territorio P.45 09 de la necesidad”, parte integral del paisaje urbano en Latinoamérica— parece proponer su condición de ruina como un memorial; una imagen poética sobre la derrota de los anhelos: “Comencé a trabajar esta idea como parte de mis investigaciones sobre apropiaciones de espacios. Pues dejar las varillas plantadas para el segundo piso es un aviso de que ese espacio de cielo tiene dueño. Ahora las estoy pensando como ruinas. Viven como toda ruina en ese extraño intermedio entre pasado y futuro (no hay concepto de ruina sin una noción de futuro), pero tienen poco presente”

Por: Rodolfo Kronfle Chambers (curador)

OBJETOS DE DUDA Y DE CERTEZA (2000-2019)
Centro de Arte Contemporáneo, Montevideo y Luis Dávila, Montevideo, Quito, Ecuador (14 de diciembre de 2019 al 19 de abril de 2020)
Fotografías: Archivos del CAC

Sala 1. Objetos de Duda y de Certeza
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Grabador Fantasma

Grabador Fantasma

GRABADOR FANTASMA
2018
Instalación · Película S 16mm
9´25´ loop
Proyecto comisionado

En “Grabador Fantasma”, Adrián Balseca presenta un gramófono sobre una canoa que viaja a través de la selva impulsado por energía solar, captando sonidos humanos y no humanos del bosque.

La investigación en que se basa la muestra es de Adrián Balseca, empezó a trabajar en 2016 sobre la explotación del caucho. Balseca se considera un coleccionista empírico de material, lo que le ha proporcionado una capacidad innata para crear nuevos discursos visuales.

Una conversación entre Rodolfo Kronfle y Adrián Balseca (Obtenido de paralaje.xyz)

Rodolfo Kronfle: Me parece interesante la manera como concentras el contenido de tus videos en un objeto protagónico que constituye el elemento medular de sus puestas en escena: una cabeza de madera gigante, un caduceo monumental de hierro fundido, un automóvil, una canoa tallada de un árbol, etc. En el desarrollo de tus filmes estos objetos adquieren una densidad simbólica inmensa al surgir de –e interactuar con– el elenco de actantes (Bruno Latour dixit) que se van interrelacionando: no solo los humanos y sus actividades, sino también el paisaje mismo y las actividades que se desarrollan en este.

Estos objetos están además inmersos en una red de creación/destrucción que de diversas maneras matiza los enunciados del progreso e interrogan hitos de nuestra historia económica. Es ahí donde parece que la obra escarba en una serie de relaciones de producción que son de gran calado en el tiempo, siendo una forma muy efectiva de sondear, sin didactismos, las capas de historia con que se configura el relato del estado-nación y sus descalces con el territorio y el individuo que lo habita. Te debe tomar tiempo perfilar el guión de cada obra. ¿Te sorprenden a veces los resultados e implicaciones inesperadas que surgen en su realización? Al conocer tu sentido del humor puedo intuir además una sutil ironía en varias piezas pero subsumida bajo una mirada contemplativa que prima. ¿Es algo que controlas o que surge inevitablemente?

Adrian Balseca: Cada proyecto merece un cuidado y dedicación especiales en la la selección de lugares a trabajar. No me gusta llamarlos “locaciones”, ni a su búsqueda como simples scoutings. Me siento más cómodo con la idea de que estos recorridos iniciales en búsqueda de sitios son aproximaciones a historias locales determinadas; y es que cada territorio o paisaje tiene mucho que contar. No trabajo con guiones, en el sentido rigorista del guión cinematográfico. Lo que sí busco es incorporar tratamientos audiovisuales que, acompañados con los “ensayos visuales” que hablábamos al inicio, funcionan como guías al momento de filmar, por ejemplo. Ahora llevo un cuaderno de anotaciones visuales que se va engrosando poco a poco antes de cada filmación.

Me interesa alimentar mis proyectos con ciertas figuras retóricas o atributos visuales que puedan detonar espacios para el humor. Como un ejercicio consciente, encuentro que el humor es muy difícil de alcanzar.

En el proyecto de Balseca colaboraron miembros de Kara Solar, una organización que se ha concentrado en nueve comunidades achuar (situadas a lo largo de 67 kilómetros cerca de los ríos Pastaza y Capahuari).

Su obra es una práctica donde las fronteras entre lo utilitario, lo utópico y lo poético son cada vez más borrosas.

La idea partió gracias a la Fundación Kara Solar, que fue la encargada de desarrollar una serie de canoas que se movilizan a través de energía solar. Un proyecto de movilidad fluvial creado en 2012 por un grupo de ingenieros y líderes comunitarios, en cooperación con la Nacionalidad Achuar del Ecuador.

Su obra está inspirada en la película Firtzcarraldo. La odisea de Brian Sweeney Fitzgerald, a finales del siglo XX. La historia se desarrolla alrededor del gusto del empresario por la música que aspira hacer una fortuna con el caucho y sueña con construir una edificación para la ópera en la selva amazónica. Balseca construye un gramófono sobre un barco que viaja sobre el Río Bobonanza en medio de la selva donde capta el sonido ambiente del entorno.

Proyecto comisionado para la 14a. Bienal de Cuenca: Estructuras vivientes. El arte como experiencia plural, 2019.

Fotografías: Archivo Centro de Arte Contemporáneo
Fuentes:
http://adrianbalseca.net/es/trabajo/49-horamen-7.html
http://www.paralaje.xyz/grabador-fantasma-una-conversacion-entre-rodolfo-kronfle-y-adrian-balseca/
eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/10/adrian-balseca-recorre-la-selva-con-sonidos
http://www.pichinchauniversal.com.ec/grabador-fantasma-escuche-los-sonidos-de-la-selva-en-el-cac/

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La nube, un espacio para estudiar el tiempo

La nube, un espacio para estudiar el tiempo

Para todo juego existen reglas. En La Nube Casa Cultural se respeta la libertad. Es un espacio donde se gesta bajo normas conscientes de convivencia. Ubicado al tope de un edificio, ocupando los dos últimos pisos, La Nube crece con miras a convertirse en un centro de producción y difusión del arte contemporáneo.

A partir de septiembre de 2019, La Nube espacio cultural abrió sus puertas al centro norte de la ciudad. El objetivo del lugar es difundir y dar cabida a varias ramas del arte en todos sus géneros. Para Guillermo Segovia uno de los creadores del espacio es una experiencia importante poder gestar varios encuentros a través del juego, junto con el respeto de normas de convivencia social que hacen que la energía de La Nube se mantenga en constante movimiento. El lugar dividido en dos plantas: la primera planta; completamente abierta, muta para convertirse en un drag show, en una galería de arte, en un sala de danza, capoeira o en un espacio de meditación. La segunda planta, tiene una acogedora sala con un ventanal enorme hacia la ciudad y hacia uno de los pocos y grandes árboles que sobreviven en el barrio. También cuenta con dos dormitorios actualmente en alquiler.

El lugar está conformado por un equipo de artistas dirigidos por Juan Fernando León y Guillermo. La comunicación digital y la producción audiovisual la maneja Alejandra Ávalos. Los talleres que actualmente se dictan en La Nube están dirigidos por: Cristina Baquerizo en danza contemporánea. Larry a cargo de la casa drag House of the Soul. Sara Acosta en danza. Daniel Quelal y Ana Orellana en swing. Flor Gómez dicta las clases de yoga. Rafa Soto en teatro. Santiago Paute en capoeira y Mati Palacios se encarga del club de vogue los días domingos. El club del collage tiene sus encuentros los miércoles por la tarde.

Dentro de las nubes la energía no deja de fluir. De la misma forma en el espacio cultural: las cosas, las personas y sus estados cambian todo el tiempo.

¿Cómo organizan su agenda cultural?

Pensamos en un período semestral. Armamos una línea de eventos y clases permanentes y talleres itinerantes a través de una convocatoria. Queremos que todos se sientan libres de proponer. Recibimos la información y vemos que tan factible es hacerlo. Si es posible lo agendamos.

¿Cómo hacen para financiarse?

Principalmente el alquiler del espacio. La venta de entradas y arte en ferias.

¿Por qué eligieron el lugar?

Se nos presentó la oportunidad de crear el lugar. Nos pareció que el sitio era idóneo para generar un lugar como el que teníamos pensado. Decidimos que sería un buen lugar porque no existe una sobre demanda de casas culturales como en otras zonas de la ciudad. La cercanía a la Plataforma Gubernamental y el rápido crecimiento de la ciudad hicieron que nos inspiráramos en crear un lugar sitio solo para estar, para estudiar el tiempo.

¿Qué es estudiar el tiempo?

La contemplación, estudiar la respiración, estar consciente de enfocarte en el presente.

¿Se pueden crear espacios extraordinarios?

Sí, con la observación. A veces hay elementos en los lugares que te interpelan y te responden a lo que está pasando.

¿Por qué La Nube?

Se llama La Nube por la vista, siempre puedes ver las nubes, un paisaje súper lindo. Es fresco, es directo, es corto.

Juan Fernando León pinta desde los 13 años. Su temática son los monstruos. Su juego es permitirse indagar sobre los colores, las líneas y la ilusión óptica. Trabaja con esmalte de uñas y varios de sus cuadros están colgados y a la venta en el centro cultural.

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Empoderarse para crear

Empoderarse para crear

Camila Morejón rompe tabúes a partir de la normalización de los cuerpos, sobre todo de los femeninos. Aprender acerca de sus bordados es aprender a mirarse y a valorarse. La artista y diseñadora de espacios utiliza la herramienta de tejido para derribar el miedo y las culpas.

 

Los hilos de colores con los que había tejido las vaginas brillaban sobre el terciopelo de la capa negra que le cubría esa mañana. Los rizos de su cabello y las flores de su vestido contrastaban junto a las plantas. Caminaba segura entre los árboles que rodean su casa en la que vive más de un año y medio. Las telas se arrastraban sobre el césped, Camila (IG), artista plástica y directora de arte de 31 años, me invitó a pasar a su lugar de creación. Había llegado a su casa para desaprender sobre los tabúes impuestos por la sociedad hacia la vagina y aprender esta nueva historia inspirada en motivar a más mujeres hacia un conocimiento de su sexualidad y un empoderamiento de sus capacidades creadoras.

“Lo primero que hago cuando doy un taller es darles esto”. Tres espejos, conectados por un hilo, eran la herramienta que les serviría a las mujeres, que asisten a sus talleres, para explorarse y conocerse a profundidad sus cuerpos y con detenimiento contemplar sus vaginas.

“Hay veces que no saben dónde se encuentra el clítoris y es un aprendizaje de conocernos desde cero, anatomía”- decía Cami. Antes de continuar mostrándome su trabajo, me invitó a tomar un café. En el jardín, unos hilos amarillos habían sido tejidos por la artista para el altar del día de su boda. En el segundo piso, sobre su taller, el área social de su casa preserva objetos especiales.

La lámpara que perteneció a su madre y padre decora una de las esquinas. Muebles de sus abuelos y regalos de matrimonio ocupan las paredes del lugar como Nuestra Señora de los Favores, de Gisella Iturralde, que -en una posición infinita- carga en un par de baldes los interminables favores para sus feligreses. Sobre una fotografía panorámica del Altar de Andrés López estaba la obra ‘Lo que le pasa a una, nos pasa a todas’.

 

 

Un conjunto de vaginas hechas en cerámica presentada en la muestra Mujeres Difíciles con luces que se activaban al momento de apoyar una pistola sobre los sensores. Su aro de matrimonio, inspirado en las formas de la arena, las conchas y el ir y venir de la marea confirmaban de su amor por el poder del mar.

 

 

En su casa tiene un altar que, compuesto por hermosas piedras, transmiten su confianza hacia la creación. “El mar es sanador”, sonreímos con esa conclusión.
Mientras tomaba sorbos de un café amargo, la artista me contaba sobre los motivos que le llevaron a dejar su trabajo de publicidad. “Me sentía como el Cotopaxi” me dijo. Haciendo referencia a su malestar cuando tuvo que tomar pastillas para calmar sus dolores de una lesión de la espalda y el hombro. Su dolor fue tal, que también lo inmortalizó en una serie de dibujos.

 

 

 

En su taller, me mostró su primer bordado. Tejer siempre ha estado en los momentos importantes de su vida. En el vestido de su boda y en todos los días que junta los hilos para crear formas. “Nunca aprendí con tutoriales, siempre probé y me di las maneras de inventarme mis propios puntos”.
Me contó que siempre trabajó con fibras y también ha probado tejer con las manos. Sin embargo, me decía que juntar el terciopelo con los bordados más los detalles de mullos, da como resultado telas decoradas para sentirse como una reina, según la artista.

“Yo veo esto y pienso en un pavo real” dijo. “Un día me levanté y dije quiero hacer ropa increíble para mujer” ahí aprendió a hacer patronaje, en adelante tiene la premisa de que todo lo que hace lo piensa como si fuera hecho para ella.

 

 

 

Sus proyectos se han ido tejiendo entre ellos. Las vulvas bordadas, por ejemplo, es un viaje de introspección personal y de entender los procesos de cada persona que le pide a la artista un bastidor con una vulva de colores. Es una conversación cercana con quienes le solicitan. La artista, junto al cliente, elige los tres colores en una especie de entrevista de manera casi visceral. Al final del proceso, la artista les pide a los dueños de la obra ponerle un nombre a su vulva y así concluye el proceso con sentido. Camila me contaba que su obra busca provocar para hablar.
“Cuando yo era chiquita, una profesora nos dijo que la masturbación era normal. Y en mi casa pensaban diferente entonces crecí con una traba mental’.

 

 

Los ‘Vulva Workshop’ de Camila son un espacio para normalizar los cuerpos, es un sitio para aprender a mirarse y a valorarse. Es un lugar de sanación en el que los círculos de mujeres y hombres comparten sus experiencias para naturalizar y derribar el miedo y las culpas. “Porque la gente muchas veces no puede decir ni siquiera la palabra vulva”. Los atrapasueños volaban con el aire de medio día. Noctura y Saltashpa, sus mascotas, nos acompañaban a ver las plantas que Cami tenía en la entrada de su taller. Paseamos un rato más por el jardín era el final del viaje. En todos los mensajes entendí lo importante de conectarse con lo que se crea.

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ANANAY produce objetos con conciencia desde Ecuador

ANANAY produce objetos con conciencia desde Ecuador

Mujer creadora. Conocí a Paula Jácome en Casa Taller mientras exponía sus productos. Ese día, tenía entre sus manos un textil gris con blanco. Hablamos sobre telas. Poco tiempo después, me visitó en mi casa y compartimos un café. Tuve la oportunidad de mostrarle algunas telas cañaris que he venido recolectando como regalos de la montaña. Días después llegué hasta ANANAY, un espacio de producción de objetos con conciencia, la idea nació y creció junto a su hermano Juan Ángel Jácome.

Unas escaleras incrustadas en la montaña permiten ingresar hasta el taller. El lugar, en medio del bosque, tiene una vista increíble hacia la ciudad, quien lo visita se transforma afuera de ella, sin estarlo. Paula me invitó a pasar. La luz entraba en cenital por las claraboyas del techo e iluminaba una mesa de vidrio que dejaba traspasar los rayos. El espacio lo comparte con el artista Adrián Balseca que en ese momento trabajaba en el lugar. Paula preparó un café, me presentó a los cactus más diminutos que he visto y me llevó a su taller.

Lámparas esféricas colgaban en el aire.
Paula había encontrado el lugar en condiciones de bodega. Al sitio lo ha venido organizando de acuerdo a sus necesidades. “Tenía una energía de haber estado mucho tiempo cerrado”, me comentó.
Las lámparas esféricas que cuelgan en el espacio complementan la doble altura y lo hacen luminoso por las noches. Esa mañana, Paula estaba construyendo un mueble que serviría de estructura para un tapiz que está creando. Me contaba que viene de una familia de arquitectos y siempre le gusto hacer cosas con las manos. Historiadora de profesión, dejó de ejercer porque sintió la soledad muy de cerca. Su habilidad con las manos le permitió desde pequeña construir su propia ropa.

Producir con conciencia
De un mueble sacó una de sus mochilas. Las produjo en diciembre, una serie de 15, hechas 100% con algodón, biodegradables. “Todas las telas que uso son fabricadas acá” me contaba. Paula se encarga de llevar un proceso cercano con las cosas que produce. Las telas que adquiere son de fábricas que están comprometidos con el tratamiento de aguas y tienen todos los permisos ambientales en regla. “Siempre prefiero comprar un producto que sé de dónde viene. Esa es la idea hacer productos que sean reales” dijo.

La adaptación de la indumentaria es importante. Para eso, Paula creó un producto parecido a una bufanda. Un cuello que permite estar cómodo y caliente en ciudades montañosas como Quito.

“Trato de que todas mis prendas sean unisex y que todos mis productos tengan garantía de por vida”.

Actualmente, Paula está trabajando con tapices, lámparas y cojines. Sacó de una bolsa producciones pasadas de textiles teñidos. Ahora, inspirándose en lo ya producido, está creando una colección de lámparas con canastas de mimbre grueso y madera cruda para una tienda de diseño de la ciudad. Sus colecciones son series limitadas, por su materialidad. Las telas y objetos que compra a artesanos suelen acabarse y con ellas también la serie. Paula tiene productos con stock limitados que suelen agotarse en una sola feria. Fue el caso del kit de cubiertos de madera que vendió por completo.

Los textiles nos conectaron
Antes de partir, Paula me indicó sus telas de algodón teñidos por ella y producidos por un tejedor que tiene más de 80 años y vive en Imbabura. Los motivos por los que la vida te cruza con hermosas mujeres creadoras es para seguir creando. Con Paula se me ocurren muchas y grandes cosas. Una instalación móvil con telas, por ejemplo.

 

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Alquimia para hacer arte

Alquimia para hacer arte

Las sociedades secretas, la teosofía, las corrientes esotéricas de las grandes religiones, las filosofías orientales, la magia, la psicodelia, la experimentación con drogas y los símbolos y mitos universales son los ingredientes que dan forma a la exposición: La luz negra.

Tradiciones secretas en el arte desde los años 50, que destapa en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)las conexiones íntimas entre el arte contemporáneo y el esoterismo.

La muestra, comisariada por el escritor Enrique Juncosa, reúne de forma más o menos cronológica unas 350 obras de artistas tan distintos como Henri Michaux, Joseph Beuys, Antoni Tàpies, William S. Burroughs, Joan Jonas, Kenneth Anger, Rudolf Steiner, Alejandro Jodorowsky, Fracesco Clemente o Zush. Predominando en esta selección los autores de Norteamérica, donde históricamente estas tradiciones han gozado de más aceptación.

La luz negra apuesta, en primer lugar, por reivindicar la importancia que estas ideas tuvieron en el desarrollo del arte del siglo XX, aunque el pensamiento racionalista predominante haya tratado de ignorarlas o relegarlas a un segundo plano; y en segundo lugar, por reconocer el interés renovado de una nueva hornada de artistas por estas ‘tradiciones secretas’.

“Tal vez se deba a que volvemos a vivir en un mundo inquieto e insatisfecho, preocupado por cuestiones como las nuevas guerras coloniales, el terrorismo fundamentalista, la gravísima crisis ecológica o los populismos nacionalitas, tal y como en los 60 y 70 se temía una inminente castástrofe nuclear devastadora. Además, una gran parte del arte dominante en nuestros días es sumamente aburrido al carecer de misterio alguno y negar la poetización e interpretación de su experiencia”, admite Juncosa.

Psicodelia, ritos chamánicos y espiritualidad La exposición arranca en los años 50 con los cineastas norteamericanos Harry Smith y Jordan Belson precursores de la psicodelia y contracultura.

También están presentes los pintores asociados al expresionismo abstracto en Estados Unidos (Barnett Newman, Ad Reinhardt o Agnes Martin) y los informalistas europeos como los catalanes asociados al Dau al Set (Antoni Tàpies y Joan Ponç, entre otros), que se interesan por los escritos del psicólogo Carl Gustav Jung y los ritos chamánicos.

El recorrido por esta década se completa con dos propuestas: el cineasta de culto Kenneth Anger y el artista autodidacta y aislado Forrest Bess.

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Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

La artista en su taller, acompañada de su mascota, restauraba una plomada parte de su última muestra sobre la memoria de los espacios demolidos. El Perro de Loza ya es un referente del arte en Quito.

A la artista ecuatoriana Natalia Espinosa la cerámica le sirve para expresarse y hablar. En su última muestra ‘Esto será demolido’, presentada en noviembre pasado, en la Galería N24, su mensaje recaía sobre la memoria. Era un gesto simbólico a varias casonas construidas entre los años 1950 y 1970, que no cuentan con una protección legal y que por el crecimiento de la ciudad están siendo demolidas.

 

 

Ya son más de tres años desde la primera vez que llegué a su taller. El Perro de Loza, su espacio de producción, ha crecido al igual que sus plantas. Un hermoso jardín de enredaderas es el abrebocas del lugar. El túnel de plantas invita al jardín posterior de la casona ubicada en el barrio La Floresta, lugar seleccionado por la artista para producir y crecer. Esa mañana la encontré arreglando un detalle en una plomada cilíndrica que era parte de las piezas de su última muestra. Los elementos arquitetónicos y los patrones con los que está trabajando Natalia me llevaron a conectar aun más con su obra. Sobre una de las gradas, a manera decorativa y entre las plantas un bloque calado había sido rescatado. Antes de sentarnos en una de las mesas del jardín preparó un café. Mientras lo preparaba me indicó parte de su taller, que también funciona como galería. Es imposible no maravillarse con cada detalle de todo el trabajo que este tiempo ha venido construyendo. A más de todas sus piezas de cerámica un par de móviles volaban por los aires.

Natalia formó parte de la primera generación de arte de la Universidad Católica. Continuó su formación en el departamento de cerámica en Gerrit Rietvelt Academie de Amsterdam. Tiene un masterado en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina.
En su taller el horno es un elemento importante. El fuego tiene la última palabra, tanto en el bizcocho como en el acabado final. Su continuo contacto con los otros elementos como la tierra y el agua y su sensibilidad para crear con el viento hacen que el trabajo de Natalia contenga mucha carga energética. En su vida diaria plantar y nadar son dos de sus prácticas favoritas.

En su taller un cactus gigante crece en una de sus macetas de formas y patrones. En una de las esquinas un sapo al acecho, un conejo en pleno salto y un cerdo vago cuelgan del techo. Todo esto sólo pasa en el mundo de Natalia Espinosa, del Perro de Loza.

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Emilio Seraquive pinta realidades contemporáneas

Emilio Seraquive pinta realidades contemporáneas

El olor a óleo fresco invadía la terraza de Emilio Seraquive. El artista que vive en Loja pinta personajes que bordean los estereotipos del sistema con trazos caricaturescos y guiños de artistas consagrados.

El poco tiempo que estuve en esa ciudad, aproveché para conocer a un par artistas que pintan en ella. Tuve pocas horas para conocerlos. Esa tarde llovía y el tráfico era similar al de una ciudad grande. Intenté caminar pero, según las indicaciones de Emilio, tenía que pasar la puerta de la ciudad.
Me dispuse a sentir como pasan los segundo en medio de un trancón de la tarde. Loja, la ciudad al extremo sur del país, tiene 180 mil habitantes, aproximadamente. En 2019 ya tiene problemas de tránsito. En el trayecto pensé en lo contradictorio que puede ser una ciudad relativamente pequeña, bendecida con varios ríos que la cruzan, en la que es poco común caminar. Esas eran las realidades contemporáneas: sea por la inseguridad, porque simplemente hay lugares que no están adecuados para el transeúnte o por preferir la comodidad del automóvil.
Llegué hasta la esquina donde había acordado con Emilio. Todas las primeras plantas de las casas y edificios del lugar estaban ocupados por farmacias, tiendas y pequeños puestos que aún comerciaban. Seraquive me invitó a pasar. Vive en una casa de varios pisos donde compartía con su familia, allí él crea.

El último piso de la casa fue adecuado por Emilio para para pintar. Varios lienzos de gran formato tensados por él habitan el lugar. La terraza cubierta permite al artista pintar lienzos de gran tamaño en un lugar más ventilado y amplio. Los cuadros que está produciendo serán parte de su nueva obra que expondrá en su ciudad.
Hablamos de muestras y me comentó acerca de su paso por Quito. El Centro Cultural Benjamín Carrión y la galería de Ileana Viteri le abrieron las puertas a su trabajo en años anteriores.
El olor a óleo fresco se mezclaba con el aire de la tarde. Emilio pintaba directamente desde el tubo al lienzo, sus trazos de no secan fácilmente. La cantidad de pintura de sus formas tardan tiempo en tomar su consistencia.

Aficionado al cine, el artista está produciendo una serie inspirada en varios personajes de películas. El Juez Doom de la película ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ es parte de esta. El conejo de la película de ‘Donnie Darko’ fue el primer personaje que me recibió de frente y pintado sobre un lienzo de más de un metro de altura . “A este conejo lo fusioné con el actor principal, es el ángel que viene del futuro a predecir lo que sucede”.
Su nueva serie retrata a los personajes que, de alguna manera, bordean los estereotipos del sistema y se conectan con las realidades actuales. En otro lienzo estaba pintado Ángel, el personaje principal de la película ‘Ratas, Ratones y Rateros’. Esta vez caricaturizado por el pincel de Emilio. “Niño Rata” también era parte de la serie.

El inglés Francis Bacon es otro de los artistas que han influenciado su trabajo. Lo que busca es exteriorizar el estrés y la forma carroñera del ser humano por deforestar el planeta. A Velásquez y Rembrandt también tienen le ha dado guiños en sus obras: “ahí le puse un hueso de pollo” – me dijo. Luigi Stornaiolo, Marcelo Aguirre, Miguel Varea son algunos de sus referentes ecuatorianos. El artista se dedica gran parte del tiempo a pintar. “Las obras son extensiones de uno”.

El sonido de ciudad comercial entraba del exterior y, sobre su mesa, reposaban varias piezas de la obra ‘Transeúntes Solitarios’, realizada en 2015. Esta retrata el comportamiento de las personas en espacios urbanos. Emilio sacó sus libretas en las que pinta y escribe sus ideas. Caía la tarde y quedaba poca luz, aproveché para documentarlo.

Un piso más abajo, un dormitorio de la casa estaba lleno de la obra del artista. El sitio relataba el tiempo de trabajo y todas las etapas de Seraquive. El soundtrack de la película ‘Trainspotting’ sonaba de fondo. En pequeños estantes cerca de su escritorio, varias esculturas de perros eran parte de la maqueta de una instalación pasada. Emilio está incursionando en el arte instalación. Había caído la noche y era momento de irme. Antes de partir, el violeta intenso invadió mis ojos. ‘Violeta de Genciana’, el nuevo material con el que Sarquive sigue escribiendo su historia.

 

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Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Oswaldo Páez Barrera, la crítica en el pensamiento y la sensibilidad

Entre sus proyectos académicos actuales como docente e investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central del Ecuador están: el fortalecer la autenticidad de los ecuatorianos a través de un replanteamiento de la línea ecuatorial y su franja, así como desarrollar un mapeo de información georeferenciada de los centros históricos de Quito, Cuenca, Latacunga y Manta, buscando con ello verificar posibles trazados precoloniales de estas ciudades, borrados o ignorados por las falsas bondades del colonialismo.

La primera conversación que tuve con Oswaldo Páez Barrera fue cerca del patio central de la facultad en la cual se graduó y hoy dicta las materias de Teoría e Historia de la Arquitectura. La mañana del 27 de octubre tuvimos una larga y distendida charla cubiertos bajo uno de los techos de los corredores del edificio, en la cual me comentaba sobre los mencionados proyectos de investigación que tiene en marcha.

Con un PhD en Teoría e Historia de la Arquitectura y con un Master en Historia, Arte, Arquitectura y Ciudad otorgado por la Universidad Politécnica de Catalunya, Oswaldo ha desarrollado sus especialidades aplicándolas a la crítica del arte, de la arquitectura, la ciudad y los territorios, desde posiciones contemporáneas y polémicas. La mayoría de sus publicaciones versan sobre estos temas. Por ejemplo, su libro: X bienales, XX momias y XXX dólares, (UISEK, 2012) es un compendio de ensayos y artículos analíticos sobre las 11 primeras bienales internacionales de arte que se realizaron en Cuenca y que entregan al lector la única versión contestataria de ese evento. Este libro, años posteriores, fue censurado.

El siguiente encuentro con Oswaldo fue para admirar sus pinturas y dibujos que cuelgan de las paredes de la Quinta Huasipungo, ubicada en Guápulo, Ecuador. La casona fue adquirida por el artista luego de ser la sede de la Embajada de Bélgica. El inmueble, fue construido en el siglo XIX en un estilo neoclásico mestizo, se encuentra patrimonializada y atesora intactas su materialidad y espacialidad.

Mientras conversaba con el artista los olores se deprendían de la cocina. En el lugar los jarrones estaban llenos de flores frescas y las paredes de la casona cubiertas por una poderosa colección de dibujos y pinturas que dan cuenta de la sensibilidad antisistémica de su autor.

Sobre algunos de los carteles que conserva en su colección, me decía Oswaldo, fueron parte de la producción iconográfica de los años setenta, cuando formó parte del movimiento comunista del cual fue expulsado por discrepancias ideológicas. Recuerda, con una sonrisa irónica, que en esos años las infiltraciones del enemigo llevaron a que los grupos de universitarios izquierdistas se enfrentaran entre ellos, mientras los poderes dominantes seguramente se reían.

El recorrido de su casa es la recopilación de parte de su producción artística. En las áreas sociales se exhiben cuadros con fuertes trazos contrastados con una intensa paleta de azules. En los lugares más íntimos las paredes contienen obras que representan los paisajes urbanos de Cuenca y también autorretratos realizados por el artista en varios momentos de su vida. Junto a sus pinturas se puede ver caricaturas de viejos amigos y cuadros de colegas cercanos, todo ello reflejando la sensibilidad y el pensamiento social y político de Oswaldo Páez Barrera.

El patio andaluz de la casona revestido con baldosa hidráulica, tiene una pileta en el centro desde donde los pájaros toman agua. A pocos metros una sala, detrás de un ventanal por donde pasa el sol y se ve la cúpula y espadaña de la iglesia de Guápulo, nos dispusimos a conversar sobre su vida y su obra. En su producción pictórica, como en sus publicaciones, existe humanidad, una conciencia solidaria, igualitaria y libertaria. Para Oswaldo, la mayoría de la gente no merece la situación en la que vive, él piensa que es posible un nuevo país en donde primen la justicia y la libertad.

Su casa, rodeada de plantas, jardines y árboles patrimoniales la comparte con su esposa, la abogada Ximena Vintimilla Moscoso y las dos hijas: Carmen y Laura. El ingreso frontal a la Quinta Huasipungo –nombre del lugar desde el s. XIX– es por la calle Leónidas Plaza y su desnivel en la parte posterior que se abre hacia el río Machángara permite entrar desde la Av. De los Conquistadores. Este lugar es un sitio privilegiado por la vista hacia los valles y el paisaje que le rodea. En el camino de entrada, Oswaldo ha colocado una serie de esculturas que replican obras de las culturas Jama Coaque, traídas desde La Pila y que fueron ubicadas en los arcos de medio punto de uno de los grandes muros de contención que tiene la Quinta.

En el área privada, las habitaciones están conectadas a una terraza techada que permite mirar hacia el cerro Auqui y hacia el jardín posterior de la casa, adornada con otra pileta de piedra junto a la palmera registrada por el Municipio como la más alta de la ciudad.

Los jardines de la parte posterior albergan una pequeño estudio, separado de la casa en donde Oswaldo pinta. Un tríptico de gran formato, aun en proceso revela los trazos actuales del artista.

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Una pareja relata la tradición oral del Ecuador a través de la ilustración y el grabado

Alice Bossut y Marco Chamorro son una pareja de artistas que se encontraron en el camino para relatar, a través de la ilustración, las tradiciones orales, historias, fiestas y leyendas de nuestro país. En su taller trabajan en equipo. Comparten mucho tiempo juntos y ahora son padres de un bebé de 10 meses. Valoran su autonomía y por eso crean proyectos personales que les permitan descansar de su poderosa sinergia conjunta.

Alice Bossut es francesa, estudió en Bruselas y vivió 7 años en Bélgica. Un móvil hecho por Alice giraba en la mitad de taller. Hecho de papel, reflejaba la luz, este fue diseñado y creado para su hijo. En la casa de los Chamorro-Bossut, la sala y el comedor son espacios adaptados para ser taller: varias mesas de trabajo organizadas en el lugar les permite tener clasificada su producción.

Esa mañana, Marco colocaba estructuras de balsa tras los grabados para generar la sensación de estar volando sobre la pared. Las obras eran los grabados originales de las ilustraciones que apoyan al recetario del chef Esteban Tapia. Una investigación inspirada en historias alimenticias que tomó forma a través de las palabras de la escritora Liset Lantigua . ‘¡A comer! Recetario ilustrado de los pueblos del Ecuador’. Trabajo que les ha tomado gran parte del año.

Alice me ofreció una taza de café. Mientras lo preparaba me indicó el libro ‘A ritmo endiablado de la bomba’. Una edición que se destaca, además de su historia, por la calidad de su gráfica y por su armado. Me relató la historia Davilará, un bombero músico que tuvo contacto con el diablo 3 días y 3 noches y que murió en el Valle del Chota, en los noventa. “Hasta ahora sigue siendo una leyenda viva”, me dijo.
Las historias que escogen ilustrar están cargadas de mística, magia y realismo, y se vuelven un imán visual al momento de estar acompañadas con sus trazos. Las texturas de sus trabajos se logran al pasar varias tintas sobre el papel con colores no convencionales. Su particular manera de encuadernar o plegar hacen de sus historias perfectos libros objeto.


Alice también me enseñó los Al pasinos, un formato que proviene del fanzine en el que invitan a artistas visuales a crear su propia historia. ‘El gigante de la laguna’ es una historia de la comunidad de Cotacachi, también parte de su serie editorial. La historia trata sobre un gigante que vive en la laguna de Cuicocha. El editorial les permitió jugar con el formato, un desplegable en forma de acordeón, y las varias capas de intensos colores primarios.
La publicación fue ajustada al francés para ser publicada en Bélgica. Todas las publicaciones antes mencionadas vieron la luz en Comoyoko, un taller editorial creado en 2015 en el que tienen como premisa ilustrar para contar, no para adornar. Han trabajado junto a Roger Icaza, Dipacho, Gerald Espinoza, Santiago González y otros ilustradores. “Hemos crecido juntos en ésta nota”, comentó Marco.

Sus publicaciones se destacan por la calidad del acabado. De manera enfática me contaban cómo los colores funcionan al momento de fusionarlos. Hablaban técnicamente las maneras por las que habían optado para impermeabilizar el papel para impedir que los colores no se trasparentaran. Han descubierto varias formas en el camino para producir sus objetos. “Las satisfacciones llegan por otros lados” -me decían-. “Te invitan a congresos, a nuevos espacios, difundes obras, produces. Si tú no lo haces, no lo va a hacer nadie”. En el lugar, los artistas dictan talleres de grabado, xilografía y serigrafía. Técnicas que usan para transmitir sus mensajes.


Toda la producción que ordenaban en ese momento lo habían hecho en 1984 Oficial, un espacio donde trabajan con serigrafía textil, producen cerveza y gestan nuevos proyectos cercanos a las artes visuales aplicadas.
Alice me invitó a conocer el espacio compartido. Los colores y las texturas de sus grabados resaltan en la pared de 1984. Ahí, Alice compartió el proceso para realizar un grabado. Técnica que requiere de precisión, fuerza y pulcritud.

La pareja planea viajar en verano a Francia. Volarán solo con un ticket de ida. Visitarán la Feria de Literatura Infantil de Bologna. Además planean mostrar su trabajo en la Slow Galerie, de Paris. Alice me contaba sobre su admiración a la Amazonía. Lo asombroso de las texturas de los paisajes de Ecuador. Lo apasionante que ha sido retratar culturalmente a nuestro país. Junto con Marco, presentarán su próxima muestra en el Centro Cultural Benjamín Carrión: un recetario en el que cada plato está acompañado de una expresión popular, un mito, una leyenda, una copla, una décima, un juego o -a veces. una anécdota, que tiene relación con la comida, con el plato, el alimento o la persona que lo prepara. Contas las historias de nuestro país como pocos lo hacen.


Recomendación de ilustradores a seguir:
Joële Joilvet
Isol

 

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Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

Rafael Racines Cuesta, el investigador de fotografías históricas

‘Mi trabajo es un legado a la juventud. La fotografía no es pura curiosidad: es lección. La fotografía no es farándula: es un testigo fiel de una realidad y hay que darle ese valor’.

Su colección de fotos la empezó en las afueras de los cines de Quito. Rafael Racines Cuesta recuerda que desde joven tuvo el gusto de comprar fotografías a los carameleros y chocolatineros que se ubicaban en las puertas de los establecimientos. Su interés por la investigación, los registros históricos fotográficos y las caminatas a lugares poco conocidas, pero tradicionales, le llevaron a convertirse en un referente, no solamente en los medios digitales de la ciudad, sino también, en lo más importante para Racines: en la gestión del campo cultural.

Tuve el gusto de encontrarme con Rafael en la cafetería del Centro Cultural Metropolitano. Muy cerca del corazón de la ciudad: La Plaza Grande. ‘Tu tienes que aprender a hacer organizado’- me decía Rafael. ‘Una diaria, una diaria todos los días. Yo no tengo ninguna desesperación de los likes, ni de ninguna pendejada, discúlpame que te diga, yo a mi edad ya no estoy para estar en eso’ – me decía efusivamente refiriéndose a su estrategia digital. Actualmente su comunidad: Quito, de aldea a ciudad, en Facebook llega casi a los 20K seguidores.
‘Si te dedicas a hablar de historia: hablas de historia, de memoria, de identidad y de las falencias de la ciudad. De los errores que cometemos. Cuestionar hace que no solamente te conviertas en un referente en las redes. Eres un referente en la ciudad y de la sociedad’
La segunda vez que vi a Rafael fue mientras participaba en un conversatorio en el Salón Máximo de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central. Con un salón completamente lleno recordaba con nostalgia el agua que bajaba desde los deshielos del Pichincha, la misma que pasaba a través de La Chorrera hasta la Plaza de San Francisco y la Plaza de la Independencia. Cuando Racines habla de Quito se lo escucha cómodo y confiado. Su fresca memoria le permite recordar vivencias de su infancia.
Su padre, mecánico, y su abuela fueron los encargados de enseñarle de la mano la ciudad. Los dos habían crecido en barrio de San Roque. ‘Yo se lo que es vivir 8 hermanos en un mismo dormitorio. En nuestro tiempo del Quito antiguo había un solo servicio higiénico para 10 familias y las mamás se turnaban para dar la limpieza del excusado. Eso eran los hogares de los quiteños. Es una realidad de Quito que quiere ser olvidada.
Obtenido del archivo de Quito, de aldea a ciudad. El quiteño de verdad allá por los 1940s, 50s y 60s, era el que se aventuraba con la jorga de amigos y amigas de barrio, a buscar moras, tacsos, manzanas silvestres, nigüas, zambos y más en los bosques y quebradas (hoy inexistentes) de la ciudad.
Rafael Racines nació el 28 de mayo de 1950. Cursó varios años para conseguir una licenciatura en psicología industrial que no concluyó. Para él su trabajo es el fruto de las vivencias de su niñez. Actualmente su circulo de amigos está conformado por: historiadores, arquitectos, trabajadores sociales, antropólogos, jóvenes estudiantes y aficionados de la ciudad.
El camino de Rafael da inicios en 2012 cuando fue invitado a una entrevista hecha por Sami Ayriwa en TV Pública sobre su video que aun está colgado en Youtube llamado: El Quito de los olvidados. En 2013 inaugura su cuenta en Facebook: Quito, de aldea a ciudad. ‘Entre el 2015 – 2016. Fue cuando empecé a salir con los jóvenes de las universidades. Las redes sociales me permitieron conectar con más personas para realizar caminatas. En el año 2017 entré a El Censo por primera vez. El Censo era un sitio temido y logré llegar con 450 personas. Tampoco nadie hacía caminatas a la Chorrera por miedo a la delincuencia, la última vez que fuimos llegamos con 350 personas. En el 2017 hice 11 caminatas en los 11 meses del año. Previo a las caminatas dábamos una charla con fotos e información del lugar y les preparábamos haciendo una confrontación del pasado y del presente’- me comentaba Racines.
Texto de RRC: La modernidad nos entrega una nueva ciudad que es la que heredamos a nuestros hijos, ciudad que tenemos que cuidarla y enseñar a cuidarla…pero esto no es obstáculo para recordar la que se nos fue.
La confrontación de fotografías es un buen ejercicio para ver ver como la ciudad va cambiando. Rafael recuerda alguna vez haber pasado siete horas mirando una misma foto. Para él observar va más allá de apreciar. Es la capacidad de poder reconocer e interpretar lo que las otras personas no ven. Su conocimiento en cuanto a la digitalización de archivos nace un día cuando conectó un tocadiscos de carbón a la computadora.
En el lapso de veinte años ha logrado recopilar alrededor de 70 000 archivos de música entre: 20 000 boleros, tangos, música ecuatoriana tocada en el órgano de la Iglesia de San Francisco, música gospel; en inglés y en francés. Reconoce Rafael la importancia y el potencial que tuvo a partir de eso la computadora y reconoce sus limitaciones, ‘pues su generación no nació con la computadora bajo el brazo’.

 

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Una escultura de madera medita bajo el sol de Quito

Una escultura de madera medita bajo el sol de Quito

 

¿Tú eres vidente o qué?

Fue mi pregunta después de tener frente a mí un gran óleo con al actual presidente Lenín Moreno rodeado de lobos vestidos de oveja, mientras los tentáculos de un pulpo verde, con colmillos, lo aprisionaba. Estaba en el taller (link) del artista David Santillán. Me había invitado a presenciar parte de la restauración de El Señor de Mulaló, un encargo que le hicieron.

Esa mañana, David retirba los reptintes, un proceso previo a los retoques que consiste en remover la superficie vieja y gastada. La figura había llegado sin dedo y sin pie hasta el taller, no estaba en las mejores condiciones. Su trabajo era devolverle el esplendor. Para eso, debía pasar por todos los procesos: limpieza, retiro de reptintes y, finalmente, los retoques.


Esa mañana, con una herramienta removía la superficie del Señor de Mulaló. La escultura de madera articulada tiene características de arte colonial.
Una estructura que, posiblemente, siga los parámetros de un Cristo del Descendimiento que proviene de una imagen desarrollada en el Concilio de Trento. Según Ruth González, la autora de la investigación ‘Sistemas de articulación en Cristos del Descendimiento’, los imagineros creaban estas esculturas para que puedan adaptarse a varias posiciones. La imaginería es la especialidad del arte de la escultura dedicada a la representación plástica de temas religiosos. Comúnmente realista.

Estas imágenes articuladas poseen un carácter marcadamente funcional. Son en el descendimiento, elementos imprescindibles, ya que con sus articulaciones en hombros y en ocasiones otras partes de su anatomía, poseen la facultad de variar su posición y aparecer colgados en la cruz y también yacentes en una urna.

Funcionalmente permite ser desclavado luego de Viernes Santo y enterrarlo en una urna, o por el contrario, sentarlo para sacarlo a las procesiones por los pueblos o las ciudades. El maniquí impacta por el realismo del color de su sangre y el brillo de sus ojos. Según David, el cráneo está compuesto en dos partes que les permite a los imagineros colocar los ojos de vidrio que le acercan aún más a la realidad.

En su cabeza, aún se podía ver la señal de la máscara donde fueron esculpidos los huecos para sus ojos. “La fe entra por los ojos” – me decía David. Para ver su brillo bajo la luz del sol, David lo cargó en hombros. De espaldas parecía estar cargando un cuerpo real. Colocó la figura en su patio, bajo el sol, y ahí estuvo por algunos segundos, inmóvil, quieta y en silencio. Su rostro de dolor se descontextualiza con el calor de la mañana, esta vez no estaba en una fría iglesia, viendo desde lo alto a los humanos arrodillarse frente a ella. Esta vez meditaba con Santillán con la luz del sol de Quito al medio día.

“La Iglesia ha pretendido siempre con sus representaciones iconográficas acercar al fiel a su doctrina. Debido a la condición iletrada de la mayoría de los fieles, esta forma de adoctrinamiento en forma de imágenes, ha sido siempre totalmente comprensible para la totalidad de la población”.
De vuelta en su taller, una figura de arte popular parecía haberse salido del cuadro de Moreno. Era el lobo vestido de oveja, que -en tres dimensiones- ésta vez con más personalidad de lobo que de oveja.

El artista, además de producir su obra personal y realizar encargos relacionados a la restauración, se dedica a la museografía. “En los montajes se mezcla tu estética con la museografía y de ha poco me he dado cuenta que vas creando tu lenguaje” – dijo.
Días atrás, caminando por el Centro Histórico, me detuve en un reconocido museo de la ciudad para preguntar sobre esculturas de arte quiteño. Imaginería o escultores relacionados con la madera. Nadie supo contestarme. Me dijeron que hace un tiempo cerraron la Escuela de Arte Quiteña que funcionaba en La Ronda y que ahora todas las esculturas son hechas de yeso. Entonces concluí que fue especial haber meditado junto a una de ellas bajo el sol de Quito.